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ORAR EN EL TANATORIO
Tanatorio: lugar y tiempo de espera entre la muerte y el entierro o la cremación. Para los más cercanos, momento último de acompañamiento a la persona fallecida, momento de saludos, encuentros, pésames... También, costumbre social, u obra de caridad: «Consolar a los que sufren»; «Enterrar a los muertos».
Hoy, sobre todo en las grandes aglomeraciones urbanas, en el momento de la muerte, sólo podemos acercarnos al «tanatorio». El entierro es más difícil o está reservado para los más íntimos. Los que creemos en el Dios de Jesús Resucitado, además, sabemos que el tanatorio es un lugar de oración, de recuerdo, de fe y de resurrección. Saludar, comentar, pasar unos momentos haciendo compañía y rezar «un responso» (una oración separada de la que se hace en el templo por la persona fallecida) es lo normal, lo que procede hacer. Las palabras de consuelo humano se entremezclan y enriquecen con las palabras que nos vienen de Dios: «El que cree en mí no morirá». Los cristianos vivimos la muerte en la perspectiva de una vida que no acaba, que sigue en las manos de Dios.
Es normal que entre los familiares y amigos de la persona fallecida haya creyentes, ateos, indiferentes o de otras religiones. Los creyentes respetamos el silencio de los que no saben rezar, pero no omitimos la oración y la fuerza de la fe que nos anima en estos momentos. Ni imponemos nuestra posición de fe ante la muerte ni la silenciamos. Y es la misma fe la que nos lleva a ser respetuosos con otras posturas ante el hecho de la muerte.
Ponemos, a continuación, varias fórmulas para orar en el tanatorio.
Cada persona, cada familia, es un mundo. Los agentes de pastoral en el tanatorio tendrán que saber «leer» la situación y elegir aquella oración que mejor se adecue a la realidad de la familia en duelo. Posiblemente en pocas ocasiones se pueda desarrollar el esquema de oración «tal cual» se sugiere aquí. Pero las «sugerencias» darán pistas para una actuación pastoral apropiada a la situación real.
Queremos remarcar las indicaciones que se ponen como el momento inicial de la oración: es para todos los esquemas igual y lo formulamos como momento para recordar; al que le sigue otro muy parecido: momento para dar gracias a Dios. Damos gracias por lo que recordamos de la persona. Se pretende evitar una manera de «orar en el tanatorio» anónima, impersonal... Para muchos de los que están en el tanatorio acompañando el cadáver de un familiar o amigo, esa vida que terminó es «lo más importante» de su vida, o al menos «muy importante». De ahí la necesidad de personalizar la oración.
ORACIÓN TRADICIONAL
. Momento para recordar las cosas bonitas de la vida de la persona difunta. . Momento para dar gracias a Dios por la vida de quien nos ha dejado.
ANIMADOR DE LA ORACIÓN
La vida de N. nos deja muchos destellos de amor, de bondad, de entrega, de... (será bueno resumir cuanto se acaba de escuchar). Demos gracias a Dios por lo que nos deja, por lo que fue.
A.- (Situación de muerte natural ordinaria. Donde no sea posible que la asamblea responda, lo hará el animador de la oración.)
Te damos gracias, Señor, por la vida de N. Su vida, como todas las vidas, es para nosotros misterio, don, regalo, profecía, camino... Ahora que nos acaba de dejar, y en presencia de su cuerpo con el que se comunicó y con el que amó y trabajó, te alabamos y bendecimos al final de su tarea cumplida.
Gracias, Señor, por la vida de N.
B.- (Situación de muerte inesperada. Donde no sea posible que la asamblea responda, lo hará el animador de la oración.)
Te damos gracias, Señor, por la vida de N. Su vida, como todas las vidas es para nosotros misterio, don, regalo, profecía, camino... Nos ha sorprendido esta muerte, Señor. No la entendemos. ¡Nos hacía tanta falta N! Algo se rebela dentro de nosotros ante lo inesperado de esta partida. Nos cuesta aceptar la dureza de este momento en el que la vida acaba «antes de tiempo», según nuestros planes, Señor. Te damos gracias por lo que fue y te pedimos que nos ayudes a realizar lo que no tuvo tiempo de hacer. Ayúdanos a aceptar «este golpe». Hoy más que nunca tenemos que proclamar: «En la vida y en la muerte, somos del Señor». Aunque nos cuesta lo que palpamos, te damos gracias, Señor, por N.
