|
¿Cuándo hay que empezar a educar a los hijos?, le preguntan a Napoleón. Él, sin titubear, contesta: "Los padres han de empezar a educar a sus hijos veinte años antes de casarse". El Dr. Kovacs afirma: "Si hasta los siete años la educación es desastrosa, las secuelas serán permanentes". Y añade: "La educación ha de comenzar cuando el niño está en el seno de su madre. Los estímulos deberían comenzar antes del nacimiento en torno al cuarto mes de gestación". Lo mismo afirma la Dra. M. Utrilla, especialista en Psiquiatría Infantil y Psicoterapia por la Universidad de Ginebra. Le pregunta un periodista: "Deben ser muchos los factores que influyen en el desarrollo infantil, pero, entre ellos, ¿qué importancia tiene el núcleo familiar?". Responde: "Es esencial, pero aun antes de lo que usted supone seguramente. Nosotros centramos las investigaciones en la temprana relación madre-hijo, inmediatamente después de nacer e incluso cuando el niño está en el vientre. Esa relación madre-bebé va a ser predeterminante en la construcción de las fantasías del neonato, que nada más nacer tiene ya actividad mental, imaginación. El niño crece relacionando su estructura interna y personal con lo que le rodea. La manera de pensar y vivir de los padres le va a influenciar mucho". No es, ni mucho menos, infrecuente el error de la despreocupación cuando los hijos son bebés o niños pequeños: "Todavía es muy pequeño; no se da cuenta; cuando sea un poquito mayor, entonces sí que habrá que prepararse y cuidarse de lo que se dice y se hace; entonces le empezaremos a enseñar algunas cosas...". Quienes tienen esta mentalidad, inexorablemente llegan tarde. A veces la situación es enteramente dramática. Los padres viven descuidados. Al parecer todo discurre normalmente. Los hijos van sumando años y subiendo cursos sin ninguna señal de alarma... hasta que empiezan las sospechas de que andan por malos caminos, se descuelgan de los estudios, parece que están deprimidos, en plan pasota... Entonces, cuando el hijo es un pobre náufrago al que es difícil salvar incluso con la respiración boca a boca, es cuando los padres lanzan angustiados y llorosos su SOS. Qué pocas veces se hace una política preventiva para evitar catástrofes. Lamentablemente, muchos padres viven despreocupados y sólo empiezan a actuar cuando revientan los problemas. ¡Con lo fácil que hubiera sido prevenir! Unos padres educadores y un hogar educador no se improvisan. No es cuestión de hacer un curso acelerado porque "parece que el niño ya se va dando cuenta...". El Dr. Kovacs afirma que a partir de los cinco meses y medio, el feto ya empieza a percibir los sonidos graves, y a partir de los seis, los agudos. Invita a la comunicación afectiva con el hijo/a en gestación. Alguien puede ser escéptico con respecto a estas teorías avanzadas, pero lo que a nadie se le ocurre es dudar de que, a partir del nacimiento, nada ocurre en balde alrededor del recién nacido. Es una caja de resonancia, una grabadora, una pantalla que capta mensajes que se archivan en el disco duro, mensajes no interpretados conceptualmente, pero que son vitales y que le van configurando psicológicamente. A través de las expresiones de acogida y benevolencia, de indiferencia y agresividad, se fija en lo más hondo de su inconsciente la clave interpretativa de la vida: la persona es un ser "condenado" a la vida, al drama, o "invitado" a la vida, a la fiesta. La experiencia se ha repetido numerosas veces. Personas que sufren una crisis, viven experiencias paranormales, hablan lenguas que nunca habían hablado. Se recorre su vida río arriba y se encuentra que esas personas habían oído hablar esa lengua en los años de su primera infancia. El recuerdo no se ha perdido, ha quedado grabado en el disco duro de su inconsciente. Lo que el infante percibe en su derredor: gestos de ternura, actitudes agresivas, sonrisas y lágrimas, todo queda grabado en su inconsciente. Pero ese contenido no está ahí como en un museo, sino que es activo e influyente en la vida. En el aspecto educacional hemos de tener muy en cuenta el refrán: "Lo que puedas hacer hoy no lo dejes para mañana"; mañana ya será tarde. Me lo contaba mi amigo Germán en presencia de Alfonso, amigo de él y mío, su "jefe" en el Banco. "Fíjate, Juan: Un día me viene Alfonso por la mañana, al llegar al trabajo, y me dice: "¿Sabes, Germán, que no podemos con la hija? (tres años). Nos ha cogido el tranquillo y no hay quien pueda con ella. Ayer vinieron mis suegros, a los que quiere muchísimo. Eran las siete de la tarde (verano); se le antojó que no los quería en casa, que aquella era su casa; empezó a gritar, quería darles patadas; era tal el alboroto que armó, que tuvieron que desistir de la visita y se tuvieron que marchar. Como ésta, nos hace muchas...". Le advierte Germán: "Pues si no lo remediáis a tiempo, lo tenéis claro. ¿Qué será cuando tenga dieciocho años?". Asiento y le digo: "No lo olvides, Alfonso, y mentaliza en ese sentido a Celia" (su mujer). Escribe con gracejo y tino J. Mahillo: "Los padres que desaprovechan su mejor oportunidad educativa, cuando sus hijos son pequeños y más influenciables, y se dedican a "ir tirando", improvisando sus criterios educativos, sin orden ni concierto, para luego quejarse amargamente de tener la casa llena de "ocupas" egoístas, insolidarios, pasotas y groseros, deberían recordar que, en este mundo traidor, cada cual suele recoger lo que ha sembrado. Todo el mundo sabe que los criadores de cuervos acaban en la ONCE... Si los educáis desde el principio, os darán pocos disgustos y muchas alegrías. Si no lo lográis, que Dios os ampare". Supongo que habrá muchos lectores que, por uno u otro motivo, no han sabido mover sensatamente sus piezas en esta particular partida de ajedrez que es la educación de sus hijos. Ya a estas alturas, con el rey acorralado y pocas posibilidades de maniobra, pretenden arreglarlo todo haciendo una jugada magistral. Pues siento desengañarles, porque en estas lides, quien la hace, la paga. Si vuestros retoños aún son chiquitines, por fieros que estén, no os desesperéis. Aunque os cueste un poco "desfacer entuertos", aún tiene remedio. Revestíos de paciencia y coged el toro por las astas. Pero si ya calzan botas, montan en moto y visten chupa de cuero... no os hagáis ilusiones. Es como si un agricultor, que ha dejado crecer torcido un arbolillo, pretendiera enderezarlo con un palo cuando ya tiene quince años. Más le valiera darse con él en los dientes. Afortunadamente los niños no llegan a adolescentes en cuatro días (por desgracia, tampoco superan la adolescencia en otros cuatro). El crecimiento y maduración lleva su tiempo, por lo que Dios o la madre naturaleza -en eso no me meto- os han dado un margen de maniobra de diez o doce años. Luego también podréis influir en ellos, pero de una manera más indirecta y ocasional. Si vuestros hijos adolescentes están correctamente educados, buscarán de buen grado vuestro consejo. Si no, pasarán ampliamente de vosotros. Cada cual sabrá si sus hijos están educados o maleducados, ya que entre un extremo y otro hay muchos grados. Pues bien, salvo casos excepcionales, en los que hay que recurrir a un buen especialista, la práctica totalidad de los niños menores de doce años son recuperables. Eso sí, con un esfuerzo tanto mayor cuanto más maleados estén. Muchas veces, al terminar una charla se me ha acercado algún padre para contarme sus desgracias, intentando desesperadamente encontrar una solución rápida y contundente para todos sus males. En algunos casos, por lo que me cuentan, me siento como un médico ante un enfermo terminal. Podemos hacer algo por aliviar su dolor, pero no siempre la cosa tiene arreglo (normalmente, nos damos cuenta del valor que tienen los dientes cuando los perdemos). También me he encontrado con padres que, al menor síntoma, llevan a sus hijos al psiquiatra, como quien lleva el coche al mecánico cuando oye un ruido extraño. Está bien que recurráis a un especialista cuando el tema revista especial virulencia, pero no deleguéis demasiado pronto en los demás, ya que, por muy expertos que sean en estas materias, no son los padres de la criatura. Conviene que leáis, consultéis y meditéis las opiniones ajenas, pero al final haced lo que os dicte el corazón. Pues normalmente lo que os falta a los padres de erudición lo suplís con creces con el amor que tenéis a los hijos.
Para la reflexión, el diálogo y el compromiso
- ¿Qué dificultades encuentran los matrimonios de nuestro entorno (familiares, amigos, conocidos) en la educación de sus hijos? - ¿Qué dificultades estamos encontrando o prevemos que vamos a encontrar nosotros? - ¿ Compartimos estos puntos de vista o creemos que habría que rectificar algunas afirmaciones? ¿Cuáles? ¿ Por qué? - ¿ Qué decisiones debemos tomar a la luz de esta reflexión?
|

