Monición:

 

La muerte de un ser querido nos ha reunido en esta Iglesia de ___

para ofrecer una despedida cálida y sentida a N., miembro de nuestra Comunidad.

Ante la muerte de una persona amada, nuestro dolor y tristeza tienen que convertirse en oración profunda y en plegaria confiada al Señor de la Vida y de la Muerte.

No es fácil rezar, pero lo vamos a intentar en esta oración que la Iglesia de todos los tiempos y lugares eleva a Dios en los momentos de pena y dolor por la despedida a una persona buena y querida que ha partido de entre nosotros.

Cuando alguien muy nuestro se muere, los cristianos nos reunimos en la Iglesia para recordar la Muerte y Resurrección de Jesús, triunfador del Pecado y de la Muerte para siempre.

A pesar de nuestra tristeza, entonamos un canto de esperanza.

 

Canto:

 

Saludo

 

Que el Dios, origen de toda vida, su Hijo Jesús, que pasó por la prueba de la muerte en la cruz y su Espíritu de Amor, que vive para siempre, estén con todos vosotros...

 

Pedimos perdón

 

El Señor nos quiere decir algo en esta Eucaristía que vamos a celebrar por N.. Si de verdad queremos escucharle, es necesario que empecemos por purificar nuestros corazones de toda duda en el amor que el Padre del Cielo nos tiene. Es el primer paso que tenemos que dar para encontrarnos con Dios y con los demás. Os invito a todos a pedir perdón al Señor desde el fondo de nuestro corazón.

 

Ante el sufrimiento y la muerte perdemos la calma y a veces nos desesperamos. SEÑOR, TEN PIEDAD...

Tú, que en la cruz , con dolor y lágrimas clamaste al Padre con esperanza. CRISTO, TEN PIEDAD...

Tú, que fuiste escuchado, por tu Padre del Cielo y vives para siempre. SEÑOR, TEN PIEDAD...

 

Rito de la luz

 

En señal de nuestra esperanza en Jesús Resucitado y en nuestra Resurrección, encendemos esta llama. Que el resplandor de esta luz ilumine nuestras tinieblas y alumbre nuestro camino de esperanza hasta el encuentro definitivo en el Reino de la Luz y de la Paz.

 

(Se enciende el Cirio...)

 

Que la Luz del Resucitado brille con gran resplandor,

que ella ilumine tus pasos N., hasta el encuentro con Dios. Amén.

 

Oración

 

Dios y Padre Nuestro

sólo tú conoces el corazón humano

y entiendes de dolores y tristezas.

Recibe con amor a tu hijo/a N.,

que ha dejado su familia y su casa,

para ir a tu Eterna Morada.

Tú nos dices que el que confía en Ti,

aunque muera, nacerá a una nueva vida,

guía nuestros pasos por la senda del bien

para que, un día, lleguemos a reunirnos

con él (ella) en tu presencia,

para vivir una vida plena

por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Escuchamos la Palabra

 

Monición:

Los creyentes en Dios somos una gran familia y tenemos nuestra historia. El texto que vamos a escuchar nos habla de Abrahán, uno de los hombres más antiguos que confió en Dios, a pesar de tener que pasar pruebas difíciles.

Dios nos hace pasar por momentos duros, pero, si confiamos en Él, sale a nuestro encuentro y nos salva.

 

Lectura del libro del Génesis

 

En aquellos días el Señor dijo a Abrahán:

“Sal de tu tierra y de la casa de tu padre hacia la tierra que te mostraré. Haré de ti un gran pueblo, te bendeciré y haré famoso tu nombre”.

Abrahán marchó, como le había dicho el Señor, en dirección a las tierras de Canaán, con su mujer Sara.

