Moniciones para el día del Domund

                          

                                                      (A)

 

El día del Domund es una fecha muy especial para

recordar a nuestros misioneros y misioneras y una

llamada para poner al día nuestro compromiso de

colaborar con las Misiones.

Cada año el Domund, tiene un lema distinto.

Sea cual sea el lema de cada año, siempre hay un mensaje común: una llamada a la solidaridad con los misioneros y con los pueblos necesitados.

Solamente una solidaridad fuerte, tenaz, auténtica, será capaz de terminar con la irritante injusticia que mata de hambre y asesina sin piedad, a millones de seres humanos en el Tercer Mundo.

Sin embargo, la solidaridad no es una virtud que abunde demasiado entre nosotros, fuera de momentos especiales, o de catástrofes graves.

Vamos a reflexionar a lo largo de esta Celebración, sobre esas personas solidarias que luchan y mueren por defender la vida.

No su propia vida, sino la vida de millones de seres humanos, hijos de Dios y hermanos nuestros.

Nos ponemos de pie para recibir al sacerdote...

 

(B)

 

 Hermanos: La Iglesia Universal, extendida por todas las naciones, celebra hoy la Jornada Mundial por la Evangelización de los Pueblos. Ella escucha en este día las palabras de su Señor: -Id y anunciad el Evangelio a toda criatura-Que la Palabra de Dios que vamos a escuchar y el alimento de vida eterna que vamos a recibir, nos den fuerza para ser testigos de esta Buena Noticia que un día cambió nuestras vidas.

 

 

Acto penitencial

 

Dios ha puesto en nuestras manos la tarea de anunciar su mensaje de amor. Con todo, a veces ni lo anunciamos ni nos esforzamos por vivirlo. Que esta jornada Misionera nos anime a la conversión:

 

- Tú nos pides que acojamos al que viene de fuera, y nosotros le miramos con recelo o le rechazamos. ¡Señor; ten piedad!

- Tú nos has dejado un solo mandamiento. Y nosotros lo hemos sustituido por multitud de leyes y normas, olvidando que el amor es lo primero. ¡Cristo, ten piedad!

- Tú nos envías a todos, y nosotros dejamos la tarea en manos de unos pocos, escondiendo nuestra responsabilidad. ¡Señor; ten piedad!

 

Que tu Buena Noticia, Señal; encuentre acogida en nuestras vidas y las transforme. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

(B)

 

Confiando en la misericordia del Señor renovamos nuestro deseo de vivir en su presencia, y le pedimos su perdón:

 

Tú, que nos llenas de grandeza y dignidad. SEÑOR, TEN PIEDAD....

Tú, que nos muestras el camino hacia el Padre. CRISTO, TEN PIEDAD...

     Tú, que nos ayudas a vivir en entrega y servicio. SEÑOR, TEN PIEDAD...

 

Escuchamos la Palabra

 

 Monición

 

Las lecturas de este domingo nos hablan de cuál ha sido el camino recorrido por Jesús durante su vida humana. Pasar por el mundo haciendo el bien, es lo que le lleva al triunfo final. No podemos olvidarlo los que queremos seguirle como Maestro .       

 

 

Monición al Evangelio

 

         Santiago y Juan piden a Jesús los primeros puestos en su Reino.  Jesús les recuerda que los cargos no son para aparentar sino para servir al pueblo.

 

 

 

Homilías

 

(A)

 

Se habla mucho de la basura que nos vomita la televisión todos los días, con las historias de esos personajes y personajillos que su único mérito es haberse arrimado a otro famosillo que a su vez se arrimó a otro y así hasta el infinito. Amantes de cantantes y actrices, modelos, exmaridos de hijas de toreros, personas y personajes que hacen de sus intimidades una mercancía, dispuestos a todo por el dinero. 

Y luego esos programas que encierran a unas personas en situaciones inverosímiles para que hora tras hora, día tras día, contemplemos el transcurrir de sus vidas, excitados por el morbo.

Realmente hay que preguntarse hasta que punto nuestra sociedad está entrando en una espiral de embrutecimiento al dedicar tanto tiempo y dinero a esas vidas de miseria.  Sí, algo grave está pasando cuando somos capaces de encumbrar a este tipo de personajes y sin embargo aquellos que realmente hacen algo por los demás gratuitamente pasan desapercibidos.   Este puede ser el caso de nuestros misioneros. 

