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Monición de entrada: (A) “De las manos de Dios venimos, a las manos de Dios volvemos”: es la verdad de la fe que va a iluminar esta celebración. Para vosotros, familiares y amigos más cercanos, que sentís que algo importante se ha roto con la muerte de N_____, os ofrece el consuelo de recordar que la vida de toda persona, salida de las manos de Dios, es demasiado importante como para que la muerte la rompa definitivamente. Vuelve a las manos de Dios. Y para todos, hermanos, es anhelo que nos une en oración en esta Eucaristía.
(B)
El Señor se hace presente de muchas maneras a lo largo de nuestra vida. Hoy quiere alargar sus brazos de Padre para dar un abrazo de amistad y de acogida a N_______, que ha partido hacia su Casa. Porque sentimos que la vida no nos la hemos dado nosotros, sino que ha sido un regalo amoroso de Dios, venimos a dar gracias en esta despedida de N_______. Un día tarde o temprano, el Padre nos querrá tener, de nuevo, en sus brazos, como hizo con su Hijo Jesús, con su Madre María y con todos... No es fácil aceptar la enfermedad y la muerte, pero el Señor no nos deja solos en esos momentos, sino que por medio de su mano amiga nos colma de su amor, nos fortalece en las pruebas y cura todas nuestras heridas.
Saludo
Dios nos tiende su mano y nos ofrece su caricia, su amor y comprensión. Que la mano amiga de Dios esté con todos vosotros...
Encendemos el Cirio
En este momento de oscuridad y de tristeza, necesitamos encender la llama de la fe y de la esperanza, por eso encendemos la luz de este Cirio que representa a Jesucristo...
Que la Luz de Jesús resucitado ilumine a nuestro hermano (a), hasta el encuentro con Dios, y que a nosotros nos de la confianza de que él está en buenas manos y que su destino y el nuestro no es la muerte sino la vida junto a Dios.
Oración colecta
Padre, ha muerto N_________. Estamos desconcertados, tristes y llenos de dolor. No lo entendemos. Pero sabemos, Padre, que Tú le amas, y que, también nos amas a nosotros. Por eso te queremos pedir que nos des fuerzas en este momento difícil. Y te pedimos, sobre todo, que él (ella) esté siempre contigo, en la felicidad de tu vida. Por NSJ...
Escuchamos la Palabra
Lectura del primer libro de los Reyes
En aquellos días, Elías continuó por el desierto una jornada de camino y, al final, se sentó bajo una retama y se deseó la muerte: “¡Basta ya! ¡Quítame la vida, que yo no valgo más que mis padres!”. Se echó bajo la retama y se durmió. De pronto un ángel le tocó y le dijo: “¡Levántate y come!” Miró Elías, y vio a su cabecera un pan cocido sobre piedras y un jarro de agua. Comió, bebió y se volvió a echar. Pero el ángel del Señor le volvió a tocar y le dijo: “¡Levántate, come!, que el camino es superior a tus fuerzas”. Elías se levantó, comió y bebió, y, con la fuerza de aquel alimento, caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el Horeb, el monte del Dios.
Palabra de Dios
Salmo:
+ Lectura del santo Evangelio según san Juan
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo”. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mis sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come de esta pan vivirá para siempre”.
