14.- Iniciar en la vida

cristiana

 

Llegar a ser cristiano es un regalo que parte de la

iniciativa de Dios: Él nos eligió en Cristo antes de

la creación del mundo, para que fuéramos su pueblo

 (Ef 1,4). Cada uno debe corresponder a ese don

divino recibido poniendo en juego todo su ser;

correspondiendo al Amor con amor: La aventura

de la fe es a un mismo tiempo: gracia de Dios y

acto humano, acogida y respuesta, pura misericordia

y lucha diaria: «Como si todo dependiera de nosotros, sabiendo que todo depende de Dios»

(Juan XXIII). Al comenzar esta reflexión nos preguntamos:

¿Cuáles son los objetivos fundamentales que se propone la catequesis para iniciar a la vida cristiana?

 

INICIAR EN EL CONOCIMIENTO

DEL MISTERIO DE CRISTO

 

El primer objetivo de la catequesis es dar a conocer a Jesucristo: No podemos llamar catequesis a todas las acciones en las que se halla presente algún elemento cristiano. La catequesis tiene un fin muy concreto: la maduración en la fe. Esta maduración se alcanza por la progresiva asimilación de la persona de Jesús. Jesús es el contenido esencial de la catequesis (San Enrique de Ossó). Pues: No hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos (Hch 4,12), sino el nombre de Jesús (CEC, Prólogo). El que se encuentra con Cristo quiere saber más de Él. Desea conocer su persona, su vida y su mensaje. La vida cristiana es, antes que nada, adhesión a una persona, y esa persona

es Jesucristo: En el centro de la catequesis encontramos esencialmente una Persona, la de Jesús de Nazaret, Unigénito del

Padre, que ha sufrido y ha muerto por nosotros y que ahora, resucitado, vive para siempre con nosotros (CEC 426).

La catequesis debe explicar, de manera orgánica y sistemática, todo el misterio de la salvación revelado en Cristo: Catequizar es... descubrir en la Persona de Cristo el designio eterno de Dios (CEC 426). Esta enseñanza debe ser básica y suficiente para que el cristiano viva toda su existencia en referencia a la fe y pueda dar razón de ella en el mundo: La comunión con Jesucristo, por su propia dinámica, impulsa al discípulo a unirse con todo aquello con lo que el propio Jesucristo estaba profundamente unido: con Dios, su Padre, que le había enviado al mundo, y con el Espíritu Santo, que le impulsaba a la misión; con la Iglesia, su Cuerpo, por la cual se entregó; con los hombres, sus hermanos, cuya suerte quiso compartir (DGC 81).

La catequesis incluye como elemento esencial de su enseñanza: La narración de la historia salvífica, la entrega del Credo, y la explicación doctrinal del mismo (CA 126).

 

INICIAR EN LA CELEBRACIÓN DE LA FE

 

El conocimiento de la fe lleva necesariamente a la celebración de la fe. Lo aceptado por la fe pide ser celebrado en la comunidad cristiana: Por eso es importante que, a lo largo del proceso

catequético, los cristianos puedan iniciarse en los diferentes tipos de celebración litúrgica, capacitándose para participar después activamente en ella en la vida de la comunidad cristiana (CA 180).

Es, pues, importante hacer una iniciación litúrgica que cultive los siguientes aspectos: la sensibilidad a los símbolos, la utilización del cuerpo como medio dúctil de expresar nuestro interior, la escucha vivencial de la Palabra, el silencio en uno mismo (CA 130).

En la catequesis que inicia a la celebración de la fe y a la fiesta cristiana debe cuidarse la educación del tiempo sagrado: el domingo, como día en que los creyentes alaban al Señor sin la preocupación del trabajo; el año litúrgico, como celebración de los misterios de Cristo a lo largo del ciclo anual (CA 130).

Es, sobre todo, en la participación de la Eucaristía, fuente y cumbre de la vida cristiana, donde el catequista encontrará la comida y bebida necesarias para confirmar su fe en el Dios re- velado en Jesucristo; sostener la esperanza en la vida eterna; y vivificar la caridad comprometida activamente en el servicio a

los hermanos (cf. TMA 31).

 

INICIAR EN EL SEGUIMIENTO DEL SEÑOR

 

El que se ha encontrado con Cristo debe seguirlo y adoptar su estilo de vida. El conocimiento de Jesucristo debe llevar al seguimiento de su Persona fruto de la conversión al nuevo modo

de vida inaugurado por el Evangelio.

La catequesis lleva al conocimiento de las exigencias de la vida en Cristo. El catequizando emprende un camino espiritual por el que, participando ya por la fe del misterio de la muerte y de la resurrección, pasa del hombre viejo al hombre nuevo en Cristo (AG 13).

El nuevo comportamiento no es fruto de un moralismo, sino que hunde sus raíces en la llamada personal de Dios que invita a vivir en comunión de vida y amor con Él: Tú, sígueme (Jn 21,20).

La catequesis de la «vida nueva» en Cristo será: Una catequesis del Espíritu Santo, de la gracia, de las bienaventuranzas, del pecado y del perdón, de las virtudes humanas, de las virtudes cristianas, del doble mandamiento de la caridad desarrollado en el Decálogo y una catequesis eclesial (CEC 1697).

La formación moral implica una lenta transformación de las actitudes y valores. El nuevo comportamiento no queda sólo en el campo de lo individual, sino que tiene que manifestarse, también, con todo su vigor, en el campo social: Este testimonio moral, el que prepara la catequesis, ha de saber mostrar las consecuencias sociales de las exigencias evangélicas (DGC 85).

 

INICIAR EN LA ORACIÓN

 

La catequesis inicia e introduce en la relación viva y personal con el Dios vivo y verdadero. Esta relación se estrecha, se cultiva y se realiza de manera eminente en la oración personal y comunitaria.

El modelo de oración para el cristiano no es otro que el mismo Jesucristo: La comunión con Jesucristo lleva a los discípulos a asumir el carácter orante y contemplativo que tuvo el Maestro. Aprender a orar con Jesús es orar con los mismos sentimientos con que se dirigía al Padre: adoración, alabanza, acción de gracias, confianza filial, súplica, admiración por su gloria (DGC 85).

La oración que Jesús nos enseñó, el Padre Nuestro, es el modelo de toda oración cristiana y la guía para todo aprendizaje de la oración: es el resumen de todo el Evangelio (Tertuliano). Recorred todas las oraciones que hay en las Escrituras, y no creo que podáis encontrar algo que no esté incluido en la oración dominical (San Agustín).

La iniciación en la vida de oración supone ejercitarse en la oración personal y en la oración comunitaria: En efecto, el cristiano llamado a orar en común debe, no obstante, entrar también en su cuarto para orar al Padre en secreto (d. Mt 6,6), más aún, debe orar sin tregua, según enseña el Apóstol (d. 1 Ts 5,17 [SC 12]).

 

INICIAR EN EL COMPROMISO APOSTÓLICO Y MISIONERO

 

Seguir a Jesucristo lleva consigo implicarse en la misma acción misionera y evangelizadora del Maestro. La experiencia de fe del discípulo le lleva a compartir y comunicar a todos lo que ha llenado de gozo su vida: ¡Ay de mí si no evangelizare! (1 Co

9,16).

Todo cristiano debe ser misionero. Por eso, la catequesis debe entrenarle en el ejercicio de la misión. Capacitarle: para desarrollar una presencia cristiana en la sociedad (vecinal, laboral, sindical, cultural, política...), como para cooperar en las tareas intraeclesiales (catequista, animador litúrgico, acogida, obras asistenciales...) (CA 137).

