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1.- Conocer al otro
Son muchos los catequistas que comienzan la aventura de animar un grupo de niños, adolescentes, jóvenes o adultos. Es posible que sientan miedo o que les venga la pregunta: ¿Fracasaré con este grupo? ¿Me aceptarán? ¿Qué va a pasar aquí? No se conoce a una persona en dos días. Los niños, adolescentes y jóvenes son personas de primera, no de segunda categoría. También ellos tienen su misterio, su historia, sus secretos... Es falso decir que conoces a uno inmediatamente. Es mucho más lo que no se ve de la persona que lo que se ve. Para conocer a alguien, lo primero de todo es comenzar amándolo. Sólo se logra algo del otro si vamos hacia él por el camino del amor.
1.- "Conocer es más que saber el nombre de alguien. Es un compromiso real con el otro. La vida es el lugar de experiencia y de conocimiento del otro”
2.- Etiquetar a alguien no es una buena manera de conocerlo. Su agresividad o su calma, su encanto o su gesto adusto no dicen todo lo que él es. El otro es mucho más de lo que a simple vista se ve.
Te puede ayudar esto:
-Acercate a cada persona con una actitud positiva. Lo puedes demostrar aprendiendo su nombre, lo que le gusta; reteniendo en la memoria detalles de él; dando importancia a lo que dice (es una manera de hacerle importante y único, no número ni montón...).. - Comprender es más importante que juzgar. Tú ves comportamientos en cada miembro del grupo y puedes caer en la tentación de emitir un juicio rápido. En vez de eso, ¿por qué no te preguntas qué le pasará a tal persona, qué será lo que le hace ser y comportarse como se comporta? ¿Estaré yo acertando con tal persona? ¿Necesitará otro tipo de trato? - Fijarse en todos, no en los 'mejores'. En el grupo seguro que hay gente que entiende todo a la primera, que es muy espontánea, etc. El animador no debe centrarse en ellos solamente. Los otros, los que no son tan espontáneos también son interesantes y tienen cosas interesantes que decir, aunque no las digan ahora.
Para pensar:
¿Estás en disposición de responder a estas preguntas? - Nombre, apellido, dirección de cada uno. - Colegio, clase, rendimiento en el colegio. - Situación familiar, con quién vive. - Número de hermanos, hermanas; su puesto entre los hermanos. - Cuáles son las preferencias y gustos que tiene. - Cómo interviene en el grupo. - Cómo se relaciona con los compañeros. - Se encuentra bien en el grupo; viene obligado...
2.- Acercarse a la vida del otro
El título primero que me vino a la mente era Descubrir la vida del otro. Pero lo he matizado con la expresión Acercarse a la vida del otro. Lo grande y misterioso de las personas es que no acabamos jamás de conocernos, de descubrirnos... Siempre somos sorpresa de libertad. Y eso, a pesar de que decimos: "Te conozco como si te hubiera parido". "¡Cómo te conozco!". "Cuando tú vienes, yo ya estoy de vuelta".
Si queremos que se acerquen la lo nuestro, a lo que pretendemos, al mensaje que le presentamos, nos tenemos que acercar nosotros, catequistas, a su vida. La semilla y palabra que esparcimos tenemos que saber en qué tierra cae.
Acercarse a la vida de cada persona es un trabajo lento. Exige, ante todo, libertad personal y respeto a 1a libertad del otro. En las personas es malo meterte donde no te llaman. Esta actitud cierra muchas puertas y levanta vallas defensivas.
Para acercarse a la vida del otro lo primero que tienes que hacer es callar y amar. Callar mucho y querer mucho. Hay animadores que son muy simpáticos; todos se lo pasan bien con ellos y hasta les aprecian mucho por la simpatía... Pero las vidas siguen distantes. Dicen: "Este catequista es bueno para pasárselo uno bien, pero nada más".
Para acercarse a la vida del otro el silencio y el amor te llevarán a reconocer, ante todo, cuanto hay de positivo en el otro; a disculpar, a comprender, a salvar, a no condenar, a tener palabras de ánimo, a estar con el otro como quien ama, no como quien vigila, a callar para hablar en tiempo oportuno, a mostrar admiración más que extrañeza, a buscar las raíces de todo más allá de la anécdota, a conservar en tu corazón hechos y palabras del otro...
