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Misa funeral mujer creyente A quien se ha atendido y cuidado
Recibimiento en la puerta de la Iglesia
Acogemos aquí, a la entrada de la Iglesia, el cuerpo sin vida de N_____ El día de su bautismo también N_____, fue acogida a la puerta del templo. En esta última visita a la Iglesia repetimos aquella escena. La acogemos y la acompañamos procesionalmente hacia el altar, donde celebraremos la muerte y la resurrección de Jesús y asociaremos a ella la muerta de N_______
Monición de entrada
Hermanos, nos reunimos hoy para despedir cristianamente a _______. Unidos la familia, sentimos una gran tristeza; porque se encoge el corazón al decir adiós a alguien querido, a quien hemos tenido como amiga y hermana. Pero nos anima una gozosa esperanza, como la que ella mantuvo en su vida, a pesar de los contratiempos y sinsabores que tuvo que afrontar... Dios aunque a veces le sintamos lejano, camina a nuestro lado y nos da la fuerza y la serenidad para afrontar las dificultades... Ese Dios que estuvo a su lado se le va a hacer presente ahora en toda su plenitud y con Él y en sus manos la dejamos confiados... Él cuidará de ella como nosotros no hemos sido capaces... En sus manos la dejamos confiados.
Rito de la luz
Hay presencias que ya sólo son posibles con gestos. Al encender el Cirio, signo de Cristo Resucitado para los creyentes, confesamos nuestra fe y la fe que N______, profesó. En este momento de oscuridad y de tristeza, necesitamos encender la llama de la fe y de la esperanza, esta luz que representa a Cristo Resucitado…
Que su luz ilumine a nuestra hermana (o) hasta el encuentro con Dios, y que a nosotros nos dé la confianza de que se halla en buenas manos y que su destino, como el nuestro, no es la muerte sino la vida junto a Dios.
Acto penitencial
Con esta confianza en otra vida después de la muerte, nos disponemos a reconocer nuestras debilidades, invocamos al Resucitado y le pedimos que nos fortalezca.
Tú, que sufres con nosotros y nos acompañas en el dolor. SEÑOR, TEN PIEDAD… Tú, que nos recuerdas que aún en el sufrimiento es posible confiar en Dios. CRISTO, TEN PIEDAD… Tú, que nos impulsas a compartir nuestro tiempo y nuestra ayuda con los que sufren. SEÑOR, TEN PIEDAD…
Oración colecta
Dios, nos cuesta hoy aceptar que morir es con mucho lo mejor. Abrimos la puerta de la fe para creer que ahora no comienza la nada para N____, sino que la vida sigue para ella de otra manera. Dios, creemos que tus manos están allí donde no llegan nuestras manos. Creemos que tu presencia aparece allí donde a nosotros se nos roba la presencia de N____ Ahora, Señor, N____ es más tuya que nuestra. Ése es nuestro consuelo. Acógela, y a nosotros danos fuerza para vivir el presente con confianza. Te lo pedimos por NSJ….
Escuchamos la Palabra
Monición a las lecturas
San Pablo nos aconseja no afligirnos como los que no tienen esperanza, porque la fe en Cristo resucitado es garantía de que a los que mueren, Dios los llevará con él. Recobrado así nuestro ánimo rezamos confiados: “Pues los que esperan en Ti no quedarán defraudados”...
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses
Hermanos, no queremos que ignoréis la suerte de los difuntos, para que no os aflijáis como los hombres sin esperanza. Pues si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo, a los que han muerto, Dios, por medio de Jesús, los llevará con él. Y así estaremos siempre con el Señor. Consolaos, pues, mutuamente con estas palabras.
Palabra de Dios
Salmos
Salmo22
Adaptación
Señor, tú eres nuestro pastor cuando la vida es plenitud y en la hora de la muerte.
Tú conduces ahora a N. hacia las fuentes tranquilas, tras la tarea de la larga jornada.
Tú llevas ahora a N. por el sendero que no conocemos a la casa que le tienes preparada junto a quienes vivieron abiertos a la luz de tu palabra.
En este momento de «cañadas oscuras» para nosotros queremos confesar: Nada temo, porque tú estás ahí, donde no veo nada. ¡Nos da tanto miedo lo desconocido! ¡Sabemos tan poco de lo que nos espera! Sólo ponemos en ti nuestra confianza. Sólo sabemos, Señor, que tu recuerdo nos sosiega, que tus brazos nos esperan y acogen para habitar contigo por años sin término.