. Momento de petición
V/. Señor, ten piedad. R/. Señor, ten piedad. V/. Cristo, ten piedad. R/. Cristo, ten piedad. V/. Señor, ten piedad. R/. Señor, ten piedad. v/. Libra, Señor, a su alma. R/. Descanse en paz. V/. Escucha, Señor, nuestra oración. R/: Y llegue hasta ti nuestro clamor. V/. Concédele, Señor, el descanso eterno. R/. Y brille para él la luz eterna. V/. Descanse en paz. R/. Amén.
Padre nuestro...
V/. Te presentamos, Señor, la vida de N. con la esperanza puesta en tu amor misericordioso. Perdona sus debilidades y pecados. Muéstrale tu rostro de Padre y colócale en el sitio que le habías preparado en la casa eterna donde vives y reinas por los siglos de los siglos. R/. Amén. V/. Su alma y las almas de todos los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz. R/. Amén.
OTRAS FORMAS DE ORACIÓN
a) Acción de gracias . Momento para recordar las cosas bonitas de la vida de la persona difunta. . Momento para dar gracias a Dios por la vida de quien nos ha dejado.
ANIMADOR DE LA ORACIÓN
La vida de N. nos deja muchos destellos de amor, de bondad, de entrega, de... (se recoge lo que haya salido en el primer momento dicho por la gente que participa en la oración).
Con todo lo que hemos dicho podíamos elaborar una oración. . Por su sonrisa, te damos gracias, Señor. . Por la preocupación por todo, te damos gracias; Señor. . Por la paciencia, te damos gracias, Señor. . Por sus palabras, te damos gracias, Señor. . Por sus detalles cariñosos, te damos gracias, Señor. . Por la tortilla hecha con tanto cariño, te damos gracias, Señor. . Por la forma como ha llevado el dolor y la enfermedad, te damos gracias, Señor. . Por su preocupación por todos, te damos gracias, Señor. . Por las cosas que no sabemos y tú sabes, te damos gracias, Señor. [...]
ANIMADOR DE LA ORACIÓN
Terminamos recitando el Padre nuestro... (se puede sugerir que sea con las manos juntas). V/. Su alma y las almas de todos los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz. R/. Amén.
b) Escucha de la Palabra
. Momento para recordar las cosas bonitas de la vida de la persona difunta.
. Momento para escuchar la Palabra de Dios (Otras citas posibles: Juan 12,23-28 (el que se aferra a la vida la pierde); Juan 11,21-27 (yo soy la Resurrección, quien cree en mí no morirá) Juan 14,1-6 (no os turbéis, en la casa de mi Padre hay muchas moradas) Mateo 25,31-46 (venid, benditos de mi Padre… me lo hicisteis a mí) Romanos 6,3-11 (si hemos muerto con Cristo, creemos que viviremos con él) 14,7-12 (ninguno vive para sí mismo).
ANIMADOR DE LA ORACIÓN Todo lo de la muerte nos sumerge en el misterio. Entre los primeros cristianos también hay esa curiosidad por el más allá, por el cuerpo que ahora está inerte. Así escribe Pablo a los cristianos de Corinto.
. Lectura de la primera carta de san Pablo a los Corintios 15,35-38.53-57
Pero preguntará alguno: ¿cómo resucitan los muertos? ¿Con qué cuerpo salen? ¡Necio! Lo que tú siembras no cobra vida si antes no muere. Lo que siembras no es el organismo que surgirá, sino un grano desnudo, de trigo o de lo que sea, y Dios le da el cuerpo que quiere; a cada simiente su cuerpo. Esto corruptible tiene que revestirse de incorruptibilidad y lo mortal tiene que revestirse de inmortalidad. Cuando lo corruptible se revista de incorruptibilidad y lo mortal de inmortalidad, se cumplirá lo escrito: la muerte ha sido aniquilada definitivamente. ¿Dónde queda, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde queda, oh muerte, tu aguijón? El aguijón de la muerte es el pecado, el poder del pecado es la ley. Gracias sean dadas a Dios, que os da la victoria por medio del Señor nuestro Jesucristo.
. Breve reflexión
La pregunta es normal también para nosotros: ¿Qué será de este cuerpo hoy muerto y sin vida? Desde la fe se nos responde con una comparación: es como un grano que cae en tierra y de él nacerá una novedad que desconocemos. Hoy estamos de «siembra». Sembramos el cuerpo de N. en el silencio. Y Dios, buen hortelano, hará de él una novedad que no nos imaginamos. Gracias sean dadas a Dios que no nos deja para siempre en el silencio.
