No os llamo siervos, a vosotros os llamo amigos

(Personas mayores, sencillas, que han tenido la suerte de tener alguien que les haya cuidado hasta el final)

 

Monición

Nuestro encuentro de hoy, en el templo, tiene un significado especial. Venimos a despedir a N., miembro de nuestro pueblo y de nuestra Parroquia.

Por eso, hoy nos reunimos junto a su  cadáver no sólo sus familiares y amigos, sino también los miembros de esta familia cristiana que es la Parroquia.

Algo nuestro se nos ha ido. Es comprensible nuestra pena por la separación. Pero, algo nuestro, mejor, alguien de nosotros estará en adelante más presente en medio de nosotros, intercediendo ante el Padre Dios por toda la Comunidad.

Celebramos con alegría esta llegada a la meta de nuestro hermano N., esta culminación de su vida en el gozo de la Resurrección.

 

Rito de la Luz

 

Junto al cuerpo, ahora sin vida, de nuestro hermano (nuestra hermana) N.,

encendemos, Jesús, este Cirio, símbolo de tu cuerpo glorioso y resucitado,

y esperanza de nuestra Resurrección.

 

(Mientras se enciende el Cirio, se canta un canto)

 

Que el resplandor de esta luz ilumine nuestra oscuridad

y alumbre nuestro camino de esperanza, hasta que lleguemos a ti, oh Claridad eterna,

que vives y reinas, inmortal y glorioso, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Oración

 

Señor, en este momento de dolor por la muerte de N.,

no sabemos qué decirte.

Nos aflige la honda pena de su separación.

El camino de su vida por este mundo ha llegado a su fin.

Tú le conoces y le amas.

Recíbelo en tu Reino de Paz y felicidad, y guía nuestros pasos,

para que un día lleguemos a reunirnos con él en tu presencia

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Escuchamos la Palabra

 

+ Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos

 

Hermanos:

Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios.

Habéis recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: “Abba! (Padre)”.

Ese Espíritu y nuestro espíritu dan testimonio, dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios; y, si somos hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, ya que sufrimos con él para ser también con él glorificados.

Sostengo, además, que los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá.

Porque la creación, expectante, está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios; ella fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por uno que la sometió; pero fue con la esperanza de que la creación misma se vería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

Porque sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto.

Y no sólo eso; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo.

 

                                                               Palabra de Dios

 

Salmo:

 

+ Lectura del santo evangelio según san Juan

 

Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.

Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido; y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure.

De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros.

 

                                                      Palabra del Señor

 

Homilía

 

Este texto que acabamos de proclamar dice, algo que ya conocemos todos, aunque no lo practiquemos: que lo importante en la vida es el amor. Que el resto es muy relativo... Pero por lo que luego diré, quisiera subrayar dos frases del evangelio que hemos leído.

La primera: “No os llamo siervos... a vosotros os llamo amigos”.

Jesús no llama siervo a nadie, porque él no es amo de nadie, no quiere mandar sobre nadie... Nosotros no entendemos muy bien esto, porque a nosotros sí que nos gusta mandar, aunque sea en cosas pequeñas, ponernos por encima del otro, tener más, gritar más fuerte... como si todo esto nos hiciera más personas.

Y digo estas cosas, ahora que estamos despidiendo a N., que, como muchos de nuestros mayores, no ha tenido grandes influencias... sino que su vida ha sido humilde y sencilla. Sencillez en la que viven tantas de nuestras personas mayores. Nos puede parecer que sus vidas no tienen ningún relieve, ninguna importancia. Pues nos equivocamos. La palabra de Jesús, le llama “amigo”... y nos hace ver que esta clase de personas encierran grandes valores de vida y de fe, aunque el mundo no los aprecie así....

Tenemos que dar gracias a Dios, por estos “amigos”, sencillos, nuestros mayores que son tierra buena para nuestra vida.

Y quiero subrayar una segunda frase que hemos leído: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por los amigos”...

Y es que llama la atención cómo N., ha muerto rodeado del cariño y del sentimiento de su familia que le habéis acompañado toda su vida y le habéis cuidado hasta el final.

En nuestros pueblos, habrá muchas deficiencias, no lo niego y a veces somos los primeros en ponerlas de manifiesto. Pero, ciertamente, hay un valor innegable; y es que, en general, nuestros mayores son bien atendidos hasta la muerte. Eso es algo impagable y un verdadero testimonio cristiano.

N., ha encontrado en vosotros, la familia de verdad que le ha querido y le ha cuidado. Eso no se paga con nada en el mundo y Dios sabrá daros el fruto que merecéis.

Vivamos esta celebración, con el sentimiento agradecido de que él (ella) ahora descansa en las manos de Dios. Y apreciemos siempre, el amor que se da a los sencillos: que los ancianos de nuestros pueblos nunca se vean solos; antes bien, sean respetados, apreciados y cuidados hasta el último de sus días. Así, haciendo más humana nuestra vida, haremos mucho más humana nuestra muerte.

