|
Monición de entrada:
Esta comunidad religiosa de ___, celebra hoy la Vida en Dios de N., que ha vivido hasta el último momento con el deseo de seguir a Jesús por el camino de la perfección evangélica... Sí, hoy celebramos la Vida, no la muerte... Porque N., era una viviente: amaba la vida, y creo que su vocación de religiosa está inscrita naturalmente en ese amor a la vida: amor al pueblo, amor a su Congregación y a las hermanas, amor a su familia... Este amor a la vida le llevaba a superar los muchos momentos de dolor y de sufrimiento que tuvo que soportar al final de sus días, con un rostro que irradiaba siempre bondad y paz. Era delicado (a) , lleno (a) de atenciones y delicadezas a quienes alguna vez nos acercábamos a verle. Ir a su casa era una fiesta y por eso hoy podemos celebrar la Vida en Dios de N... Esto no está reñido con el dolor que en estos momentos sentimos por su separación... Él (Ella) formó parte de nuestra comunidad parroquial y sentimos y lloramos su partida con dolor de hermanos. Como lo siente toda la congregación de las hermanas ___ y como lo sienten todos sus familiares de sangre. Pero lo hacemos con el gozo profundo de que su vida consagrada ha sido un servicio a la Iglesia y a los hermanos; y ha sido un signo de los cielos nuevos y la tierra nueva con que el Padre coronará la obra redentora de su Hijo. La eucaristía, que fue el alimento de su vida religiosa, sea hoy garantía del paso definitivo a la vida con el Señor. Demos gracias a Dios porque nos ha mostrado su amor a través de N.
Se enciende el Cirio:
Junto al cuerpo sin vida de N... encendemos esta llama, símbolo de vida y resurrección. Que el resplandor de esta luz ilumine nuestras tinieblas y alumbre nuestro camino de esperanza hasta que lleguemos al reino de la claridad sin noche y de la paz sin final. Amén.
Oración:
Señor Jesús, ¿a quién iremos? Tú sólo tienes palabras de vida eterna. Tú nos dices que el que cree en ti, aunque muera, vivirá. Tú conoces la vida de nuestro hermano (nuestra hermana), que ha muerto; quiso ser fiel discípulo tuyo (discípula tuya), siguió la senda del amor perfecto, haz que pueda contemplar, lleno (llena) de gozo, la manifestación de tu gloria y disfrutar con sus hermanos (hermanas) de la eterna felicidad de tu Reino. Por Nuestro Señor Jesucristo...
Escuchamos la Palabra
Monición:
La Palabra de Dios viene a iluminar la dimensión de la vida religiosa. Es signo del nuevo cielo y de la nueva tierra de la que habla el Apocalipsis.
Lectura del libro del Apocalipsis
Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra han pasado, y el mar ya no existe. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, enviada por Dios, arreglada como una novia que se adorna para su esposo. Y escuché una voz potente que decía desde el trono: - “Ésta es la morada de Dios con los hombres: acampará entre ellos. Ellos serán su pueblo, y Dios estará con ellos y será su Dios. Enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado”. Y el que estaba sentado en el trono dijo: - “Todo lo hago nuevo. Yo soy el alfa y la omega, el principio y el fin. Al sediento, yo le daré de beber de balde de la fuente de agua viva. Quien salga vencedor heredará esto, porque yo seré su Dios y él será mi hijo”.
Palabra del Señor
Salmo: Hagamos nuestros los sentimientos del salmo. Sólo con que creamos lo que en él decimos nuestra alma debiera de llenarse de una profunda paz: El Señor es mi pastor nada me falta, me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida... Y por ello habitaré en la casa del Señor por días sin término...
+ Lectura del santo evangelio según san Mateo
En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles:
- “Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo”.