Señor, sienta en tu mesa a N. Perfúmale con tu cariño y que tu bondad y tu misericordia lo rodeen de felicidad.
+ Lectura del evangelio según san Juan
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «ha llegado la ahora de que sea glorificado el Hijo del Hombre». Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí estará también mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará.
Palabra del Señor
Homilía Funeral
Nadie sabe cómo tratar a la muerte. Qué decir ante ella. Lo único que se nos ocurre a los hombres de hoy es ignorarla. No hablar de ella. No pronunciar el nombre de las enfermedades que son incurables... No nos atrevemos a mirar la vida hasta el fondo. Preferimos vivir intensamente. Vivir al día. Trabajar, luchar, disfrutar, asegurar nuestro futuro y el de nuestros hijos... Pero, en el fondo, sabemos que no estamos asegurando nada de manera definitiva. Sabemos que la muerte está ahí. Que tarde o temprano va entrando en todos nuestros hogares y nos va arrancando a los seres más queridos. Que está cada día más cerca de cada uno de nosotros. Y entonces hay algo que se nos rebela desde muy dentro. ¿Por qué? ¿Por qué hay que envejecer? ¿Por qué hay que morir? Si desde lo más íntimo de nuestro ser sentimos que estamos hechos para vivir, para gozar, para disfrutar... Entonces nos invade por dentro una tristeza grande. Y sentimos impotencia y pena. La vida debería ser distinta para todos. Más hermosa, más feliz, más segura, más gozosa, más larga... En el fondo, todos estamos anhelando una vida feliz y eterna. Por eso, la muerte nos desconcierta, nos rompe. Y nos obliga a recordar esa pregunta que está latente en el fondo de nuestros ser: ¿Qué va a ser de todos y cada uno de nosotros? ¿En qué van a quedar todos nuestros esfuerzos y trabajos, nuestras luchas y aspiraciones, nuestros anhelos y esperanzas? Yo comprendo a los que, entre nosotros, dicen que han perdido la fe y piensan que ya es hora de aprender a vivir sin Dios. Les comprendo porque quizás mirándonos a los que nos decimos creyentes, no pueden descubrir toda la alegría, la fuerza y la esperanza que Dios puede infundir al que se enfrenta a la vida desde la fe. Pero qué diferente, qué triste debe ser tener que morirse sin esperar nada, sin poder confiar ya en nadie, sin tener a nadie que nos acoja. N... ha sido creyente. Hemos visto como alimentaba su fe en esta Comunidad... Y a pesar de sus sufrimientos y sinsabores no perdió nunca su confianza en Dios. Y ese Dios no le abandonó, aunque así nos lo pudiera parecer estos últimos años... Algunos de nosotros sí, pero Dios nunca la dejó. Ese Dios se le hizo cercano en esas personas que la cuidaron y la atendieron durante su enfermedad: ______________________ Fuisteis la caricia y la ternura de Dios para esta mujer. Y aunque a veces os preguntarais si lo que hacíais tenía sentido o ¿por qué Dios prolonga la vida de una persona en esas condiciones? O aunque a veces pensarais que la muerte en estos casos es un alivio... Los camino de Dios son muy diferentes a los nuestros. Tantos momentos lavando, vistiendo, acostando, dando de comer a esta mujer, cuya mente no funcionaba, pero su corazón seguía emitiendo mensajes de agradecimiento y de felicidad con su sonrisa y su cara... Hoy podemos agradecer a Dios y a esta mujer, por lo que nos ayudan a valorar las cosas verdaderamente importantes de la vida. Hay mucha hermosura por descubrir detrás de muchas situaciones aparentemente sin sentido. Es necesario agudizar la vista y el corazón para descubrir esa hermosura y mostrarla en un mundo como el nuestro, tan débil y tan lleno de tristeza.
Vamos a pedir a Dios que acoja a N... con su ternura y bondad infinita. Que Dios la haga disfrutar del gozo, el descanso y la plenitud que en esta vida no ha podido gozar. Que Dios llene su corazón de una alegría eterna y le sorprenda con una felicidad que ni ella ni nosotros podemos sospechar. Y damos gracias en nombre de toda la comunidad a todos los que la acompañasteis hasta el último de sus días, para que estuviera atendida y cuidada... Dios también se ha hecho presente a esta mujer a través de todos vuestros cuidados y atenciones... Ahora es él quien directamente se ocupara de nuestra hermana para que viva junto a él feliz para siempre.
Oración de los fieles
Elevemos al Señor súplicas en este momento religioso de oración y de celebración.
