Seis jóvenes cuentan

por qué van a misa

 

 

 

Transcribo literalmente los testimonios de seis jóvenes de Portugalete.

Sus palabras, quizá, puedan ayudarte a descubrir «razones» para empezar a participar cada domingo en las eucaristías de tu parroquia.

 

La hipoteca de los domingos

 

Me llamo José Miguel y tengo 25 años. Participo de la vida de la Parroquia de Santa María, de Portugalete desde pequeño, pero fue hace seis años cuando decidí incorporarme a los grupos, en mi caso a Geideak, Movimiento de Jóvenes de Acción Católica en Bizkaia. Ahora mismo soy responsable de mi grupo y participo en el Consejo pastoral parroquial, como representante de Geideak. En las próximas líneas voy a tratar de explicar lo que significa para mí la Eucaristía.

Si nos preguntasen por qué vamos a la playa o al monte o por qué salimos los fines de semana, la respuesta más escuchada y seguramente la tenida por más sincera sería «porque nos gusta y lo necesitamos después de una semana de agobios».

Yo, ahora, quiero reivindicar la validez de esta respuesta a la pregunta que se me plantea. -¿Por qué voy a misa los domingos?

-Porque me gusta y la necesito después de una semana de agobios.

Me gusta porque me siento acompañado, aunque haya salido solo de casa. Me gusta porque comparto experiencias con los demás, cuando dados de la mano rezamos el padrenuestro, cuando aprieto la mano de mi anónimo compañero para desearle la paz, cuando en el banco de la derecha un niño juega, desde su inocencia, con un coche, o alguna pequeña llora porque preferiría estar en los columpios. Todos estos momentos me hacen cercano a la gente, hacen que todos ellos formen parte de mí.

El porqué de la necesidad se plantea no tanto desde los sentimientos como desde la experiencia.

Si afirmase que la rutina es un punto clave de mi necesidad actual, alguien podría pensar que equivoco el punto de partida. No digo que sea el mejor inicio, pero no debe ser rechazado.

La iniciación a cualquier actividad lleva consigo una etapa que debido al desconocimiento llega a ser rutinaria y carente de todo significado. Todos o casi todos hemos pasado por etapas así en muchos aspectos de nuestra vida.

Antes o después llega el momento en que irremediablemente nos cuestionamos el porqué de la rutina que estamos siguiendo. Nos situamos en el punto crítico de nuestra persona. Individualmente tenemos que decidir si queremos avanzar o decidimos por retirarnos. Llegado este momento debemos estar atentos a lo que nos aporta o deja de aportar la rutina seguida. Debemos escucharla y decidir.

Es aquí donde sitúo la importancia de la rutina.

Sin rutina no hubiese encontrado ese momento en el que unas palabras coinciden con un estado de ánimo, ese momento donde todo deja de ser rutinario para pasar a ser una elección personal.

Debemos estar atentos a todo lo que hacemos, aunque no sean más que simples costumbres. Debemos estar atentos para poder decidir con claridad cuál es nuestro camino, para tener la conciencia tranquila y dar validez a nuestra elección.

A mí la rutina me descubrió la necesidad de la misa, la necesidad ya no sólo como cristiano, sino también como persona.

Decir que la Eucaristía es nuestro alimento como cristianos no es sino decir lo que otros dicen, pero a quien tiene razón hay que dársela.

¿Cómo podemos ser cristianos si no podemos mantener viva nuestra fe? La vida de grupo es vital para avanzar, pero no más que la Eucaristía, símbolo de vida de nuestra comunidad.

Necesito de la Eucaristía tanto como a mi familia, como a mis amigos, como a mi grupo. Entre todos llenan mi vida. Todos, no es unos más y otros menos, todos son lo que soy, son mi camino.

Descubierta la necesidad, tomé una decisión.

Me arriesgué a firmar la hipoteca de los domingos, sin miedo a los intereses y las letras que, semana sí y semana también, llegan puntualmente.

La hipoteca de los domingos no es ya una rutina inconsciente y cuasiobligada. Es un punto para un encuentro de personas y sentimientos, un punto más para el encuentro con Dios.

Desde la certeza de haber hecho un gran negocio, os animo a firmar vuestra propia hipoteca. No todas son iguales, las hay para todas las necesidades. Acercaos a preguntar.

 

                                             José Miguel

 

 

Un alto en la semana

 

Me llamo Mendi. Soy monitora de un grupo de Confirmación en la parroquia de Santa María, de Portugalete, y trabajo en una cooperativa de confección industrial.

