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No se asuste de que los que nos decimos cristianos seamos tan burros todavía... Muchos se preguntan, ¿por qué el Evangelio no ha conseguido cambiar la humanidad? ¿Por qué el personal es tan salvaje aún? ¿Por qué la inquisición quemando herejes en nombre de dios (aposta lo pongo con letras pequeñas, porque no creo en ese dios). ¿Por qué en pleno siglo XX hay un señor que yo conozco mandando fabricar misiles e invadir países «para salvar la civilización occidental y cristiana!...»?, ¿por qué tantas estafas «cristianas», tantos enriquecimientos «cristianos», tantos odios «cristianos»...? Yo -compañero- ya no me escandalizo de eso ni me hace perder mi pequeñita fe. Déjeme que se lo explique con una raya. Érase una vez [-------------------------------------] ¿Será una vez? ¿ve? En una punta está el «Mono»: los sabios le dirán el prehomínido... producto de una evolución de miles y miles de años. Desde que el mundo comenzó a ser, las especies fueron evolucionando hasta que, ¡zas!, apareció el hombre (lo de ¡zas! es un decir, pero aquí no vamos a discutir cuestiones científicas, hay por ahí libros de divulgación). Total que hace más de quinientos mil años apareció el hombre. Es una punta de la raya: el pasado. En el otro extremo, que es el futuro, ¿qué ponemos?.. Un hombre nuevo, un hombre tan avanzado, tan avanzado... que podríamos llamarle el «Hombre Comunitario». Una humanidad que ha superado las guerras, los odios, las puñeterías, la pejigueras, las envidias, las zancadillas, las chulerías, las peleas, las oposiciones, las desigualdades, las mentiras, los cuentos chinos (de fabricación nacional), las falsificaciones, las desconfianzas, las hipocresías, los desprecios, los desplantes, los desmanes, los desfalcos, los despilfarros, los desconsuelos; los destacamentos, los déspotas y las destrucciones. ¿Que eso será aburrido? Esa nueva humanidad tendrá tiempo de sobra para amarse, quererse y hacerse feliz en todas sus modalidades. - ¿Que eso es imposible?., ¿que nunca llegará? Eso mismo dijo una vez un mono cuando otro mono le dijo: «Ya verás cómo algún día llegaremos a pensar y a inventar lavadoras automáticas». Bueno. Fíjese en esa raya y en sus dos extremos y pregúntese: nosotros, los hombres de hoy, ¿en qué punto de la raya nos encontramos?., ¿a medio camino.?., ¿a dos pasos de conseguir el objetivo?; o ¿casi recién salidos de la horda de monos?... Algunos pesimistas dirán que vamos marcha atrás y que volvemos a la ley de la selva. Que lo digan. Lo cierto es que el camino hacia ese «hombre nuevo», «humanidad sin fronteras», «comunidad universal», «utopía» (palabra que quiere decir que eso no pasa en ningún sitio)..., todos comprendemos que es un camino largo..., ¡largísimo! . Como yo tengo fe, como creo en ese Dios inquietante y revolucionario, creo que en la historia de todos esos siglos -desde tiempos del mono, para entendernos-, han aparecido muchos hombres iluminados por Dios que se han adelantado a su época, que han nacido «demasiado pronto» y han intentado «tirar palante» con la humanidad... A muchos de ellos la humanidad se los ha cargado, por eso: por «profetas». Especialmente «en los últimos tiempos» Dios ha enviado a Jesús y, ya sabe compañero, lo que hemos hecho con El. Jesús, «el- hombre - que - habló - demasiado - pronto», juntó una panda de locos que anunciasen un mundo nuevo, el mundo del futuro, el mundo de los hijos de Dios... Pero mantener esa marcha hacia el «mundo que tiene que ser» es muy dura y en seguida se nos despierta dentro el mono del pasado. La panda de locos que Jesús juntó, se organizó en Iglesia. La Iglesia de Jesús, como está formada por descendientes del mono -y encima con el pecado original-, no acaba de encajar el mensaje del jefe y al menor descuido volvemos a andarnos por las ramas, a pegarnos con el garrote, a quemarnos vivos y a tenerle gustirrinín al dinero, al lujo, a los tronos y al «usté no sabe con quién está hablando»: cosas más propias del hombre de Cromañón que del maravilloso futuro ese en el que al levantar la vista veremos una tierra en la que no ponga «prohibido el paso, propiedad privada». Con el tiempo, en la Iglesia de Jesús se ha ido montando lo que los técnicos llaman superestructura, tinglado, andamiaje..., y al mismo tiempo ha habido en ella divisiones, guerras, y luego más tinglado y más superestructura. La Iglesia está eclesiastizada, ¿quién la deseclesiastizará...?, el desesclasiastizador que la deseclesiastizare...
¡Viva su madre! No es lo mismo ser paternal que paternalista, ser entusiasta que ser fanático. Tampoco es igual ser de la Iglesia que estar eclesiastizado. A veces me dice algún amigo: ¿y tú... viendo lo que pasa en la Iglesia; lo de tal grupo o de tal cura o tal jerarquía... cómo sigues en ella? Pues, compañero, porque en cualquier organización, partido o similar que no sea la Iglesia, pasa lo mismo y peor. En todas partes cuecen habas. Además porque veo que, a pesar de todo, en la Iglesia hay hombres y mujeres que no se han olvidado del jefe ni de lo que dijo y sigo en la Iglesia porque, a pesar de todo, a «mi» Dios, al nº 2 del que hablamos antes, sólo le puedo buscar en grupo. Los que nos decimos cristianos, ya seamos seglares, curas, carpinteros, empleadas de hogar, monjas, directoras de instituto, obispos, pintores, taxistas, papas, vendedores ambulantes, ermitaños, futbolistas, labradores de secano, huertanos, equilibristas, etc., todos formamos la Iglesia caminante (a veces la Iglesia en marcha atrás), pero al final seguimos adelante, hacia el Reino de Dios (el del nº 2): el mundo nuevo... que se va haciendo poco a poco; tan poco a poco que, ¡cuernos!, uno pierde la paciencia. |

