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Domingo de Ramos
Reflexionamos con san Agustín
«El hecho de que después, entregado para la crucifixión, llevó él mismo la cruz, nos dejó una muestra de paciencia e indicó de antemano lo que ha de hacer quien quiera seguirle. Idéntica exhortación la hizo también verbalmente cuando dijo: “Quien me ame, que tome su cruz y me siga”. Llevar la propia cruz equivale, en cierto modo, a dominar la propia mortalidad». (Sermón 218, 2)
Evangelio de la procesión: Mt 21, 1-11
Cuando se aproximaron a Jerusalén, al llegar a Betfagé, junto al monte de los Olivos, entonces envió Jesús a dos discípulos, diciéndoles: «Id al pueblo que está enfrente de vosotros, y enseguida encontraréis una borrica atada y un pollino con ella; desatadlos y traédmelos. Y si alguien os dice algo, diréis: «El Señor los necesita, pero enseguida los devolverá» Esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del profeta: “Decid a la hija de Sión: He aquí que tu Rey viene a ti, manso y montado en un asno y un pollino, hijo de animal de yugo”. Fueron, pues, los discípulos e hicieron como Jesús les había encargado: trajeron la borrica y el pollino. Luego pusieron sobre ellos sus mantos, y él se sentó encima. La gente, muy numerosa, extendió sus mantos por el camino; otros cortaban ramas de los árboles y las tendían por el camino. Y la gente que iba delante y detrás de él gritaba: -«¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!, ¡Hosanna en las alturas!» Y al entrar él en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió. «¿Quién es éste?» decían. Y la gente decía: «Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea».
Oración
Montado en un borrico entras en Jerusalén. Vienes de enseñarnos la pasión de vivir y ahora nos vas a demostrar la pasión de morir... Todo Tú, Jesús, eres una lección de vida. Nos has marcado el camino, nos vas dejando las huellas de cómo hemos de vivir, de cómo ser felices, de cómo hacer posible ese cielo nuevo y esa tierra nueva que tú nos propones. Entras en borrico, vehículo ridículo para nosotros. Siempre elegías lo más pequeño, todo lo contrario de lo que nos suele gustar a nosotros, que cuidamos la imagen, que queremos parecer más de lo que somos, que nos gusta ser valorados y aparentar. Vienes de una vida sencilla y atrevida al mismo tiempo. No te vas guardando nada para ti, has dicho todo lo que tenías que decir, has dado mil lecciones con palabras sencillas con cuentos, con historias que hablaban del amor, de la igualdad, de la sencillez, del dejarse cuidar por ti. Has querido a la gente hasta el extremo, has adivinado el dolor de cada uno y el peso de sus vidas. Has vivido rodeado de amigos y seguidores y ahora… todos te abandonan. Tú entras triunfal en el borrico, sabiendo lo que te espera, dispuesto a cumplir la voluntad del Padre. Contigo sabemos que la Vida, la verdadera vida, no nos la pueden quitar, sólo nos pueden robar el poder, el prestigio, el dinero, la salud, la vida física, pero la buena vida, la vida en abundancia, esa no nos la puede quitar nadie si nos sentimos habitados por ti y hacemos las cosas contigo y a tu manera. Jesús, eres el mejor maestro del morir y del vivir, del amar y del perdonar. Jesús estar cerca de ti nos hace sabios, nos hace fuertes, nos hace inmortales. Cuando no podamos con nuestros cálices, o con los de los hermanos, envuélvenos en tu pasión de vivir y morir, mas no se haga nuestra voluntad sino la tuya…siempre
Oración agustiniana
Señor, que tu Espíritu que es bueno, nos llene, nos rija, nos impulse a obrar siempre el bien, de tal manera que hagamos lo que a ti te agrada no por temor al castigo, sino por amor de tu nombre, tú que eres la Rectitud eterna y la Justicia Verdadera, que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Lunes santo
Reflexionamos con san Agustín
«Unge los pies de Jesús. Sigue las huellas de Jesús con tu buena vida. Seca sus pies con tus cabellos: si tienes cosas superfluas, repártelas a los pobres, y así enjugas los pies del Señor, ya que los cabellos parecen ser lo superfluo del cuerpo. Tienes en qué emplear lo que te sobra; para ti son cosas superfluas, mas para los pies del Señor son necesarias. Sin duda las necesitan los pies del Señor que andan por el mundo…» (Comentario al evangelio de Juan, 50, 6)
Mi corazón
Señor, mi corazón… ¡Cuántas cosas brotan en mi corazón! ¡Cuántas tormentas, volcanes y movimientos sísmicos atraviesa mi corazón, Señor! Unas veces los modero y controlo. Otras me dominan y controlan… No puedo decir todavía, Señor, que acallo y modero todo lo que bulle dentro de mi corazón. Es cierto que no lo tengo abandonado, pero tengo que reconocer, Señor, que mi corazón es asignatura pendiente. Señor, déjame soñar en ese día que espero vendrá, en el que mi corazón esté educado y acallado y moderado hasta poder decir: que mi alimento es tu voluntad, que mis deseos son lo que tú desees, que mi sitio es reclinar la cabeza en tu corazón y sentir la paz porque tú eres el Dios en quien confío. Ayúdame, Señor, a educar mi corazón y modelarlo siguiendo tu corazón.
Martes santo
Reflexionamos con san Agustín
«Si Cristo no se hubiese entregado a sí mismo, nadie lo hubiese entregado… Judas entregó a Cristo y Cristo se entregó a sí mismo; aquel trataba del negocio de la venta de Jesús, y Jesús del negocio de nuestra salvación…» (Comentario al evangelio de Juan, 62, 5).
Resurrección
Siento que mi alma se encuentra perdida, que se junta la noche y el día. Siento que si te veo, terremotos recorren todo mi cuerpo. Haces que se vaya mi melancolía, me devuelves de nuevo a la vida. Antes de llegar siquiera a conocerte, mucho antes ya te quería, como algo inalcanzable, así, así, así, así, te quería. Haces que se vaya mi melancolía, me devuelves de nuevo a la vida. Tú haces que se vaya mi melancolía, me devuelves de nuevo a la vida. Quiero un mundo nuevo, mi corazón no lo compra el dinero. Quiero palmas que acompañen a mi alma. Haces que se vaya mi melancolía, me devuelves de nuevo a la vida. Tú haces que se vaya mi melancolía, me devuelves de nuevo a la vida. Me devuelves de nuevo a la vida. Resurrección.
Para pensar:
• ¿Qué te devuelve la vida y te quita la melancolía? • “Quiero un mundo nuevo…”; por eso desde hoy voy a… • Lee esta frase de Nietzsche: «Si queréis que crea en vuestro salvador, apareced más salvados; si queréis que crea en vuestro redentor, apareced más redimidos» ¿Transparentas tu fe en la resurrección como fuente de vida, alegría, esperanza…?
Miércoles santo
Reflexionamos con san Agustín
«Era necesario el ejemplo de paciencia y el ejemplo de humildad; era necesaria la señal de la cruz para vencer al diablo y a sus ángeles. Nos era necesaria la pasión de nuestro Señor, pues por ella fue redimido el mundo; ¡cuántos bienes nos proporcionó la pasión del Señor!» (Comentario al salmo 61, 22).
La tierra nueva
En la tierra nueva las casas no tienen llaves ni los muros rompen el mundo. Nadie está solo. No se habla mucho del amor, pero se ama con los ojos, las manos, y las entrañas. Las lágrimas son fértiles, la tristeza se ha ido para no regresar, y se ha llevado con ella la pesada carga del odio y los rencores, la violencia y el orgullo. Es extraña la puerta que abre esa tierra: es la sangre derramada de quien se da sin límite, es la paciencia infinita de quien espera en la noche, es la pasión desmedida de un Dios entregado por sus hijos; nosotros, elegidos para habitar esa tierra nueva.
Jueves santo
Reflexionamos con san Agustín
«Cristo nuestro Señor que en su pasión ofreció por nosotros lo que había tomado de nosotros en su nacimiento, constituido príncipe de los sacerdotes para siempre, ordenó que se ofreciera el sacrificio que estáis viendo, el de su cuerpo y sangre… Recibid, pues, y comed el cuerpo de Cristo, transformados ya vosotros mismos en miembros de Cristo, en el cuerpo de Cristo; recibid y bebed la sangre de Cristo…» (Sermón 228 B, 2-3).
Tu mejor lección
Te remangaste y te bajaste a lavar los pies a tus amigos. Nos diste la lección más clara. No nos gusta que nos exploten, no queremos que se aprovechen de nosotros. Tú esta tarde nos recuerdas que hay que bajarse hasta el otro aunque sea lo que más te cuesta, lo que más te molesta… Nos dices que el quiera ser el primero, sea el servidor de todos. Nos lo dices a nosotros que nos encanta presumir de que somos los que más hacemos, los más sacrificados, los mejores, los que no nos quejamos, los que… Nosotros que nos las arreglamos para dejar al otro un poco por debajo. Festejas una cena de amigos y compartes con total sencillez el pan y el vino. A nosotros que nos gustan las mesas llenas, más llenas que las de los demás, para impresionar, para competir, para deslumbrar, para aparentar… Y tú… con esa filosofía tuya que libera por dentro, nos sigues diciendo que seamos el último, el más sencillo, el que mejor se deja ayudar, el que no deslumbra.