Para pensar
Recuerda los comportamientos de las personas que se han acercado a tu vida y tú les has abierto la puerta de par en par: ¿Cómo sucedió esto? ¿Qué te lanzó a desvelar tu vida? ¿Qué pasaría si aprendieras de lo que otros han hecho contigo? Trae a tu memoria o imaginación escenas de la vida de Jesús acercándose a la vida de la gente, de personas concretas... Puedes analizar el comportamiento del Maestro. Si lo hacéis en grupo será mejor aún. ¿Qué es lo que te molesta, lo que te 'repatea' de algunas personas ante las que te 'bloqueas' con puerta blindada y alarma de seguridad? ¿Tienes tú rasgos de esos comportamientos? ¿Producirás igual reacción entre los miembros de tu grupo? ¿Qué sentido de observación tienes de lo que hacen y dicen en la calle los chicos y chicas de las edades de los que tú animas en catequesis? Se aprende mucho observando en la vida ordinaria. El lugar donde vive la gente, ¿cómo influye en su vida, en sus comportamientos? ¿Puedes acercarte a la vida de las personas sin acercarte al lugar donde viven? Pruébalo. No digas de entrada: ya me lo conozco. A lo mejor no lo conoces suficientemente... Dialogar sobre estas dos expresiones: "acercarse a la vida del otro" y "meterse donde a una no le llaman". A ser posible, hablar desde la propia experiencia.
3.- Crear un buen ambiente
La revelación de Dios exige un buen ambiente. Dios no se mostró al profeta en el ruido, ni en la tormenta, ni en el torbellino. El ambiente es importante. Las 'cosas importantes' necesitan un ambiente apropiado. Más vale callar que decir cosas serias en un ambiente trivial.
En el jaleo, la indisciplina, la superficialidad no pueden prender las semillas del reino.
Para crear ambiente, un elemento imprescindible es que el catequista este centrado en los miembros del grupo más que preocupado por el libro o sus esquemas. Esta actitud la detectan muy bien los componentes del grupo. Quien no presta atención a las personas concretas no puede pedir que ellos le presten atención.
Un buen catequista está atento a todo lo que pasa en el grupo. Así descubrirá al tímido, a los que se pegan entre ellos, a los que ponen cara de interrogación, etc.
No faltan los miembros del grupo que son difíciles, que estorban. El catequista tiene que saber 'convivir' con ellos, no sólo en el grupo, sino fuera del grupo. A veces les invitará a cambiar de sitio, o de grupo, o de actividad, o a dejar ese día el grupo. Pero siempre con buenas palabras y hablando a solas, después, con ellos. Por lo general se trata de personas nerviosas o con problemas familiares.
El ambiente se puede estropear por lo que el catequista manda hacer. Es aconsejable no dar más de una orden a la vez: "Guardáis los cuadernos y después hacemos silencio". Mejor: "Ahora guardáis el cuaderno". "Ya tenemos el cuaderno recogido, vamos a hacer silencio escuchando esta música".
Las voces y gritos aparentemente 'asustan' y acallan. Pero lo que hacen de verdad es provocar más ruido. Es mejor la paciencia y la espera y hablar lo justo, sin gritos.
El catequista tiene que hablar despacio, pronunciando bien. La precipitación del catequista produce nerviosismo en el grupo.
Los castigos son siempre un fracaso en el animador. Un poco de personalidad, de paciencia y gestos de cercanía y preocupación por los del grupo hacen más que muchos castigos.
Reglas prácticas
Llegar 15 minutos antes que los miembros del grupo. Cuidar la presentación de la sala y la disposición de los miembros. Acoger a cada persona. Quien no es acogido no puede acoger. El tono de voz fuerte invita a hacer ruido. No saber qué tiene que hacer y cómo conlleva parloteo y guirigay. Acentuar las cosas positivas más que las negativas. Evitar decir cosas que no se cumplan, ya sean amenazas como promesas. Utilizar un vocabulario que todos entiendan. El malhumor produce un ambiente tenso en el grupo. La alegría (no la ligereza) en el animador es fuente rica de buen ambiente dentro del grupo.
4.- Hacer preguntas
Catequesis y preguntas parece que van unidos. Durante muchos años la catequesis ha sido transmitida con un instrumento que hoy conocemos con el nombre genérico de catecismos por preguntas y respuestas. Aún cuando éste haya sido reemplazado, queda la persona del catequista y su natural tendencia a hacer preguntas.
