1.- MI IRA YA SECÓ
Mariana se puso toda feliz por haber ganado de regalo un juego de té de color azul.
Al día siguiente, Julia, su amiguita, vino bien temprano a invitarla a jugar, Mariana no podía pues saldría con su madre aquella mañana.
Julia entonces pidió a Mariana que le prestara su juego de té para que ella pudiera jugar sola en el jardín del edificio en que vivían.
Ella no quería prestar su flamante regalo pero ante la insistencia de la amiga decidió hacer hincapié en el cuidado de aquel juguete tan especial.
Al volver del paseo, Mariana se quedó pasmada al ver su juego de té tirado al suelo. Faltaban algunas tazas y la bandeja estaba rota. Llorando y muy molesta Mariana se desahogó con su mamá ¿ves mamá lo que hizo Julia conmigo? Le presté mi juguete y ella lo descuidó todo y lo dejó tirado en el suelo.
Totalmente descontrolada Mariana quería ir a la casa de Julia a pedir explicaciones, pero su madre cariñosamente le dijo: Hijita, ¿te acuerdas de aquel día cuando saliste con tu vestido nuevo todo blanco y un coche que pasaba te salpicó de lodo tu ropa? Al llegar a casa querías lavar inmediatamente el vestido pero tu abuelita no te dejó ¿Recuerdas lo que dijo tu abuela?
Ella dijo que había que dejar que el barro se secara, porque después sería más fácil de quitar.
Así es hijita, con la ira es lo mismo, deja la ira secarse primero, después es mucho más fácil resolver todo.
Mariana no entendía todo muy bien, pero decidió seguir el consejo de su madre y fue a ver el televisor. Un rato después sonó el timbre de la puerta.
Era Julia, con una caja en las manos y sin más preámbulo ella dijo: Mariana, ¿recuerdas al niño malcriado de la otra calle, el que a menudo nos molesta?. Él vino para jugar conmigo y no lo dejé porque creí que no cuidaría tu juego de té pero el se enojó y destruyó el regalo que me habías prestado. Cuando le conté a mi madre ella preocupada me llevó a comprar otro igualito, para ti. ¡Espero que no estés enojada conmigo. No fue mi culpa!
¡No hay problema!, dijo Mariana, ¡mi ira ya secó!. Y dando un fuerte abrazo a su amiga, la tomó de la mano y la llevó a su cuarto para contarle la historia del vestido nuevo que se había ensuciado de lodo.
Nunca reacciones mientras sientas ira. La ira nos ciega e impide que veamos las cosas como ellas realmente son. Así evitarás cometer injusticias y ganarás el respeto de los demás por tu posición ponderada y correcta delante de una situación difícil.
Acuérdate siempre: Deja secar la ira.
Reflexión
Los malentendidos están en el fondo del 90 por 100 de los conflictos humanos, desde las guerras hasta las desavenencias entre los esposos.
Hoy podemos examinar las realidades más próximas:
Cuando tú, muchacho, has reñido con tus padres, ¿lo has hecho por motivos realmente hondos y serios o más bien porque no habéis sabido explicaros, pensando, como pensabais, los dos lo mismo en el fondo?
¿Y cuando el marido riñe con su mujer o el amigo con su amigo, no será ocho de cada diez veces fruto de un malentendido que se hubiera podido superar simplemente con charlar tranquilamente sobre él?
Reñimos, dos de cada tres veces, porque desconfiamos los unos de los otros, imaginamos, quién sabe qué intenciones detrás de la palabra más inocente, queremos que nuestros vecinos piensen redondo si yo tengo la cabeza redonda y cuadrado si mis ideas son cuadradas. Y puede que sean las mismas ideas, vertidas a través de experiencias y formas de expresión distintas.
Por eso, si cuando vamos a reñir tuviéramos la serenidad suficiente para aplazar la riña para otro día en que los dos estemos más tranquilos y podamos expresarnos con mayor serenidad y claridad, la casi totalidad de las discusiones desaparecerían.