Cuando compartimos tu pan, resulta que estamos diciendo a toda la humanidad, sobre todo a la parte más sufriente, más excluida; que optamos por ellos, que nuestra vida, en lo sucesivo, va a estar entrelazada con la suya, porque somos hermanos; porque tú, Jesús, nos mandas al servicio de un mundo distinto, a liberar a los oprimidos de la tierra, a ser buena noticia para los que viven sin vida, a llevar la salvación a nuestras familias, nuestros trabajos, nuestros ambientes todos. Queremos vivir a tu manera: tu cena de Jueves Santo nos cambia el corazón, nos entusiasma tu estilo de compartir, esa hermandad que emanas, y nos dejas a todos cerca, iguales, envueltos en tu Amor. Nos lanzas como profetas al mundo, a hacer la revolución a tu Reino.
Viernes santo
Reflexionamos con san Agustín
«Así, pues, no sólo no debemos avergonzarnos de la muerte del Señor, nuestro Dios, sino más bien poner en ella toda nuestra confianza y nuestra gloria. En efecto, recibiendo en lo que tomó de nosotros la muerte que encontró en nosotros, hizo una promesa fidedigna de que nos ha de dar la vida con él, vida que no podemos obtener por nosotros mismos… Llenos de coraje, confesemos o, más bien, profesemos, hermanos, que Cristo fue crucificado por nosotros; digámoslo llenos de gozo, no de temor; gloriándonos, no avergonzándonos… » (Sermón 218 C, 2).
Dios ahoga pero no aprieta
Dios ahoga pero no aprieta. No te adula pero te defiende. El hombre te alza y te deja caer, Dios te deja caer sin alzarte. Siempre está sobre aviso; luego te quita el dolor y te pone la cena –otras veces te pone el dolor y te quita la vida–. Está lleno de sabiduría y de paciencia, sobre todo de paciencia con los perversos, –perverso quiere decir mal intencionado–. No es un señor con barba, no es una paloma, es todo lo que vemos, lo que oímos, lo que tocamos. Aunque parezca mentira, ¡Dios existe!
Sábado santo
Reflexionamos con san Agustín
«Para que la memoria conservara siempre este misterio tan sublime, convenía que el día en que tal acontecimiento tuvo lugar se distinguiera de las restantes noches... Amadísimos hermanos, puesto que celebramos la vigilia en esta noche en la que recordamos la sepultura del Señor, mantengámonos en vela durante el tiempo en que él estuvo dormido por nosotros… Celebremos velando su sueño temporal, para que, velando él por nosotros, una vez resucitados, permanezcamos sin cansarnos en la vigilia eterna. Resucitó también esta noche, y nuestro velar es un estar a la espera de la resurrección…» (Sermón 223 B, 1-2).
Nada
Nada. Nada. Hoy es día de nada. Nada para esperar todo. Nada para dejarnos sorprender. Nada para estar abiertos a lo que venga. Nada para no distraernos con las cosas. Nada para poder acoger lo mucho que la Vigilia nos promete. Nada: la cruz, el sepulcro y la espera. La celebración de este día consiste en no tener celebración. La celebración de este día es el silencio, la oración, el ayuno del Viernes Santo que se prolonga hoy, la preparación de la Vigilia, la compañía junto a María. Hoy es día para el silencio, para callar y esperar.
Domingo de Pascua
Lectura del santo Evangelio según san Juan
El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: —Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto. Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.
Oración
El sepulcro nuevo es para siempre sepulcro vacío. Y esa piedra, desafiando a cuantos no ven en ella más que la huella fría de la muerte, el pozo sin fondo de las tinieblas, se convierte en el centro de la historia. Decide lo que somos y seremos los humanos, porque el Crucificado se ha levantado. Ha sido exaltado a la luz y a la gloria. Vive, ¡verdaderamente ha resucitado el Señor! El nos precede a Galilea y allí nos convoca, en la tierra de los gentiles, en el mundo secularizado, donde tiene que surgir también hoy la nueva comunidad de la Pascua. No busquemos entre los muertos al que está vivo. Resucitó y en él resucitó la tierra. ¡Vayamos a Galilea!, porque es necesario proseguir su causa, vencer hoy a tanta muerte, defender, exaltar y celebrar con pasión toda vida.
Reflexionamos con san Agustín
«Ved qué alegría, hermanos míos; alegría por vuestra asistencia, alegría de cantar salmos e himnos, alegría de recordar la pasión y resurrección de Cristo, alegría de esperar la vida futura. Si el simple esperarla nos causa tanta alegría, ¿qué será el poseerla? Cuando estos días escuchamos el Aleluya, ¡cómo se transforma el espíritu! ¿No es como si gustáramos un algo de aquella ciudad celestial? Si estos días nos producen tan grande alegría, ¿qué sucederá aquel en que se nos diga: Venid, benditos de mi Padre; recibid el reino; cuando todos los santos se encuentren reunidos, cuando se encuentre allí quienes no se conocían de antes, se reconozcan quienes se conocían; allí donde la compañía será tal que nunca se perderá un amigo ni se temerá un enemigo? Henos, pues, proclamando el Aleluya: es cosa buena y alegre, llena de gozo, de placer y de suavidad... » (Sermón 229 B, 2). |

