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Lo mismo que existe un Dios “light” y cristianos muy “suaves” y blandos, también podemos encontrarnos una Iglesia “sin colesterol”. Seguro que algunas de las cosas que siguen, las has pensado tú mismo alguna vez. Leerlas en grupo, comentar lo que sugiere, sacar conclusiones y hacerlas llegar a “quien corresponda”...
Me dirijo a ustedes para plantearles mi problema. Y mi problema es éste: Que yo, después de suspirar y trabajar por una liturgia “que se entienda”... Después de desear e intentar unos bautismos, celebraciones matrimoniales... en lengua materna, paterna y fraterna... Después de tanto empujar... Ahora… Es que me da vergüenza decirlo... Pero... Pero es que quisiera que todo volviera a estar en latín. ¿El motivo? Pues... que... Que en latín me da menos vergüenza decir mentiras... que como no se entiende... O mejor que en latín ¿no se podría adaptar la liturgia al sánscrito? Porque el latín todavía tiene palabras que se entienden, y lo que quiero es QUE NO SE ENTIENDA. Miren... Los rituales de sacramentos están muy bien. Tienen muchas posibilidades de adaptación, sencillez, claridad... Lo malo es... que uno agarra el ritual, se reviste y sale al altar... Y se encuentra ante el altar a una pareja de novios, o a unas cabecitas de niños a bautizar, o unas lengüecitas de niños que van a hacer “la comunión”. Y entonces empieza el desmorone. Va y dice el cura: - ¿Qué pedís a la Iglesia de Dios, al traer a vuestro hijo a bautizar? Los padres se miran y dicen en voz baja: - Que sea un buen cristiano, que sea feliz, o que crea mucho en Dios... Y el cura, que ha tenido unas charlas con los padres, y sabe cómo piensan, traga saliva y vuelve a preguntar, según el ritual: - Y vosotros, padrinos, ¿estáis dispuestos a ayudar en esta labor? Y los padrinos dicen sí con la cabeza. Y el cura, que ha hablado hace dos días en el bar con el padrino y le ha dicho que es ateo (y no le dijo que iba a ser el padrino)... el cura vuelve a tragar saliva. O bien pregunta a los novios: - ¿Estáis dispuestos a vivir vuestro matrimonio en la fe de la Iglesia? Los novios hacen un gesto que debe ser un “sí”, seguramente. Los novios, que “han tenido que hacer el cursillo”, han dicho que “para qué”, que ellos no van a cambiar de opinión, y que se casan por la Iglesia porque si no a la madre de él le da un infarto, y, a demás, a ella le gusta eso del traje, las flores... Han hecho el cursillo, han pedido que la ceremonia sea corta (¿eh?), y ahora acaban de decir en su idioma que se casan “en la fe de la Iglesia”. No se les volverá a ver el pelo en ninguna asamblea cristiana, hasta el bautizo. El cura traga la poca saliva que le queda y sigue adelante con el ritual. Y así lo mismo con las primeras-últimas comuniones, y otras sagradas circunstancias. ¡Con lo bien que se mentía en latín! ¿Por qué tendremos que hacer ahora la parodia en nuestro idioma? Hermanos: propongo una reforma litúrgica, a base de traducir el ritual a una lengua muerta y bien muerta... O a base de usar un sistema de frases abstractas, que no las entienda ni Dios. Por ejemplo: Celebrante: - Vosotros, progenitores y apadrinantes, ¿os comprometéis de modo ineludible en todos los acaeceres de vuestra existencia a orientar toda actitud subjetiva, de modo que abra correctos y aun esplendorosos porvenires en la vida de este nuevo ser? Padres y padrinos: Es equitativo y saludable. También hay otra solución... Pero me da apuro proponerla. Consiste en apretarse el cinturón, encogerse de hombros, ponerse el casco (“trabaja, pero seguro”), y avisar por todos los cauces de información que: para celebrar cualquier sacramento, es preciso participar de modo constante y normal en la vida de la Comunidad Cristiana (o sea: participar en la Eucaristía y en otras reuniones de la comunidad cristiana). Avisar de eso... Y, en consecuencia, comprometernos pública y eficazmente todos los cristianos a defender los derechos de escolaridad, ciudadanía, respeto, buen nombre... de todos los que no quieren bautizarse, o se casen por lo civil. Porque, como dicen: “Para ser buena persona, no hace falta ir a misa” (pues claro). Ni hacer la Primera Comunión, ni bautizar a los hijos (faltaría más). ¡Pues eso!. Lo malo es que, eso, al principio iba a traernos muchos disgustos. Y económicamente, claro, iban a disminuir los ingresos de las parroquias (¡pues claro!). Y entonces iban a hacer falta menos curas para dar sacramentos, y, en cambio, más evangelizadores para anunciar claramente y sin presiones el mensaje de Jesús. O sea, que... ¿qué hacemos? Porque muchos lo pasamos muy mal celebrando en falso. Nos sentimos algo así como el brujo de la tribu...Y, además, en lengua vulgar. Y eso da mucha vergüenza, si se piensa.
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