. Momento de súplica
ANIMADOR DE LA ORACIÓN
Escucha, Señor, nuestras súplicas:
- Tú resucitaste a Lázaro, da la vida eterna a N., te lo pedimos, Señor. - Tú perdonaste al ladrón arrepentido, perdona a N., te lo pedimos, Señor. - Tú lavaste en el Bautismo a N., admítelo entre los elegidos, te lo pedimos, Señor. - Tú alimentaste con la Eucaristía a N., siéntalo hoy en la mesa de tu casa, te lo pedimos, Señor. - Tú conoces mejor que nadie la vida de N., sé misericordioso con él, te lo pedimos, Señor. … - Dale, Señor, el descanso eterno y brille para él la luz perpetua.
Padre nuestro... o Canto...
Escucha, Señor, nuestras súplicas reunidos para despedir a nuestro(a) hermano(a) N., a quien has llamado a tu presencia. Acógelo como a hijo. Comprende y perdona sus «idas y venidas», «sus fatigas y trabajos.», «el pan que sus manos amasaron y repartieron», «el vino que su corazón elaboró en el lagar de las alegrías y del dolor callado». Señor, en tus manos lo depositamos con la confianza de que seas para él (ella) el Dios bueno que abre las puertas de su casa a los hijos que llegan al final del camino. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
V/. Su alma y las almas de todos los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz. R/. Amén.
c) Salmo
. Momento para recordar las cosas bonitas de la vida de la persona difunta.
Comentar lo que esta vida que se apagó ha significado en nuestra vida. Es posible que, en ocasiones, sea una muerte «más significativa» (un cáncer prematuro, una vida tronchada en plena juventud, un niño, una madre que deja huérfanos...). Todo un misterio que nos hace preguntas o nos suscita rebeldía porque «nos toca de cerca». Para algunos es el momento de echar la culpa a Dios (del que viven «pasando» habitualmente), o para cuestionar la fe (¿vale la pena creer en un Dios que permite tal injusticia como la muerte de los «necesarios», de los que no tienen culpa de nada, de los que no pudieron disfrutar la vida... ?).
. Momento de oración con un salmo
Ponemos varios salmos de manera que se pueda elegir uno u otro según las circunstancias, la edad de la persona difunta, el entorno familiar... Son adaptaciones de los salmos para un momento de plegaria
Adaptación del salmo 22
Señor, tú eres nuestro pastor cuando la vida es plenitud y en la hora de la muerte.
Tú conduces ahora a N. hacia las fuentes tranquilas, tras la tarea de la larga jornada.
Tú llevas ahora a N. por el sendero que no conocemos a la casa que le tienes preparada junto a quienes vivieron abiertos a la luz de tu palabra.
En este momento de «cañadas oscuras» para nosotros queremos confesar: Nada temo, porque tú estás ahí, donde no veo nada. ¡Nos da tanto miedo lo desconocido! ¡Sabemos tan poco de lo que nos espera! Sólo ponemos en ti nuestra confianza. Sólo sabemos, Señor, que tu recuerdo nos sosiega, que tus brazos nos esperan y acogen para habitar contigo por años sin término. Señor, sienta en tu mesa a N. Perfúmale con tu cariño y que tu bondad y tu misericordia lo rodeen de felicidad.
Adaptación del salmo 26
Señor, tú eres mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? Señor, es la hora del adiós, de emprender el camino que nadie conoce y que nadie puede hacer por nadie. Es la hora de la muerte. Como en la vida, Señor, en la muerte tú eres mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?
Tú eres más fuerte que todos los miedos que me asaltan. Por eso mi corazón no tiembla y me siento tranquilo.
Una cosa ansío y siempre ansié: habitar junto a ti, tenerte como descanso, gozar de tu dulzura, contemplar tu rostro, gozar del sitio que me tienes preparado.
Vengo de la tierra de los vivos, de sus luchas, de sus cansancios peregrinando hacia tu morada. Escóndeme en tu morada, que ya nada me quite la paz, que ya ningún enemigo me alcance. Quiero cantar y tocar para el Señor.
Señor, tú eres mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? Tú eres mi defensa y auxilio. Acógeme en tus brazos que ya ningún otro brazo me acompaña.
No me rechaces, Señor. No me abandones. Detrás no me queda nada: todo lo dejé. Delante sólo me quedas tú. Muéstrame el camino de tu casa. Defiéndeme en el momento final. Que no me traguen los adversarios.