Allí construyó un altar en honor al Señor, que se le había aparecido.
Cuando Abrahán tenía noventa y nueve años, se le apareció el Señor y le dijo:

“Yo soy el Señor tu Dios. Camina en mi presencia con lealtad. Este es mi pacto contigo:

Serás padre de muchedumbre de pueblos. A tu mujer Sara la bendeciré y le daré un hijo. Lo llamarás Isaac. Con él, y con sus descendientes, estableceré un pacto para siempre”.

 

                                             Palabra de Dios

 

Salmo:

 

+ Lectura del santo evangelio según san Juan

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

- “Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.

Ésta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día.

Ésta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día”.

 

                                                               Palabra del Señor

 

 

Homilía

 

A nosotros, que con frecuencia hemos vivido llenos de miedos religiosos, miedos al más allá, a la condenación eterna, al interrogante tremendo de la muerte, nos viene muy bien, escuchar estas amables y consoladoras palabras del Evangelio: “Al que venga a mí no lo echaré afuera”...

Tengamos siempre viva, la certeza de que cualesquiera que hayan sido los derroteros de nuestra vida, Jesús nos acoge en el mayor de los abrazos. Porque él sabe leer el fondo de lo que somos, él nos comprende en todas nuestras dimensiones, él nos valora y nos quiere entrañablemente. No dudemos nunca de la acogida de Jesús, por distante que haya podido estar nuestra vida de su mensaje, de la vida religiosa o de la fe misma.

Pero además, el texto dice algo todavía más hermoso: “Esta es la voluntad del que me envió: que no se pierda nada de lo que me ha dado, sino que lo resucite en el último día”...

El gran afán de Dios, su ilusión más honda es que ninguno de nosotros se malogre, que todos lleguemos a la felicidad plena. Y si ése es el deseo secreto de Dios, tengamos por seguro, que ese deseo se cumple. ¡Cómo nos puede reconfortar esta certeza! ¡Cómo nos alienta en nuestras debilidades, más allá de la muerte misma!

Habíamos pensado, que lo que Dios quería era mantener un orden moral, que se cumplieran sus reglas y mandamientos, que se le diese culto, nos gustase o no. Y ahora resulta, que el Evangelio nos desvela el secreto anhelo del Padre: que nadie se pierda, que todos lleguemos a la felicidad. Es hermosa y es profunda esta manera de entender la fe, ahora que celebramos el funeral por nuestro hermano (hermana) N.,.

Este mensaje consolador, da a nuestra celebración un tono de sosiego y esperanza e incluso hace que esto que estamos haciendo sea alentador.

Ahora, Dios, ha realizado en N., lo que el evangelio nos anuncia: nada de él (ella) se ha perdido; Dios le ha dado la plenitud de la resurrección.

Queridos amigos, alegrémonos por nuestra fe cristiana, con esa alegría serena que procede de la buena comprensión del Evangelio.

Fomentemos en nosotros, la honda confianza, de que nuestra vida está llamada a la felicidad eterna, de que jamás, ni por nada, Dios, nos rechazará. Nuestra fe en la resurrección tiene esta esperanza.

Celebremos, pues, la fe que nos sustenta y nos anima. Y que la intercesión de N., ya en el cielo, nos ayude a mantener viva la confianza en Dios.

 

Oración de los fieles

 

Hacia Ti, Señor, levantamos nuestros ojos. Contempla nuestra tristeza, fortalece nuestra fe y da brillo a nuestra esperanza en estos momentos de dolor y de prueba.

 

Tú que eres la Vida concede la felicidad plena a nuestro hermano N., ROGUEMOS AL SEÑOR...

Tú que lloraste la muerte de tu amigo Lázaro, consuela el dolor de quienes han perdido un ser al que querían tanto. ROGUEMOS AL SEÑOR...

Tú que pasaste por el mundo haciendo el bien, haz que sepamos estar junto a los que sufren. ROGUEMOS AL SEÑOR...

Tú que nos llamaste “amigos”, haz que vivamos por siempre junto a Ti. ROGUEMOS AL SEÑOR...

