Recibimiento en la puerta de la Iglesia

 

Hermanos: el Señor acaba de llamar de este mundo a nuestro hermano N… Su muerte os ha llenado de dolor. Pero en este momento triste, conviene que reafirmemos nuestra fe… Esa fe que nos asegura que Dios no abandona nunca a sus hijos. Jesús nos invita a la confianza: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré”. Con esta confianza pidamos por N… en esta celebración que como despedida le vamos a tributar. Y que a nosotros nos dé la esperanza de que volveremos un día a encontrarnos con él junto a Dios.

 

Oración

 

Recibe, Señor, a tu hijo N…,

que llega ahora a tu presencia.

Reconócelo como hijo tuyo,

llénalo de tu alegría

y que cerca de ti,

siga velando por todos nosotros

a quienes nos ha dejado

y que le seguiremos recordando

siempre con cariño.

Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

 

Monición de entrada

 

Hermanos: Hay momentos en que la vida nos golpea con una fuerte sacudida y nos hace salir de nuestra rutina y vulgaridad. Hoy es uno de esos momentos.

Hemos venido a orar por nuestra hermana (hermano) N., que nos ha dejado cuando aún le quedaba mucho por andar y disfrutar ...

Pero, antes de orar, necesitamos pensar, serenarnos y abrirnos al misterio que esta muerte representa.

¿Por qué? ¿Por qué razón una persona joven..., de quien tanto necesita su familia, ha sido llamada por Dios tan pronto? ¿Tiene este hecho alguna explicación?

Es legítima esta pregunta: es comprensible la inquietud que nos produce. Nos damos de bruces con el misterio de la vida y... de la muerte.

Como hombres y como cristianos necesitamos darnos una respuesta. Ojalá la encontremos en esta Celebración y podamos rezar con serenidad y confianza por nuestra hermana (hermano) N..

 

Rito de la Luz

 

Sentir que Dios nos ama y nos acoge, que se acuerda siempre de nosotros y nos conforta en los momentos duros de la vida, es algo que ilumina nuestra existencia. Por eso, ahora, encendemos este gran cirio que nos recuerda a Jesús resucitado.

 

(Se enciende el Cirio)

 

Canta...

 

Que la luz del Resucitado brille con gran resplandor,

que ella ilumine tus pasos hasta el encuentro con Dios.

 

Oración colecta

 

En tus manos, Señor,

ponemos la vida de N.

Tú penetras hasta donde nosotros

no podemos llegar.

En tus manos ponemos, Señor,

la vida de N.

Gracias por su vida.

Gracias por su muerte.

Descanse y repose para siempre

contigo, Señor.

Tú que vives y reinas….

 

Escuchamos la Palabra

 

MONICIÓN A LAS LECTURAS.

 

Vamos a escuchar ahora varios fragmentos de la Escritura. Se nos van a proponer ejemplos como el de Job; pese al dolor y el sufrimiento, ve la presencia solidaria de los amigos y de Dios. También vamos a escuchar cómo Jesús está presente en las situaciones de dolor y les da un sentido nuevo: el servicio a los demás.

 

PRIMERA LECTURA.

 

Lectura del Libro de Job. (1,20-22. 2,11-13)

 

Después de varias desgracias, Job se levantó, rasgó sus vestiduras, se rapó la cabeza y postrado en tierra, dijo:

"Desnudo salí del vientre de mi madre, desnudo allí retornaré.

El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó; bendito sea el nombre del Señor."

Tres amigos de Job se enteraron de todos los males que le habían sobrevenido y vinieron cada uno de su país. Juntos decidieron ir a consolarle.

Desde lejos alzaron los ojos y no le reconocieron. Entonces, rompieron a llorar a gritos. Rasgaron sus mantos y echaron polvo sobre sus cabezas.

Luego se sentaron en el suelo, junto a él, durante siete días y siete noches. Ninguno dijo una palabra, porque veían que el dolor era muy grande.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO RESPONSORIAL.

 

La última palabra ante el sufrimiento y el mal no la tenemos nosotros, sino que le toca a Dios. Por eso confiados en su ayuda, le cantamos (decimos):

Salmo…

 

Ant. El Señor es mi pastor, nada me falta:

en verdes praderas me hace recostar.

 

Señor, tú eres nuestro pastor

cuando la vida es plenitud

y en la hora de la muerte.

 

Tú conduces ahora a N.

hacia las fuentes tranquilas,

tras la tarea de la larga jornada.

 

Tú llevas ahora a N.

por el sendero que no conocemos

a la casa que le tienes preparada

junto a quienes vivieron abiertos

a la luz de tu palabra.

 

En este momento de “cañadas oscuras”

queremos confesar:

Nada temo, porque tú estás ahí,

donde nada vemos.

¡Nos da tanto miedo lo desconocido!

