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Carta a los padres y padrinos que pedís el Sacramento del Bautismo
Queridos amigos:
Un saludo cariñoso. Hoy no sé si es que no estoy en forma o es que no sé decir nada. Pero me siento así. No os extrañéis si el «rollo» es «rollazo». Hablar de los sacramentos cuesta. Cuando un creyente empieza a dudar, a interrogarse, a sentir «frío religioso» lo primero que hace, si estoy bien enterado, es dejar de practicar, dejar la práctica sacramental. A lo mejor sigue asistiendo a «funerales» porque no hay más remedio, o hasta bautice al hijo «no sé por qué extrañas razones»... En la mayoría de los no practicantes, lo que no se practica es la celebración de los sacramentos. Porque hay quienes no acercándose a los sacramentos siguen rezando y hablando a Dios, a su estilo. Pero lo hacen. Muchos confiesan «no practicar» con toda tranquilidad del mundo, y afirman con todas sus fuerzas que siguen creyendo. Y no seré yo quien dude de la palabra que dicen. Otra cosa será si su fe es la fe de la Iglesia, la fe de un creyente ideal o su fe particular: Ahí tampoco me meto. Yo noto que muchas personas quieren relacionarse con Dios en directo. Nada de mediaciones. Quieren entendérselas con Dios a su aire. Y está muy bien, porque yo creo que no hay relación verdadera con otra persona si no es una relación «a mi aire», «a tu aire»; es decir, una relación desde lo que tú eres y en toda libertad. Claro, con la expresión «a mi aire» la gente quiere decir: nada de sacramentos ni de cosas raras; nada de barreras ni de «ritos institucionalizados». Yo me invento la relación con Dios sin tener en cuenta los sacramentos. La gente no traga que para acercarse a Dios haya que pasar por la mediación de los sacramentos de la Iglesia. Dios, sí; la Iglesia, no. Se comprende, vamos, que lo comprendo. A mí no me da lo mismo una flor «mustia» que una hermosa flor. Quizás pasa algo así con los sacramentos: celebrados de una determinada manera en la Iglesia, uno saca la impresión de estar ante «algo raro, casi magia». Si encima se celebran sin decoro, y, para más «inri», pidiendo dinero por la celebración (¿cuánto vale la misa? ¿cuánto vale la boda...?) muchos se espantan y mandan a paseo a curas, Iglesia, sacramentos... Todo. Y se dicen: ¡A vivir por libre la religión! Esto es: a vivir sin gestos sacramentales de la Iglesia que aviven la presencia de Dios en nuestras vidas... Y sin gestos que aviven la presencia de Dios corremos el riesgo de olvidar al mismo Dios o de acordarnos de Él sólo cuando truena o de fabricarnos un Dios que no es el predicado por Jesús de Nazaret, el Señor. Te invito a que eches una mirada a tu vida matrimonial o a tu vida de relaciones con otras personas. ¿Con quiénes tienes gestos de cercanía y de presencia? Seguro que tienes más gestos de cariño y cercanía con los más cercanos. Los más íntimos son los que más gestos nuestros se llevan. Normal. La cercanía exige el gesto y el gesto aviva la cercanía... Así se establece una cadena que se autoalimenta. Cuando decides alejarte de alguien, dejas de tener gestos con él (o con ella). Así se marchita poco a poco la relación humana. Vosotros, pedís el Bautismo para vuestra hija. Porque el bautismo no se da, se pide. No se compra, se regala a quien lo pide y está preparado. Sé bien (¡cómo no!) que muchas veces pedimos y no sabemos muy bien lo que pedimos... Nos pasa como a los discípulos: Pedían cosas y Jesús les tuvo que echar en cara que no sabían lo que pedían. Algunos, para «chulear» un poco, se enfanfarronan y dicen que ellos tienen derecho a bautizar a su hijo o a su hija, que ellos saben muy bien qué es el bautismo, etc., etc. Los fanfarrones suelen ser, después, los que menos existencia bautismal ponen en práctica de manera visible... Marchitamos y matamos la existencia cristiana a fuerza de olvidar y dejar de practicar... El hecho de estar bautizados nos plantea preguntas que muchas veces queremos ocultar. Si observas bien las argumentaciones de muchas personas cuando explican por qué no practican verás que generalmente se trata de «razones por culpa de...». Más concreto: «Es que el cura tal...», «Es que me fui a casar y me pidieron tanto dinero...». «Es que lo están cambiando todo...». «Es que no hay derecho a lo que hacen...». «Es que viven como curas...». Y así sucesivamente. Me llama mucho la atención este funcionamiento en el que el argumento principal no es la relación que yo tengo con Dios, sino los comportamientos que otras personas, por muy distinguidas que sean, tienen. Algo así, me parece a mí como si uno se llevara mal con su mujer o marido y echara las culpas de este deterioro matrimonial a cómo se comportan los vecinos de enfrente, que también son matrimonio y dan «malos ejemplos». ¿Dónde está, me pregunto y te pregunto, tu relación personal con Dios? ¿Por qué en vez de echar las culpas a los comportamientos de los otros, exigiendo no sé qué conductas, no miras primero y examinas tu relación con Dios? A lo mejor es que no te «interesa» ni tener con Él una relación. Dilo claramente, y ya está. Perdona, ya sé que estas cosas no se pueden decir claramente, porque no las tenemos nada claras la mayor parte de las veces. Sé sincero contigo mismo, eso es lo que quiero decir y se entiende mejor, ¿no? Finalmente quería comentar algo que para mí es importante. Cuando uno acepta decir Creo en Dios acepta unas «reglas de juego», acepta a Dios como es, no como uno quiere que sea. Hay padres que no dejan a los niños ser las personas que son. Las quieren hacer a su imagen y semejanza; más tarde, cuando los niños se dan cuenta de todo y son mayores, comienzan a devolver «patadas a los padres» y éstos a quejarse y a decir: «¡Con lo que me he sacrificado por ellos! ¡Con lo que yo he hecho por ellos!». Será verdad, pero has dejado de hacer una cosa esencial: dejarles libres, aceptarles como son, sin intentar hacer el hijo ideal. No hay más hijo ideal que el hijo real. Digo esto para entender que en esta trampa caemos muchos cuando hablamos de Dios: queremos hacer con Dios lo mismo que hacemos con las personas, con los hijos... ¡Que nos salgan a nuestra imagen y semejanza! ... El Dios en quien ponemos nuestra confianza es un Dios que es como es; que ha establecido, desde siempre, mediaciones, signos sacramentales en y por los que se comunica. Dios es así. Con Él puedes mantener toda la intimidad y la libertad de trato que quieras. Al mismo tiempo es Él quien fija unos caminos de encuentro por medio de los sacramentos, ¡a pesar de que los celebremos tal mal en muchas comunidades cristianas! Ya te decía al inicio que iba a ser doble rollo... lo siento. Pero no me arrepiento de algunas cosas, aunque sean rollos. No está mal que de vez en cuando algo nos resulte difícil para rumiarlo despacio hasta aclararnos... Nos aclaramos poco a poco, que es la mejor manera de hacerlo. |