2.- LOS PEQUEÑOS DETALLES
El alumno, según él, había terminado el cuadro. Llamó a su maestro para que lo evaluara. Se acercó el maestro y observó la obra con detenimiento y concentración durante un rato. Entonces, le pidió al alumno la paleta y los pinceles.
Con gran destreza dio unos cuantos trazos aquí y allá. Cuando el maestro le regresó las pinturas al alumno el cuadro había cambiado notablemente.
El alumno quedó asombrado; ante sus propios ojos la obra había pasado de mediocre a sublime. Casi con reverencia le dijo al maestro:
¿Cómo es posible que con unos cuantos toques, simples detalles, haya cambiado tanto el cuadro?
Es que en esos pequeños detalles está el arte. Contestó el maestro.
Si lo vemos despacio, nos daremos cuenta que todo en la vida son detalles.
Los grandes acontecimientos nos deslumbran tanto que a veces nos impiden ver esos pequeños milagros que nos rodean cada día. Un ave que canta, una flor que se abre, el beso de un hijo en nuestra mejilla, son ejemplos de pequeños detalles que al sumarse pueden hacer diferente nuestra existencia.
Todas las relaciones -familia, matrimonio, noviazgo o amistad- se basan en detalles. Nadie espera que remontes el Océano Atlántico por él, aunque probablemente sí que le hables el día de su cumpleaños. Nadie te pedirá que escales el Monte Everest para probar tu amistad, pero sí que lo visites durante unos minutos cuando sabes que está enfermo.
Hay quienes se pasan el tiempo esperando una oportunidad para demostrar de forma heroica su amor por alguien. Lo triste es que mientras esperan esa gran ocasión dejan pasar muchas otras, modestas pero significativas. Se puede pasar la vida sin que la otra persona necesitara jamás que le donaras un riñón, aunque se quedó esperando que le devolvieras una llamada.
Se piensa a veces que la felicidad es como sacarse la lotería, un suceso majestuoso que de la noche a la mañana cambiará una vida miserable por una llena de dicha. Esto es falso, en verdad la felicidad se funda en pequeñeces, en detalles que sazonan día a día nuestra existencia.
Nos dejamos engañar con demasiada facilidad por la aparente simpleza. No desestimes jamás el poder de las cosas pequeñas: una flor, una carta, una palmada en el hombro, una palabra de aliento o unas cuantas líneas en una tarjeta. Todas estas pueden parecer poca cosa, pero no pienses que son insignificantes.
En los momentos de mayor dicha o de mayor dolor se convierten en el cemento que une los ladrillos de esa construcción que llamamos relación. La flor se marchitará, las palabras quizá se las llevará el viento, pero el recuerdo de ambas permanecerá durante mucho tiempo en la mente y el corazón de quien las recibió.
¿Qué esperas entonces? Escribe esa carta, haz esa visita, levanta el teléfono. Hazlo ahora, mientras la oportunidad aún es tuya. No lo dejes para después por parecerte poca cosa. En las relaciones no hay cosas pequeñas, únicamente existen las que se hicieron y las que se quedaron en buenas intenciones…
3.- EL TIEMPO: LA MEJOR EXPRESIÓN DEL AMOR
Es posible evaluar la importancia que le asignamos a algo considerando el tiempo que estamos dispuestos a dedicarle. Cuanto más tiempo le dedicamos a algo, más evidente resulta la relevancia y el valor que tiene para nosotros. Si quieres conocer las prioridades de una persona, fíjate en cómo usa el tiempo.
El tiempo es el regalo más preciado que tenemos porque es limitado. Podemos producir más dinero, pero no más tiempo. Cuando le dedicamos tiempo a una persona, le estamos entregando una porción de nuestra vida que nunca podremos recuperar. Nuestro tiempo es nuestra vida. El mejor regalo que le puedes dar a alguien es tu tiempo.