Palabra del Señor
Homilías
(A)
Hemos escuchado en la primera lectura cómo el profeta Elías se siente desfallecer después de cuarenta días de huída, y pide a Dios la muerte, pues su vida ya no tiene sentido. Pero en su lucha entre su fe y el miedo al rey, Dios va a salir a su encuentro. Y pienso que esta situación de Elías puede expresar de una forma real, momentos y situaciones que atravesamos los creyentes, y, de forma muy especial, los momentos que estáis viviendo la familia y amigos de N_____. El camino de la fe es duro y, a veces, incomprensible... ¿Qué sacamos con ser creyentes? ¿Para qué sirve la fe? Muchas veces sentimos que no merece la pena molestarse más en seguir los caminos de la fe. Pero Elías se va a encontrar con Dios en el desierto de la desolación: “Come y bebe, porque el camino es superior a tus fuerzas”. Y con la fuerza de aquel alimento llegó al monte del Señor. Creer nos resulta casi evidente en algunas ocasiones, pero en otras, nuestra fe se estrella contra las dificultades de la vida. Incluso tenemos la impresión de estar en desventaja con los no creyentes, ya que, en muchas ocasiones nos da la impresión de que Dios está mudo o nos ha dado la espalda cuando más le necesitamos. Aún nos queda mucho camino por recorrer, para encontrarnos con Dios. Lo que no podemos hacer es, como Elías, desanimarnos y perder toda esperanza. El episodio de Elías nos debe ayudar a entender el Evangelio que hemos escuchado: Así como el cuerpo recupera fuerzas por el alimento, el creyente debe recuperar ánimos en la Palabra del Señor: “Éste es el Pan que ha bajado del cielo; el que come de este pan vivirá para siempre”. Dios permanece oculto. En realidad, a Dios nadie le ha visto. Pero sí se ha dejado ver en Jesús. Jesús es la Palabra de Dios para los hombres. Es como la mano amiga de Dios que ha bajado del cielo y se ha acercado a nosotros. Es el Pan de Vida que nos hace renacer por dentro. No es nada fácil aceptar la invitación de Dios para sentarnos con Él a la Mesa y creer que Jesús está en el Pan de la Eucaristía, un Pan que da una Vida Nueva y una Bebida que salva para siempre. Celebrar la Eucaristía, es sentirnos invitados por Dios a su Gran Banquete, es traer a su Mesa, nuestra fe y nuestros problemas, para esclarecerlos a la luz de su palabra. Es sentir su mano tierna y cariñosa que nos rodea con su fuerza y su ternura. Son manos maternales que acarician cuando más necesitados de ternura están sus hijos. La mano de Jesús es como la de Dios: multiplica panes, cura al enfermo, acaricia a los niños, defiende a los débiles... Y la expresión más elocuente de este gesto de amor es precisamente cuando ya no puede hacer nada con las manos, porque las tiene cosidas a un madero, signo de su generosidad sin límites. Nos ha dado todo, nada se ha reservado para Él. Por esas manos nos llega la gracia de su amor y la fuerza de su Espíritu. La mano amiga de Dios siempre estará tendida para el que se encuentre roto y sin ganas de seguir caminando. Por eso quiero terminar con un testimonio que expresa claramente que Dios es como un Padre, que nunca nos abandona en las pruebas a las que la vida nos somete cada día:
“Soñé que caminaba por la orilla del mar, con el Señor, y volvía a ver en la pantalla del cielo todos los días de mi vida pasada. De cada uno de estos días aparecían en la arena dos huellas: las mías y las de Dios. Vi que en algunos tramos había sólo una huella. Sucedía eso en los días más difíciles de mi vida. Y entonces pregunté: Señor, yo escogí vivir contigo y Tú me prometiste que estarías siempre conmigo. ¿Por qué me dejaste solo en los momentos más difíciles?... Y Él me respondió: Hijo, tú sabes que te quiero y que nunca te he dejado solo. Los días en los que sólo hay una huella en la arena son precisamente los días en que te llevé en mis brazos.”
(B)
El hombre contemporáneo no sabe qué hacer con la muerte. Lo único que se le ocurre es ignorarla y no hablar de ella. Olvidar cuanto antes ese triste suceso y volver de nuevo al vértigo de la vida. Pero, tarde o temprano, la muerte va visitando nuestros hogares arrancándonos a nuestros seres más queridos. ¿Cómo reaccionar entonces ante esa muerte que nos arrebata para siempre a nuestra madre? ¿Qué actitud adoptar ante la agonía de ese esposo que nos dice su último adiós? ¿Qué hacer ante el vacío que van dejando en nuestra vida tantos amigos y personas queridas? La muerte es una puerta que traspasa cada hombre o mujer en solitario. Una vez cerrada la puerta, el muerto se nos oculta para siempre. No sabemos qué ha sido de él. Ese ser tan querido y cercano se nos pierde ahora en el misterio insondable de Dios. ¿Cómo relacionarnos con él? La liturgia cristiana nos revela cuál es la actitud de los creyentes ante la muerte de nuestros amigos y hermanos. La Iglesia no se limita a asistir pasivamente al hecho de la muerte, ni tan solo a consolar a los que quedamos aquí llorando a nuestros seres queridos. Su reacción espontánea es de solidaridad hacia el difunto. La comunidad cristiana rodea al que muere, pide por él y le acompaña con su amor y su plegaria en ese misterioso encuentro con Dios. Ni una palabra de desolación o de rebelión, de vacío o de duda. En el centro de toda la liturgia por los difuntos, sólo una oración de confianza: “En tus manos, Padre de bondad, encomendamos el alma de nuestro hermano”. Es como si dijéramos a ese ser querido que se nos ha muerto: “Te seguimos queriendo, pero tú te vas y tu partida nos entristece. Sin embargo, sabemos que te dejamos en mejores manos. Esas manos de Dios son un lugar más seguro que todo lo que nosotros te podemos ofrecer ahora. Dios te quiere como nosotros no hemos sabido quererte. En Él te dejamos confiados”. Esta confianza que llena el corazón de los creyentes de paz y esperanza ante la muerte de nuestros seres queridos no es un sentimiento arbitrario, sino que nace de nuestra fe en Jesucristo resucitado: “Recuerda a tu hijo a quien has llamado de este mundo a tu presencia. Concédele que así como ha compartido ya la muerte de Jesucristo, comparta también con él la gloria de la resurrección”.
Oración de los fieles
(A)
Sintiéndonos comunidad cristiana elevemos nuestra plegaria creyente al Padre de quien proceden todos los dones.
Por N_____, nuestro hermano, para que el Señor premie todos sus trabajos y perdone sus debilidades. ROGUEMOS AL SEÑOR... Por los familiares que se siente afectados por su muerte, para que encuentren alivio a su dolor en la esperanza cristiana. ROGUEMOS AL SEÑOR... Por la Iglesia, pastores y fieles, para que todos lleguemos a esperar con gozo el encuentro con el Señor Resucitado. ROGUEMOS AL SEÑOR... Por todas las personas que más sufren en nuestro pueblo (comunidad): enfermos, ancianos, los que carecen de trabajo, para que encuentren en esta comunidad la solidaridad de los cristianos. ROGUEMOS AL SEÑOR...
Señor y Dios nuestro. Reconocemos que nos cuesta comprender el misterio pascual y el sentido de nuestra muerte. Acoge nuestras plegarias. Te lo pedimos por JNS...
(B) Unidos a María, salud de los enfermos y consuelo de los afligidos, oremos por medio de su Hijo al Padre por todos los que han partido de entre nosotros...
Te pedimos por N______ y por todos los que mueren cada día, para que con tus manos de Padre los acojas en el casa del cielo. ROGUEMOS AL SEÑOR... Te pedimos, por los enfermos y mayores de nuestra Comunidad_____ y de todo el mundo, en especial por los que más sufren y tienen que soportar su enfermedad en solitario. ROGUEMOS AL SEÑOR... Te pedimos, por todos los jóvenes que den testimonio de su fe entregándose de corazón a los demás, sobre todo a los más débiles y marginados. ROGUEMOS AL SEÑOR... Te pedimos por todos nosotros y por los demás hombres y mujeres de la tierra, danos tu luz y tu fuerza para unir nuestras manos y hacer un mundo mejor. ROGUEMOS AL SEÑOR...
Oración sobre las ofrendas
Recibe, Señor, la ofrenda de esta Eucaristía, que por ella obtenga N____, el perdón de sus pecados y pueda cantarte con los santos por toda la eternidad. Por JNS...
Plegaría Eucarística
Padre, eres grande y admirable. Eres bueno con todos nosotros. Te damos gracias porque no cesas de querernos y nos cuidas día tras día y noche tras noche. Nos has enviado a tu propio Hijo para abrirnos a la nueva vida de tu amor. Él está a nuestro lado para alentarnos en el camino, para rehacer nuestra vida desde lo más hondo. Por todo eso, te glorificamos y con los ángeles y santos te alabamos diciendo:
Santo, Santo, Santo...