La raíz y la fuerza de la misión evangelizadora está en el encuentro personal con Cristo. El que se ha encontrado con Él, quiere darle a conocer con sus palabras y su vida. Sin la experiencia profunda de la fe, nadie se arriesga a jugarse la vida por el Evangelio: Este compromiso evangelizador brota, para los fieles laicos, de los sacramentos de la iniciación cristiana y del carácter secular de su vocación. También es importante poner todos los medios para suscitar vocaciones sacerdotales y de especial consagración a Dios en las diferentes formas de vida religiosa y apostólica, y para suscitar en el corazón de cada uno la específica vocación misionera (DGC 86).

La acción misionera, en el mundo de hoy, debe estar bajo el signo del «ir», Como el Buen Pastor busca sin descanso a la oveja perdida, porque la ama y la quiere reconciliar consigo.

Así mismo, el catequista ha de salir al encuentro de sus hermanos más alejados de la fe. No debe contentarse con esperar a que vengan por sí solas al redil.

El catequista se hace eco de todo lo que ocurre en el ambiente social, en el barrio, en el pueblo, en la ciudad, en el país y en la nación, Todo le afecta porque a todos ama con entrañas de misericordia. Esta presencia activa en el corazón de la sociedad es punto de partida obligado para comunicar a los hombres el anuncio vivo del mensaje de salvación.

El anuncio de la Buena Noticia exige en la catequesis una relación personal y grupal, paciente y estimulante, entre el catequista y el catequizando: Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías y las mías me conocen, igual que el Padre me cono- ce y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas (Jn 10,14-16). Un trato sereno que ayude a crecer y madurar en la fe personal y en el compromiso comunitario a todos los miembros del grupo catequético: Se trata de capacitar a los discípulos de Jesucristo para estar presentes, en cuanto cristianos, en la sociedad, en la vida profesional, cultural y social (DGC 86).

Escuchar al hombre de hoy exige al catequista estar presente y vivir a fondo la realidad de cada catequizando como punto de partida para dar en la acción catequética palabras de esperanza, de ilusión, de alegría y de vida.

La catequesis no puede realizarse de modo desencarnado como si la historia no tuviera nada que ver con la vida de fe que tratamos de edificar: Corresponde a la catequesis educar a los cristianos en la percepción de las mutuas relaciones que existen entre las tareas temporales y las eclesiales (DCG 97).

 

EL DIRECTORIO GENERAL PARA LA CATEQUESIS DICE...

 

La catequesis de iniciación cristiana implica poner los fundamentos a todo lo que el cristiano ha de creer, celebrar y vivir a lo largo de su vida. Lee con atención lo que constituye las tareas fundamentales de la catequesis y pide al Señor luz para realizarlas fielmente en la catequesis:

Las tareas de la catequesis corresponden a la educación de las diferentes dimensiones de la fe, ya que la catequesis es una formación cristiana integral «abierta a todas las esferas de la vida cristiana». En virtud de su misma dinámica interna, la fe pide ser conocida, celebrada, vivida y hecha oración. La catequesis debe cultivar cada una de estas dimensiones. Pero la fe se vive en la comunidad cristiana y se anuncia en la misión: es una fe compartida y anunciada. Y estas dimensiones deben ser; también, cultivadas por la catequesis. El Concilio Vaticano II expresó así estas tareas: «La formación catequética ilumina y robustece la fe, alimenta la vida según el espíritu de Cristo, lleva a una consciente y activa participación del misterio litúrgico y alienta la acción apostólica» (GE 4) (DGC 84).

 

CUESTIONES PARA DIALOGAR

 

1. ¿Cuál es la tarea que más atiendes y desarrollas en la catequesis que realizas? ¿Por qué? (Para un mejor conocimiento de lo que significa para la catequesis cada una de estas tareas, puedes leer, estudiar y meditar DGC 84-87.)

2. ¿Cuál de las cuatro tareas fundamentales de la catequesis es la que menos cuidas? ¿Por qué?