¡Sabemos tan poco de lo que nos espera!

Sólo ponemos en ti nuestra confianza.

Sólo sabemos, Señor, que tu recuerdo

nos sosiega, que tus brazos

nos esperan y acogen

para habitar contigo

por años sin término.

Señor, sienta en tu mesa a N.

Perfúmale con tu cariño

y que tu bondad y tu misericordia

lo rodeen de felicidad.

 

 

EVANGELIO.

 

Lectura del Evangelio de Jesús, según San Marcos. (1,29-34)

 

Un día fue Jesús con varios de sus amigos a casa de Pedro, y se encontraron con que la suegra de Pedro estaba enferma. Jesús se acercó a su cama, la cogió de la mano y la ayudó a levantarse. Enseguida se le pasó la fiebre y les preparó - de comer.

Al anochecer, cuando se puso el sol, le fueron llevando todos los enfermos de la aldea. La población entera se apiñaba junto a la puerta para ver a Jesús, y decían que Jesús era un profeta.

 

Palabra del Señor.

 

 

 

HOMILÍA

 

El Evangelio nos habla de numerosas curaciones que realizó Jesús, durante su corta vida en esta tierra.

Leyendo los relatos de curaciones, que son abundantes en el Evangelio, parece que hay un contraste entre Jesús y la enfermedad. ¿Por qué Dios, que es Padre, permite el sufrimiento... ?

La enfermedad y el sufrimiento siguen siendo, hoy, una realidad dura en nuestras vidas, con la que tropezamos a cada momento.

La medicina está dando fuertes avances, y va curando muchas enfermedades y aliviando el dolor de las personas enfermas.

Pero el enfermo se ve muchas veces solo, rodeado de técnica y de frialdad.

Tan necesario como el cuidado y la atención técnica-médica, es la compañía, el cariño de un ser querido, la mano amigable y cariñosa que se acerca y libra, de esa soledad y sufrimiento que padece un enfermo.

Aquí entra en juego, ya, nuestra respuesta como personas y como creyentes.

No todo el trabajo con los enfermos corresponde a los médicos y al personal sanitario. Cada uno de nosotros tenemos una buena tarea que realizar, junto al enfermo.

Y no sólo con esos enfermos graves y hospitalizados, sino también, y sobre todo, con enfermos crónicos, personas mayores que conviven con nosotros.

Muchas veces, más que una medicina, necesitan compañía, consuelo, cariño, alguien que les escuche y les atienda.

A nadie nos gusta tener a nuestros familiares enfermos y, menos aún, que se mueran. Pero a lo largo es una experiencia importante, algo que nos hace dar todo lo que tenemos por nuestros seres queridos y, a la vez, nos hace pensar que el hombre no será nunca dueño de la vida, porque la vida es un don de Dios y en nuestras manos, sólo está el aceptar su voluntad.

Todos hemos hecho lo humanamente posible por salvar la vida

N. . . . . . . . .. y lo hacemos por todos nuestros seres queridos. Pero sabemos que muchas veces eso no sirve. Ni Dios mismo nos puede salvar de la muerte de nuestro cuerpo, porque la salvación que Él nos ha prometido, va más allá de nuestras fronteras y tiene que pasar, necesariamente, por la dura prueba de la muerte.

Pero, lo que sí podemos y debemos hacer, es estar al lado de los que conviven junto a nosotros y sufren el azote del dolor, la enfermedad y la muerte.

Muchas veces, poco cuesta una palabra cariñosa, un rato de compañía, una mano amiga. Pero vale mucho.

Vamos a continuar esta Celebración en la que tenemos un recuerdo especial para los enfermos y los que sufren, por cualquier causa y para N. que ha muerto.

Delante de Jesús y de los demás, vamos a sentimos responsables, y vamos a intentar hacer lo que esté en nuestras manos.

Nos lo pide Jesús, que pasó su vida haciendo el bien, que pasó por la prueba del sufrimiento y la muerte en Cruz, pero, que Resucitó a una vida mejor y para siempre.

 

ORACIÓN DE LOS FIELES

 

Muchas veces los enfermos son alejados de sus familias y olvidados por sus amigos. Vamos a recordarlos a todos y pedir a Dios por ellos y por nosotros, diciendo:

Te lo pedimos, Señor.

 

a) Por los que sufren larga enfermedad, para que no les falte el cuidado de los médicos y el cariño de sus familiares y amigos. Oremos.

b) Por lo que lloramos la muerte de N., para que mantengamos la esperanza de volvernos a encontrarnos en el Hogar Común del

Padre, felices y para siempre. Oremos.

c) Por los médicos, enfermeras y personas buenas que atienden a

los enfermos, para que tengan fuerza y alegría para ayudar a los que sufren. Oremos.

d) Por todos nosotros, para que no olvidemos nunca a un ser querido, a un amigo, ni a nadie que sufre, Y estemos siempre a su lado. Oremos.