Palabra del Señor
Homilía:
Queridos hermanos (Queridas hermanas) de comunidad y de... (orden, congregación...), familiares de N., y hermanos todos: Si alguien presenciara esta celebración sin conocer de cerca la vida religiosa, probablemente se extrañaría del tono gozoso de la misma. Quizás llegaría a dudar de los sentimientos humanos que los religiosos y religiosas tenemos ante la muerte de un miembro de nuestra comunidad. Ello supondría ignorar las lágrimas derramadas y el dolor padecido. Por supuesto que nos amamos como miembros de una entrañable familia y que nuestro corazón se rompe cuando alguien se nos va. Por supuesto que echaremos de menos su compañía, su amabilidad, sus aportaciones a la vida comunitaria... (se pueden citar algunos rasgos de su forma de ser o de sus servicios...) Por supuesto que la muerte de N. nos conmueve y nos apena profundamente. Pero por encima de todo, superando el dolor y la tristeza, deseamos expresar la fe, la esperanza y el amor que nos pide nuestra condición religiosa. Porque creemos y esperamos en la vida futura, optamos por este modo de vida, que es un signo anticipado de la misma. Porque amamos a Dios y a nuestro hermano (nuestra hermana), celebramos con esperanza su paso a esa plenitud de vida junto a Dios. Todo aquello en lo que ha creído y esperado, ha llegado hoy a cumplirse. Y Aquel a quien ha amado, el Señor, le conduce a las bodas eternas en su reino. De ahí la reflexión que cada uno de nosotros hemos de llevar a cabo ante la muerte de un hermano (una hermana) de religión, para renovar con empeño acrecentado nuestra opción religiosa, con sus rasgos esenciales y sus exigencias. El ideal de vida consagrada que ha seguido nuestro hermano (hermana) N., es el ideal por el que hemos optado nosotros. Todo cuando buscamos vivir como anticipo de la gloria del Señor se cumple realmente en la eucaristía. Que Cristo, el Señor, muerto y resucitado, que vive en la gloria de Dios Padre, haga realidad total en nuestro hermano (nuestra hermana) la vida en plenitud de la que fue testigo. Que se cumpla la visión profética que hemos proclamado: “Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva... Y vi la ciudad santa de Jerusalén... arreglada como una novia que se adorna para su esposo... Esta es la morada de Dios con los hombres... Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado... Todo lo hago nuevo. Yo soy el alfa y la omega, el principio y el fin”.
Oración de los fieles:
Oremos hermanos, a Dios nuestro Padre, con toda confianza.
- Para que la Iglesia sea tierra fecunda donde surjan vocaciones de servicio a las necesidades del mundo. Oremos... - Para que N., que fue llamado (llamada) por Dios para seguirle dejando todo, haya alcanzado aquella vida que Dios le encargó anunciar con su vida. Oremos... - Para que los que sufren la partida de N., se sientan fortalecidos con la esperanza de que él (ella) nos seguirá ayudando desde el nuevo cielo y la nueva tierra. Oremos... - Para que los que trabajan sembrando la buena nueva del evangelio en el campo de la educación, o en los hospitales, o en el campo asistencial, en el pastoral o en el contemplativo, obtengan mucho fruto. Oremos... - Para que las Comunidades religiosas se vean incrementadas con hermanos (hermanas) que quieran seguir a Jesús, muriendo por los demás como el grano de trigo en la tierra. Oremos... - Para que los que estamos aquí reunidos celebrando la despedida de N., nos encontremos un día en el nuevo cielo y en la nueva tierra. Oremos...
Oración: Padre bueno, escucha nuestras peticiones, que resuenen en tu corazón y se conviertan en realidad. Por JNS...
Oración Ofrendas:
Te presentamos, Señor, el vino y el pan. y con ellos el dolor de esta familia, de esta Congregación ___, y de toda la familia parroquial de ____. En estos momentos duros en que se nos hace difícil el consuelo y la fe y la esperanza se debilitan. Hazte presente entre nosotros, para que tú puedas llenar el vacío que sentimos. Por N.S.J...
PLEGARIA EUCARÍSTICA
- El Señor esté con vosotros... - Levantemos el corazón... - Demos gracias al Señor...
PREFACIO
Te damos gracias, Señor, por habernos reunido aquí, junto a esta persona que nos fue querida y cercana. Te damos gracias, porque Tú eres la respuesta ante esas situaciones duras y difíciles. No ocultamos nuestro miedo a la muerte, pero Tú nos esperas al final del camino. Tú eres el descanso para el que ha trabajado duro, el reposo tras la dura lucha de la vida. Tú eres la libertad para el pueblo oprimido y la fuente refrescante para el que ha caminado mucho y con dificultad. Tú, que resucitaste a Jesús, eres la esperanza de nuestra resurrección. Por eso, renovando nuestra esperanza en Ti, te cantamos el himno de alabanza diciendo: Santo, Santo, Santo...
Consagración
Señor, nos has encomendado la tarea de dominar el mundo con trabajo y fatiga; pero ofreces al final un descanso cumplido en el regazo inmenso de tu amor. Sabemos que la muerte es una realidad en esta vida, pero nos duele cada separación de un familiar o un amigo. Envía tu Espíritu sobre estas ofrendas que Él transforme el pan y el vino que ofrecemos, en vida y salvación para los hombres. Nosotros ahora, renovamos lo que hizo Jesús, la víspera de su muerte, sentado a la Mesa con sus discípulos: Tomó pan en sus manos, pronunció la Bendición lo partió y se lo repartió diciendo:
- Tomad y comed...
Lo mismo hizo al acabar la Cena: tomó una copa llena de vino pronunció la acción de gracias y se la pasó de mano en mano diciendo:
- Tomad y bebed...
PRESENCIA
Nosotros ahora seguimos celebrando este Misterio de la Muerte y Resurrección de Cristo, mientras esperamos nuestra resurrección final, en la que todos los hermanos seamos, en plenitud, hijos de Dios. Mientras peregrinamos por esta tierra, danos fuerzas para la lucha de la vida, para que seamos fieles a nuestras obligaciones. Da pan a los hambrientos, hogar a los emigrantes, salud a los enfermos y apoyo a los cansados.
Concelebrante 1º: Mientras caminamos en esta vida, acepta, Señor, este Sacrificio que te ofrecemos, junto con el Papa, los Obispos y demás pastores que cuidan de tu Iglesia en el mundo. Atiende los deseos de esta familia que nos hemos congregado en tu presencia.
Concelebrante 2º: Acoge en tu amor a N., que ha pasado de esta Vida hacia Ti. Acuérdate de todos los difuntos, de los difuntos de nuestras familias, de los que han muerto en el trabajo, de los que han muerto solos y abandonados del calor de los suyos. Haz que todos encontremos en Ti, la libertad que buscamos; para que liberados de toda esclavitud, y de la muerte, podamos darte gracias en unión con María y de todos los santos. Y junto con ellos brindar con el pan y con la copa diciendo:
Por Cristo, con él y en él...
Padre Nuestro:
Dios es Nuestro Padre. Jesús vivió junto a nosotros y nos enseñó el cariño que el Padre nos tiene. Nos enseñó también cómo dirigirnos a esa Padre que nos quiere. Por eso todos unidos vamos a decirle...
Rito de paz:
Jesús nos invita a unir nuestras manos y desearnos la paz unos a otros. La paz y el descanso eterno para N., y la paz y la amistad para todos los que seguimos caminando.
Comunión:
Jesús es un pan distinto al de todos los días. Él nos ha prometido que quien coma de este pan vivirá para siempre. Dichosos los invitados a la mesa del Señor...
Rito de despedida
Con una gran esperanza, despedimos a nuestra hermano (hermana) N. Su vida ha sido, entre nosotros un signo de que no tenemos morada permanente en este mundo. Honremos este cuerpo que fue templo del Espíritu Santo y ofrenda viva, santa y grata a Dios, por la consagración religiosa. Pidamos al Padre de las misericordias, por intercesión de la Virgen María, de San Juan Bautista y de todos los santos que acoja a su siervo (sierva) N., y le conceda tomar parte en la felicidad de los justos.
Oración:
Señor, has llamado a tu lado a N.. Nosotros hubiéramos preferido tenerle entre nosotros, pero a ejemplo de tu Hijo Jesús, aceptamos tu voluntad. Te damos gracias, Padre, por N., que compartió nuestra vida, que dio lo mejor de sí a los que la rodeaban y que ha partido de entre nosotros para reunirse contigo. Queremos que continúe viviendo en nuestros corazones, que nada de su vida se pierda y que su bondad, su fe y su fortaleza nos sirvan a todos de ejemplo. Te pedimos, Padre, que la misa que estamos celebrando perpetúen su memoria entre nosotros. Te pedimos que la solidaridad y el dolor que manifestamos ante Ti nos hagan ser cada día capaces de construir un mundo más humano y más fraterno. Te los pedimos por JNS...
Rociarle con agua bendita:
Vamos ahora a rociar el cadáver de N., con agua bendecida. Así, en este momento en que nos disponemos a sepultar su cuerpo, evocamos el Bautismo, por el que, al inicio de su vida se incorporó a la muerte y a la resurrección de Cristo. Y de la misma forma que Cristo no quedó definitivamente en el sepulcro, así creemos que N., a semejanza de Jesús, resucitará a la vida. Que este gesto acreciente nuestra esperanza de que la resurrección se convertirá un día en realidad visible en este cadáver hoy sin vida....
Incensación:
Como el grano o el polvo aromático del incienso se quema en el fuego para exhalar un grato perfume, así la vida entera de N., se consume en honor de Dios, en el sacrificio continuado de cada día, perfumando a los que están a su alrededor con su testimonio. Ahora al final de su camino ha rendido la ofrenda total de su vida, el sacrificio definitivo.
Canto: “Te colocamos en los brazos de Dios”
Soñé que caminaba por la orilla del mar, con el Señor, y volvía a ver en la pantalla del cielo, todos los días de mi vida pasada. De cada uno de estos días aparecían en la arena dos huellas: las mías y las del Señor. Vi que en algunos tramos había sólo una huella. Sucedía eso en los días más difíciles de mi vida. Y entonces pregunté: Señor, yo escogí vivir contigo y Tú me prometiste que estarías siempre conmigo. ¿Por qué me dejaste sólo en los momentos más difíciles? Y Él me respondió: Hijo, tu sabes que te quiero y que nunca te he dejado solo. Los días en los que sólo hay una huella en la arena son precisamente los días en que te llevé en mis brazos. Y en esos brazos N., hoy te colocamos de nuevo...
Oración en silencio:
Oremos en silencio haciendo cada uno de nosotros, nuestra despedida personal a N
Oración: Dios mío, Señor de la historia y dueño del ayer y del mañana. En tus manos están las llaves de la vida y de la muerte. Sin preguntarnos la llevaste contigo a la morada santa y nosotros cerramos nuestros ojos, bajamos la frente y simplemente te decimos: está bien. Así sea. En tus manos depositamos este ser entrañable que se nos fue. Se acabaron para ella los sufrimientos, los sobresaltos y las penalidades. Su ser inmortal descansa en tu seno amoroso, Padre de misericordia. Por NSJ...
Agradecimiento de la comunidad:
Esta comunidad parroquial, y nuestra congregación ______, unida a la familia y amigos en la pena por la muerte de N., agradece vuestra presencia en esta celebración. Pero desea que su agradecimiento llegue hasta Dios, que nos ha regalado con la entrega generosa de sus __ años de vida consagrada. Pedimos, por medio de nuestros santos fundadores, que su paso a la vida sea semilla de nuevas vocaciones. Y entonamos el canto de María, como alabanza al Dios que hace maravillas en los humildes...
Se puede cantar la Salve |