1. Por la Iglesia, para que sepa manifestar razones para vivir y para morir a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Oremos. 2. Por N., que vivió creyendo y esperando mientras peregrinaba con nosotros hacia la casa del Padre. Oremos. 3. Por _____ y demás familia, para que en fe y en esperanza vivan estos momentos de visita de la muerte. Oremos. 4. Por los que mueren sin tener que morir; por los que mueren sin tener calor y cariño cercanos; por los que mueren no cuando les tocaba, sino cuando les matan; por ese misterio que a todos nos toca y nos sobrecoge de la muerte... Oremos. 5. Por nosotros que estamos aquí, para que el acontecimiento de la muerte nos haga pensar en la vida y en esas preguntas importantes que cada uno se plantea alguna vez. Oremos.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Oración sobre las ofrendas
Mira, Señor, con bondad las ofrendas que te presentamos por tu sierva N___ y recíbela en la gloria con tu Hijo Jesucristo, al que nos unimos por la celebración del memorial de su amor. Por Jesucristo nuestro Señor...
Prefacio
- El Señor esté con vosotros... - Levantemos el corazón... - Demos gracias al Señor nuestro Dios...
Señor de la vida y de la muerte, Padre de nuestro Señor Jesucristo, venimos a darte las gracias, porque nos has creado, nos has llamado a la vida y nos has prometido una nueva vida, después de la muerte. Muchas veces nos rebelamos contra Ti, porque nos duele la separación de nuestros seres queridos y nos cuesta pasar el trago amargo de la muerte. Pero Tú jamás nos abandonas y nos has dejado un guía en nuestro camino: la luz de Jesús Resucitado. Desde entonces sabemos que el hombre que ama no muere, que el justo vivirá para siempre. Una vez más, queremos renovar nuestra esperanza de llegar un día a tu presencia y unimos a tus santos del cielo para entonar el himno de tu gloria diciendo:
Santo, Santo, Santo...
Nos damos la paz
Que nuestras lágrimas, querida familia, se enjuguen un poco con la paz que nos deseamos unos a otros y, sobre todo, con la paz del Señor. Como hijos de Dios, nos damos fraternalmente la paz…
Compartimos el pan
El pan de la eucaristía es el fruto del grano de trigo, Cristo, roto en el surco de la cruz y florecido en resurrección. Dichosos los que comen de este pan que es siembra de vida eterna. Dichosos los llamados a la Mesa del Señor...
Despedida
Señor de la vida y de la muerte: hoy te damos gracias porque pusiste en el camino de nuestra vida la vida de N. Con sus luces y sus sombras, ha sido a nuestro lado señal de tu presencia, palabra de tu Palabra, gesto continuo del Reino cuando callaba, perdonaba, sonreía, empujaba, animaba, lloraba... o cuando, débil, caía y pedía perdón. Padre, ha sido un don para nosotros y te damos gracias porque tú, ahora, la llenarás de tus dones en esa «casa» para siempre donde ya mora con los que nos precedieron.
Como expresión de esa fe que nos anima, rociamos sus restos con el agua bendecida, signo de su dignidad de hija de Dios… Pedimos que esta agua haga fértil los restos mortales de nuestra hermana…
Y cantamos nuestra fe en que un día nos encontraremos con ella en la paz de Dios….
Oración
Su largo camino ha terminado en la muerte, a la sombra de la paz de Cristo. Nuestra oración común le pone, Señor, a nuestro hermano/a en tus manos. ¡Acógelo con cariño! Nació a tu vida un día lejano, en el bautismo. Muchas veces, le encontraste en tu mesa, comiendo en la Eucaristía a tu Hijo. Ahora te pedimos una cosa más para él. ¡Admítelo en tu reino! ¡Señálale un sitio en el banquete definitivo! ¡Creyó y espero en Ti! ¡Amó en tu nombre a sus hermanos los hombres! Y una cosa más para nosotros: Nos hemos separado de nuestro hermano... que la separación sea un ¡hasta luego! porque esperamos, con tu gracia, seguir el mismo camino y desembocar en el mismo mar: tu amor infinito.
Agradecimiento de la familia
Sólo cuando se pasa por el trance de la muerte de un ser querido, sólo entonces se es capaz de apreciar de verdad lo que supone la proximidad de los buenos amigos y de la buena gente como vosotros. Nos habéis servido de mucho. Como nos ha servido de muchísimo esta celebración para vivir desde la fe lo que ya creíamos desde el cariño: que la persona y la vida de N____ ha sido importante a nuestros ojos y a los ojos de Dios. Descanse en paz. Y gracias a todos.
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