Tú puedes rezar,

¿por qué no?

 

Tal vez llevas muchos años sin rezar. No te sale.

De niño te enseñaron a recitar el padrenuestro,

el avemaría y hasta el rosario. Probablemente

has repetido durante algunos años esas oraciones,

pero luego lo has ido dejando. La verdad es que no te decían gran cosa. Ahora tienes la impresión de que no sabes hablar con Dios. ¿Qué puedes hacer?

Si te parece, vamos a comenzar aclarando algunas cosas.

 

«¿Rezar?, ¿para qué?». Seguro que lo has pensado más de una vez: ¿para qué sirve rezar?, ¿no es perder el tiempo? Solo merece la pena aquello que nos va a ser útil para algo. Mucha gente piensa así: ¿para qué le quiero yo a Dios?, ¿es que me va a resolver los problemas?, ¿me va a dar de comer?, ¿me va a asegurar el trabajo?, ¿para qué me voy a dirigir a alguien que no me sirve para nada?

 

No les falta razón. Dios no está ahí para resolvernos los problemas como por arte de magia. Pero la vida es mucho más que todo eso. Dime la verdad: ¿no has necesitado tú nunca fuerza y ánimo para enfrentarte a los problemas?, ¿no has tenido nunca necesidad de sentirte comprendido y perdonado?, ¿no necesitas a veces más paz interior?, ¿nunca has sentido necesidad de dar gracias por la vida?

 

A lo mejor la oración «sirve» para todo esto, pero tú no lo has descubierto todavía.

«¿Rezar? No tengo tiempo». No lo dicen solo algunas personas. Son muchos los que hablan así. No tienes tiempo para orar. Vives ocupado en muchas cosas. ¿Cuándo vas a encontrar un momento de calma para estar tranquilamente con Dios? Entiendo muy bien lo que sientes. A mí me pasa algo parecido. Pero no es verdad. Siempre tenemos tiempo para lo que realmente nos interesa.. ¿No te parece que, cuando decimos que no tenemos tiempo para

orar, estamos diciendo que en el fondo Dios no nos interesa mucho?

 

Tú, sabrás cómo quieres vivir, pero si nunca tienes tiempo para estar a solas con Dios, nunca te encontrarás profundamente contigo mismo. No vivirás desde dentro. No cambiarás. ¿Dónde se alimentará tu fe? ¿Dónde se sostendrá tu vida?

 

«¿Rezar? ¿Cómo se hace eso?». A muchas personas les he oído decir que no saben rezar, que nadie les ha enseñado. Tal vez también tú sientes algo de esto. No sabes cómo comunicarte con Dios. Te sientes bloqueado por dentro. Eres capaz de hablar con todo el mundo, pero, si te quedas a solas con Dios, no sabes qué hacer.

 

¿Por qué te sucede esto? Sin duda necesitas alguna orientación para aprender a «estar con Dios». Pero, si me dejas, te voy a hacer una pregunta sencilla, aunque decisiva: ¿no será que tienes miedo a verte tal como eres?, ¿no será que tienes miedo a ver con claridad los cambios que deberías introducir en tu vida? Te lo digo porque a mí me pasa algo de esto, y he leído hace unos días que Teresa de Jesús experimentaba lo mismo: «Me espanto de ver en la oración tantas verdades y tan claras». «¿Es fácil rezar?». Rezar es tan sencillo que puede hacerlo cualquier niño pequeño. Pero puede ser tan difícil que hay muchísimas personas incapaces de elevar su corazón a Dios para comunicarse con él. Cada día lo veo con más claridad: para hablar con Dios hay que despertar al «niño que llevamos dentro».

 

Es conmovedor leer el Diario de Miguel de Unamuno y descubrir sus luchas por recuperar la fe. Con toda honestidad explica lo que le ha pasado: «Maté mi fe por querer racionalizarla... Con la razón buscaba un Dios racional, que iba desvaneciéndose por ser pura idea... y no sentía al Dios vivo, que habita en nosotros... Al rezar reconocía con el corazón a mi Dios, que mi razón negaba». Más adelante dice que recuperó la fe porque «me refugié en la niñez de mi alma». ¿No te parece que para reavivar la fe es importante aprender a rezar?

 

Agranda la puerta, Padre, porque no puedo pasar.

La hiciste para los niños,

y yo he crecido a mi pesar.

Si no me agrandas la puerta,

Achícame, por piedad,

vuélveme a la edad bendita

en que vivir es soñar.

 

MIGUEL DE UNAMUNO

Cuadro de texto: Caminando hacia Dios 6