 

Oración de los fieles

 

Si hemos acogido y creído la Palabra de Dios, podemos ahora dirigirle nuestras peticiones llenos de confianza.

 

Por la Iglesia, para que aprecie siempre a los sencillos y a los débiles. ROGUEMOS AL SEÑOR...

Por N., para que Dios le dé el abrazo que tiene reservado a sus amigos y le colme de alegría y de compañía para siempre. ROGUEMOS AL SEÑOR...

Por los que le han atendido en su vejez y en su enfermedad para que premie el Señor su obra de amor y de solidaridad. ROGUEMOS AL SEÑOR...

Por todos nosotros, para que no nos duela poner nuestra vida y nuestros bienes al servicio de los que lo necesiten. ROGUEMOS AL SEÑOR...

 

Señor, que en Jesús nos enseñaste a pasar por la vida haciendo el bien. Danos la fuerza de vivir de tal manera, que se pueda cumplir en nosotros el objeto de nuestra esperanza. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén

 

Oración sobre las ofrendas

 

Señor, da tu gloria

a esta mujer (este hombre) que ya no existe.

No podemos creer que su vida haya pasado en vano y que se haya perdido.

Nosotros compartimos la fe que le unió siempre a Ti hasta el fin,

a ti, su Dios y nuestro Dios, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

 

Prefacio...

 

El Señor esté con vosotros...

Levantemos el corazón...

Demos gracias al Señor nuestro Dios...

 

Señor de la vida y de la muerte,

Padre de nuestro Señor Jesucristo,

venimos a darte las gracias,

porque nos has creado,

nos has llamado a la vida

y nos has prometido una nueva vida,

después de la muerte.

Muchas veces nos rebelamos contra Ti,

porque nos duele la separación

de nuestros seres queridos

y nos cuesta pasar

el trago amargo de la muerte.

Pero Tú jamás nos abandonas

y nos has dejado un guía en nuestro camino:

la luz de Jesús Resucitado.

Desde entonces sabemos

que el hombre que ama no muere, que el justo

vivirá para siempre.

Una vez más, queremos renovar nuestra esperanza de llegar

un día a tu presencia

y unirnos a tus santos del cielo

para entonar el himno de tu gloria

diciendo:

 

Santo, Santo, Santo...

 

Padrenuestro

 

Un alto en el camino, en un día de marcha, para comer un trozo de pan y beber un trago, nos deja como nuevos. Recibimos nuevas fuerzas para continuar el camino. También, Dios, nos ofrece un Pan, que cambia el corazón, y un Vino que da fuerzas y anima a la hora de vencer las dificultades y el miedo. Se lo vamos a pedir en esta oración confiada, diciendo: Padre nuestro...

 

Nos damos la paz

 

Y pedimos hoy, más que nunca la paz. La paz y el descanso en sus brazos para N.,. La Paz y la amistad para los que aún seguimos caminando en esta vida. Nos damos, fraternalmente la paz...

 

Comunión

 

Dios nos regala un Pan que nos hace estar vivos. “El que come de este pan no morirá para siempre”. Dichosos los invitados a la Mesa del Señor...

 

Despedida

 

En esta hora de dolor, pero también de esperanza y de agradecimiento, dirijamos nuestra oración al Padre del cielo:

 

Te damos gracias, Señor, por tu hijo N.,  por el bien que hizo a lo largo de su vida; por la paz, la bondad y la amistad que sembró a su alrededor. Admítelo a contemplar la luz de tu rostro.

Te pedimos que no haya nada de su vida que perezca en el futuro; que lo que era santo, noble y justo para él sea respetado por los que le siguen en la vida; que lo que hizo de grande y de hermoso continúe vivo en nosotros.

Concédele, Señor, tu recompensa por todo el bien que ha hecho; sé tú mismo el consuelo para todos aquellos a quienes su muerte ha afectado más de cerca.

Que sus familiares y amigos y todos aquellos a quienes entristece esta separación, te den gracias, Señor, por haberle conocido y querido; y les consuele el pensamiento de que N., sigue viviendo junto a Dios y, también, cerca de todos los suyos.

 

Canto:

(Mientras tanto se asperja)

 

Oración:

Escucha, Señor, nuestra oración y escucha, también, todo aquello que nuestro corazón en este momento no sabe decir. Pronuncia sobre tu hijo N., tu palabra bendita, que redime y que libera. Haz que él te recuerde sin cesar el nombre de todos los suyos, como lo hace tu Hijo Jesucristo, que vive y reina contigo por los siglos de los siglos. Amén.

 

Agradecimiento de la familia

 

Toda esta celebración ha sido una hermosa acción de gracias. Y así queremos concluirla: dando gracias a Dios por el regalo de la persona y vida de N., y dándoos gracias a todos vosotros porque lo (la) habéis rodeado a él (ella) con vuestra estima y nos habéis acompañado a nosotros con vuestra amistad. Gracias.

Cuadro de texto: Exequias 
por una persona mayor
Cuadro de texto: