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Moniciones de entrada:
(A)
La liturgia de este tercer Domingo nos habla de la paciencia de Dios y de lo importantes que somos para Él cada uno de nosotros. Jesús está preocupado por nosotros y una vez más demuestra su inquebrantable confianza en que un día daremos frutos de amor y de gloria a Dios. En esa esperanza adquieren sentido la gracia y la constante intercesión de Jesús por nosotros. Lejos de nosotros ser como una higuera estéril año tras año. Con sentimiento y deseos de conversión comenzamos la Eucaristía.
(B)
No hay triunfo sin esfuerzo; no hay éxito sin sacrificio; no hay Pascua sin Cruz, ni hay Resurrección sin Muerte. Para que Cristo pudiera llegar a la Pascua de Resurrección, tuvo antes que vivir su Pasión, su Calvario, su Cruz. ¡Cuántas veces nosotros pretendemos eliminar de nuestra vida todo aquello que exige esfuerzo, sacrificio, renuncia!
(C)
La Cuaresma es camino hacia la Pascua. Cuarenta días caminando hacia la luz; cuarenta días caminando hacia el encuentro con Cristo Resucitado, aunque primero tendré que renunciar y morir a muchas cosas, para que Cristo resucite y viva en mí. La Cuaresma es tiempo para encontrarse consigo mismo; para salir al encuentro de los demás y especialmente para encontrarse uno con Dios. Que el Señor nos ayude a que todo esto sea una realidad en nuestra vida.
Acto penitencial: (A)
La Cuaresma es tiempo de ARREPENTIMIENTO, de CONVERSIÓN a Dios. En un momento de silencio descubramos qué cosas de nuestra vida nos apartan de Dios y pidamos perdón de ello. (Silencio). Porque muchas veces cerramos los oídos y el corazón a las necesidades de los demás. Oh Señor, escucha y ten piedad. Porque muchas veces somos indiferentes ante los problemas ajenos. Oh Señor, escucha y ten piedad. Porque fácilmente culpamos a Dios y a los demás de todos los problemas sin mirarnos nunca a nosotros. Oh Señor, escucha y ten piedad. El Dios del Amor y de la Misericordia perdone nuestros pecados, nos llene de su gracia, nos dé su Salvación y nos lleve a la vida eterna. Amén.
(B) La Cuaresma es tiempo de CONVERSIÓN y de ARREPENTIMIENTO. Tratemos de descubrir, en un momento de silencio, de qué cosas de nuestra vida no estamos contentos; qué fallos hemos tenido; qué cosas hemos hecho mal, para arrepentirnos de todo ello y pedirle perdón a Dios. (Peticiones de perdón relacionadas con alguna de las lecturas) o “Yo confieso.....” El Dios del Amor y de la Misericordia perdone nuestros pecados, nos llene de su Gracia, nos dé su Salvación y nos lleve a la Vida Eterna. Amén.
(C) Queremos que la Cuaresma sea para nosotros una conversión a Dios y a los demás. Antes de pedir perdón a Dios de nuestros pecados, pidámosle ayuda para descubrir cuáles son esos pecados para arrepentirnos de ellos. Porque muchas veces nos quedamos satisfechos y contentos con nuestras prácticas religiosas, aunque nos olvidemos de los demás. Señor, ten piedad... Porque muchas veces hemos sido triunfalistas con nuestra fe y con nuestra religión. Cristo, ten piedad... Porque muchas veces hemos pensado que era suficiente con creer en Dios, aunque no hiciéramos lo que Dios nos decía. Señor, ten piedad... Por la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, el Dios de la Vida y de la Misericordia, perdone nuestros pecados, nos llene de su gracia, nos dé su Salvación y nos lleve a la Vida Eterna. Amén.
Escuchamos la Palabra
Monición:
La primera lectura recoge uno de los encuentros personales y sorprendentes de Dios con Moisés. Le sale al paso y le comenta que no está dispuesto a que continúe por más tiempo la opresión de los faraones sobre su pueblo. Y le pide colaboración. A Moisés le cuesta decir “si” a Dios.