No es suficiente decir que las relaciones son importantes: debemos demostrarlo en nuestras acciones, invirtiendo tiempo en ellas. Las palabras por sí solas nada valen: "No solamente debemos decir que amamos, sino que debemos demostrarlo por medio de lo que hacemos". Las relaciones exigen tiempo y esfuerzo. Amor se deletrea así:
“T-I-E-M-P-O”.
La esencia del amor no es lo que pensamos o hacemos o aportamos a los demás; antes bien, es cuánto entregamos de nosotros mismos. A los hombres, en particular, les cuesta entender esto. Muchos dicen: “No puedo entender a mi esposa ni a mis hijas. Les proveo todo lo que necesito. Qué más quieren?”. !TE QUIEREN A TI !. Quieren tu ojos, tus oídos, tu tiempo, tu atención, tu presencia, tu interés: TU TIEMPO.
El mejor regalo de amor no son los diamantes, ni las rosas, ni los dulces. Es brindar tu concentración. El amor se concentra tanto en otra persona que por un instante uno se olvida quien es. La atención dice:
“Te valoro tanto que te entrego mi bien más valioso:
MI TIEMPO”.
Siempre que dediques tu tiempo, estarás haciendo un sacrificio, y el sacrificio es la esencia del amor.
ES POSIBLE DAR SIN AMAR, PERO NO SE PUEDE AMAR SIN DAR.
AMAR ES ENTREGARSE:
DEJAR DE LADO MIS PREFERENCIAS,
COMODIDAD, OBJETIVOS PERSONALES,
SEGURIDAD, DINERO, ENERGÍA Y
TIEMPO PARA EL BENEFICIO DE LOS DEMÁS.
Recuerda siempre esto:
EL MEJOR REGALO QUE LE PUEDES DAR A ALGUIEN ES:
"TU TIEMPO"
4.- Las siete maravillas del mundo
El maestro pide a los alumnos que compongan una lista de las 7 maravillas del mundo.
Mas tarde pidió que leyeran su lista.
A pesar de algunos desacuerdos, la mayoría votó por lo siguiente:
1. Las Pirámides de Egipto
2. El Taj Mahal
3. El Coloso de Rodas
4. Los Jardines Colgantes de Babilonia
5. El Coliseo de Roma
6. La Muralla China
El maestro buscaba consenso para la séptima maravilla cuando notó que una estudiante permanecía callada y no había entregado aún su lista, así que le preguntó si tenía problemas para hacer su elección.
La muchacha tímidamente respondió: "Sí; un poco. No podía decidirme, pues son tantas las maravillas....."
El maestro le dijo: "Dinos lo que has escrito, tal vez podamos ayudarte."
La muchacha, titubeó un poco y finalmente leyó:
"Creo que las siete maravillas del Mundo son:
1. Poder pensar
2. Poder hablar
3. Poder actuar
4. Poder escuchar
5. Poder servir
6. Poder orar
7. Y la más importante de todas..... poder amar."
Después de leído esto, el salón quedó en absoluto silencio....
Es muy sencillo para nosotros poder ver las obras del hombre y referirnos a ellas como maravillas, cuando a veces pasan desapercibidas las maravillas que Dios hace en nosotros con su gracia y que cada uno debe desarrollar.
Fuiste creado por Dios para ser una maravilla!!
5.- ERES IMPORTANTE PARA MÍ
Una profesora universitaria inició un nuevo proyecto entre sus alumnos.
A cada uno le dio cuatro listones de color azul, todos con la leyenda "ERES IMPORTANTE PARA MI", y les pidió que se pusieran uno.
Cuando todos lo hicieron, les dijo que eso era lo que ella pensaba de ellos. Luego les explicó de qué se trataba el experimento: tenían que darle un listón a alguna persona que fuera importante para ellos, explicándole el motivo y dándole los otros listones para que ellos hicieran lo mismo. El resultado esperado era ver cuánto podía influir en las personas ese pequeño detalle.
Todos salieron de esa clase hablando a quién darían sus listones. Algunos mencionaban a sus padres, a sus hermanos o a sus novio/as. Entre aquellos estudiantes había uno que estaba lejos de casa. Este muchacho había conseguido una beca para esa universidad y al estar lejos de su hogar, no podía darle ese listón a sus padres o sus hermanos.