Miles de compatriotas nuestros que anónimamente, están realizando en los países más pobres una labor de titanes.  ¡Qué sería de este mundo sin ellos!  ¡Quién nos iba a recordar la injusticia en que viven tantos pueblos!  ¡Quién iba a subir a las favelas del Brasil,  o bajar a los suburbios de las ciudades africanas a llevar un poco de pan y cariño!  ¡Quién iba a recoger a los muertos por las calles de Calcuta!... 

Y encima sin cobrar nada, sin ningún reconocimiento.   Sólo de vez en cuando, una noticia escueta en las televisiones sobre ellos, sobre todo cuando en alguna masacre aparecen ellos como los únicos que se quedan al lado del pueblo.   Y es que los misioneros parecen seres de otro planeta. Porque están a años luz de los valores en boga, de lo que se nos vende en las TVs, de lo que todos aspiramos como ideal de vida.  

Pero lo bueno de todo esto es que no cabe ninguna duda de quién es más feliz: no hay más que verlos en la TV con esa alegría sin fingimiento que les sale del alma y compararlos con esos rostros y esas posturas desencajadas del famoso. Comparar aquella monjita rescatada de la masacre de Ruanda que decía que estaba esperando volver lo antes posible, con esa famosa que alardea de su adulterio.

         Los misioneros han entendido bien lo que Jesús nos decía hoy en el evangelio: que El no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida por todos. Ellos son la gloria y la honra de nuestra Iglesia y de la humanidad. 

Y hoy día del Domund en que se nos solicita nuestra oración y nuestra ayuda económica,  nosotros correspondemos con todo nuestro aprecio y generosidad. Que el Señor nos haga a todos servidores de los demás, y dé a la Iglesia misioneros y misioneras dispuestos a anunciar el evangelio a todos los hombres.

(B)

 

TAMBIEN HAY OTROS PUEBLOS  

Día del DOMUND 

La vida del hombre ha ido adquiriendo dimensiones cada vez más universales. Todos vivimos mejor informados que nunca de los problemas que sacuden a los pueblos de la tierra.

Y sin embargo, tenemos el peligro de vivir de manera excesivamente localista y con horizontes estrechos.

Estamos viviendo con tal intensidad los problemas de nuestro pueblo, que podemos olvidar la trágica situación de tantos otros.

Al sufrir en nuestro propio suelo la tragedia de la violencia, podemos permanecer insensibles a las guerras que destrozan a otros países. Amenazados gravemente por la crisis económica y sintiendo en nuestro propio hogar la plaga del paro, es fácil olvidar el hambre que asola al Tercer Mundo.

Son tantas las necesidades que percibimos en nuestra propia iglesia que podemos olvidar nuestra solidaridad con otras iglesias más necesitadas y nuestra responsabilidad en impulsar la acción evangelizadora en el mundo entero.

Hemos de descubrir con más claridad, que desde una fraternidad vivida desde la fe, no hay contradicción entre el amor al propio pueblo y la solidaridad con los demás pueblos de la tierra.

Precisamente, cuando se ama de verdad al propio pueblo y se van sufriendo día a día sus luchas, decepciones, errores e incomprensiones, es entonces cuando se puede amar a otros pueblos maltratados, sintonizar mejor con sus problemas y solidarizarse con sus tragedias. Cuando uno sufre en su corazón de creyente la pobreza y las limitaciones de la propia iglesia, entonces puede entender y solidarizarse mejor con el esfuerzo de tantas iglesias desbordadas por la tarea evangelizadora.

La celebración del DOMUND nos obliga a preguntarnos cuál es nuestra preocupación evangelizadora y como estamos viviendo la solidaridad con otros pueblos y otras iglesias.

Pero no tendría sentido pretender colaborar a la evangelización universal con una aportación económica sin sentir la urgencia de participar responsablemente aquí en extender la fuerza liberadora del evangelio en nuestro propio entorno.

Un verdadero creyente es un hombre que sabe irradiar aunque sea de manera modesta y humilde la fe y la esperanza que animan su vida.

(C)

 

A menudo, en las plegarias de los fieles que se recitan en la misa tras el Credo, siento una sensación de extraña pasividad. Es como si escribiéramos la carta a los Reyes: que haya paz en el mundo, que haya justicia, que haya, haya..., y juntos repetimos: "Te rogamos, óyenos".