En primer lugar diré que Eucaristía quiere decir «gracias», una palabra que por desgracia está en desuso y que deberíamos recuperar.

Para mí es importante dar gracias a Dios por todo lo que me rodea, y los cristianos tenemos una forma muy sencilla de darlas: a través de la Eucaristía.

Muchas veces, por nuestro ritmo de vida, nos olvidamos de lo que es realmente importante en nuestro camino de seguidores de Jesús. A mí muchas veces me ha entrado pereza para acudir a las eucaristías, porque la noche anterior había estado con mis amigos hasta tarde, pero siempre me he levantado a tiempo para llegar a la celebración.

También tengo que decir que no todos los días tengo las mismas ganas de participar en la Eucaristía, bien por un problema en casa, los amigos, el trabajo... pero si acudes y mantienes un diálogo con Él, sin quererlo te vas metiendo en la celebración.

Los cristianos solemos hacer un alto en nuestra semana y lo hacemos en la Eucaristía. En ella pedimos perdón por todos aquellos fallos que hemos cometido; recapacitamos sobre nuestros errores; pedimos a Dios que nos dé fuerzas para comenzar de nuevo la semana, para ser mejores seguidores suyos; damos gracias por todo aquello que queramos; también pedimos por la paz, la Iglesia; llamamos a Dios Padre; recordamos tanto sus obras como su mensaje, a través de los pasajes de la Biblia que escuchamos; revivimos la vida de Jesús... y todo esto lo hacemos en comunidad, desde los más pequeños hasta los más mayores, pasando por los jóvenes, los adolescentes y los adultos.

Todo lo descrito anteriormente es la preparación para la consagración, que es el momento más importante de la celebración. Él dio su vida para perdonarnos y salvarnos y nos pidió que no lo olvidáramos nunca. En este momento se nos invita a participar del banquete, y, si queremos ser sus seguidores, no debemos rechazar su invitación. Es como si un amigo te invita a cenar en su casa y no cenas.

He vivido muchos tipos de eucaristías, pero desde luego si no participas y te metes de lleno en ella, es como si te faltase algo. La Eucaristía es un sacramento y los cristianos no debemos infravalorarlo. A través de ella vemos la mano de Dios en el mundo.

Gracias a la Eucaristía, y viviéndola en comunidad, puedo tomar fuerzas para ser mejor seguidora de Jesús y recordar que Él hizo posible creer que existe otra vida nueva, si hacemos lo que Él nos enseñó.

 

MENDI SÁNCHEZ

 

 

Del encuentro a la necesidad

 

Me pide un cura amigo que explique brevemente la importancia que tiene para mí la Eucaristía y yo, pese a la dificultad que me parece que esto entraña, me pongo a ello. Ante todo, deciros que soy joven, tengo 24 años, y pertenezco a Geideak, Movimiento de jóvenes de Acción Católica, en Bizkaia.

En mi casa, cuando era niño, me enseñaron a rezar, a relacionarme con Dios, y también me llevaban a misa desde pequeñito, y digo me llevaban porque es cierto que todavía me costaba andar. Así pues, se puede afirmar que llevo yendo a misa toda mi vida. Puede parecer por lo dicho que voy por costumbre, porque hay que ir, por acompañar a la familia, etc., y eso mismo pensaba yo con catorce años, pero he ido descubriendo, con el tiempo y con la práctica, la importancia de esta historia.

Lo que os voy a contar a continuación os sonará a catequesis, a tema de formación, o a «rollo» de cura o monitor, pero lo siento, por más oído que esté, es verdad, por lo menos, mi parte de verdad.

Para mí la Eucaristía es un espacio de encuentro, o mejor, de encuentros.

 

1. Es un encuentro, un momento especial de relación con Jesús, cuya vida-muerte-resurrección decimos importante para nosotros. Es un encuentro garantizado, aunque estemos dormidos, aburridos...; incluso, aunque creamos que no, Él siempre está ahí.

 

2. Es también encuentro con el Dios -Padre de todos y todas- que nos muestra a Jesús, y a través de este encuentro, y desde nuestra realidad de vida cotidiana, podemos ver lo que Dios quiere de nosotros.

 

3. Es, de otra forma, encuentro con los demás.

En primer lugar, porque nos encontramos con otros para ser,

juntos, comunidad creyente y cristiana que se relaciona con Dios, y, también, porque en la Eucaristía hay espacios para hacer presente las realidades de los demás.