Pasó toda la noche pensando a quién daría ese listón. Al otro día muy temprano tuvo la respuesta. Tenía un amigo, un joven profesional que lo había orientado para elegir su carrera y muchas veces lo asesoraba cuando las cosas no iban tan bien como él esperaba. ¡¡Esa era la solución!
Saliendo de clases se dirigió al edificio donde su amigo trabajaba. En la recepción pidió verlo. A su amigo le extrañó, ya que el muchacho lo iba a ver después de que saliera de trabajar, por lo que pensó que algo malo estaba sucediendo. Cuando lo vio en la entrada, sintió alivio de que todo estuviera bien, pero a la vez le extrañaba el motivo de su visita. El estudiante le explicó el propósito de su visita y le entregó tres listones, le pidió que se pusiera uno y le dijo que al estar lejos de casa, él era el más indicado para portarlo.
El joven ejecutivo se sintió halagado, no recibía ese tipo de reconocimientos muy a menudo y prometió a su amigo que seguiría con el experimento y le informaría de los resultados.
El joven ejecutivo regresó a sus labores y ya casi a la hora de la salida se le ocurrió una arriesgada idea: Le quería entregar los dos listones restantes a su jefe. El jefe era una persona huraña y siempre muy atareada, por lo que tuvo que esperar que estuviera "desocupado".
Cuando consiguió verlo, su jefe estaba inmerso en la lectura de los nuevos proyectos de su departamento, la oficina estaba repleta de reconocimientos y papeles.
El jefe solo gruñó " ¿Qué desea?"
El joven ejecutivo le explicó tímidamente el propósito de su visita y le mostró los dos listones. El jefe, asombrado, le preguntó: "¿Por qué cree usted que soy el más indicado para tener ese listón?".
El ejecutivo le respondió que él lo admiraba por su capacidad y entusiasmo en los negocios, además que de él había aprendido bastante y estaba orgulloso de estar bajo su mando.
El jefe titubeó, pero recibió con agrado los dos listones, no muy a menudo se escuchan esas palabras con sinceridad estando en el puesto en el que él se encontraba.
El joven ejecutivo se despidió cortésmente del jefe y, como ya era la hora de salida, se fue a su casa.
El jefe, acostumbrado a estar en la oficina hasta altas horas, esta vez se fue temprano a su casa. En la solapa llevaba uno de los listones y el otro lo guardó. Se fue reflexionando mientras manejaba rumbo a su casa.
Su esposa se extrañó de verlo tan temprano y pensó que algo le había pasado; cuando le preguntó si pasaba algo, él respondió que no pasaba nada, que ese día quería estar con su familia.
Luego llamó a su hijo y le dijo que lo acompañara. Ante la mirada extrañada de la esposa y del hijo, ambos salieron de la casa.
El jefe era un hombre que no acostumbraba gastar su "valioso tiempo" en su familia muy a menudo. Tanto el padre como el hijo se sentaron en el porche de la casa. El padre miró a su hijo, quien a su vez lo miraba extrañado.
Le empezó a decir que sabía que no era un buen padre, que muchas veces se perdió aquellos momentos que sabía eran importantes.
Le mencionó que había decidido cambiar, que quería pasar más tiempo con ellos, ya que su madre y él eran lo más importante que tenía. Le mencionó lo de los listones y su joven ejecutivo. Le dijo que lo había pensado mucho, pero quería darle el último listón a él, ya que era lo más importante, que el día que nació, fue el más feliz de su vida y que estaba orgulloso de él. Todo esto mientras le prendía el listón que decía "Eres importante para mi".
El hijo, con lágrimas en los ojos le dijo: "Papá, no sé qué decir; mañana pensaba suicidarme porque pensé que no te importaba". "Te quiero papá, perdóname...." Ambos lloraron y se abrazaron.
El experimento de la profesora dio resultado, había logrado cambiar no una, sino varias vidas, con sólo expresar lo que sentía....
6.- DA SIN QUE TE PIDAN
Uno de los santos más entrañables en la historia de la Iglesia es san Francisco de Asís. Todos sabemos qué es lo que más destaca en su vida: su humildad y su alegría de vivir.
Cuentan de él y de la comunidad en la que vivía, que en Cuaresma realizaban tremendos ayunos. Una noche, cuando todos los frailes se encontraban retirados en las celdas del convento, escuchó los gemidos de un hermano; se levantó y fue hasta donde estaba el hermano que lloraba. Se acercó y le preguntó:
«Hermano, ¿qué te pasa?».
El fraile respondió: «Lloro porque me muero de hambre».
Francisco, ni corto ni perezoso, despertó a todos los hermanos y les explicó que el ayuno estaba muy bien, pero que no podían dejar que un hermano se muriera de hambre. Pero como no estaba bien que dejaran al hermano comer solo, para que éste no pasara vergüenza, todos debían acompañarlo. Así que los hizo levantarse a todos y se dirigieron al comedor. Y la comida se convirtió en una fiesta. Es verdad que en la mesa no había más que un pan y unos pocos rábanos, pero, eso sí, estaban bien aderezados con la alegría común. Está bien dar de comer al hambriento; pero está mucho mejor compartir todos juntos la humilde alegría que tenemos.
Es verdad que uno se pone a pensar que repartir un pan hoy, me reporta un sano gozo cristiano, pero nos inunda la desesperación de cómo vamos a realizarlo mañana.
Es evidente que nadie, nunca, será capaz de curar todo el mal del mundo, pero yo me atrevo a decirte: si importante es compartir el pan, más importante lo es si éste lo acompañamos con alegría.
«Quien tenga pan, que lo reparta; quien tenga pan y una sonrisa, que distribuya los dos.
Quien tenga sólo una sonrisa, que no se sienta pobre e impotente: que reparta sonrisa y amor».
Si hay algo que no cambia e irá donde vaya tu destino, será la sonrisa y el amor con que tú das lo que recibes. Porque el hambre volverá mañana, pero el recuerdo de haber sido querido por alguien permanecerá floreciendo en el alma.
7.- SENTIRSE UTIL... AYUDA A VIVIR
Miguel Estradé, veterano monje de la Abadía de Montserrat, escritor y maestro espiritual, contaba durante una entrevista un relato de su familia:
"Mis padres estuvieron casados durante 50 años. Después de la muerte de mi padre, mi madre sólo repetía: "Lo he perdido todo. Lo he perdido todo".
Nosotros le decíamos. "Pero, madre, si nos tienes a nosotros, los cinco hijos, y a los veinte nietos..."
No obstante ella respondía: "Sí, todo lo que tú quieras, pero lo he perdido todo."
Siendo una mujer muy activa, mi madre se sentó en el sofá y de allí no se movía. El médico estaba muy preocupado por ella. Nos decía:
"Esta mujer se nos va a morir".
¿Sabes cuál fue su suerte, su salvación? Ocurrió así:
Mi hermana esperaba un niño. Se fue a la clínica. Mi madre vio a mi cuñado y a los niños desamparados... Se dio cuenta de que podía ayudarles y servirles; que podía ser útil en aquellos momentos. Se levantó del sofá. Se fue a la cocina... y madre vivió aún ¡once años más!. Para mí fue una gran lección que puede aplicarse a todo y a todas las personas.
Papini, convertido al catolicismo, decía:
"Todo hombre tiene necesidad para vivir... de no creerse totalmente inútil".
Y es verdad, una persona vive con vitalidad:
- Si se siente útil, puede prestar un servicio, ayudar a alguien, animar a alguien, rezar por alguien.
- Si su vida tiene sentido... volverá a vivir
8.- PERDÓN Y OLVIDO
Cuentan la historia de un cura que estaba harto de una mujer que todos los días venía a contarle las revelaciones que Dios personalmente le hacía.