Homilías:
(A)
NO MALGASTAR LA VIDA La vida moderna ha traído consigo un aumento notable del número de muertes repentinas. Hombres jóvenes fulminados por el infarto o la crisis cerebral. Vidas destrozadas en cualquier carretera. Accidentes laborales y tragedias de todo tipo. Son noticias que a veces aparecen en primera página. Pero, casi diariamente las podemos encontrar en los espacios de «noticias breves» o en las páginas de sucesos. Ya sólo nos afectan cuando se trata de un familiar, un amigo o alguien conocido. Todos sabemos que nuestra vida es limitada y que siempre está amenazada por la enfermedad, el accidente o la desgracia. Pero la muerte repentina nos hace ver con más claridad la fragilidad de nuestra existencia. Sin embargo, el hombre contemporáneo se resiste a reflexionar. La muerte ya no es misterio ni destino. No ayuda a comprender la vida. Hay que tomarla como un accidente inevitable, triste y desagradable que es necesario olvidar cuanto antes. Los mismos predicadores apenas hablan de ella. Se ha abusado tanto en otras épocas infundiendo el temor a la muerte repentina y urgiendo la conversión bajo la amenaza del juicio imprevisto de Dios, que nadie quiere caer en una trampa tan poco digna. Sin embargo, es una equivocación considerar la muerte como algo irrelevante y cerrar los ojos a una realidad que pertenece a la misma vida: la existencia de cada persona puede quedar truncada en cualquier momento. Es más sana la postura de Jesús que, ante el asesinato de unos galileos a manos de Pilato o ante el accidente mortal de dieciocho habitantes de Jerusalén aplastados por el derrumbamiento de una torre cercana a la piscina de Siloé, se esfuerza por hacer reflexionar a sus contemporáneos. La posibilidad de que de nuestra vida acabe en cualquier momento nos ha de hacer pensar qué estamos haciendo con ella. La parábola de la higuera estéril es una llamada de alerta a quienes viven de manera infecunda y mediocre. ¿Cómo es posible que una persona que recibe la vida como un regalo lleno de posibilidades vaya pasando los días malgastándola inútilmente? Según Jesús, es una grave equivocación vivir de manera estéril y perezosa, dejando siempre para más tarde esa decisión personal que sabemos daría un rumbo nuevo, más creativo y fecundo a nuestra existencia. He podido leer estos días un conjunto de pensamientos breves atribuidos a Madre Teresa de Calcuta. Tal vez puedan ayudar a alguien a decidirse por una manera nueva de vivir: «La vida es una oportunidad, aprovéchala. La vida es belleza, admírala. La vida es un reto, afróntalo. La vida es un deber, cúmplelo. La vida es un juego, juégalo. La vida es preciosa, cuídala. La vida es amor, gózalo. La vida es un misterio, desvélalo. La vida es tristeza, supérala. La vida es un combate, acéptalo. La vida es una tragedia, domínala. La vida es una aventura, arrástrala. La vida es felicidad, merécela. La vida es la vida, defiéndela.»
(B)
Las cosas no son siempre como parecen
Érase una vez dos ángeles que viajaban por Soria. Llamaron a la puerta de una familia rica y ésta los alojó en el sótano. Mientras hacían la cama en el duro suelo el ángel más viejo vio un pequeño agujero en la pared y lo tapó. El más joven le preguntó porqué lo hacía y le contestó: las cosas no son siempre como parecen. Al día siguiente viajaron a un pueblecito y una familia pobre les ofreció de cenar y les dieron la mejor cama para pasar la noche. A la mañana siguiente los dos ángeles encontraron al matrimonio llorando. Su única vaca había muerto. El ángel más joven indignado y furioso le dijo a su compañero: ¿Cómo has permitido semejante desgracia? Ayudaste a los ricos que nos trataron tan mal y por esta familia que nos ha dado todo no has hecho nada. Las cosas no son siempre como parecen, le contestó el ángel más viejo. Cuando nos hospedamos en Soria vi que había oro en el agujero y lo tapé para que esa familia egoísta y avariciosa nunca lo encontrara. Y esta noche cuando dormíamos, el ángel de la muerte vino a buscar a la esposa de esta casa. Yo le dije que se llevara a la vaca en lugar de la esposa. Como ves las cosas no son siempre como parecen. Cuando a Jesús le preguntaron por esos dieciocho muertos también pudo contestar las cosas no son siempre como parecen. Todo lo que sucede podemos convertirlo en gracia de Dios, en acontecimiento positivo si lo