 

4. Es encuentro con uno mismo. Desde la situación personal de cada uno y teniéndola presente, esta relación con Jesús, este encuentro con Dios y con los otros, nos transforma, nos ayuda a madurar y mejorar, como personas y como creyentes; convirtiéndonos, así, en humildes transformadores de nuestro entorno, aunque sólo sea en las pequeñas cosas.

 

Es en esta experiencia de encuentro, y desde la práctica, donde surge para mí la convicción de ir a misa, no como una obligación, sino como una necesidad. Como dice una amiga mía que explica estas cosas mucho mejor que yo y se enrolla menos, si una persona, pareja, familia, amigos o amigas son importantes en tu vida, procuras buscar espacios para encontrarte, para relacionarte con ellos, porque lo necesitas. Así pues, si decimos que el «rollo» de Jesús es importante en nuestras vidas, también necesitamos encontramos y relacionarnos con Él.

Este encuentro se produce en la Eucaristía y en la oración, y es por esto, por lo que para muchos, más de los que piensas, el ir a misa es una necesidad como comer, dormir, salir, etc. Parafraseando a un poeta, podemos decir que es necesaria como el aire que respiras veinte veces por minuto.

 

ASIER BASAGOITI

 

 

Compartir lo más relevante de mi semana

 

Me presento. Me llamo Raquel. Soy una joven universitaria, inquieta e ilusionada tanto con mi presente como con mi futuro, creyente y comprometida, y, como joven, me gusta convivir con mucha gente y moverme por diferentes ambientes, entre ellos la parroquia.

¿Por qué voy a misa los domingos? En mi caso, mi formación cristiana fue desde muy pequeñita en colegios religiosos, pero aun así, al ir creciendo e ir tomando mis propias decisiones, no quise

desvincularme de la fe. Por ello, seguí un proceso de preparación a la Confirmación. Y como creo que la formación de un cristiano no acaba ahí, quise aprender más y conocer a más gente que se moviera por ese mundillo. Es cuando decidí unirme a un grupo de referencia para sentirme verdaderamente integrada y responsable con todos los que tenemos un mismo ideal cristiano.

Ha sido en este grupo donde he comprendido la importancia de acudir a misa, celebrar la Palabra y la Eucaristía y reunirme con mi comunidad.

«Si de verdad quiero pertenecer a esa gran familia de los cristianos, debo de sentir el auténtico significado de la Eucaristía. Una cosa no se puede hacer a medias, aunque sea complicada», me dije.

Claro que me ha costado habituarme. Yo también era de los que pensaba eso de que es una lata ir a misa, que son aburridas, que no le encontraba sentido, que para qué ir si sales como entras, que no me llenaba...

Yo era también de los que me preguntaba:

«¿Qué es eso de celebración de la comunidad y de sentirse parroquia? ¡Si no conozco a nadie!». Pero me decía que si era valiente y constante, poco a poco, aunque no conociera a nadie y no supiera ni siquiera sus nombres, los iría conociendo: que si un padre con sus niños que, días después, lo ves en reuniones de Cáritas; la señora que lleva el coro; al fondo los monitores con alguno de sus chavales; varias personas del grupo de adultos o de la tercera edad... Con el tiempo me iba quedando con sus caras y luego, incluso, comencé a saludarlos. Es cuando sentí que, tanto en mi grupo como en su gran círculo, hay gente que lucha por nuestra sociedad y, por ello, y como creyentes, necesitamos de la Eucaristía, porque es en esta reunión donde recordamos la persona de Jesús, su palabra y su mensaje. Es aquí donde miramos a su vida, bendecimos su muerte y damos gracias por su resurrección por nosotros.

Antes también las misas me parecían aburridas. Hasta que me dije: «Si de verdad quieres que eso cambie, eres tú quien debe cambiarlo. Hay que juzgarse a sí mismo y pensar por qué se te hacen aburridas las misas. Porque si esperas con los brazos cruzados, poco recibirás».

Entonces sentí la importancia de acudir preparada a las celebraciones.

Aunque algunas veces me parezca el sermón más interesante que otras; a pesar de que un día esté en las nubes... sé, ahora, que es importante ir y compartir con Jesús, aunque sólo sea un poquito, lo más relevante de mi semana. Mi grupo, también, me ayudó a entender que el acudir a misa era compatible con mi vida de cada día, es decir, mi compromiso con mi familia, con mis amigos y con mi gente.

Como joven me encanta salir con los amigos y no perderme ninguna fiesta, pero creo que eso no puede servirme como excusa para faltar a la cita de los domingos.

