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Monición de entrada (A)
Estamos aquí para dar nuestro adiós a N. Todos compartimos hoy el dolor, el desconcierto que nos causa su muerte. Pocas cosas podemos afirmar ahora, ante esta pérdida. Estamos aquí sobre todo para hacernos compañía mutua –y acompañaros de una manera muy particular a vosotros, los padres y hermanos- en el dolor, en la tristeza, en el desconcierto. Para ayudarnos en estos momentos en que parece que nada tiene sentido, en que todo se tambalea. Queremos apoyarnos los unos en los otros, y queremos ayudarnos –aunque cueste- a seguir mirando hacia delante. porque en verdad el mejor recuerdo, el mejor homenaje que podemos hacer hoy a N. es precisamente éste: seguir viviendo, seguir amando la vida, reafirmando todo aquello que más valor tiene: el amor, la generosidad, la solidaridad mutua. Jesucristo está hoy aquí a nuestro lado. Él que por amor murió también joven en la cruz, es la luz que ha de iluminar para siempre a nuestro hermano N. El pan y el vino de la Eucaristía que hoy nos reúne serán para todos nosotros prenda de esa luz eterna.
(B)
La vida es un bien que compartimos. Cuando a alguno de nosotros, como hoy a N., le es arrebatada, todos nos sentimos heridos. Venimos ante Dios a gritarle nuestro dolor, a convertir nuestras lágrimas en oración. Sabemos que el clamor de los que sufren, sube hasta Él y Él lo escucha.
(C)
Hermanos: Esta celebración nos sume a todos en una angustia casi indecible: nos resulta realmente difícil aunar la juventud con la muerte, el inicio de una vida, hasta hace poco llena aún de ilusiones, con el fin brusco de una existencia que apenas había comenzado. En este momento de dolor tan grande, debemos levantar nuestra mirada a Dios nuestro Padre y pedirle que él nos conforte en esta gran tribulación y conceda a nuestro hermano (nuestra hermana) el descanso y la felicidad de su reino.
(D)
La muerte en plena juventud de N., el hermano querido (la hermana querida) a quien lloramos, nos ha congregado aquí, estrechamente unidos a su familia, a la que testimoniamos nuestra amistad y nuestra condolencia. En verdad que nos resulta desconcertante mezclar la juventud con la muerte y las ganas de vivir con el verlas truncadas tan prematuramente. Nos sentimos desconsolados y sin respuesta. En medio de tanta tribulación, acudimos a Dios con mirada suplicante, solicitando un poco de consuelo y la ayuda para recobrar la esperanza y el sentido de la vida. La eucaristía nos ofrece el mensaje de su palabra y la maravilla asombrosa de la vida en plenitud con Cristo, vencedor de la muerte.
(D)
Pienso que muchos de nosotros no consiguen aún caer en la cuenta de lo que ha ocurrido: N., ha desaparecido de nuestra vida. Él, que tenía tales ansias de vivir y que amaba tanto la vida, ha dejado bruscamente este mundo. Aquí estamos todos bajo el choque de esta desaparición brutal; pero en primer lugar queremos tener un pensamiento para vosotros, los padres de N., y para su familia próxima, y manifestaros nuestra simpatía y nuestra amistad. Vuestra pena no podemos compartirla verdaderamente. Era vuestro hijo, vuestro hermano...; queremos sólo estar cerca de vosotros, pues él contaba también para nosotros. Venimos a decirle que lo amamos. La persona a la que se ama está delante de nuestros ojos y en nuestro corazón. N., no está ya delante de nuestros ojos, pero su nombre sigue hablando a nuestro corazón.Ya no le vemos; pero creemos que podremos siempre unirnos a él con el pensamiento, el amor, la amistad y la oración.
Rito de la Luz
En este momento de profunda oscuridad y tristeza, por la muerte prematura de N., necesitamos que la Luz de Cristo, ilumine nuestro dolor y sufrimiento, por eso encendemos la Luz del Cirio que representa a Jesucristo...
(Mientras se enciende el Cirio, se canta un canto)
Que el resplandor de esta Luz, nos dé la esperanza de volver a encontrarnos un día en la Casa del Padre, resucitados. Amén.
Oración(A)
Señor, en este momento de dolor no sabemos qué decirte; nuestra oración por N., es la pena honda que a todos nos aflige. El camino de su vida por este mundo ha llegado a su fin. Tú le conoces y le amas. Recíbelo en tu Reino de paz y felicidad y guía nuestros pasos, para que un día lleguemos a reunirnos con él en tu presencia por los siglos de los siglos. Amén.
(B)
Escucha, Señor, las súplicas de tu pueblo, rociadas con las lágrimas del dolor en que nos sume la muerte inesperada y a nuestros ojos desconcertante de nuestro hermano (nuestra hermana) N., te pedimos que mitigues nuestra tristeza con la esperanza de que goza ya para siempre de la luz de aquella patria que nunca ningún mal podrá oscurecer. Por nuestro Señor Jesucristo...
