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1.- La sesión
Situarla: Nunca hay que considerar una sesión de catequesis como un acto aislado. Una catequesis sistemática y más aún, viva, tiene que ser orgánica, articulada, interrelacionada en todas sus dimensiones y momentos. Situar, pues, toda sesión de catequesis dentro del programa concreto del curso, y en el conjunto del proyecto global de toda la Catequesis de la comunidad. Prepararla: Preparar una sesión es, ante todo, no improvisar. “¿Qué tema toca hoy? ¡Ah sí...ya sé de qué va...! Y la cosa ni va, ni puede ir de ninguna manera... Preparar tampoco es precipitar: una lectura rápida del texto cinco minutos antes, un ir pensando alguna actividad mientras voy de camino hacia la catequesis...llegar al grupo con el tiempo justo y....¡ahí va eso! Y tampoco va. Claro. Preparar una sesión requiere tiempo. No mucho quizás. Más que tiempo, podríamos hablar de dedicación, que viene a ser el vivir con cierta intensidad la sesión antes de la catequesis propiamente dicha. Dedicación como atención y previsión del antes, del desarrollo y del después del encuentro catequético. Sin confundir con esfuerzos constantes y minucias, además de dedicación cuantitativa hay que aprovechar los espacios y tiempos libres para repensar, inventar, imaginar...Durante el trayecto que hago para ir al trabajo, mientras cuece la verdura el la olla, escuchando la radio, mirando un escaparate. Sinceridad para reconocer mis limitaciones de todo tipo. Por tanto, mejor siempre preparar las catequesis en grupo. Y si no, consultar algunas dudas de contenido y de metodología con otro catequista, con el responsable de la Catequesis... No trabajar “en el aire”. Aunque nos cueste un poco, y no estemos acostumbrados, hay que señalar, apuntar, escribir. Y en cualquier momento de la preparación, sea cual sea el tema, para que lo que hagamos no sea superficial ni rutinario, y sobre todo, para que sea catequesis y no adoctrinamiento: meditar, rezar de algún modo lo que estamos preparando...
Momentos: Voy a hacer unas propuestas, que a lo mejor pueden servirte. a) Conexión: La catequesis nunca debe hacerse a base de “llego, digo, hago callar y me voy...” Se supone que llevo la sesión preparada, pero antes de soltar lo dispuesto para el día, tengo que esforzarme (y de corazón) por conectar con los del grupo, por ver e intuir cómo está hoy el grupo de chicos o de mayores, por darme cuenta de que el único que recuerda lo que hicimos el última día soy yo, por calibrar y comentar aquel acontecimiento vivido en el barrio que merece no sólo un pequeño diálogo, sino una auténtica catequesis. b) Transmisión: La catequesis tampoco es entrenamiento, sino acontecimiento y anuncio interpelante de los acontecimientos de salvación vividos como pueblo y en historia y realizados en la Iglesia. Este mensaje, esta buena nueva, no pueden inventarse...Exige una transmisión fiel... c) Reacción: en el sentido de respuesta. No todas las sesiones ni todos los temas tienen la misma intensidad, pero si, se trate de lo que se trate y se diga lo que se diga, no pasa nunca nada ni se ve la conversión, ni el grupo crece...ahí falla algo, ahí no hay catequesis. d) Comunicación: Ya ni hablamos, desde luego, del triángulo “Catequista-libro-catequizando”. Mi expresión es hablar del grupo de catequesis. Pero el grupo no es un nombre, sino una interrelación constantemente buscada, una historia progresivamente vivida, una comunicación desde la fe y de la fe. Si no hay comunicación, a la sesión de catequesis le falta algo importante. e) Celebración: Que lo expuesto, descubierto, comunicado, vivido, no quede sólo en conocimiento o sentimiento o compromiso. Que pueda celebrarse, por lo menos en determinadas ocasiones y según de qué se trate, en lo íntimo del corazón de cada uno y en la expansión sacramental o de plegaria del grupo. Sea grito, sea canto, sea oración, que la catequesis vivida culmine en realidad celebrada. Tales momentos deben considerarse más como hitos o referencias que como etapas de una misma sesión.