vemos desde el lado de Dios. Padre, no soy feliz. No me encuentro a gusto en este cuerpo. No me acepto como soy. Así se expresaba un joven con el que conversaba unas semanas atrás. Dime, ¿qué es lo que no te gusta de ti? No me gusta el color de mi pelo. No me gusta mi nariz. No me gustan mis padres que no me entienden. "Pero yo les digo, a ustedes les ocurrirá lo mismo que a esos galileos y a los dieciocho muertos por la torre de Siloé, si no empiezan a cambiar". Ese joven no está satisfecho con su aspecto físico ni con las cosas que tiene ni con su vida de cada día. Le preocupa lo exterior, lo que ve y lo que los otros ven. Le preocupa lo efímero, la imagen, la foto que los otros toman con la cámara de sus ojos cada vez que lo miran. Le preocupa su cuerpo. No le preocupa su espíritu. Le preocupa su vida física. No le preocupa su vida interior. Le preocupa la superficie. No le preocupa la profundidad. Nuestra insatisfacción no tiene que mirar sólo al exterior, tiene que mirar también al interior: al corazón, al alma. Para vernos por fuera tenemos espejos, fotos, vídeos, revistas y los ojos de los otros que nos dicen: ¡qué fotogénico eres! Una cosa es 80 kilos de carne y otra ser persona. Para vernos por dentro tenemos: nuestros propios ojos, la Palabra de Dios y el espejo de Jesucristo. "Pero yo les digo, a ustedes les ocurrirá lo mismo que a esos galileos, si no empiezan a cambiar". Para cambiar no uses solamente "just for men" usa también la Palabra de Dios, la oración, el exit eucaristía… Algunos dicen, Padre, yo soy un caso serio y no sé por dónde empezar. Nos cuenta el evangelio que unos testigos corrieron a contarle a Jesús las noticias del día. Jesús, ¿sabes que unos galileos fueron degollados por Pilato mientras ofrecían sus sacrificios? ¿Sabes que se hundió la torre de Siloé y mató a dieciocho personas? Jesús, ¿no vas a hacer nada?¿No vas a organizar una manifestación? ¿No vas a pedir la dimisión del gobernador Pilato? En tiempo de Jesús las aguas sociales y políticas eran tan turbias como las nuestras. Había asesinatos, terroristas, divisiones, Herodes, Judas… Jesús ante la noticia del día parece no tomar partido. Simplemente pregunta; "¿Creen ustedes que esos galileos degollados eran los más grandes pecadores?" Yo les digo que todos terminarán igual si no cambian. Jesús nos dice a todos que la desgracia, el accidente, la enfermedad, la muerte no van unidas al hecho de ser pecador. Los justos y los inocentes también sufren y, a veces más que los pecadores. Hay un juicio que sólo pertenece a Dios. Dejemos hacer justicia a Dios. ¿Eran más pecadores esos muertos? Jesús nos responde, más pecadores son ustedes. Jesús mira al interior de los corazones de las personas con las que entra en contacto. Y les dice, si no cambias… Hermano, ¿tienes poder para cambiar la dirección del viento, para evitar las guerras, para cambiar el corazón de tu marido…? Cuán impotente te sientes ante tantos problemas y ante el gran poder de los otros. Hermano, ¿sabes cuál es el verdadero poder que Dios te ha dado? Tú puedes cambiar tu conducta, tu interior, el rumbo de tu vida, de dueño. Dios te ha dado una llave para manejar el coche de tu vida. Tú sólo tienes la llave. Hay que usarla bien y no culpar a Dios de tus accidentes y multas. Tú tiene poder para organizar tu vida. Tú puedes orientarla hacia Dios o hacia el vacío. Tú puedes cambiar tu look físico o el interior Tú puedes invertirlo todo en esta vida o en la vida venidera. Tú tienes la palabra. Jesús está aquí para señalar el camino, acompañarte en el sufrimiento, ilusionarte por su estilo de vida y decirte, si no cambias… El exit del pasado domingo se llamaba oración. El de este domingo se llama conversión. La conversión es un acto de dios. Dios me cambia. Dios me convierte. Dios me guía. Dios me da el poder y el querer cambiar. Yo tengo el poder de decir sí o decir no. Mi conversión es mi diálogo de amor con Dios. No digas que cambien los otros que son peores que yo. Di, yo necesito conversión. Punto. Porque si no cambias serás cortado como la higuera presumida, hermosa por fuera, piropeada por todos, pero sin corazón, sin frutos, sin amor. Daba sombra a todos pero no daba amor a su Señor. Y el amor de Dios es paciente pero exigente. Cuaresma, tiempo de avisos, de cambio interior, de conversión y, como siempre, tiempo de amor.