Tú que diste la vida por nosotros, haz que no tengamos miedo en darnos a los demás. ROGUEMOS AL SEÑOR...

 

Escucha, Padre, nuestra oración y concédenos lo que confiadamente te pedimos. Por Jesucristo, nuestro Señor...

 

Oración sobre las ofrendas

 

Recibe, Señor, con agrado la ofrenda de esta Eucaristía, y que por ella obtenga N., el perdón de sus faltas y pueda así cantar tu gloria, en la compañía de todos los santos. Por JNS...

 

Plegaria Eucarística

 

El Señor esté con vosotros...

Levantemos el corazón...

Demos gracias al Señor Nuestro Dios...

 

PREFACIO

 

Te damos gracias, Señor,

porque Tú te preocupas de nosotros

cuando estamos sanos,

y cuando sufrimos por la enfermedad.

Nos enseñas a estar junto al que sufre,

y a alegrar la vida del enfermo.

Tú nos tienes preparado un lugar en tu casa,

donde no existen el dolor ni la enfermedad.

Además nos enviaste a tu Hijo Jesús,

que a su paso por este mundo

nos enseñó a ser fuertes ante el dolor

y a consolar al enfermo y al que sufre.

Ahora queremos unirnos a los santos

y a las personas de buena voluntad

para entonar un himno de alabanza

diciendo:

 

Santo, Santo, Santo...

….

 

 

Padrenuestro

 

Vivimos en una tierra donde hay lágrimas y sufrimientos. Pero tenemos un Padre, que nos ayuda y nos consuela. Por eso con plena confianza le decimos...

 

Invitación a la paz

 

Al daros hoy la paz, se la enviamos de verdad a los familiares de N., con el pensamiento y el corazón os tendemos la mano; estamos con vosotros. A la vez, se la damos a los que están más próximos. “Daos fraternalmente la paz”.

 

Comunión:

 

Comulgar a Jesús es incorporarse a su suerte. Si como él vivimos haciendo el bien, con él volveremos a las manos del Padre en el momento definitivo. Dichosos los invitados...

 

Despedida

 

En señal de nuestra esperanza en que Dios

nos dará un cuerpo nuevo e inmortal,

y para dar testimonio de nuestra fe en la Resurrección,

yo bendigo el cuerpo de N.,

con el agua que le recibió la Iglesia el día de su Bautismo.

 

(Aspersión con agua)

 

Canto:

 

Esta es la última vez que N., ha estado entre nosotros. No nos pertenece ya. Por eso lo vamos a depositar en el seno de la tierra y en las manos del Dios de la Vida.

 

Eres bueno, Señor, cuando regalas a tus hijos

lo mejor que tenemos: nuestra vida.

Tú nos la diste, Señor, como un don maravilloso,

la dejaste en nuestras manos como un cántaro

de agua fresca para el viaje...

Hoy, el cántaro se ha roto, ya gastado,

y el agua de la vida se derrama

y corre, como un río de gracia,

hacia tu encuentro...

En este momento oscuro de la muerte

nuestros ojos no ven, cegados por el llanto,

pero resisten firmes y confiados en que vendrá

la mañana luminosa de la feliz Resurrección.

Creemos, Padre, que lo mismo que acogiste

la vida y la muerte de tu Hijo,

has de acoger la vida y la muerte de N.,

que ha partido camino de tu casa y tu regazo...

Gracias, Padre, por sentarlo a tu lado

en el hogar caliente de tu casa,

mientras vamos caminando

nosotros a su encuentro.

 

Agradecimiento de la familia:

 

Toda nuestra familia os estamos muy agradecidos por las muestras de condolencia y aprecio que nos habéis manifestado a nosotros y a nuestro querido (nuestra querida) N. De modo especial agradecemos vuestra participación en este funeral que hemos celebrado. De verdad que ha sido un buen apoyo en este momento difícil. Muchas gracias.

Cuadro de texto: Muerte y Vida