Me pregunto, si los palestinos viven prisioneros en su propia tierra, ¿tiene que arreglarlo el Señor, como si de magia se tratara? Si en Afganistán o Irak muere la población civil inocente, que no tiene nada que ver con ningún acto de terrorismo, ¿tiene que arreglarlo el Señor? Si cada día en el mundo mueren 37.000 niños por falta de alimentos y medicamentos, ¿tiene que arreglarlo el Señor?

Este mundo nuestro, tal como es, lo hemos hecho nosotros y somos nosotros los que podemos y debemos transformarlo, pues es posible un mundo distinto. Según el informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), "la aceleración del progreso del desarrollo humano y la erradicación de las peores formas de pobreza se hallan a nuestro alcance pese a los retos y retrocesos. Sabemos lo que se debe hacer. Y el mundo cuenta con los recursos necesarios para hacerlo"

Quizá no hemos comprendido que la construcción del Reino pasa

necesariamente por el anuncio de la Buena Nueva a los Pobres, su liberación. ¿Es justo nuestro modelo de sociedad, nuestro nivel de consumo y "necesidades"? ¿Es posible para todos? Es inviable. El planeta estallaría si todos los habitantes del mundo tuvieran automóviles, consumieran la energía, el agua, el papel que consumimos nosotros, se secarían los ríos, no habría bosques...

Entonces, ¿qué pedimos? Quizá tendríamos que pedir la fuerza necesaria para querer cambiar de verdad las cosas y no acostumbramos cómodamente al sufrimiento de los demás. "Sólo le pido a Dios que el dolor no me sea indiferente", dice una canción muy conocida. Está ahí el posible cambio del mundo: en que el sufrimiento del hermano nos sea insoportable. Son millones de hermanos los que viven aterrorizados por este "orden" que hemos establecido y que podemos cambiar...

Ante la magnitud del sufrimiento quizá podemos preguntarnos: ¿Qué puedo hacer yo para paliar tanto sufrimiento y desgracia?... Y el peligro es quizá responder que nada...

Y quedarnos de brazos cruzados... Mientras que otros son los que poco a poco tienen que ir sacando las “castañas” de este desaguisado que hemos organizado entre todos.

Por ello a mí, siempre me gusta recordar esa historia que os la he contado más veces, pero que no viene mal recordarla en un día como el de hoy...

 

Cierto día, caminando por la playa reparé en un hombre que se agachaba a cada momento, recogía algo de la arena y lo lanzaba al mar. Hacía lo mismo una y otra vez.

Tan pronto como me aproximé me di cuenta de que lo que el hombre agarraba eran estrellas de mar que las olas depositaban en la arena, y una a una las arrojaba de nuevo al mar.

Intrigado, lo interrogué sobre lo que estaba haciendo, a lo cual me respondió:

-Estoy lanzando estas estrellas marinas nuevamente al océano. Como ves, la marea es baja y estas estrellas han quedado en la orilla; si no las arrojo al mar, morirán aquí por falta de oxígeno.

-Entiendo -le dije-, pero debe haber miles de estrellas de mar sobre la playa. No puedes lanzarlas todas. Son demasiadas. Y quizá no te des cuenta de que esto sucede probablemente en cientos de playas a lo largo de la costa. ¿No estás haciendo algo que no tiene sentido?

El nativo sonrió, se inclinó y tomó una estrella marina y mientras la lanzaba de vuelta al mar me respondió:

-¡Para esta, lo tuvo!

 

Cada vez que yo ayudo a alguien es una estrella que arrojo al mar...

Sé que en este mundo complicado, trastocado, acelerado, equivocado, un gesto de ternura y solidaridad no alcanza...

Nada puedo hacer para solucionar las penas del mundo, pero mucho puedo hacer para ayudar en el pedacito de mundo que me toca. Así lo han pensado miles de religiosas y religiosas a quienes hoy recordamos, oramos y queremos ayudar...

 

Oración de los fieles

(A)

 

En esta Jornada Misionera y Universal presentamos nuestros deseos al Padre de todos los hombres:

 

- Por la humanidad entera, para que a todos los hombres lleguen los dones de Dios Creador y Padre. Roguemos al Señor.

- Por la Iglesia, para que anuncie la Buena Noticia del entrañable amor de Dios a todos sus hijos, con preferencia a los pobres y marginados de la tierra. Roguemos al Señor.

- Por nuestra Comunidad, para que mostremos la autenticidad de nuestras Eucaristías en una compasión eficaz hacia los que sufren, siendo para ellos signo de esperanza. Roguemos al Señor.