 

Señor, danos fuerza interior ante la enfermedad y el dolor; que nadie sufra por estar solo y olvidado. PJNS… Amén.

 

Oración sobre las ofrendas

 

Nuestras manos no han podido retener a N, en vida…

La vida ha seguido su camino hacia la muerte.

Señor, cuando ya N, no es nuestro

lo ponemos en tus manos,

que llegan donde las nuestras acaban.

Su corazón no late, no batalla por la vida

después de tantos afanes y sobre todo, después de tanto amar…

¡Cómo olvidar tantos detalles de amor…!

Aquí tienes, Señor, esta vida que a nosotros se nos fue

y que ya es sólo tuya. Es nuestra ofrenda.

Fue regalo tuyo para nosotros. Hoy te lo devolvemos

para que tú lo acaricies y lo guardes para siempre.

Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

PREFACIO A LA PLEGARIA

 

Te damos gracias, Señor,

porque tú te preocupas de nosotros cuando estamos sanos,

y cuando estamos enfermos.

Nos enseñas a estar junto al que sufre,

y a alegrar la vida del enfermo.

Tú nos tienes preparado un lugar en tu Casa,

donde no existe el dolor ni la enfermedad.

Además nos enviaste a tu Hijo, Jesús,

que a su paso por el mundo

nos enseñó a ser fuertes ante el dolor

y a estar junto al enfermo y al que sufre.

Nos unimos a los santos

y a las personas de buen corazón

para cantarte un himno de acción de gracias:

 

Santo, santo, santo…

 

 

PADRE NUESTRO.

 

Vivimos en medio de dolores y sufrimientos de todo tipo. Ahora estamos entristecidos por la muerte de N. Pero tenemos un Padre que nos acompaña y nos consuela. En sus manos depositamos nuestros sentimientos, diciendo.

Padre nuestro, que estás en el cielo...

 

GESTO DE LA PAZ.

 

El dolor y el sufrimiento nos impiden vivir en paz. Pero cuando nos ayudamos y consolamos mutuamente, las penas son menores. Vamos a pedir a Dios esa paz que nos trajo Jesús con su triunfo sobre la muerte.

Nos damos, como amigos y hermanos, la paz.

 

Despedida

 

Hemos celebrado el misterio pascual de Jesucristo, su paso de la muerte a la vida, con motivo de la muerte de N., nuestro hermano.

Al despedir a N., para depositar su cuerpo en la tierra, recordamos las palabras de Jesús: “No perdáis la calma. En la casa de mi Padre hay muchas estancias”…

Creemos que su última morada no es la tumba. Dios es nuestro destino; su Reino es nuestra casa.

Esta agua con que rociamos su cuerpo es símbolo de nuestra fe en la vida eterna que Dios le ha de conceder por su misericordia

 

(Mientras se canta se asperja el cadáver...)

 

Oración en silencio: Ahora, hacemos un silencio para que cada uno de nosotros hagamos nuestra oración personal de despedida a N.,

 

Oración de despedida

 

N. es la hora de la despedida definitiva,

de adiós que nos coloca un velo

que no podemos traspasar.

Antes de que este cuerpo tuyo

con el que nos comunicaste tu vida

y lo mejor de tu ser, se oculte a nuestros ojos…

Quiero en nombre tu familia decirte algo… que no sé

si te lo han dicho suficientes veces:

te debemos mucho…

y te queremos con toda el alma…

Un  gracias es poco.

Se nos queda corto, muy corto.

Hay pedazos de nuestra vida

que sólo se entienden gracias a ti…

Sin ti no seríamos lo que somos.

Tú vida es semilla en nosotros.

No sé si lograste saber todo lo que te queríamos,

todo lo que eras para nosotros y para muchos que te conocían.

Nos quedamos más tranquilos

diciéndotelo de nuevo ahora que nos dejas para siempre.

Te recordaremos.

Lo que has dejado clavado en nuestros corazones

es lo que ahora te hace no morir,

es la presencia que vivirá siempre en nosotros.

Vete con Dios. Es ya tu compañía.

Vete con Dios y queda con Él para siempre.

 

 

Agradecimiento de la familia:

 

Muchos habéis sido los que, durante la enfermedad de N., os habéis interesado por su situación y habéis estado cerca de él (de ella) y de la familia. Os lo agradecemos sinceramente. Extendemos nuestra gratitud a cuantos os habéis unido a esta celebración; y damos gracias de modo especial a Dios, que nos ha enviado su mensaje de consuelo y esperanza en esta eucaristía. Tanto sufrimiento de N., y tanta preocupación de la familia no han sido estériles, porque han fructificado en vida resucitada y feliz.

Cuadro de texto: Exequias 6

Persona querida, fallecida después de un tiempo de enfermedad