3. ¿Estás iniciando a toda la vida cristiana cuando descuidas alguna de ellas? ¿Por qué? ¿Piensas que alguna de ellas necesita, hoy, una especial atención? ¿Cuál de ellas? ¿Por qué?

¿Cómo favorecerla? ¿Cómo cultivarla mas y mejor?

 

REFLEXIONA Y PREGÚNTATE

 

El modo como Jesús, formaba; a sus discípulos: Mt 11,29.13;11; Mc 1,14-20; Lc 10,1-11.

 

1. ¿Acoges con prontitud los misterios del Reino de Dios revelados plena y definitivamente por Dios Padre en su Hijo Jesucristo por el Espíritu Santo? ¿Estás decidido a testimoniar y anunciar el Reino de Dios en tu entorno?

 

2. ¿Realizas con fidelidad las tareas que son propias de la catequesis: dar a conocer el Reino de Dios presente en Jesús, enseñar a orar, inculcar las actitudes evangélicas, educar para la vida comunitaria e iniciar en la misión apostólica? (Examínate cómo vives cada una de las tares fundamentales de la catequesis. Cultívalas todas y procura estudiar mejor y ahondar más en aquellas que tengas más descuidadas.)

 

PARA RECORDAR Y VIVIR

 

Iniciar

Celebrar

Seguimiento

Actitudes

Compromiso

Apostólico

Misionero

 

 

TEN EN CUENTA QUE...

 

1. Iniciar en el conocimiento del misterio de Cristo y poner en comunión con Él es la primera y fundamental tarea de la catequesis.

2. Iniciar en la experiencia religiosa, en la oración y la vida litúrgica es educar para una activa, consciente y auténtica participación en la celebración de la fe.

3. Iniciar en la vida evangélica supone seguir a Cristo y adoptar su estilo de vida proclamado en el Sermón del Monte, en el que Jesús, asumiendo el Decálogo, le imprime el espíritu de las Bienaventuranzas.

4. Iniciar al compromiso apostólico y misionero capacita para una presencia cristiana en la sociedad y una participación activa en las tareas intraeclesiales.

5. Las tareas de la catequesis deben estar presentes en cada uno de los temas que se imparten en la catequesis para conseguir su finalidad: la vinculación madura a Jesucristo, en la Iglesia, para el servicio del mundo (CA 142).

 

ORACIÓN

 

Concédeme, Dios misericordioso,

desear ardientemente lo que Tú amas,

buscarlo con prudencia,

reconocerlo con verdad

y cumplirlo con perfección,

para alabanza y gloria de tu Nombre.

Pon orden en mi vida,

y lo que Tú quieres que yo haga

concédeme conocerlo

y dame la gracia de cumplirlo como es debido

y como sea más provechoso para la salvación de mi alma.

Que yo vaya hacia Ti, Señor,

por un camino seguro y recto, que conduzca a la meta,

entre las dificultades y los triunfos.

Que te dé gracias en los éxitos,

y que en los contratiempos conserve la calma,

sin dejarme exaltar por lo que me sea favorable

y sin abatirme por lo que me sea adverso.

Que las alegrías me cansen si no estás Tú,

y que nunca desee nada fuera de Ti.

Que los trabajos, Señor, me sean gratos si son por Ti,

y el descanso, insoportable, si me faltas tú.

Dame la gracia de dirigir con frecuencia mi corazón a Ti,

y cuando flaquee, hazme reconocer mi culpa

con el firme propósito de corregirme.

Señor, Dios mío, haz que yo sea

obediente sin espíritu de contradicción,

pobre sin defección,

casto sin corrupción,

paciente sin discusión,

humilde sin fingimientos,

alegre sin disipación,

triste sin abatimiento,

grave pero no duro,

activo pero no ligero,

y sincero pero sin doblez.

 

SANTO TOMÁS DE AQUINO

 

 

 

 

 

 

Cuadro de texto: Formación del Catequista