- Mañana es el Día de las Naciones Unidas. Para que cese la prepotencia de los poderosos, y todas las naciones accedan en igualdad de derechos y deberes a una vida libre y digna. Roguemos al Señor.

 

Escucha, Padre, nuestras peticiones, y haz que pongamos nuestra vida al servicio de lo que te hemos pedido. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

(B)

 

Dios padre siempre nos escucha cuando acudimos a Él con limpio corazón. Esto nos llena de alegría y de confianza para presentarle nuestras necesidades, diciendo: ¡Escucha, Señor, nuestra oración!

 

-  Mira, Señor, nuestra Iglesia y haz que la Fuerza del Evangelio rompa nuestras seguridades humanas y nos haga testigos creíbles en medio del mundo. Oremos. 

-  Mira, Señor, nuestra vida cristiana, demasiado aferrada a cultos sin compromisos y a prácticas sin esfuerzo, y haz que el mensaje de la conversión lo tengamos siempre presente. Oremos.

-   Mira, Señor, nuestro mundo que se apoya en el interés particular de unos pocos, y ayúdanos a buscar redes de solidaridad a favor de los más humildes. Oremos.

-  Mira, Señor, nuestra comunidad parroquial y haznos capaces de trabajar unidos a otros grupos que busquen el bien y la paz. Oremos.

 

Acoge, Señor, la oración que ahora te dirigimos. Por Jesucristo.

 

 

Colecta:

 

Los hombres nos fijamos en lo “externo”, lo que “aparece” por fuera... “Bah, ¿para qué sirven esas míseras monedas que da esa vieja?... Si hay que ayudar a millones de seres humanos, se necesitan miles de millones”.

- ¿Piensa Dios lo mismo? Dios ve el “corazón” de los hombres y las mujeres. Dios penetra los sentimientos y ve que la viejecita da “todo lo que tiene”, lo que le quedaba para poder ella vivir; supone la máxima generosidad, lo da todo. Y dice Jesús: “Ha dado más que nadie”, los demás han echado de lo que les sobraba.

- Cada uno de nosotros puede ser que demos distintas cantidades: unos mucho, otros poco. Dios ve nuestro corazón y sabe si hacemos “cuanto podemos” y ve “el amor con que lo damos”. Que Dios lo sepa, basta. A nadie le interesa la generosidad que yo he tenido...

 

Una vez realizada la colecta:

 

En algunas Iglesias del Tercer Mundo, en el momento del Ofertorio, tienen una costumbre muy bonita: ofrecen para los más pobres del vecindario de la parroquia algo de lo que tienen: uno lleva, por ejemplo, una gallina o un saquito de maíz, o media docena de patatas, o una botella de leche. Y después todo se reparte entre los más necesitados.

Nosotros, ahora, ofrecemos junto al pan y el vino, lo que hemos recogido en esta colecta como signo de nuestra generosidad y nuestro apoyo a los misioneros para que sigan llevando a tantos pobres del mundo el amor de Dios y el de los cristianos de esta comunidad.

 

 

Plegaria Eucarística

 

 

Te damos las gracias, Padre Bueno,

porque nos amas tanto

que nos has enviado a tu Hijo Jesús, como amigo y hermano.

Él manifiesta su amor por los pobres y enfermos,

por los pequeños y pecadores.

nunca permaneció indiferente ... ante el sufrimiento humano.

Su Vida y su Palabra son la prueba de tu Amor.

Como un padre siente ternura por sus hijos,

Tú nos has entregado lo mejor que tenías.

Por todo eso, te alabamos y glorificamos,

y con los ángeles y santos

proclamamos tu bondad y tu fidelidad cantando:

 

Santo, Santo, Santo...

 

 

Padre Nuestro

 

Ha llegado el momento de orar al Padre que da la Verdadera Vida. Damos gracias por este don. Pedimos que desaparezcan las causas de la muerte. Y nos acordamos, de una manera especial, de los que trabajan en primera fila para dar a conocer la llegada del Reino de Dios.

 

Rito de la Paz

 

Para conseguir esto, tenemos también que unir nuestras manos al esfuerzo común, para que la vida sea más digna y más humana para todos. Tenemos que perder un poco de nuestra paz, para que otros puedan vivir en paz

- Que la Paz del Señor esté con todos nosotros - Como amigos y hermanos nos damos la señal de la Paz. ..

 

Comunión

 

Comulgar no se reduce únicamente a estar a solas con Jesús. Comulgar es, también, ir al encuentro de los hermanos, compartir con ellos la misma comida. Y es que Jesús nunca viene solo, sino acompañado de una multitud de pobres, olvidados, marginados.

- Dichosos los invitados a recibirle.

- Señor, no soy digno de que entres en mi casa

 

Oración final

 

Señor, nos invitas a poner en común todo lo que tenemos.

Nos demuestras que compartiendo hay de todo y para todos.

Es así como nos enseñaste a vivir.

Es el secreto de tu reino y de tu Amor.

 

Vivimos en un mundo de injusticia e insolidaridad.

Dos terceras partes de la humanidad pasan hambre,

mientras el resto estamos sobrados de todo...

y hacemos estudios, conocemos los datos,

pero todo sigue igual.

 

Tú nos trajiste la solución perfecta a toda injusticia.

Tú nos enseñaste la forma de vivir como hermanos,

de tratarnos como una gran familia, de que hubiera para todos.

Sólo había que poner a disposición de los otros lo que cada uno tiene.

 

No somos capaces, Padre, de reducir nuestros gastos,

ni nos atrevemos a necesitar menos, a tener menos.

Nos creamos necesidades, nos impulsamos a tener,

en vez de responder a las necesidades de nuestros hermanos.

 

Nos diste tu lección, Jesús, pero, además,

necesitamos que nos cambies el corazón,

que nos ayudes a desprendernos,

que nos duela la necesidad del hermano,

que adivinemos su carencia,

para que se produzca en nosotros un desapego radical.

Padre, ayúdanos a vivir el milagro del compartir.

Despiértanos a la justicia y el Amor.

No nos dejes tranquilos. Empújanos.

 

 

Despedida.

 

La celebración del Domund nos obliga además de una invitación a la solidaridad, lo que hemos expresado en el gesto de la colecta, a preguntarnos cuál es mi preocupación por anunciar el evangelio como cristiano que soy...

Porque no tendría mucho sentido colaborar a que se siga anunciando el evangelio en tierras lejanas y que aquí los cristianos permaneciéramos mudos, sin anunciar la fuerza del evangelio a los que están a nuestro lado...

Un verdadero creyente es un hombre o una mujer que saben irradiar de manera modesta y humilde la fe y la esperanza que animan sus vidas a los que están a su lado...

 

UNOS DATOS PARA PENSARLOS

EN EL DIA DEL DOMUND  

 

    

Si esta mañana, al abrir los ojos, has podido decir que gozas de buena salud, eres más afortunado que un millón de personas: que no sobrevivirán a esta semana.

 

Si esta mañana al levantarte, has podido lavarte la cara y asearte, eres también más afortunado que el 20% de la población mundial que no tiene acceso al agua potable y que otro 40% que no dispone de un saneamiento adecuado.

 

Si no has sufrido ni una sola vez los peligros de la guerra, la soledad y los tormentos del encarcelamiento y los horrores del hambre, eres más afortunado que otros 500 millones de personas en el mundo.

 

Si puedes profesar tu fe sin temor de ser perseguido, encarcelado, torturado o asesinado, tienes más suerte que otros tres mil millones de personas en el mundo.

 

Si tienes alimentos en la nevera, ropa para vestirte, un techo sobre tu cabeza, un lugar donde dormir, vives en una abundancia que no conoce el 75% de los seres humanos del mundo.

 

Si tienes dinero depositado en el banco, dinero en la cartera o algunas monedas en un cajón de casa, perteneces al 8% de las personas más ricas del mundo.

 

Si tus dos progenitores están vivos y todavía estáis juntos, es algo realmente extraordinario.

 

Si puedes leer este mensaje, eres afortunado por partida doble. Esto quiere decir que, al enviarte este mensaje, alguien ha pensado en ti, y también eres mucho más afortunado que los dos mil millones de seres humanos que no saben leer.

 

Alguien dijo una vez: Lo que damos siempre nos es devuelto.

Así, pues, disfruta trabajando como si el dinero no tuviera importancia, ama a los demás como si jamás hubieses sido herido, baila como si no hubiese nadie mirándote, canta como si no hubiera nadie escuchándote.

 

Y por encima de todo, ama el hecho de que tú y todos los demás vivís aquí, en este mundo.

 

Quizá si un número suficiente de nosotros aprendiese a amar este mundo, todavía estaríamos a tiempo de salvarlo de la violencia que lo desgarra.

Cuadro de texto: Domund 
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