(C) SE NOS HA ENCOMENDADO UNA MISIÓN
Seguramente nos impresiona la responsabilidad que Moisés tenía sobre sus espaldas. Nada menos que Dios mismo le encomienda una misión: acaudillar a su pueblo para su liberación. Seguramente nos impresiona también la responsabilidad del pueblo judío, pueblo mesiánico, al que Dios le confió una misión histórica con respecto a la humanidad entera. Pues también cada uno de nosotros, nuestra familia, nuestra comunidad, hemos recibido una misión muy concreta y específica que nadie puede realizar por nosotros y que, si nosotros no realizamos, quedará eternamente sin realizar. El P. Congar insistía: "Es hora de que dejemos de pensar que sólo los grandes personajes de la historia han recibido una misión; todos estamos llamados a cumplir una tarea concreta en esa gran epopeya que es la historia de la salvación", en la que no hay "extras", personajes anónimos. Todos y cada uno de nosotros somos esa higuera de la que nos habla el pasaje evangélico de hoy. Un árbol que el Señor Jesús ha plantado en la esperanza de cosechar frutos para el Reino. Cada uno ha de dar fruto independientemente de si las otras higueras están cargadas o son puro follaje. Decimos que Dios nos ha confiado una misión, una tarea. Que no se trata simplemente de no hacer mal, de no hacer daño, de no tener pecado de comisión. Jesús maldijo la higuera que no tenía más que hojarasca. El hortelano está decidido a cortar el árbol, no porque tenga epidemia y pueda contagiar, sino sencillamente porque no da fruto. El amo castiga al siervo negligente que esconde en la tierra el talento que le había confiado. El juez eterno declarará excluido del banquete celestial no sólo a los que le han perjudicado en la persona del prójimo, sino a los que han pasado de largo ante el prójimo hundido y tendido (Mt 25,40). Pecar es no dar fruto, frustrar los proyectos de Dios, negarse a realizar la tarea que el Señor nos ha encomendado en la construcción de la nueva humanidad. Cada uno tiene una misión. Cualquiera que no cumpla con su tarea entorpece la construcción de la "nueva ciudad"; y si hace mal su tarea contribuye a que sea defectuosa. Raoul Follereau, el gran padrino de los leprosos, que consagró toda su vida, talento y dinero a erradicar la lepra, cuenta: "Tuve un sueño. Muerto, me presento ante Dios y le digo todo ufano: 'Mira, mira mis manos limpias'... Dios me mira con infinita compasión y me dice en tono de reproche paternal, pero enérgico: 'Sí, hijo mío, manos limpias, muy limpias... pero vacías'. Cuando me desperté, me puse a trabajar afanosamente". ¡Qué aleccionador! La conversión cuaresmal implica reavivar la conciencia de la propia responsabilidad y revisar la fidelidad a la misión que el Señor nos ha encomendado.