Elementos: Unos son elementos fundamentales: - La palabra y el gesto: tanto de la Biblia, como de la Iglesia; del catequista y del mismo grupo. - La experiencia comunitaria, grupal, personal. - La expresión de la fe. Y otros, los elementos accesorios: - El texto que tiene su valor se trata de un catecismo, pero que no deja de ser un instrumento al servicio de la fe de la Iglesia. - Los medios pedagógicos normales para desarrollar la sesión... - El cuaderno o carpeta que cada miembro del grupo utiliza...
Algo más siempre a punto: Los “qués” de una sesión no son siempre únicos y coherentes, sino variopintos e incluso sorpresivos. He aquí algunos: - Lo que se prepara: trabajado a conciencia tiene su peso específico y su razón de ser, como venimos diciendo. - Lo que sale: no siempre de acuerdo con lo preparado... A veces totalmente diferente, a veces al revés y, a veces, nada.... No hace falta pormenorizar, que todos tenemos experiencia. - Lo que ni se dice ni se hace: aquella realidad oculta... - Lo que hemos preparado de más, por si acaso, y que tenemos a punto por lo que pudiera ocurrir: no se trata de ir al encuentro de catequesis pertrechados con todo tipo de bagajes, pero tengamos en cuenta que lo que a nosotros nos parece planteamiento y material para una larga sesión, puede no dar de sí o no conectar con el grupo. ¿Qué hacer? ¿Lo dejamos? Parece más honesto poder presentar otras alternativas, sin pretensión de eficacia infalible, pero con la intención de no defraudar al grupo en su camino evangélico de fe y de Iglesia. Lo que Dios quiera: ¿Un bonito tópico como colofón? Simplemente la verdad en catequesis y...en todo. Por nuestra parte, un esfuerzo alegre y constante, una gran confianza en Él y en el grupo, una preparación detallada e ilusionada; por parte de Dios esto mismo, lo demás y....lo que Él quiera y como lo quiera, porque nos quiere.
2.- Los textos:
El libro: El libro es la Biblia, primer texto de toda catequesis y de la vida cristiana. La Biblia es la fuente cuyas aguas proporcionan alimento y transparencia a nuestra catequesis. Es la referencia metodológica y pedagógica, sobre todo los evangelios, y es mensaje constante y renovado. Por consiguiente, no debería ser posible dejar de acudir con fidelidad y constancia a este manantial de la Palabra para que nuestras palabras tengan sentido de Dios y de Iglesia. Hecha esta precisión, una invitación: a conocer y a utilizar más y mejor la Biblia, por medio de alguna lectura y oración personal, algún curso..., por los textos del catecismo o los de la liturgia... Hay que ir pasando y progresando del peculiar respeto a la Biblia, del gran desconocimiento que se tiene de ella y del no saber cómo utilizarla, a una familiaridad cercana, una asimilación de su mensaje y un descubrir su funcionamiento.
Los catecismos: El catecismo es el instrumento más utilizado y más significativo de la catequesis; llegó a tener una importancia tal que antes se decía “ir al catecismo” y no “la catequesis”. ¿Qué es, pues, un catecismo?. Los catecismos deben responder a estas características: - Presentar la integridad de la enseñanza de la Iglesia. - Dirigirse a los fieles de nuestras iglesias en un lenguaje llano y teniendo en cuenta las peculiaridades personales, culturales y pastorales de nuestro pueblo. - Ser unas verdaderas señales de ruta... - Orientar y animar a los fieles de las comunidades para ser y sentirse discípulos de Jesucristo. Un catecismo es, pues, más que un texto de lecciones de fe. A fin de que los catequistas no se queden en lo escueto del catecismo, se suelen editar unas guías que ayudan a entenderlo, profundizarlo y aplicarlo. No son un libro más, sino un compañero de camino. Algunos catequistas, sin catecismos, irían a la deriva. Pero los más perfectos catecismos, sin catequistas con vocación y formación, no servirían de nada... Así pues la experiencia moderna confirma una vez más que son antes los catequistas y luego los catecismos.
Otros escritos:¿Cuánto tiempo hace que eres catequista? ¿Algún año? Pues ya vale con lo que has ido haciendo: reuniones, cursillo, lectura... Pero si llevas bastante tiempo de catequista y todavía no has pasado del catecismo y su guía, poco es... No tengáis miedo de adentraros en alguna obra de divulgación sobre Biblia, teología, Moral o Liturgia...Así como no rehuir las ciencias humanas: Antropología, sociología, psicología, pedagogía...etc. Insisto en lo de no asustarse. Distinguir entre lo que debe estar en el centro parroquial y lo que cada catequista puede tener en su casa. Pasarse los libros y revistas interesantes...etc.
Imagen y sonido: Es imprescindible el conocimiento y la utilización del mundo de la imagen. Con una sencilla imagen se puede hacer una gran catequesis. - El mundo de los audiovisuales: el video que está en muchos hogares, en los centros educativos, pero en muy pocas comunidades. - La misma naturaleza... - Los acontecimientos del barrio, del pueblo, de la comunidad cristiana. Sin hacer de la catequesis un “telediario” pero sin pasar de lo que está ocurriendo cerca. - Los signos de los tiempos: permitidme una comparación: yo digo que los catequistas deberíamos actuar como los indios de las películas: cuerpo a tierra con mucha frecuencia para oír lo que se está acercando...
Tener no es saber: Ni ser... Repitamos que el catequista con todo tipo de libros, revistas, materiales audiovisuales...etc, no puede garantizar que tiene asegurado su saber y su hacer. Estar atentos a lo que ocurra, distinguir y discernir, utilizar las cosas según convengan...
3.- Los contextos:
¿A qué me refiero cuando hablo de “contextos”? Entiendo por contexto las circunstancias: realidades de todo tipo que no sólo envuelven al sujeto y a sus actividades sino que, de algún modo, influyen y condicionan su ser y su hacer. ¿Cómo apercibirse y entablar conversación con estos contextos? Una gran sensibilidad, mucha intuición y... “un sexto sentido catequético”.
Los espacios: El espacio inmediato en el que nace y se desenvuelve la personas es el familiar y social. Espacio que es fundamento y condicionamiento. Espacio con muchas facetas: con afecto o desamor; con medios para subsistir o con limitaciones o pobreza; con una educación respetuosa y generosa o con una ideología determinante y opresora; en un ambiente cristiano o en un medio agnóstico o indiferente... A medida que se va desarrollando y configurando la personalidad del niño y del joven, se crea el que podemos llamar espacio personal. Hay preferencias de ubicación: colocarse delante o detrás, en compañía o en soledad...El observar, constituye una gran ayuda en la comprensión y en la comunicación. Espacios y ... márgenes. Y así hay jóvenes fuera de la familia y niños fuera de la escuela o hombres fuera del trabajo...Y cristianos fuera de la Iglesia. Y más... Son los desechados, los excluidos, los marginados por razones de todo tipo: económicas, físicas, psíquicas, religiosas...
Los tiempos: Relativizar sin minimizar. Resulta interesante conocer la distribución del tiempo, tanto la nuestra como la de los de la catequesis. Es una manera de percatarse de la valoración de las cosas. Muy realísticamente: problemas de chavales -o de sus familias- que entre estudios, cursos de idiomas, clases de ballet o de judo, clases de guitarra, salidas de fin semana, partidos de fútbol, no encuentran resquicio para la catequesis.
Desde la perspectiva del catequista, dos consideraciones. La primera referente a la alternativa que se nos presenta: “Perder el tiempo y ganar las personas o bien “ganar” tiempo y “perder” a las personas. En muchas ocasiones deberíamos dejar de lado horarios y calendarios y revivir la pedagogía del evangelio cuyo funcionamiento sigue otro orden. El otro comentario es respecto al “pasar aprisa o despacio” del tiempo: sesiones vacías, que fatigan o despistan, y en cambio, catequesis vividas, participas y llenas, de una duración no excesivamente prolongada, pero que el grupo estaría dispuesto a prolongar sin limitación alguna.
Lo cotidiano: Nuestra época está redescubriendo la importancia y la intensidad de lo de cada día. Hemos ido pasando de las utopías a las cercanías... La catequesis puede llegar a ser también “catequesis de lo cotidiano”, si se manifiesta y se realiza como fermento evangélico de lo que se vive en las veintidós horas restantes del día y en los otros seis días de la semana que no son catequesis. En esto deberíamos aprender mucho de la gran Teresa que sabía encontrar a Dios entre los pucheros. Nuestras catequesis acostumbran a prepararse con responsabilidad y se viven intensamente; nuestros encuentros comunitarios son recios y comprometidos. Sin embargo salimos a la calle y el que nos quita el asiento no es hermano sino enemigo; vamos al trabajo o al estudio y escatimamos o nos zafamos; llegamos a casa y somos incapaces de coger una escoba o una sartén, o bajar la bolsa de la basura, porque decimos que estamos cansados. Y nuestros chicos hacen un tema del compartir, pero algunos no dejan el boli al que se lo ha olvidado en casa...
4.- Las personas:
Nos preocupamos por el libro, la sesión, los contextos y más cosas. Cosas, cosas, cosas. Con frecuencia olvidamos lo fundamental. Lo importante siempre, son las personas. El catequista preocupado por decires y haceres, pasa de largo de la gente y no se apercibe de lo que le habla y le produce una persona, no entiende nada el dinamismo catequético y no puede ni debe ser catequista. Desde el comienzo y tratándose de personas, al catequista le es lícito tener preferencias: los pequeños, los pobres, los marginados, los excluidos... (en caso de dudas, consúltese -de corazón- el evangelio). Joven: Con respecto a los jóvenes una primera actitud es la de no generalizar, cuando de ellos se habla o se trata. Porque no es la juventud, sino unos jóvenes concretos: los de mi comunidad y de mi pueblo. Porque los condicionamientos vienen dados no sólo por la edad, sino también por los espacios sociológicos en los que se mueven, las ideas que tienen influencias sobre ellos, la decepción ante un futuro cerrado para muchos...etc. Y con respecto al quehacer de la catequesis juvenil, que no todo se polarice alrededor de la pre y la postconfirmación. Debe poder plantearse y hacerse una catequesis propia para los jóvenes, tanto por el modo de tratar los temas como por una metodología dinámica, inquietante y creativa. Pequeño: También es persona el niño. Quizá más en las grandes declaraciones, que en la cotidianidad de las familias, escuelas, medios de comunicación, ambientes en los que se considera a los niños más como sujetos de deberes, que como poseedores de derechos propios. Otra consideración el niño no es sólo una persona receptiva, sino también un educador de los mayores, de la comunidad cristiana. Una frecuente tentación de muchos catequistas de niños: “Con los críos esos me las arreglo yo enseguida... Qué fácil es...” Y no, porque el crío merece todo respeto y exige un gran entendimiento y estima. Todo catequista de la edad infantil debería aprender a ser un pequeño pedagogo, y así podrá educar mejor a los pequeños. Agrupados: Grupo no es el plural de personas. Ni suma ni yuxtaposición de individuos. El grupo es un interrelación viva, no repetitiva y creciente de personas. Toda referencia actual a la persona humana debe pasar por el grupo... Sin que ello signifique menoscabo de la individualidad. Y así la familia es el grupo natural, el barrio o pueblo el grupo de familiares y personas, la comunidad cristiana, y la misma catequesis... Otros: Catequesis en frontera, deberíamos poder ofrecernos y llegar a todos. Cercanos y lejanos; teniendo en cuenta de que las lejanías no son tanto espaciales cuanto de mentalidades y creencias. La trama relacional del catequista tiene inicialmente unas dimensiones bastante reducidas: desde la propia comunidad y en contacto con sus compañeros catequistas se dirige a un grupo de niños, de jóvenes o de adultos. En un segundo momento, se apercibe de la importancia de los padres, de los compañeros, de los chavales, de los profesores, personajes del día y de la moda, etc. De los que más hablan y comentan los catequistas de niños son de los padres. Algunos son auténticos colaboradores y acompañantes de la fe de sus hijos, pero los más, aunque permiten y quieren vagamente la Catequesis para sus hijos, no están junto a ellos en este camino de iniciación cristiana. Tener en cuenta a los que van por delante en las motivaciones e intereses de mayores y pequeños: personajes políticos, cantantes, artistas, protagonistas del cine o de la TV. Nosotros: Y en la interminable lista que se mueve alrededor del mundo de la Catequesis, no nos olvidemos de nuestros compañeros catequistas: el vernos, conocernos, tratarnos, valorarnos, querernos, constituye una auténtica Catequesis para todos. Es más, nuestras relaciones son como el crisol de nuestro ser catequistas y hacer catequesis. Y en medio de las personas y personajes de la catequesis que esté siempre Jesucristo, como gran compañero, hermano y punto vital y de constante referencia.