Semana tras semana, la buena señora entraba en comunicación directa con el cielo y recibía mensaje tras mensaje. Y el cura, queriendo desenmascarar de una vez lo que de fábula había en tales comunicaciones, dijo a la mujer.
«Mira, la próxima vez que veas a Dios dile que, para que yo me convenza de que es El quien te habla, te diga cuáles son mis pecados, esos que sólo yo conozco.»
Con esto, pensó el cura, la mujer se callará para siempre. Pero a los pocos días regresó la señora.
«Hablaste con Dios?».
«Sí».
«¿Y te dijo mis pecados?»
«Me dijo que no me los podía decir porque los ha olvidado.»
Con lo que el cura no supo si las apariciones aquellas eran verdaderas. Pero supo que la teología de aquella mujer era buena y profunda: porque la verdad es que Dios no sólo perdona nuestros pecados sino que, una vez perdonados, los olvida. Es decir: los perdona del todo.
Con esta anécdota estoy tratando de salir al paso de esa viejísima frase del «perdono, pero no olvido» que con tanta frecuencia hasta se pone como modelo de perdón y virtud cuando muchas veces es una forma más refinada de resentimiento y venganza.
9.- Aprende a escuchar los susurros
José, un joven y exitoso ejecutivo paseaba a toda velocidad en su auto Jaguar último modelo, sin ningún tipo de precaución. De repente sintió un estruendoso golpe en la puerta, se detuvo y al bajarse vio que un ladrillo le había estropeado la pintura, carrocería y vidrio de la puerta de su lujoso auto. Se subió nuevamente, pero esta vez lleno de enojo, dio un brusco giro de 180 grados; y regresó a toda velocidad al lugar donde vio
salir el ladrillo que acababa de desgraciar lo hermoso que lucía su
exótico auto.
Salió del auto de un brinco y agarró por los brazos a un chiquillo,
empujándolo hacia el coche estacionado le gritó a toda voz:
"¿Qué rayos fue eso?, ¿Quién eres tú?, Qué crees que haces con mi auto?".
Y enfurecido, casi botando humo, continuó gritándole al chiquillo: "¡Es un coche nuevo, y ese ladrillo que lanzaste va a costarte muy caro?!, ¿Porqué hiciste eso?".
"Por favor, señor, por favor. ¡Lo siento mucho!, no se que hacer",
suplicó el chiquillo. "Le lancé el ladrillo porque nadie se detenía"...
Las lágrimas bajaban por sus mejillas hasta el suelo, mientras señalaba hacia alrededor del auto estacionado. "Es mi hermano", le dijo. Se descarriló su silla de ruedas y se cayó al suelo... y no puedo levantarlo".
Sollozando, el chiquillo le preguntó al ejecutivo: "Puede usted, por favor, ayudarme a sentarlo en su silla?, está golpeado, y pesa mucho para mi solito...soy muy pequeño".
Visiblemente impactado por las palabras del chiquillo, José tragó grueso el taco que se le formó en su garganta. Indescriptiblemente emocionado por lo que acababa de pasarle, levantó al joven del suelo y lo sentó nuevamente en su silla; y sacó su pañuelo de seda para limpiar un poco las cortaduras y las heridas del hermano de aquel chiquillo tan especial.
Luego de verificar que se encontraba bien, miró al chiquillo y este le dio las gracias con una sonrisa que no tiene posibilidad de describir nadie...
"DIOS lo bendiga, señor...y muchas gracias" le dijo.
José vio como se alejaba el chiquillo empujando trabajosamente la pesada silla de ruedas de su hermano, hasta llegar a su humilde casita. José aún no ha reparado la puerta del coche, manteniendo la hendidura que le hizo el ladrillazo... para recordarle el no ir por la vida tan de prisa que alguien tenga que lanzarle un ladrillo para que preste atención.
10.- La pintura de la Santa Cena
La historia de la pintura del cuadro de la última cena es muy interesante.