Espero gozar de la dicha del Señor, en el país de la vida. Espera en el Señor, alma mía, sé valiente. Ten ánimo. Espero en el Señor.
Adaptación del salmo 89
Señor, tú has sido nuestro refugio. Tú eres y serás nuestro refugio en la vida y en la hora de la muerte. ¿A quién iremos? ¿Quién pondrá bálsamo en el dolor de nuestro corazón?
Tú conoces bien nuestro barro, nuestra inconsistencia. Nos rompemos como se rompe un vaso. Nos estropeamos como la casa que se llena de grietas y termina por hundirse. Nuestro destino final es la tierra de la que fuimos hechos. Volvemos al polvo que somos. No somos para siempre. Llevamos impresa una ley: «Retornad, hijos de Adán». Siempre llegamos con billete de vuelta, sin saber el día ni la ahora. El viaje siempre nos parece corto o demasiado largo o nos gustaría alargarlo más.
Pero venimos para irnos. Florecemos para marchitarnos y apagar los suspiros en un suspiro final... callado, sobre tu hombro, Señor.
No mires con lupa de juez nuestras vidas ni los secretos que nos llevamos ni los secretos que guardamos para no enrojecer delante de todos.
Míranos con cariño y misericordia. Sácianos a nosotros que somos insaciables, incansables como niños que juegan.
Que tu misericordia nos envuelva, que tu mano nos dé la mano para entrar en la casa soñada. Que tu corazón hable a nuestro corazón para siempre. Nuestra vida no caerá en el árido desierto del silencio que olvida, sino en el manantial de tu amor que siempre nos recrea.
Adaptación del salmo 122
Desde el suelo más profundo, desde la nada que ya me hace nada, desde la vida que me arrancan, desde lo hondo de mi ser, levanto mi ojos y grito: «Que el auxilio me venga del Señor que hizo el cielo y la tierra. Que el auxilio me venga del Señor».
A quien tú auxilias, Señor, su pie no tropezará. A quien tú auxilias, Señor, el mal no le hará daño ni se equivocará de camino.
Has sido, Señor, siempre mi auxilio en los días de mi vida. Sé ahora mi auxilio cuando parto hacia el lugar de muerte y se me niega un lugar en la tierra de los vivos.
Guárdame ahora, Señor, y acógeme que no tengo en quién confiar nada más que en ti, mi Señor.
. Momento para cantar (donde y cuando sea posible).
. Momento para una oración
Padre nuestro... v/. Su alma y las almas de todos los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz. R/. Amén.
d) Devotos especiales de la Virgen María
. Momento para recordar las cosas bonitas de la vida de la persona difunta. . Momento para evocar detalles de su devoción mariana Al terminar la evocación, se puede continuar de esta manera.
ANIMADOR DE LA ORACIÓN
La vida de N. nos deja, Señor, el testimonio de un amor a tu madre, la Virgen María, lleno de ternura y de confianza. De ella aprendió lecciones de...
(escucha de la palabra, servicio, obediencia, disponibilidad, presencia...). Ella fue la maestra que le acercó a ti, que eres el Maestro. Queremos recitar la oración que N. tantas veces dirigió a la Virgen:
(La «Salve», al menos la parte que se pone en negrita como estribillo; el «Ave María», u otra oración mariana conocida.)
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra. Dios te salve. A ti llamamos los desterrados, hijos de Eva, a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, Abogada nuestra, vuelve a nosotros estos tus ojos misericordiosos, y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.
. Momento de petición
Señor, ten piedad de nosotros. Cristo, ten piedad de nosotros. Señor, ten piedad de nosotros. Resto de las letanías…
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo. Perdónanos Señor. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo. Escúchanos Señor. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo. Ten piedad de nosotros.
ANIMADOR DE LA ORACIÓN Que la Virgen Santa María, a la que en vida nuestro(a) hermano(a) tanto amó le acompañe en esta hora de partida hacia la casa del Padre y haga de Auxiliadora.
ASAMBLEA
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
V/. Su alma y las almas de todos los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz. R/. Amén.
DESPEDIDA DEL TANATORIO
La despedida del tanatorio es un momento significativo. En muchos casos, será la última vez que los familiares vean el rostro de la persona querida. Si por una parte es descanso para la familia, por otra es el adiós definitivo. Desde el momento de la muerte hasta la despedida del tanatorio, la muerte nos había privado de la palabra y la sonrisa de quien murió. Nos quedaba su cuerpo sin vida, pero todavía teníamos «algo palpable» donde agarramos al ser querido. Ahora ya se nos priva para siempre de todo. Ciertamente que no siempre es fácil y posible hacer una «despedida religiosa» del tanatorio. Pero lo proponemos como horizonte para los casos en que se pueda realizar.