5.- Lo imprevisible
“Desde siempre había sentido interés por la Catequesis. ¿Y si me decidiera a ser catequista? Veremos... Mira por dónde hablando con unos catequistas de mi parroquia me he enterado de que hacían falta catequistas para este año. Yo les he dicho que no me disgustaba la idea de serlo. Al poco tiempo el responsable de la Catequesis me ha invitado explícitamente. ¿Por qué negarme? Al contrario: una gran ilusión y unas inmensas ganas de comenzar. Pero a la segunda sesión ya me he dado cuenta de que la cosa no es tan fácil como parecía. Tengo una cierta sensación de fracaso...” La tarea educativa, amigo catequista, es con mucha frecuencia una tarea conflictiva, aunque de la educación en la fe se trate. Por consiguiente es necesario meter en la propia alforja de animador esta realidad constante y punzante: lo imprevisible.
La diferencia: De uno a otro año, las diferencias pueden ser múltiples: - Cambio del responsable de catequesis... - Pueden darse cambios en el mismo equipo de catequistas: ausencias y nuevas presencias que comportan una dosis de desconcierto y, en ocasiones de desconfianza... - Después de hablarlo, me han propuesto un cambio de nivel que implica un nuevo programa y texto y, a lo mejor seguir otro método. Vamos a afrontarlo y a reconocer que este cambio me va a espabilar en muchos sentidos. - No, no la sorpresa está en el grupo que tengo este curso: todo un reto... - Los horarios... - Cambios y diferencias, diferencias y cambios...
La indisciplina: Antes de hablar de indisciplina, digamos algo sobre la disciplina. La catequesis debe tenerlas también. Unas normas y unas disposiciones tan sencillas como se quiera, siempre de acuerdo con el Evangelio y con la Pedagogía, pero que se den y se conozcan por parte de todos. ¿Hay estas reglas y normas en nuestra catequesis? ?¿Saben todos a qué atenerse y cómo comportarse desde un comienzo? Si no existen estas referencias mínimas de horario, tipo de trabajo, materiales, reuniones, programa básico, método a emplear...etc., y si no hay mutuo acuerdo sobre lo fundamental, ya tenemos motivos más que fundados para que se dé indisciplina desde el comienzo. - Mi misma acción catequética, ¿es disciplinada? ¿o voy improvisando y a la deriva en exposiciones y actividades? La mayor obsesión de todo catequista es, sin embargo, el niño indisciplinado. Curiosamente no faltan en casi ningún grupo. Chavales que estorban, que enredan, que no están nunca quietos, que hacen preguntas inoportunas, que no aprovechan para nada la sesión de catequesis, que... ¿Por qué son y actúan así estos muchachos? No podemos entenderlos si no es a base de observación y atención, tanto fuera como dentro de la Catequesis. A este conocimiento, discreto y delicado, debe seguir una respuesta y relación adecuadas. Si estos niños son tratados como seres extravagantes llegarán a incordiar más y más al grupo y al catequista. Reconocerlos, entenderlos y tratarlos: hablando, jugando, perdiendo el tiempo con ellos. Y dialogando con sus padres. Y mucho cariño, plegaria, compasión y esperanza: los indisciplinados, rebeldes y raros son la piedra de toque de los planteamientos evangélicos de nuestras catequesis.