LA GRAVE RESPONSABILIDAD En la construcción de la vivienda material es fácil percibir las consecuencias de cumplir o no, o cumplir mal, con la propia tarea. No ocurre lo mismo con respecto a la nueva ciudad, el Reino en plenitud. Toda vida es importante. Toda persona, puesta en las manos de Dios y dócil al Espíritu, puede hacer verdaderos milagros. Que a nadie se le ocurra decir: Yo ¿qué puedo hacer? Tengo tan pocas cualidades, mi vida tiene tan poca influencia... No puedo hacer otra cosa que las tareas de casa... Todas las personas y colectivos tenemos la posibilidad de realizar la misión más grande, la misión que nos hace semejantes a Dios, sus hijos; es la misión de amar y servir a los hermanos, aunque sea a través de pequeños gestos. Esto es lo más importante que puede hacer el ser humano. Y lo puede hacer hasta un tetrapléjico. Si el ascua de una sola persona, por más humilde y sencilla que sea, es capaz de prender una hoguera gigantesca, ¡cuánto más un montón de ascuas que es la familia o un grupo cristiano! Recordemos aquellas comunidades paulinas compuestas por gente que procedían de los bajos fondos... Incontables millones de cristianos somos los herederos de su fe. Tenemos dormidas dentro de nosotros unas posibilidades insospechadas. Pienso que nos ha de ayudar a sospechar de nosotros, de nuestras infidelidades (a mí, al menos, me ayudan) el conocer la contrición de muchas personas de vida llena. Me llena de confusión saber de Vicente de Paúl cómo en el lecho de muerte se lamentaba de no haber hecho más. "Has creado centros para ayudar a los pobres, le replica uno de los que le acompañan, has fundado congregaciones, has reformado al clero de Francia, te has prodigado sin reservarte nada para ti. ¿Qué querías, entonces, haber hecho?". Él contesta: "Más, Señor; quería haber hecho más...". Nos contaba un jesuita amigo que el padre Arrupe en los últimos años de su vida repetía contrito: "No he hecho nada, no he hecho nada...". Hace apenas unos días he escuchado a varios seglares amigos, cuya vida es pura entrega: "¡Cuánto hemos recibido de Dios y qué poco hacemos!". En la parábola, el dueño de la higuera quiere arrancarla de inmediato porque no da fruto; a lo más que accede ante los ruegos del encargado es a darle un plazo. Esto no ocurre jamás con Dios. Él no se venga nunca. Pero debe aterrorizarnos el pensamiento de que "lo que yo no hiciere quedará eternamente sin hacer", habrá un agujero eterno en la historia de la salvación. Por lo demás, en la parábola se nos da a entender que la dejadez, el abandono, la falta de preocupación por ser fieles a la misión encomendada, el negarse a dar fruto... puede llevarnos a una inimaginable mediocridad, a una vejez rastrera, amargada y amargadora, a una vida inútil.
TIEMPO DE REFLEXIÓN Y DE REVISIÓN
Todo esto nos invita a preguntarnos: ¿Qué se habrá frustrado o qué se estará frustrando, quizás, por no ser fieles a los sueños del Señor Jesús sobre nosotros, a la tarea que nos ha encomendado? Otro tanto habríamos de preguntarnos como familia, como comunidad cristiana, como grupo o movimiento eclesial: ¿Qué planes maravillosos hemos desbaratado, quizás, por nuestra mediocridad? Cuaresma es, justamente, tiempo para hacerse estas grandes preguntas: ¿Cuáles son los proyectos de Dios sobre mí como persona, sobre nosotros como familia y comunidad cristiana? ¿Cómo estoy y cómo estamos respondiendo? ¿Qué actitudes y acciones deberíamos emprender para cumplir "mi" o "nuestra" misión específica en la sociedad, en la familia, en la Iglesia? La vida tiene demasiados retos grandiosos como para que la malgastemos. ¡Cuántas y qué grandes cosas podríamos lograr cada uno en particular y todos en conjunto! ¡Qué crimen tan horrible el de matar el tiempo cuando hay tantas cosas y tan importantes que hacer, ese tiempo que está llamado a ser amor, liberación, gracia! Se palpa en nuestros días un gran esfuerzo por prolongar la vida humana, por lograr más cantidad de vida. No es esto lo más importante; lo más importante es la calidad de vida. Como se ha repetido tantas veces: "Lo importante no es llenar la vida de años, sino llenar los años de vida", de buenos frutos. Por eso pregonaba Jesús: "Aprovechemos para trabajar mientras es de día, porque llegará el momento en que no será posible" (Jn 12,35). Y Pablo exhortaba: "Mientras tenemos tiempo hagamos el bien" (Gá 6,10). Disraeli escribió: "La vida es demasiado breve para ser mezquina". San Antonio María Claret tenía como consigna: "No perderé ni un solo minuto. Viviré cada día, lo aprovecharé, como si fuera el último de mi vida". He aquí una buena consigna que nos sugiere hoy la Palabra de Dios.
(D)
La verdad está en las obras
«La verdad está en las obras, no sólo en las palabras». Es como si dijéramos en términos escolares la prueba del nueve en nuestra vida diaria. Jesús mismo nos lo enseñó en el Evangelio: «No todo el que dice, Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos». Recordemos algunos testimonios que aval en esta afirmación: - Tertuliano escribe de los primeros cristianos: «Mirad cómo se aman» y así, se propagó el cristianismo. - San Juan insiste de igual modo: «No amemos de palabra, sino de obra y de verdad». - Pablo VI decía que nuestros contemporáneos no quieren maestros, reclaman testigos. «La verdad está en las obras». Saboreemos en silencio esta tesis. Dejemos que penetre en nuestro corazón hasta hacerla vida. Evoquemos aquel pasaje de la vida de san Francisco de Asís cuando invita al hermano León para que le acompañe a predicar. Dan una vuelta por la ciudad y regresan al convento sin haber pronunciado una sola palabra. Extrañado, el hermano León pregunta al santo: ¿No íbamos a predicar? Y este responde: Ha sido el sermón del ejemplo. ¡El sermón del testimonio de vida! ¡Cuántas veces en lenguaje coloquial nos acusamos a nosotros mismos con el refrán tan conocido: «Consejos vendo y para mí no tengo». Porque la incoherencia entre lo que decimos y hacemos nos deja al descubierto. «La verdad está en las obras». ¡Qué fuerza tienen la palabras cuando se rubrican con la vida! Porque sólo esta convence. Voy a compartir con vosotros un episodio que me contó Cristina, una misionera que vivió muchos años en Guinea Ecuatorial. En el entorno del poblado donde ella vivía había muchas personas no cristianas. Un día una de ellas decidió convertirse al catolicismo y acudió al sacerdote. A lo largo de la conversación este le preguntó: ¿Qué motivos te han impulsado a dar este paso decisivo? El interpelado respondió: Día tras día, mes tras mes, año tras año he visto pasar, desde mi ventana, a esas mujeres, que trabajan en el barrio, hacia la Iglesia. No importaba que hubiera tornado o que el sol tropical implacable las abrasara... ellas seguían fielmente su camino. Este modo de proceder me hizo reflexionar mucho, hasta terminar diciéndome: Religión que pide tales sacrificios debe ser la religión verdadera. ¿No os parece una confirmación de nuestro aserto? «La verdad está en las obras». ¡Qué fácil nos resulta hablar y qué difícil ser! Porque «las obras dan testimonio de lo que somos». Somos cristianos no porque nos llamemos así o porque los otros os nombren de este modo. «La verdad está en las obras». Cuentan que Alejandro Magno en una batalla muy dura vio que un soldado suyo huía cobardemente del peligro. Lograda la victoria hizo que lo trajeran a su presencia y le preguntó: «¿Cómo te llamas?». «Alejandro», respondió el interrogado. y el emperador dijo tajantemente: «O cambias de nombre o cambias de conducta». ¿Podría decirnos el Señor a nosotros lo mismo cuando nuestras obras no responden al nombre de cristianos? Que a lo largo de este tiempo de Cuaresma resuene dentro de nuestro corazón: “La verdad está en las obras, no sólo en las palabras”.
Por nuestros frutos nos conocerán Y nosotros nos debatimos en mil elucubraciones intentando definir la mejor manera de seguirte, mientras los otros sólo ven cómo amamos y aprenden de nuestra generosidad y justicia. Queremos ser, gesto cálido, palabra oportuna, sonrisa acogedora, mano tendida, mirada disculpadora y persona amiga. Porque deseamos parecernos a ti. Nuestro fruto ha de ser el amor, traducido en compañía, en caricia y en ternura. Ayúdanos a ser luz en medio de este tiempo de oscuridad, sal en este mundo soso, que necesita tu chispa y tu alegría.
Un capellán, se aproximó a un herido en medio del fragor de la batalla y le preguntó: - ¿Quieres que te lea la biblia? Primero dame agua, que tengo mucha sed, le dijo el herido. Y el capellán le convido al último trago que tenía en su cantimplora, aunque sabía que no había más agua en kilómetros a la redonda. -¿Ahora, puedo leerte la Biblia?, le preguntó de nuevo Primero dame de comer, que me muero de hambre, suplicó el herido. El capellán le dio el último mendrugo de pan que atesoraba en su mochila. - Tengo frío, fue el siguiente clamor. Y el hombre de Dios se despojó de su abrigo de campaña pese al frío que calaba y cubrió amorosamente al herido.. Ahora sí, le dijo al capellán. Háblame de ese Dios que te hizo darme tu ultima agua, tu último mendrugo y tu único abrigo. Quiero conocerlo...