ADIÓS (Difunto con vida cristiana)
. Palabras cercanas (Lo deseable sería que uno de los familiares cercanos dijera algo de la persona difunta. No siempre es posible por la emoción. Un alternativa sería que alguien escriba y otra persona lo lea)
Un ejemplo:
N. es la hora de la despedida definitiva, del adiós que nos coloca un velo que no podremos traspasar. Antes de que este cuerpo tuyo con el que nos comunicaste tu vida y lo mejor de tu ser, se oculte a nuestros ojos, te quería decir algo (en nombre de...). No sé si te lo hemos dicho suficientes veces: te debemos muchísimo, te queremos con toda el alma. Un gracias es poco. Se nos queda corto, muy corto. Hay pedazos de nuestra vida que sólo se entienden gracias a ti. Esto es muy bonito. Te honra. Sin ti no seríamos lo que somos. ¡Nos dejas tanto...! Tu vida ha sido rica en humanidad... Tu vida es semilla en nosotros. No sé si lograste saber todo lo que te queríamos, todo lo que eras para nosotros y para muchos que te conocían. Nos quedamos más tranquilos diciéndotelo de nuevo ahora que nos dejas para siempre: te debemos muchísimo, te queremos muchísimo. Te recordaremos. Lo que has dejado clavado en nuestro corazón es lo que te hace no morir, es la presencia que vive y vivirá en nosotros. Vete con Dios. Es ya tu compañía cuando la nuestra no es posible. Vete con Dios y queda con Dios para siempre.
(Puede ser el momento para depositar flores o recuerdos junto al cadáver; o la carta, o el texto leído. También los niños, si los hay, pueden «mandar un beso», un dibujo...)
. Invitación a la oración
ANIMADOR DE LA ORACIÓN
N., en nombre de la familia, nos ha recordado la riqueza de vida de nuestro(a) herma- no(a) difunto(a). Es un consuelo tener futuro más allá de la muerte. Y un futuro que será hecho en compañía divina. Mientras la tapa del ataúd oculta este cuerpo que nos fue tan querido, vamos a rezar una oración:
ASAMBLEA
Padre nuestro...
ANIMADOR DE LA ORACIÓN
Llega a las manos del Padre, desde este «valle de lágrimas» donde tu vida fue para nosotros un regalo. Llega a la casa del Padre, donde no verás ya ni el dolor ni el cansancio de cada día. Llega a la casa del Padre, el Dios que te amó y te ama para siempre. Un día nosotros también esperamos la acogida que hoy te deseamos. Llega a la casa del Padre, acompañado(a) de nuestra oración. El Dios de Jesús que nos tiene tatuados en la palma de su mano te dé la bienvenida. Llega a la casa del Padre, donde no hay decepción.
OTRO ADIÓS (Difunto con poca práctica cristiana)
. Palabras cercanas
Un ejemplo:
N., es la hora de la despedida definitiva, del adiós que nos separa con un velo que no podremos traspasar. Ante de que este cuerpo tuyo se oculte a nuestros ojos, te quería decir algo (en nombre de...). No sé si te lo hemos dicho suficientes veces: te debemos muchísimo, te queremos muchísimo. Un gracias es poco. Se nos queda corto, muy corto. Hay pedazos de nuestra vida que sólo se entienden gracias a ti. Esto es muy bonito. Te honra. Sin ti no seríamos lo que somos. ¡Nos dejas tanto! Tu vida ha sido rica en humanidad... Tu vida es semilla en nosotros. No sé si lograste saber todo lo que te queríamos, todo lo que eras para nosotros y para muchos que te conocían. Nos quedamos más tranquilos diciéndotelo de nuevo ahora que nos dejas para siempre: te debemos muchísimo. Te recordaremos. Lo que has dejado clavado en nuestro corazón es lo que te hace no morir; es la presencia que vive y vivirá en nosotros.
(Puede ser el momento para depositar flores o recuerdos junto al cadáver; o la carta, o el texto leído. También los niños, si los hay, pueden «mandar un beso», un dibujo...)
. Invitación a la oración
ANIMADOR DEL ADIÓS
N., en nombre de la familia, nos ha recordado la riqueza de vida de nuestro(a) hermano(a) difunto(a). Mientras la tapa del ataúd oculta este cuerpo que nos fue tan querido, vamos a escuchar un poema 1°, música...