 

RAQUEL PÉREZ

 

 

Fuerza para «lo productivo»

 

Me llamo Natalia y soy monitora de un grupo de preadolescentes en la Parroquia de Santa María, de Portugalete. Pertenezco, también, a un grupo de referencia.

Javi, uno de los curas de mi parroquia, me ha pedido que explique las razones de por qué voy a misa, de por qué necesito ir.

Hasta este año no me he comprometido seriamente a ir a misa todos los domingos y no me he dado cuenta de lo importante que es para mí. En estos últimos años sólo iba cuando «lo necesitaba», cuando «tenía ganas», pero este año me prometí ir todos los domingos a misa.

Al principio me costaba, pero, poco a poco, me di cuenta de que la misa es realmente importante.

El año pasado, en mi grupo de referencia, tratamos el tema de la Eucaristía. Todos coincidimos en que no era lo más importante y por eso ni siquiera le dábamos importancia al no ir. Sigo pensando que no es lo más importante, en el sentido de «lo más productivo» de cara a la sociedad, es decir, en la Eucaristía no haces nada de cara a los demás: no educas, no cuidas, no ayudas...; pero sí es lo más importante de cara a mí misma, a mi interior. Es la base, la esencia, de donde cojo fuerzas para la semana, donde escucho a Cristo, y directamente. En el grupo de referencia, con mi grupo de preadolescentes... puedo hablar sobre Él, sobre el evangelio, pero donde realmente le escucho y le interiorizo es en la Eucaristía. Esto es lo que hace que luego lleve a cabo «lo productivo».

Además, para mí la Eucaristía no es sólo un sitio donde escuchas el evangelio, sino que también es donde compartes con el resto de la gente que está sentada a tu lado; donde te sientes arropada por tantas personas que están allí y que piensan y sienten como tú.

 

NATALIA VALLADARES

 

 

He empezado a ir a misa

 

Hace un par de domingos, al volver a casa al mediodía con el pan y el periódico, me encontré con un conocido. «¿Vienes de misa?», me preguntó. Le contesté que no, con tono apenado, pues esa había sido mi intención, pero se me había hecho tarde. Me dijo que seguramente me encontraba mal porque había pecado. ¡Qué equivocado estaba!

Aquel sentimiento, nuevo para mí, no tenía nada que ver con la culpabilidad de haber hecho algo mal, sino con la sensación de que me faltaba algo. Algo estaba incompleto. En ese momento supe que era la «necesidad» de haber ido a misa, y ese descubrimiento me sorprendió a mí misma.

Aunque de pequeña solía ir a misa, poco a poco dejé esa costumbre. Tenía la excusa perfecta: salía los sábados por la noche con mis amigos...

Hace un par de años volví a «redescubrir» a Jesús y su camino en la parroquia. Ayudando a seguir el camino de Jesús a otros jóvenes, yo también iba aprendiendo. Cuando les hacía ver que

Jesús es nuestro amigo y que como con otro de nuestros amigos hablamos con él, conocemos su vida, y que la mejor forma de conocer su vida es a través de la Biblia..., yo también iba redescubriendo a ese amigo olvidado. Un día me sorprendí a mí misma volviendo a tomar la Biblia para leerla con interés y haciéndome preguntas que se me planteaban... Y es que yo también me convencí de que el mejor camino para seguir a Jesús es conociéndole. En misa también tenemos la oportunidad de oír, poco a poco, partes de su vida, cuando se lee el evangelio.

En la vida hay momentos en los que parece que nadie a tu alrededor te comprende, que las personas tienen puntos de vista distintos al tuyo, que no ven las cosas como tú las ves, que no comparten tus opiniones, ideas, razonamientos... y es que vivimos en una sociedad plural. Pero el ser humano además de ser un individuo con características propias es también un ser social que necesita de la aceptación de los demás y saber que pertenece a un grupo con el que comparte unas inquietudes, una forma de vida... Ir a misa me da la fuerza de saber que yo también pertenezco a ese grupo, al grupo de los amigos de Jesús, y como amiga, voy a visitarle los domingos. ¿No es normal ir a las celebraciones de los amigos?

Hay momentos en los que me siento como una isla: tierra rodeada de agua, sola, o como una oveja rodeada de vacas, incomprendida. Entonces pienso en ese amigo que nunca falla, que siempre está allí y... que me comprende y escucha y, aunque sé que puedo hablar con Él en todo momento, me gusta ir a su casa... los domingos...

Yo he empezado a ir a misa...

 

AMAIA LOZANO

 

Cuadro de texto: ¿Por qué van a Misa?
Cuadro de texto: