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1.- Saludo En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo... Hermanos y hermanas, bienvenidos a este encuentro de oración, en el Sábado Santo, para meditar, en la soledad de María, Madre Dolorosa, los Misterios de la Pasión y Muerte del Señor.
María estuvo unida a Jesús en cuerpo y alma. Y esta unión la lleva a sufrir con él cada uno de los momentos más duros de su vida, a beber hasta la última gota del cáliz de dolor que Dios le presentaba para beber. Todos estos momentos fueron vividos de cerca por el corazón de María. Así, la podemos imaginar compartiendo la angustia de la indecisión ante el dolor que se le venía encima, durante la oración de Getsemaní. Seguramente el beso del “amigo” Judas a Jesús también se marcaría en sus mejillas. Asimismo le llegaría a producir dolor el abandono de sus amigos llenos de miedo por dentro y por fuera y faltos de valentía y amor hacia su Maestro. Cada uno de los latigazos con que castigaron las espaldas de Jesús estremecían el cuerpo y el alma de María. Cada desgarro de su cuerpo, ese cuerpo que ella alumbró en Belén, fue haciéndole cada vez más irreconocible y convirtiéndole en una piltrafa humana. Posiblemente le causarían más dolor los golpes producidos por la burla y el escarnio de quienes se postraban delante de Jesús para mofarse de su realeza, para disfrazarle de un rey de risa, para colocar a golpes en su cabeza una corona de espinas. Cada palabra, cada espina, cada hilo de sangre... sería una nueva herida en el corazón de su Madre. Verle cargar con el pesado madero en el que iba a ser colgado, acompañarle durante el recorrido, soportar las miradas curiosas de la gente, contemplar cómo, impotente, cae bajo el peso de la cruz y sacando fuerzas de flaqueza se vuelve a levantar para continuar su “calvario” hasta la cima de la colina del Gólgota, serían las experiencias más dolorosas que su corazón de madre pudo soportar. Pero allí estaba, junto a la cruz, apoyando con su presencia y su ejemplo la donación de su Hijo. Allí estaba, dolorosa, recogiendo el último suspiro, la última palabra, la última gota de sangre. Y la herencia: en Belén tuvo un hijo, en el Calvario le nacieron –también con dolor- muchos hijos. Para poder alcanzar la gloria del triunfo hay que pasar por el trago amargo del dolor y del sufrimiento. Recuerda muy bien las palabras de Simeón: “Una espada de dolor atravesará tu alma”. Pero si el grano de trigo no se rompe dentro de la tierra no podrá nunca alumbrar a la luz una espiga granada de vida.
Apócrifo de María
Conocía la noche de la fe, pero nunca creí que fuera tan profunda. NI una sola ventana con luz, solo creer, esperar, cerrar los ojos, entrar en la cuesta arriba. Sí, ayer cuando la losa cayó tras de su cuerpo, nada de ángeles, nada de voces del Padre. Sólo la noche y el sonar de los latigazos en los oídos, y las carcajadas, y las blasfemias, y las risas, el golpe final de la piedra, cerrándose. ¡Qué lejos ahora lo de Belén y aún las pequeñas angustias de Nazaret cuando él se alejaba! Entonces, ¿es esto ser una madre? En la noche no hay nada. Sólo la noche, y la certeza de que el sol está al fondo y volverá mañana. Pero, ¿por qué se ha de salvar siempre con sangre? ¿Es que son tan hondos los pecados del hombre que sólo pueden borrarse con manos y frentes desgarradas? NO, no le hubieras reconocido ayer si le hubieseis visto subir por la pendiente. Las madres, sí, olemos a los hijos desde miles de kilómetros, porque no es verdad que salgan nunca de nosotros. Están fuera, caminan, lloran, triunfan, viven, pero no es verdad; siguen estando dentro. Ayer el Calvario estaba más en mi seno que en Jerusalén, clavaban dentro, martilleaban dentro. Por eso no hubo nadie junto a Él. Juan, Magdalena... todos estaban sin estar. Y hasta el Padre se fue y nos dejó solos. Pero hubo algo más horrible todavía, algo que no he logrado entender; que acepto a ciegas, sólo porque Él lo hizo: ¿Por qué no me miró? ¿Por qué en los últimos minutos no se volvió hacia mí? Estábamos unidos, sí, pero los dos entramos solitarios en la muerte. Creédmelo: esperé hasta el último minuto de su mirada. Y no me la dio. Vi doblarse su cabeza y supe que pensaba en quienes le habían abandonado: el Padre y los hombres. Fue entonces, y no cuando los martillazos, cuando yo di mi vida. Después de muerto, volvió a pertenecerme. Quitando sangre, espinas, barro, fui reconquistando su cuerpo y, si cerraba los ojos, podía pensar que le estaba lavando otra vez como cuando era niño. Le hablé como entre sueños; y me pareció como si me entendiera. Ahora ha vuelto la calma. La calma nocturna, pero calma al fin. Ya sólo queda esperar y ver la puerta que se abre y sus ojos que brillan. Me gustaría que viniera con las heridas. Sería un buen recuerdo de este segundo parto en que le he dado a luz, mucho más que la primera vez.
Primer misterio La oración de Jesús en el huerto
Monitor: Después de celebrar la cena de Pascua, Jesús comienza su pasión. En su oración se amontonan todos los miedos, dudas y recelos que experimenta. Adelanta así una agonía que va a durar muchos días y que es el punto y final de una vida dedicada a cumplir la voluntad del Padre. María, desde la oscuridad y el silencio, vive también el dolor de su hijo.
Reflexión: Aquella noche había tenido lugar una cena especial. Una cena en la que Jesús les fue dejando su testamento palabra a palabra, gesto a gesto, símbolo a símbolo. En su despedida se agolpaban las cosas que quería comunicarles, lo más importante, a lo que debían atender con mayor interés: amar..., no os dejaré..., estar unidos... Quería dejárselo bien grabado en sus mentes y en sus corazones.. Después de esta cena empezarían unas horas intensas en las que reflexionarían sobre todo lo que iba a vivir, a sufrir y a experimentar. Su oración de hoy iba a ser también especial. Oraba al Padre por él y por los suyos, su rebaño. Y oraba con la angustia del que se siente acorralado en un callejón sin salida..., y le pedía que si era posible apartase de su vida tales sufrimientos. Pero en su angustia, la esperanza en sacar fuerzas de la flaqueza se convertía en confianza y seguridad de que su Dios, su Padre, no le abandonaría. Unos años atrás a su madre, María, le pasó algo parecido; no acertaba a comprender, pero dijo que “sí”. Y hoy, a él, le costaba entender las cosas de Dios pero dijo, abandonándose en su amor: ¡Hágase tu voluntad y no la mía!.
La palabra de Dios
“Jesús llegó con sus discípulos a un huerto que llamaban Getsemaní, y les dijo: “Sentaos aquí, mientras yo me voy allí a orar”. Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a entristecerse y a angustiarse. Entonces les dijo: “Me muero de tristeza. Quedaos aquí y estad en vela conmigo”. Adelantándose un poco, cayó rostro en tierra y se puso a orar diciendo: “Padre mío, si es posible, que se aleje de mí este trago. Sin embargo, no se laga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú”. Se acercó a los discípulos, los encontró adormilados y dijo a Pedro: “¡Vaya ¿No habéis podido velar una hora conmigo? Estad en vela y pedid no ceder en la prueba; el espíritu es animoso, pero la carne es débil”. Se apartó por segunda vez y oró diciendo: “Padre mío, si no es posible que yo deje de pasarlo, hágase tu voluntad”.
Madre de los dolores, danos un corazón manso y humilde como el tuyo... Dios te salve, María... Madre de los dolores, que comprendamos, amemos y sirvamos, cada vez mejor, a nuestros hermanos... Dios te salve, María... Madre de los dolores, que en nuestro labios no haya mentira y busquemos siempre la verdad... Dios te salve, María... Madre de los dolores, que nuestra amistad contigo y con los demás no se rompa nunca... Dios te salve, María... Madre de los dolores, que nuestra oración sea como la tuya: “Hágase en mí según tu Palabra”... Dios te salve, María...
Intenciones para la plegaria común
Se contesta: “Escúchanos, María”
María, te pedimos por todos los que sufren el dolor físico de la enfermedad... para que lo acepten y se unan a Jesús en su dolor. Oremos... María, te pedimos por los que no encuentran sentido al sufrimiento..., para que sientan la mano amigo que les ayuda en su dolor. Oremos... María, te pedimos por las personas que se encuentran solas en su pena... para que su fe y su oración les acerquen al amor de Dios. Oremos... María, te pedimos por el mundo del dolor provocado por las guerras y la injusticia... para que se cambie por otro lleno de amor, justicia y paz. Oremos...
Oración final
María, tú que viviste una vida dura, llena de penalidades y sufrimientos, llena de sinsabores y amarguras, danos la fuerza para aceptar el dolor en nuestra vida, para saber encontrar en él el camino que lleva a la luz de la vida; que aprendamos a compartir el dolor de otros hermanos y hermanas que se encuentran desanimados y sin esperanza; que sepamos aportar a su vida la fe, la esperanza y el amor necesarios para hacer de su sufrimiento un medio de salvación. Amén.
María, Madre dolorosa, ruega por nosotros....
2º Misterio: Jesús es azotado
Monitor: Un hombre inocente, sin culpa... es acusado, maltratado, torturado y condenado. Jesús, que es vehículo de salvación para todos los hombres, sufre la injusticia que la ceguera y el egoísmo fabrican en contra suya. Jesús sufre los golpes y los azotes en silencio. María se estremece también con cada golpe que sacude la espalda de su Hijo.
Reflexión: Su oración en el huerto se vio interrumpida, de golpe y de repente, por unos intrusos que venían sigilosamente a prenderle. Uno de sus amigos, Judas, les había indicado el lugar. La señal era clara: “A quien yo bese, ese es, cogedlo” La cobardía parece armarse de valor cuando son muchos los cobardes que se agrupan para conseguir sus ruines objetivos. Protegidos los unos por los otros, en el silencio y en la oscuridad de la noche, con su cobardía anudada al cuello, le cogen preso y se lo llevan. NO tienen ni que preocuparse por sus discípulos que salen disparados con el miedo metido en su cuerpo. A empujones le sacan de Getsemaní y le llevan lejos de allí arrinconándole aún más en su soledad. Ya se empiezan a oír las primeras voces de ¡crucificado, crucifícalo!. Pilato le interroga, se sorprende, le mira y se pregunta... Y, como queriendo apagar los gritos que piden su muerte, y al no encontrarle culpable de nada, le manda azotar. Una cobardía que quiere convertirse en valentía por la sinrazón del poder injusto; una cobardía alimentada con el miedo que quiere ser apagada mediante unos azotes sangrientos sobre una espalda inocente de toda culpa.
La palabra de Dios
“Aún estaba hablando cuando apareció Judas, uno de los doce, acompañado de un tropel de gentes con machetes y palos mandado por los sumos sacerdotes y los senadores del pueblo. El traidor les había dado por seña: “Al que yo bese, ese es; detenedlo! Se acercó en seguida a Jesús y le dijo: “¡Salud, Maestro!”. Y lo besó con insistencia. Pero Jesús le contestó: “Amigo, ¿a qué has venido? Entonces se acercaron a Jesús, le echaron mano y lo detuvieron. Jesús compareció ante el gobernador, y el gobernador lo interrogó: “¿Tú eres el rey de los judíos?”. Jesús dijo: “Tú lo estás diciendo”. Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto, pidió agua y se lavó las manos cara a gente, diciendo: “Soy inocente de la sangre de este justo.. ¡Allá vosotros!”. Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de mandarlo azotar, lo entregó para que lo crucificaran”.
María, tú nos conoces bien y sabes cuáles son nuestros deseos y debilidades, pide perdón por nosotros... Dios te salve. María... María, enséñanos a emplear nuestras manos para acariciar a los que carecen de cariño... Dios te salve, María... María, limpia nuestros ojos, porque sólo vemos lo que nos interesa... Dios te salve, María... María, ensancha el corazón de los que no sabemos amar con desinterés... Dios te salve, María... María, te amamos porque estás al lado de tu Hijo y de tus hijos en los momentos difíciles.. Dios te salve, María...
Intenciones para la plegaria común
Se contesta: Escúchanos, María.
María, te pedimos por las personas maltratadas por la injusticia... para que la sensatez t el respeto te todos cambien su vida. Oremos... María, te pedimos por los países en los que reina la ley del más fuerte... para que encuentren en el diálogo la mejor forma de conducta. Oremos... María, te pedimos por los niños maltratados... para que no sean víctimas en su fragilidad. Oremos... María, te pedimos por los que se encuentran maniatados para proclamar la Palabra de tu Hijo... que el miedo no apague su voz ni su testimonio. Oremos...
Oración final
María, tu corazón estaba unido al de tu hijo. Es fácil comprender cómo vivirías estos momentos de dolor. Uno a uno resonarían en ti los gritos despiadados que pedían su muerte. Uno a uno te harían estremecer los latigazos sobre su espalda. te pedimos que sepamos compartir con los más débiles sus sufrimientos, sus dolores; que asumamos nuestras penalidades pensando en los que tienen que soportar mucho más que nosotros. Que, como tú, nuestro sufrir esté unido al de Jesús como elemento redentor del mundo. Amén.
María, dolorosa en el silencio, ruega por nosotros...
Tercer misterio: Jesús coronado de espinas
Monitor: El camino doloroso de Jesús hacia la muerte continúa. Para mayor vergüenza, ahora le coronan de espinas. Su realeza es objeto de burla y mofa. No hay sitio en su cuerpo para tanto dolor, y su cabeza se convierte en un hervidero de dolor punzante. El dolor de María crece ante el abandono y la burla que sufre Jesús.
Reflexión: Remedando una de las frases de Jesús: “Yo soy rey!” a alguien se le ocurre la idea de coronarle, pero coronarle con espinas. Un manto sucio y un cetro de caña rematan los símbolos de su realeza. En su cabeza se juntan muchos dolores. El dolor físico y cruel que cada punzada le daba no era nada comparado con el otro dolor que le causaban otras espinas. Las espinas del abandono de los suyos, de sus amigos... Él les había dado todo hasta entregarse a ellos en alimento. Ellos le pagan su generosidad con la huida. Las espinas de la traición. Era otra de las espinas que más le dolía. No fue un extraño, sino uno de sus amigos, el que manchó su amistad, con la traición. Las espinas de la negación. Precisamente los que aparentaban mayor fortaleza y seguridad se rindieron ante las preguntas de quienes aseguraban conocer su relación con el maestro. Tarde, pero con todo su sentimiento y arrepentimiento y durante toda su vida, lloraron su mentira. Qué fácilmente se vuelve la espalda a los compromisos cuando llega el momento de demostrar la coherencia de nuestros actos. Una a una se fueron clavando las espinas en su cabeza. Dolor y sangre se mezclaron atizando el deseo de burla y venganza de unos pocos que, sin saber lo que hacían, torturaban al Salvador de los hombres.
La palabra de Dios
Los soldados del gobernador llevaron a Jesús a la residencia y reunieron alrededor de él a toda la compañía. Lo desnudaron y le echaron encima un manto escarlata; después trenzaron una corona de espino, se la pusieron en la cabeza y en la mano derecha una caña. Doblando la rodilla ente él, le decían de burla: ¡Salud, rey de los judíos!. Le escupieron, le quitaron la caña y le pegaron en la cabeza. Terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y se lo llevaron para crucificarlo. Pedro estaba sentado fuera, en el patio; se le acercó una criada y le dijo: “También tú estabas con Jesús el Galileo”. Él lo negó delante de todos, diciendo: ¡No sé de qué me hablas!”. Y en seguida cantó le gallo. Pedro se acordó de las palabras de Jesús: “Antes de que cante el gallo me negarás tres veces”. Y saliendo fuera, lloró amargamente.
Dichosa, María, que sufriste, porque has recibido el consuelo... Dios te salve, María... Dichosa, María, que tuviste hambre y sed de justicia, porque has sido saciada... Dios te salve, María... Dichosa, María, que fuiste limpia de corazón, porque estás contemplando a Dios... Dios te salve, María... Dichosa, María, que trabajaste por la paz, porque eres llamada la hija de Dios... Dios te salve, María... Dichosa, María, porque creíste que Dios realizaría en ti grandes maravillas... Dios te salve, María...
Intenciones para la plegaria común
Se contesta: “Escúchanos, María”.
María, te pedimos por los que gobiernan el mundo..., para que hagan de su poder un acto de servicio a los demás. Oremos... María, te pedimos por los que sufren la opresión, el abuso y la intolerancia... para que sientan el amor de los demás que les ayuda y les anima. Oremos... María, te pedimos por los que están o se sienten esclavizados... para que Jesús rompa las cadenas que les hacen ser esclavos. Oremos...
Oración final
María, tú que sufriste el dolor, la experiencia de la emigración, la pérdida de tu hijo, las incomprensiones hacia Jesús, los insultos a tu hijo..., haznos solidarios con los que sufren y redentores con nuestro dolor. Que comprendamos la dimensión que el dolor da a las cosas, que asumamos el dolor en nuestra vida como algo inseparable de nosotros para poder llegar a la luz de la resurrección. Amén.