Oración de los fieles (A)
Nos dirigimos a Dios, pidiéndole que escuche nuestras súplicas, y le decimos: ESCÚCHANOS, SEÑOR.
Te pedimos, Señor, por todos los que sufren hambre, miseria, analfabetismo. ESCÚCHANOS, SEÑOR. Te pedimos, Señor, por todos los que sufren discriminación por su raza, religión, sexo o ideología. ESCÚCHANOS, SEÑOR. Te pedimos, Señor, por todos los que sufren el paro, la violencia, el terrorismo. ESCÚCHANOS, SEÑOR. Te pedimos, Señor, por todos nosotros, que muchas veces nos revelamos contra el camino de la cruz. ESCÚCHANOS, SEÑOR.
Oremos: Míranos y escúchanos, Señor. Te pedimos tu ayuda para todos los que sufren en el mundo.
(B)
Porque Dios es compasivo y misericordioso, escucha siempre nuestras plegarias. Por eso, nos dirigimos a Él, diciéndole: ESCÚCHANOS, SEÑOR.
Para que el clamor de los pobres sea escuchado por Ti y sea también escuchado por nosotros. ESCÚCHANOS, SEÑOR. Para que el grito de los hambrientos y de los necesitados suscite en nosotros gestos de solidaridad. ESCÚCHANOS, SEÑOR. Para que el esfuerzo y el trabajo de los que luchan por la paz, por la justicia y por la libertad, no decaiga nunca. ESCÚCHANOS, SEÑOR. Para que no te olvides de los deseos y de las necesidades de los que confiamos en Ti. ESCÚCHANOS, SEÑOR.
Oremos: Escúchanos, Señor, y ven compasivo en nuestra ayuda, para que también nosotros ayudemos a nuestros hermanos.
(C)
Dios-Padre, rico en misericordia, está cerca de su pueblo. Por eso le suplicamos diciendo: TE LO PEDIMOS, SEÑOR.
Jesús fue maestro en ayudar a los demás. Que los cristianos estemos siempre dispuestos a ayudar a quien necesite de nuestra ayuda. TE LO PEDIMOS, SEÑOR. Que Jesús, el gran Liberador, nos libere de nuestros egoísmos. TE LO PEDIMOS, SEÑOR. Que los cristianos sintamos la necesidad de ser solidarios. TE LO PEDIMOS, SEÑOR. Que los cristianos vivamos convencidos de que la solidaridad transformará nuestras vidas. TE LO PEDIMOS, SEÑOR.
Oremos: Dios y Padre nuestro: ven en nuestra ayuda. Perdónanos y libéranos de nuestras esclavitudes.
Presentación de ofrendas:
Junto con el pan y el vino, se hace la presentación de una planta seca, una jarra de agua y una planta en flor...
Prefacio...
Te damos gracias, Padre, y te bendecimos. Tú no estás lejos del que te busca sinceramente ni apartas tu vista de quien vuelve a ti. Desde siempre y por siempre te has hecho encontradizo con el hombre y has recorrido sus caminos para que el hombre volviera a tus caminos. Nos apartábamos de ti y siempre saliste al encuentro de los alejados. ¡Cómo no darte gracias! ¡Cómo no presentarte un corazón humillado y agradecido! ¡Cómo no cantar tu misericordia y paciencia! ¡Cómo quedar mudos ante tanto derroche de amor! ¡Cómo no amarte con todo el corazón y el alma toda! ¡Cómo no pregonar que no hay dios como nuestro Dios! ¡Cómo no unirnos a los coros de los ángeles y santos para cantar a una sola voz....
Santo, Santo, Santo...
Padre nuestro
Padre compasivo y misericordioso, te alabamos porque siempre escuchas las quejas de todos los que sufren. Tú eres un Dios vivo y verdadero a quien afecta el clamor de los que te invocan. Agradeciendo tus dones y tu bondad, te decimos... Padre nuestro...
Bendición:
Se nos ha dicho que no podemos perder la vida estérilmente. Se nos ha exhortado a que vivamos con atención, dando culto a Dios con nuestro comportamiento en la vida de cada día, siendo conscientes de nuestra fragilidad. Ahora vamos a regresar a la vida para seguir dando la talla de nuestra vocación cristiana. Dios nos envía y nos acompaña como a Moisés. Para ello que la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros. |