Dos incidentes concuerdan para reforzar la lección más convincente acerca de los efectos del pensamientos en la vida de un niño o niña, o de un hombre o mujer. "La ultima cena " fue pintada por Leonardo Da Vinci, un artista italiano notable. El tiempo empleado para completarla fue de 7 años. Las figuras que representaban a los doce apóstoles fueron pintadas de personas que hicieron de modelos La persona para el modelo de Cristo
fue escogida primero. Cuando se decidió que Da Vinci pintaría esta obra, cientos y cientos de hombres jóvenes fueron examinados en un esfuerzo por encontrar una cara y personalidad que expresara inocencia y belleza, libre de las sombras y señales causados por el pecado y la disolución.
Finalmente después de semanas de una búsqueda muy laboriosa, un joven de 19 años fue seleccionado como modelo para la figura de Cristo. Los siguientes seis meses, Da Vinci trabajo para pintar el personaje más importante de su famosa obra. Durante los 6 años siguientes Da Vinci continuó trabajando en un su sublime obra de arte. Una por una las personas más apropiadas fueron escogidas para representar a cada uno de los apóstoles, y dejó un espacio en la pintura para la figura que representaría a Judas Iscariote el punto final de su obra maestra. Por semanas, Da Vinci buscó un hombre que tuviera un rostro endurecido, con un
rasgo marcado por la avaricia, el engaño, la hipocresía y el crimen, un rostro que delatase el carácter de alguien que vendería a su mejor amigo.
Después de muchas experiencias desalentadoras en la búsqueda del tipo de persona requerido para representar a Judas, Da Vinci recibió la noticia de que había sido encontrado un hombre que llenaba los requisitos del pintor.
Estaba en un calabozo de Roma, sentenciado a muerte por una vida de crimen y asesinato. Da Vinci viajó a Roma de inmediato, el hombre fue sacado de su encierro en el calabozo y conducido a la luz del sol. Allí, Da Vinci vio en él aun hombre oscuro, despiadado. Su largo, áspero y desgreñado pelo caía sobre su cara. Una cara que reflejaba el carácter de la maldad y de la ruina completa. Al fin el pintor había encontrado la persona que
quería para representar el personaje de Judas. Con el permiso especial del rey, este preso fue llevado a Milán donde se estaba pintando el cuadro.
Durante 6 meses, el se sentó allí delante de Da Vinci en unas horas establecidas para cada día , cuando el talentoso artista continuaba diligentemente en su tarea de transmitir a su pintura la base de ese carácter, que representaba al traidor y delator del Salvador. Cuando terminó el último trazo, se volvió a los guardias y dijo: "Yo he terminado; pueden llevarse al prisionero. "Cuando los guardianes conducían al preso fuera, él repentinamente perdió el control de sí mismo y se precipitó sobre Da Vinci llorando y diciendo: "Oh, Da Vinci. ¡Mírame! ¿No sabes quién soy?". Da Vinci con sus ojos bien entrenados de estudioso de los caracteres humanos, escudriñó cuidadosamente al hombre cuyo rostro él
había estado mirando durante 6 meses y dijo: "No, yo nunca te había visto en mi vida, hasta que te sacaron de los calabozos ante mí en Roma".
Entonces elevando sus ojos hacia el cielo el prisionero dijo: "¡Oh Dios!,
¿He caído tan bajo?", entonces volviendo su cara al pintor él gritó:
"Leonardo Da Vinci, mírame otra vez, porque yo soy el mismo hombre que pintaste hace justo 7 años como la figura de Cristo".
=========================
Esta es la verdadera historia de la pintura de "La Santa Cena" que enseña tan fielmente la lección de los efectos de los pensamientos buenos o malos en el individuo. Él fue un joven cuyo carácter era tan puro y libre de los pecados del mundo que representaba la continencia, la inocencia y la belleza y dio pie a ser utilizado por el pintor como la representación de Cristo. Pero durante 7 años siguió una vida de malos pensamientos pecado y crimen, lo que le cambió para llegar a ser el retrato del carácter más notorio siempre conocido en la historia del mundo.