Gracias, Padre, por enviarnos a tu Hijo. Él nos enseñó a amarnos y ayudarnos. Sobre todo nos enseñó a ser cariñosos con los mayores y enfermos y ayudar a los pobres y necesitados.
Te pedimos, Padre, que envíes tu Espíritu para mantenernos firmes y constantes. Él hará de nosotros una familia de hermanos. Jesús se nos ofreció como alimento cuando se reunió con sus amigos en la Última Cena. Mientras cenaban, tomó un pan, pronunció una oración y se lo repartió diciendo:
Tomad y comed...
Y lo mismo hizo con una copa de vino. La alzó en señal de triunfo, dio gracias y se la pasó a sus discípulos, diciendo:
Tomad y bebed...
Así pues, Padre, al celebrar ahora la entrega de tu Hijo por todos nosotros, te ofrecemos su Cuerpo y su Sangre. signos de vida y salvación para nosotros. También nosotros te ofrecemos nuestras vidas simbolizadas en la entrega a los hermanos.
Jesús sigue vivo hoy en cada uno de nosotros. Somos su presencia viva en el mundo. Necesita nuestras manos y nuestros pies para hacer un mundo más solidario, más fraterno y humano. Ayúdanos con tu Espíritu para que seamos defensores de los más pobres y débiles, de los pequeños y los ancianos.
Sólo así, luchando con nuestras fuerzas durante nuestra peregrinación por esta tierra, alcanzaremos junto con nuestra Madre María y todos los Santos, la felicidad plena en tu Casa del Cielo. Recuerda a todos los que han muerto, y de un modo especial a N_____ te dejamos en la manos de Dios, manos más seguras que todo lo que nosotros podemos ofrecerte en este momento. Que un día nos podamos reunir con él y con todos los santos para celebrar la gran fiesta del cielo. Ahora, unidos a todos, te dirigimos nuestra alabanza, diciendo:
Por Cristo, con Él y en Él...
Padre nuestro
La Eucaristía es sobre todo comunión. Quien participa en ella no puede estar pensando sólo en sí mismo, en sus pequeños asuntos, sino que tiene que procurar compartirlo todo, incluso al mismo Dios. Por eso, antes de comulgar pedimos al Padre, pan para todos los pobres y paz para todos los pueblos de la tierra. Juntos decimos: Padre nuestro...
Nos damos la paz
Expresemos ahora nuestros deseos de ayudar a todos. Y nuestro sincero deseo de construir un mundo en paz. Nos damos fraternalmente la paz...
Ritos finales
Señor Jesús, se nos ha muerto un ser querido y estamos tristes. Tú comprendes nuestro dolor. Lo comprendes porque eres Dios, y porque eres hombre como nosotros, porque, también Tú lloraste con lágrimas humanas sobre la tumba de un amigo. Una vez más, Señor, se agolpan en nuestra mente los porqués ante un golpe, que nos resulta difícil de encajar. ¿Es cierto que Dios, tu Padre y nuestro Padre, nos ama y nos quiere felices? ¿Por qué, entonces el dolor, el sufrimiento, la agonía y la muerte? Te cercamos con nuestros interrogantes y Tú nos desconciertas con tu silencio. Pero, también Tú y sólo tú, Resucitado y Resucitador de todos eres nuestra verdadera y definitiva respuesta. Hoy, inesperadamente, hemos sentido el peso de tu mano fuerte y llena de ternura, poniendo freno y dando cauce a nuestra experiencia de dolor. Somos pobres e ignorantes seguiremos sin entender nada, pero nos fiamos de Ti, Tú eres nuestra única confianza.
Rito del agua:
En señal de nuestra esperanza en que Dios nos dará un cuerpo nuevo e inmortal, y para dar testimonio de nuestra fe en la Resurrección, yo bendigo el cuerpo de N______, con el agua que le recibió el día de su Bautismo..... (Aspersión con el agua)
Canto......
Despedida
Esta es la última vez que N_______ ha estado entre nosotros. No nos pertenece ya. Por eso lo depositaremos en el seno de la tierra y en las manos del Dios de la vida.... |