(C)
Oh Dios, que riges la vida de los hombres y nos concedes breves días de vida en la tierra, ante la muerte, a nuestro ojos prematura, del (de la) joven N., acudimos a ti, y aunque sin comprender tus designios, aceptamos tu voluntad y te pedimos que a nuestro hermano (nuestra hermana) lo (la) acojas en tu reino y le concedas vivir una eterna juventud entre tus santos y elegidos; y que a sus padres (familiares) los consueles con la certeza de que (no en vano dieron la vida al (a la) que lloran y de que lo (la) volverán a encontrar un día en tu reino. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Escuchamos la Palabra
Monición: Dios nos da su mensaje para saber mirar la vida y la muerte con ojos nuevos. “El justo, aunque muera prematuramente, tendrá descanso... La gente lo ve y no lo comprende... Dios quiere a sus elegidos”. A estas palabras del Libro de la Sabiduría responderemos con el salmo: El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?; el Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar?”. Lectura del libro de la Sabiduría
El justo, aunque muera prematuramente, tendrá descanso; vejez venerable no son los muchos días, ni se mide por el número de años; canas del hombre son la prudencia, y edad avanzada, una vida sin tacha. Agradó a Dios, y Dios lo amó, vivía entre pecadores, y Dios se lo llevó. La gente lo ve y no lo comprende no se da cuenta de esto: que quiere a sus elegidos, se apiada de ellos y mira por sus devotos.
Palabra de Dios
Salmo: El Señor es mi luz y mi salvación...
+ Lectura del santo evangelio según san Lucas
En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío. Cuando se acercaba a la entrada de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba. Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: “No llores”. Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: “¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!”. El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre. Todos sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo: “Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo”. La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera”.
Palabra del Señor
Homilía
Queridos familiares de N. (padres, hermanos, abuelos...) y amigos todos: Como aquel día de Naín: el llanto inconsolable de unos padres –de una madre viuda en aquel caso-, de una familia que llora la muerte de su hijo en plena juventud, en lo mejor de la vida. Nada es comparable al dolor de un padre y de una madre que pierden al hijo de sus entrañas. Como aquel día en Naín: “Un gentío considerable” acompañando a la familia y despidiendo al amigo. Los lazos familiares, de amistad o de vecindad nos han agolpado en una piña que comparte el dolor y la pena, las lágrimas y el llanto. Como aquel día en Naín: un contraste capaz de desconcertar a cualquiera: juventud y muerte; vida en estreno y existencia truncada; borbotones de ilusiones que se abren y portazo final que las cierra. Vosotros, padres y hermanos; vosotros, compañeros de (estudio, trabajo); vosotros, amigos de cuadrilla, conocéis mejor que nadie sus sueños y proyectos, su inquietud desbordante, sus ganas de vivir. Vosotros habéis percibido mejor que nadie su jovialidad y sus ocurrencias, sus cualidades y sus aptitudes, su talante y su buen hacer... Por eso, vosotros con más motivos que nadie os rebeláis contra este sinsentido de una muerte que da al traste con todo. Nos unimos a vuestra rebeldía. Más aún: también Dios se une a ella. Él no puede permitir que alguien a quien llama a la vida con amor quede atrapado en la frustración y menos en la muerte. Él quiere que toda la Creación llegue a la plenitud. Por eso nos alienta a realizar el progreso del mundo y a realizarnos como personas.. Pero él conoce que la creación (es afirmación de san Pablo), fue sometida a la frustración, y porque lo conoce, sale a nuestro encuentro para liberarnos de ella. Ante todo, Dios no mide nuestra existencia con el metro de los años y de los días. Nos lo decía la primera lectura... Pero además, Dios lleva esa vida y esa persona a la plenitud... Amigos, nuestros ojos sólo ven lo que se lleva la muerte, por eso lloran con desconsuelo. Pero nuestra fe ha de conducirnos hasta Dios, el Dios que trae la vida. Para ello os invito a volver al evangelio y dejarnos penetrar por la presencia del Señor. Como aquel día en Naín: Jesús se acerca compasivo y dice: “No llores”. Él tiene poder sobre la muerte y renueva entre nosotros su misterio de resurrección. Como aquel día en Naín: en los umbrales de la muerte, el Señor se ha acercado a N., le ha tendido la mano y le ha dicho: “¡Joven, a ti te lo digo, levántate!” Y lo (la) ha resucitado a la vida eterna. Así lo pedimos y así lo esperamos. Apoyados en esa esperanza insistimos con la oración del salmo: “El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar?... Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida”
Oración de los fieles
(A)
Fiados en Jesús, que confió plenamente en el Padre, también nosotros le dirigimos nuestra plegaria
Por N y por todas las personas jóvenes cuya vida ha sido segada en plena juventud. Para que injertados en Dios, desarrollen su humanidad hasta el infinito. ROGUEMOS AL SEÑOR Por los familiares y amigos de N., y por cuantos comparten situaciones similares a las que estamos viviendo. Para que no se sientan abandonados por Dios, sino que lo experimenten Padre y cercano. ROGUEMOS AL SEÑOR... Por cuantos hemos sido convocados a esta Celebración. Para que nuestra aportación ejemplar a la construcción de un hombre y sociedad nuevos sea señal de que para nosotros la fe en la resurrección es muy importante. ROGUEMOS AL SEÑOR... Por la Iglesia, para que vivamos la fe que confesamos. ROGUEMOS AL SEÑOR
Señor: Acoge como un Padre en tu casa a nuestro amigo N. Dale la felicidad que buscaba, la eterna juventud de tu Hijo Jesucristo que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
(B)
Los que compartimos el dolor por la muerte de N., oremos juntos a nuestro Padre. Oremos llenos de fe, diciendo: PADRE, ESCÚCHANOS.
Oremos por nuestro hermano N. .Que la luz de la vida le ilumine eternamente. Que viva para siempre en la alegría de Dios, libre de todo mal, de todo dolor, de toda tristeza. OREMOS... Oremos por sus padres, hermanos y amigos. Oremos por todos los que hemos venido aquí para darle nuestro adiós. Que Dios nos dé su fuerza y sepamos acompañarnos y consolarnos mutuamente. OREMOS... Oremos por los jóvenes, por todos los chicos y chicas de nuestro pueblos. Que vivan la vida con espíritu generoso y contagien ilusión y entusiasmo para construir un mundo mejor. Que sean siempre semilla y fermento de esperanza. OREMOS... Oremos finalmente por la Iglesia, por todos los cristianos. Que en nuestra manera de vivir testifiquemos la vida nueva que de Jesucristo hemos recibido. OREMOS... Escucha, Padre, nuestras plegarias. Derrama tu amor sobre tu hijo N., sobre todos nosotros y sobre el mundo entero. por JNS...
Oración sobre las ofrendas
Concede, Señor, por esta Eucaristía, la felicidad a N., a quien has llamado en plena juventud. Muestra para con él (ella) tu misericordia y acógelo (acógela) entre tus santos en el canto eterno de tu alabanza. Por JNS...
Prefacio
Dios y Padre nuestro: Levantamos nuestro corazón hacia Ti, porque estamos abrumados por el dolor y la pena. Te damos gracias, porque pusiste en nuestros corazones la esperanza de una vida futura junto a Ti; porque nos diste la mirada nueva de la fe. Te damos gracias, porque respondes a nuestra fe y a nuestra esperanza, rescatándonos de la muerte para la vida, como rescataste a Jesús, que está vivo entre nosotros, y cuyo recuerdo unimos a quienes se nos van. Por eso, uniéndonos a los santos, te decimos:
Santo, Santo, Santo...
El cual…
Padrenuestro
Pedimos ahora al Padre del cielo, lo que más necesitamos. El consuelo para esta familia, su Reino de paz y de Vida para N., y el pan y la paz para todos los hombres y mujeres de la tierra...
Invitación a la paz
Que el Señor os conceda a vosotros, padres, hermanos y familiares, así como a todos los presentes, el consuelo de su paz. Daos fraternalmente la paz.
Comunión
A los que estamos comulgando con el dolor, el Señor nos invita a comulgar con el amor. Él comparte su amor en el pan y en el vino. Nosotros hemos de compartirlo en ayuda a quienes nos necesitan. Dichosos los llamados a la cena del Señor...
Despedida
N, vivió entre nosotros sin sospechar la cercanía del final. Fuiste, Señor, el primero en conocerle y amarle. Sus ojos llevaban el resplandor de tu luz. Le viste crecer y te alegraste, y tu alegría resonó en las risas atropelladas a su alrededor, y se hizo temblor de vida en los corazones que lo amaron. Sí que vivió en el pecado, tejido desde el origen. También sorbió palabras que salvan. La tuya, tu Palabra, hecha carne de su corta existencia, fue la más honda. ¿Recuerdas? Padre, ¿recuerdas? “Aún cuando la mujer, olvidara al niño que está criando, yo no te olvido” “Te llevo en la palma de mi mano”. Por eso te pedimos: A la otra orilla, que la fuerza de tu recuerdo le haga vivir a tu lado. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.
Canto:
En silencio nos despedimos de N.,
Oración
Te rogamos humildemente, Señor, que acojas en el paraíso a este joven N., a quien tanto amas; que goce junto a ti en aquel lugar donde ya no hay luto ni dolor ni llanto, sino paz y gozo, con tu Hijo y el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.
Agradecimiento de la familia
Nos va a costar el recuperarnos del duro golpe que ha supuesto la muerte de N., tan joven y con tantas ganas de vivir. Lo (la) vamos a echar muchísimo en falta. Por eso, al agradeceros todo el cariño que habéis demostrado por él (ella) y por nosotros, os pedimos que sigáis cerca con vuestra compañía y amistad. La vamos a necesitar, como necesitamos también la ayuda de Dios, que ya hemos comenzado a sentir con el consuelo y la esperanza de esta celebración. Gracias. |
