¿Por qué tengo que

perdonar siempre?

 

La situación

 

Juan tiene ocho años. Su hermano pequeño es un

poco movidito, y crea frecuentemente situaciones

conflictivas. Intentando crear en ellos un estilo fraterno de relación, sus padres les invitan frecuentemente al perdón como forma de resolver los conflictos; pero casi siempre le toca perdonar al hermano mayor. Una de las veces, ya bastante cansado de tener siempre el mismo papel, le dice a sus padres: "¿Por qué tengo yo siempre que perdonar?"

 

Las pistas

El perdón de Dios

 

• En el  tiempo de Cuaresma insistimos a veces en exceso en la penitencia, y esto puede tener algunos riesgos.

Por ejemplo, el de creer que con nuestro esfuerzo podemos conseguir el perdón de Dios. Y así olvidarnos de que el perdón de Dios es gratuito, es puro don. No podemos merecerlo con nuestro esfuerzo: ya está ahí. Lo que podemos hacer es reconocernos pecadores y ponernos en disposición de recibirlo; eso es, precisamente, la conversión.      .

 

• La parábola del Padre pródigo y sus dos hijos nos lo muestra bien claramente. Antes que el hijo menor pida perdón, el Padre ya se lo ha concedido, le levanta y le abraza. y hace una fiesta para él sin pedirle nada a cambio (a diferencia de lo que haría el hermano mayor). Para el Padre, el pequeño es uno de sus hijos, y siempre lo seguirá siendo.

• Pero éste ha tenido que hacer un largo proceso para poder volver al Padre. Ha tenido que darse cuenta de su error, sentirse responsable de él, arrepentirse y armarse de fuerza para pedir perdón y proponer un cambio. Sin este proceso, el hijo menor no hubiera podido volver al Padre. Y no hubiera podido recibir su perdón incondicional.

 

La respuesta

 

• "Juan, sé que estás un poco cansado por las muchas faenas que te prepara tu hermano. Pero ya sabes lo que nos pide nuestro amigo Jesús: que nos perdonemos siempre. Tú puedes seguirle perdonando siempre; pero si él no hace ningún esfuerzo por cambiar, es evidente que quizás no se merezca poder jugar contigo, porque a lo mejor sigue intentando fastidiarte. Así que podrás decirle: "Te perdono, pero si no me prometes que vas a dejar de fastidiarme, no podré jugar contigo". Y nosotros trabajaremos con él para que se dé cuenta de que debe esforzarse en tratarte bien, con respeto y cariño. ¿Vale?"

 

• ¡Qué difícil es perdonar! Y no sólo para los niños, también para nosotros, los adultos. Por eso, en familia, algunas veces rezamos lo siguiente en una versión propia del Padrenuestro:

 

Padre, perdónanos cuando hagamos algo mal, y enséñanos a perdonar. Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden (Padrenuestro).

 

Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?-. Jesús le respondió: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete (Mt 18, 21-22).

Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó (Lc

15,20b).

 

Evitar

 

Ser demasiado ingenuos a la hora de trabajar el perdón con nuestros hijos: el perdón va necesariamente unido a una actitud de conversión para que puedan reconstruirse las relaciones humanas.

 

Potenciar

 

Promover una actitud dispuesta siempre al perdón y a la responsabilidad.

 

Comprometerse en el desarrollo de una profunda actitud de conversión en nuestros hijos, ayudándoles a reflexionar sobre el mal que pueden producir en los demás y a ponerse en la piel de aquellos a los que hayan podido perjudicar.

 

Presentar a nuestros hijos al Dios compasivo y misericordioso que siempre acoge y perdona, pero ante el cual hay que saber reconocer los propios fallos y limitaciones.

 

Cuadro de texto: Preguntas y respuestas