La contestación: Referida a los jóvenes. Intentemos verla más como una manifestación de interés, que no como una clara forma de rechazo. Quien se muestra habitualmente contestatario, no es un indiferente, ni mucho menos. Por otra parte ante una contestación, que sea la serenidad la que domine, acallando nuestros ímpetus, para así poder entender y escuchar y, a partir de aquí, empezar a entender al que nos habla de este modo- Que nuestra defensa no sea nunca hacer callar al disidente, y que nuestra respuesta no sea precisamente otra réplica. Educar desde la contestación hacia un cordial diálogo y una incipiente comunión. El pasotismo: Una constatación: a quien más cuesta animar es al que se muestra decididamente desanimado. A pesar de todo, un catequista no abandona fácilmente a nadie por difícil que sea: gran contradicción si así fuera. - Nos encontramos, pues, ante un pasota. ¿Qué hacer? Antes que nada distinguir y apercibirnos de que no es lo mismo pasar de todo que pasar de algo, o pasar de mucho por perogrullada que estas expresiones os puedan parecer. Descubrir, pues de qué no pasa. - Otra aclaración: el ser, el estar y el hacer son diferentes niveles de la misma persona. Se deja de hacer algunas actividades, o se está ausente de modo físico o moral, pero es humanamente imposible que una persona sea pasota del todo, en todo y para todo. - También aquí con paciencia y estima del animador hay que ver de dónde proviene todo esto. - Y sepamos o no, con o sin entender, no dejar de actuar y proponer a quien así se manifiesta, aunque no tengamos respuesta ni reacción alguna. La historia de una persona es larga y zigzagueante, siempre abierta a nuevos horizontes. - Pase lo que pase, no pasar nunca de los pasotas. No es sólo juego de palabras, sino el juego de todo educador cristiano. Lo otro: He aquí que nuestro grupo de catequesis, compuesto por gente maja, no presenta problema alguno de indisciplina o de pasotismo, sino todo lo contrario: unos y otros muestran un gran interés, se trabaja en equipo, se intenta llegar al fondo de las cuestiones y de los planteamientos... Pero surge la otra propuesta: “Estos temas no nos van”. “No estamos de acuerdo con esta manera de hacer la catequesis”. “Esto ya lo hemos dado”. ¿Por qué no tratamos otras cuestiones?. Podemos poner aquí, aquella otra cuestión planteada un día por los de tu grupo.... - A la hora de reaccionar, que nuestra primera respuesta no sea nunca una autodefensa, porque si las relaciones en el grupo son normales, no se trata nunca de vernos atacados nosotros, sino de proponer otra cosa. Así de claro y de sencillo. - En un segundo momento, después de un tiempo quizás y, sobre todo, después de una serena reflexión, habrá que dar una respuesta justa y honesta. Lo cual no implica cambiarlo todo, de arriba a abajo, a la siguiente sesión. Para un cambio de ruta o de temática, hace falta tiempo y deliberación de todos. Si de verdad hace falta cambiar, pues a cambiar se ha dicho, reconociendo las posibilidades, aptitudes y... limitaciones tanto del catequista como del grupo. Claro está: si la otra alternativa es mejor, es realista y factible, ¿por qué no adaptarla y dejar la nuestra? - Ahora bien, no todo son oposiciones o alternativas: lo otro junto con lo nuestro puede constituir una estupenda síntesis que nos ayude a todos.
6.- La valoración
Dos familias de palabras Las dos son parientes de evaluar. - Los apellidos de la primera nos hablan de tasar, calcular, cotizar...Y, por tanto, tienen una referencia muy directa al término balanza. - La otra se nombra con expresiones: valorar, estimar, apreciar... con lo que está más próxima a la palabra corazón. En Catequesis es mejor valorar, ¿verdad?
¿Y qué? Es la pregunta que nos hacemos al acabar las sesiones, que nos formulan los padres y, si son algo mayores, también los chicos. Lamentablemente a veces se expresa con un cierto desánimo: “Pero si estos críos ni han hecho ni han aprendido nada...”. “¿Qué hemos conseguido después de tantos esfuerzos?”. “¿Vale la pena continuar?” Nuestra inmediata consideración y respuesta debería ser la del Evangelio: “Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer” (Lc 17,10) Y no por derrotismo: hay que distinguir entre deber, utilidad y misión. Porque esta expresión nos habla de deber cumplido, haya sido o no útil. La utilidad o eficacia no siempre son criterios evangélicos o pastorales. Realizar la misión encomendada con ánimo alegre, corazón dispuesto y acción diligente, sin pretender ni éxitos ni resultados. ¡Y cómo nos cuesta esto!
¿Qué consideramos valor? Las grandes metas en la Catequesis son y serán siempre la fe, el amor, la esperanza, virtudes de la vida del cristiano. Y los valores a conseguir tienen que ser fundamentalmente, los del Reino, que vienen expresados en las parábolas del evangelio: la misericordia, la pequeñez de los inicios, la espera de los frutos para más adelante; y los valores de las Bienaventuranzas: la pobreza, la mansedumbre, la justicia, la misericordia, la limpieza de corazón, la paz... Pero, ¿cómo saber si los valores evangélicos son nuestros valores y los del grupo de catequesis? El valor no es sólo algo útil, importante, bueno, sublime. Para el cristiano los valores son tales cuando se viven, cuando se testimonian. Más concretamente, todo valor tiene una dimensión intelectual (una opción entre otras), una dimensión afectiva (que se quiera, que llene profundamente...), y una dimensión activa (coherencia entre valor y vida) Teniendo en cuenta estas tres coordenadas podremos comprobar lo que son palabras y lo que son valores en nuestra vida y en la de los demás.
Afrontar la evaluación: Evaluar, siempre en el sentido de valorar y no de sopesar cuantitativamente, y evaluación que no conviene soslayar con falsas excusas de que las cosas ya van bien, que no conviene complicarse la vida, que siempre se ha hecho y seguiremos haciéndolo así... El primer planteamiento de la evaluación es tener en cuenta la historia viva y real del año de catequesis: la programación inicial, el desarrollo del curso(que convendría apuntáramos en un cuaderno, y los resultados finales (si es que de resultados podemos y debemos hablar en catequesis). -¿Qué análisis de valoración hacer? Ver -y hablar y estudiar- por lo menos lo que ha ido bien, lo negativo y las perspectivas más claras que empiezan a deducirse para el próximo curso de catequesis
Corregir, primer paso en el convertirse Al evaluar, lo primero que se produce es una constatación. Constatación de lo que ha sido positivo. Reconocer lo que ha ido bien, quizá con más naturalidad que humildad. Tanta soberbia implica el engreimiento como el no reconocimiento de lo bueno y válido conseguido por todos y que redunda en favor de muchos. - Y lo que se evalúa como negativo, pérdida de tiempo, no consecución de los objetivos, situaciones violentas...., reconocerlo también tomar buena nota de ello, analizar las causas y empezar a rectificar ya. No para quedar bien... Que la corrección y mejora sea siempre en función del servicio al evangelio y a la fe. Conversión que debe poder llegar, si hace falta, a darle la vuelta a las cosas.
Don, voluntad e... imaginación Como quiera que se trata de valores y contravalores del mundo y de la fe, hay que partir del principio de que la fe, antes que esfuerzo del hombre, es un don de Dios. En nuestro ser catequistas y hacer catequesis, sin dejar de lado los programas, las materias, las sesiones, los métodos, lo que más puede hacernos falta es un poco de imaginación, un bastante de distensión y un mucho de gozo.
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