Hacer preguntas tiene su arte. En el arte hay 'trucos', cada artista tiene sus trucos, es decir, esa sabiduría que ha ido alcanzando en su vida y que no encontró escrita en parte alguna.
Es interesante saber qué es lo que busca el catequista cuando hace preguntas. Las preguntas que hacemos revelan claramente cómo me veo y cómo veo al otro.
Nos referimos en este momento a las preguntas que hace el catequista al catequizando. Sugerimos lo siguiente:
Evitar:
Preguntas que contengan varios temas para responder (que es distinto de varias respuestas) Preguntas que se responden con un si o un no. Preguntas que no sepan responder los miembros del grupo. Preguntas que van 'sondeando' hasta que se llega justo a la intervención que el catequista quiere; (Cuando uno quiere ser amigo de otro, ¿qué hace? Pues le invita, va a jugar con él, le hace regalos... ¿Qué más? Y acaba el catequista diciendo: Le pregunta el nombre y le dice el suyo.)
Hacer:
Preguntas con temas claros y precisos (¿Qué le dijo el ángel a María?) Preguntas que den posibilidad a muchas respuestas. Estas preguntas crean un ambiente de intercambio. (Los que vieron a Jesús expulsar a los vendedores del templo, ¿que pudieron pensar?) Preguntas que ayuden a precisar lo que el otro dice. (Jesús anunciaba la buena noticia. ¿Cuál era esta noticia?) Preguntas que lleven a la persona a su propia experiencia. (Pensad en una persona acogedora, ¿cómo se comporta?)
5.- Las preguntas de los miembros del grupo
Las preguntas de los miembros del grupo son pieza clave en la vida de un grupo. Es un momento de prueba para el animador. En las preguntas aparece lo no preparado, aquello que el animador no ha previsto, lo que no controla. Para muchos animadores, especialmente 'novatos', suele ser un momento de miedo: "¡A ver lo que me van a preguntar, no sea que me pongan en un compromiso...!".
Hay veces que el grupo aprovecha los momentos de las preguntas para tentar al animador, para preguntarle 'aspectos comprometidos' en los que éste se tiene que definir, para investigar y ahondar en los 'puntos débiles' del animador.
Permitir las preguntas en el grupo es señal de libertad y de confianza en el otro. Quien no deja espacio para las preguntas o responde siempre "lo que yo digo y nada más", está mostrando un talante, un estilo de animación, una ignorancia o miedo, una intransigencia... La única palabra posible es la del animador. Los demás sólo tienen posibilidad de callar y acoger la única palabra pronunciada.
Ayuda mucho la experiencia. Ésta enseña qué preguntas suelen hacer los miembros de grupo en cada tema y da tranquilidad al animador para situarse en el grupo.
Tener en cuenta
1. Entender bien lo que el otro dice antes de responder. 2. Quien pregunta, por ejemplo: "¿se equivocó alguna vez Jesús?", tiene ya una respuesta. Se le puede ayudar a claríficarse con intervenciones como: "¿Qué es lo que te lleva a ti a pensar asi?" ¿En qué te parece a ti que se equivocó?". 3. La pregunta, de ordinario, busca dos cosas: saber la opinión del animador respecto a un tema y saber qué es lo que hay que pensar o hacer (=aclarar su saber y su hacer). 4. Hay momentos en los que el animador puede lanzar al grupo la pregunta: "N. pregunta tal cosa, ¿qué le responderíais vosotros?". 5. Se puede ayudar a una persona a que busque él mismo la respuesta dándole pistas: lo que él ya conoce, hablar con tal persona, leer un texto concreto a su alcance... 6. Se dan ocasiones en las que el animador no tiene la respuesta en el momento. Entonces es bueno decir: "Ahora no te sé responder. Pensaré en los que has planteado y en la próxima reunión te traigo mi opinión". Ser fiel a la promesa hecha sin que él lo recuerde. 7. La fe, para crecer, necesita diálogo y un ejercicio de inteligencia. 8. En todo momento ser respetuoso, no descalificar a la persona, animar y agradecer las preguntas. Quizás el mutismo del que algunos catequistas se quejan ("No preguntan nada". "Hay que sacarles las palabras con sacacorcho") es señal de miedo a las respuestas ("¡Para qué vamos a preguntar!") o de desconfianza porque no se aclara nada ("No sabe nada, no nos aclara nada con las respuestas que nos da"). |