María, mujer fuerte, ruega por nosotros...
Cuarto misterio Jesús con la Cruz a cuestas
Monitor: Todo se va cumpliendo, paso a paso. Los gritos de los que piden su condena han sido escuchados. El hombre justo va a morir en una cruz, pero antes tendrá que “pagar” aún más, llevando él mismo el madero hasta la cumbre del Calvario. Esta condena produce en el corazón de María una nueva sacudida y es una prueba más de su entereza.
Reflexión: Los designios del Padre se van cumpliendo puntualmente. En los días pasados Jesús ha soportado en sus carnes toda clase de vejaciones, humillaciones, injurias, insultos y sufrimientos. Las voces de ¿crucifícalo, crucifícalo! han sido escuchadas y han colocado sobre los hombros doloridos de Jesús una pesada cruz. Empieza la cruel subida. A cada paso, la cruz se hace más pesada, el camino se hace interminable. La debilidad, el sufrimiento y el peso del madero hacen que caiga una y otra vez. Los golpes del látigo del soldado se multiplican sobre su espalda maltratada y le obligan a levantarse. Durante su duro caminar, la senda que conduce al Calvario se ha ido llenando de curiosos que jalean con sus gritos el paso lento del condenado a muerte. De entre ellos una mujer sale a enjugar su sangre y su sudor. Más allá otro grupo se lamenta con pena de la injusticia que han hecho con Jesús. Y hasta un extranjero es obligado a relevar a Jesús y a llevar la cruz al ver las repetidas caídas y la impotencia dl esfuerzo. Jesús ya sólo tiene fuerzas para callar y aceptar su sufrimiento como elemento redentor para los hombres.
La palabra de Dios
Y con esto se hicieron cargo de Jesús. Él, llevando a cuestas su cruz, salió para el lugar que llaman la Calavera. Mientras lo conducían, echaron mano de un tal Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron con la cruz para que la llevase detrás de Jesús. Lo seguía gran gentío del pueblo y muchas mujeres que se golpeaban el pecho y gritaban lamentándose por él. Jesús se volvió hacia ellas y les dijo: “Mujeres de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad mejor por vosotras y por vuestros hijos, porque mirad que van a llegar días en que digan: “Dichosas las estériles, los vientres que no han parido y los pechos que no han criado”. Entonces pedirán a los montes: “Desplomaos sobre nosotros”, y a las colinas: “Sepultadnos”, porque si con el leño verde hacen esto, con el seco, ¿qué no harán?. Conducían también a otros dos malhechores para ajusticiarlos con él.
Virgen de los Dolores, tú fuiste capaz de salir al encuentro de tu Hijo, cargado con la Cruz... Dios te salve, María... Virgen de los Dolores, tú acompañaste a tu Hijo en el abandono en el que le dejaron sus discípulos... Dios te salve, María... Virgen de los Dolores, tú sufriste en tus sienes la corona de espinas que punzaba la cabeza de tu Hijo... Dios te salve, María... Virgen de los Dolores, tú sentiste el alivio del lienzo amigo de la Verónica y de la ayuda del Cirineo... Dios te salve, María... Virgen de los Dolores, tú sentiste el dolor que los clavos causaron en las manos y los pies de tu Hijo... Dios te salve, María...
Intenciones para la plegaria común
Se contesta: “Escúchanos, María”
María, te pedimos por los que sufren la cruz de la enfermedad... para que la lleven con paciencia y resignación. Oremos... María, te pedimos por los que sufren la cruz de la incomprensión y el olvido... para que sientan el calor del cariño y del amor de los demás. Oremos... María, te pedimos por los que sufren la cruz del racismo y la intolerancia... para que se sientan queridos por el Dios que sólo mira el corazón. Oremos... María, te pedimos por los que sufren la cruz de la pobreza... para que la generosidad de muchos llegue a sus vidas. Oremos... María, te pedimos por los que sufren la cruz de la guerra... para que su testimonio sea un camino que lleve a una paz duradera. Oremos...
Oración final
María, una vez más acudimos a ti para pedirte por las personas que sufren, por aquellos a los que la vida les muestra el lado más amargo, más duro, más cruel. Te pedimos por ellos, para que les des fuerza, ilusión, esperanza... Te pedimos por nosotros, para que nos enseñes a compartir con nuestros hermanos necesitados el pan y el cariño, la alegría y el sufrimiento, como buenos hermanos. Amén.
María, Madre de los pobres, ruega por nosotros...
Quinto misterio: La crucifixión y muerte de Jesús
Monitor: Jesús grita con voz potente: “Todo se ha cumplido”. Así acaba su peregrinar por la vida; un peregrinar anunciando de palabra y de obra la nueva noticia del amor de Dios a los hombres. Amor que culmina con la entrega de su vida. Y en la cruz encontramos nuestra herencia: Jesús nos entrega por madre a la suya y ella nos acoge como hijos.
Reflexión: Ya ha llegado a la cima del monte. Con rapidez y brutalidad desgarran su túnica, le desnudan y le tumban sobre la cruz. Extienden sus manos y sus pies para clavarlos en el madero. Cada golpe de martillo resuena en su cabeza y le estremece de dolor. Una vez sujeto en la cruz, la levantan, la introducen en un hoyo y la apuntalan. Jesús, desde la cruz, intenta abrir sus ojos cansados y doloridos para contemplar el mundo, ese mundo por el que está dando hasta la última gota de su sangre. Ve a los soldados que pelean por quedarse con sus ropas. Más allá un grupo de personas aún siguen desatando su odio, su envidia y su rencor hacia él y continúan insultándole. A su lado han crucificado también a dos bandidos. Al pie de la cruz descubre, cómo no, a su madre. María está abrazada a los pies de su hijo y le mira mientras se traga su dolor con sus lágrimas. Uno de sus amigos, Juan, la acompaña. Se hace el silencio y Jesús aprovecha para darnos el mejor de sus regalos, su madre: “¡Madre, ahí tienes a tu hijo; hijo, ahí tienes a tu madre!”. Con dolor, María tuvo a su hijo Jesús en Belén; con dolor también tiene a sus nuevos hijos en el Calvario. El silencio se hace más profundo, las nubes pintan el cielo de gris. El corazón de Jesús se acaba de romper del todo. Otro corazón, el de María, ha sido atravesado por la espada de dolor que un día le anunciaron. Todo se ha terminado: “¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!”.
La palabra de Dios
Cuando llegaron al lugar de la Calavera, los crucificaron allí, a él y a los malhechores, uno a su derecha y otro a su izquierda. Cuando crucificaron a Jesús, los soldados repartieron su ropa en cuatro lotes, uno para cada uno, dejando a parte la túnica. Era una túnica sin costura, tejida de una pieza de arriba abajo. Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, la hermana de su madre, María de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a su madre y a su lado al discípulo preferido, dijo Jesús: “Mujer, ese es tu hijo”. Y luego al discípulo: “Esa es tu madre”. Desde entonces el discípulo la tuvo en su casa. Cuando tomó el vinagre, dijo Jesús: “Todo se ha cumplido”. Y reclinando la cabeza, entregó su espíritu.
Madre Dolorosa, el silencio es a menudo la única actitud válida ante el final de la vida... Dios te salve, María... Madre Dolorosa, el silencio es el ambiente donde crecen las experiencias del amor... Dios te salve, María... Madre Dolorosa, tú has sentido el abandono del Padre y de los hombres, al pie de la Cruz... Dios te salve, María... Madre Dolorosa, tú que has conocido la soledad, no abandones a los enfermos, a los ancianos, a todos los que sufren... Dios te salve, María... Madre Dolorosa, tú que has vivido la noche fecunda de la Resurrección, enséñanos a vivir la vida con alegre esperanza...Dios te salve, María...
Intenciones para la plegaria común
Se contesta: “Escúchanos, María”
María, te pedimos por los que ayudan a llevar la cruz de los demás... para que su testimonio sea apreciado y seguido por muchos. Oremos... María, te pedimos por los que tienen próxima su muerte... para que la esperanza de una nueva vida anime su caminar doliente. Oremos... María, te pedimos por los que no creen en la otra vida... para que la vean como una consecuencia de su paso por el mundo. Oremos... María, te pedimos por todos nosotros... para que demos sentido pleno a nuestra vida. Oremos...
Oración final
María, al pie de la cruz, nos acogiste como hijos y nosotros te tomamos por madre. Hoy queremos, bajo la última mirada de Jesús, proclamar nuestro compromiso de ser buenos hijos para tan buena madre; nuestro compromiso de dar un poco de amor a quien supo entregar el suyo por entero. Queremos sellar con nuestro hechos lo que en la cruz se selló con la sangre de Jesús. María, gracias por ser nuestra madre y por querernos tanto. Amén. |