TEXTOS
. El profeta
Ahora quisiéramos interrogarte sobre la muerte. Y él prosiguió: ¡Quisierais conocer el secreto de la Muerte! Pero, ¿cómo lo encontraréis, a menos que lo busquéis en el corazón de la vida? El búho, cuyos ojos sitiados por la noche son ciegos para el día, no puede desvelar el misterio de la luz. Si queréis, en verdad, contemplar al espíritu de la Muerte, abrid con amplitud vuestro corazón al cuerpo de la vida. Porque la vida y la muerte son una, lo mismo que son uno el río y el mar. En lo hondo de vuestras esperanzas y deseos reside vuestro tácito conocimiento del más allá. Y como semillas que sueñan debajo de la nieve vuestro corazón sueña con la primavera. Confiad en los sueños, porque en ellos está oculto el pórtico a la eternidad. [...] Porque, ¿qué es morir sino erguirse desnudo en el viento y fundirse con el sol? [...] Solamente cuando bebáis del río del silencio cantaréis realmente. Y cuando hayáis alcanzado la cumbre de la montaña, comenzaréis a escalar. Y cuando la tierra reclame vuestros miembros, entonces danzaréis de verdad. (Khalil Gibran, El profeta)
. Voy de viaje
Te tengo entre las manos y el volante. ¿Me llevas o te llevo hacia la noche? Rumores de motor, cruzar de árboles, un valle de crepúsculos al fondo que fue y no es, que viene y que se queda. ¡Ay rincón, ay pedazo de tierra y casa blanca al recodo del mar, donde dejarse! Cada lago en la orilla se me escapa. Azulverde, el paisaje más querido se esfuma en los cristales de la tarde. Hay familias que charlan en un porche y ventanas con luz a media música, y parejas de amor colgándose del aire. ¿He de prender los faros en la curva? Un mordisco de cielo entre las nubes me vuelve a ti, perdido en un instante. Me has atado a la rueda y al camino. Todo lo tengo en ti. De mí no sale nadie. Hoy el amor a «más» calienta las tinieblas. Acelero en la noche. ¿Adónde vamos? Yo no lo sé, mi amor... voy de viaje.
(Pedro Miguel Lamet, El mar de dentro, Santander 2006, 84)
. Después
Me encuentro en la playa. Un navío despliega sus blancas velas en el fresco de la mañana y zarpa. Lo observo hasta que se pierde en el horizonte. Entonces alguien dice: «Desapareció». ¿Qué significa que desapareció? Yo dejé de verlo, pero no por ello dejó de existir. En el momento en que alguien lo pierde de vista, otros comienzan a verlo llegar y otras voces exclaman jubilosas: «¡Ya viene!». Así es la muerte. (Hery Scott Holland)
. El Principito
-El desierto es bello -agregó. Es verdad. Siempre he amado el desierto. Puede uno sentarse sobre un médano de arena. No se ve nada. No se oye nada. Y, sin embargo, algo resplandece en el silencio... -Lo que embellece al desierto -dijo el principito- es que esconde un pozo en cualquier parte... Me sorprendí al comprender de pronto el misterioso resplandor de la arena. Cuando era muchachito vivía yo en una antigua casa y la leyenda contaba que allí había un tesoro escondido. Sin duda, nadie supo descubrirlo y quizá nadie lo buscó. Pero encantaba toda la casa. Mi casa guardaba un secreto en el fondo de su corazón... -Sí -dije al principito-; ya se trate de la casa, de las estrellas o del desierto, lo que los embellece es invisible. -Me gusta que estés de acuerdo con mi zorro -dijo. Como el principito se durmiera, lo tomé en mis brazos y volví a ponerme en camino. Estaba emocionado. Me parecía cargar un frágil tesoro. Me parecía también que no había nada más frágil sobre la tierra. A la luz de la luna, miré su frente pálida, sus ojos cerrados, sus mechones de cabellos que temblaban al viento, y me dije: «Lo que veo aquí es sólo una corteza. Lo más importante es invisible». (Antoine de Saint-Exupéry, El Principito, XXIV)
ANIMADOR DEL ADIÓS
N., nos deja el «rumor» de una vida que tiene mil tonalidades. A lo largo de los días las iremos recordando. Este cuerpo que ahora se nos oculta para siempre vivirá en nuestros recuerdos y al recordar haremos fecundo lo mejor de su vida. |
