Introducción a la Cuaresma


Tengo la sensación de que los cristianos no

sabemos de qué va eso de la Cuaresma. Por

eso aquí detallo algunos puntos que pueden

ayudarnos:
En un primer momento (al menos tres siglos)

la única fiesta de los cristianos era la Pascua,

a la que se fueron añadiendo días de preparación

que corresponden a nuestro actual Viernes Santo,

Sábado Santo y el Domingo de Pascua. Esta es la fiesta de las fiestas. Ninguna fiesta le supera. La resurrección de Jesús es eje vertebral de nuestra fe. Una pena que vaya más gente al Miércoles de Ceniza que a la Vigilia Pascual....
También hay que tener en cuenta, para conocer la historia de la Cuaresma, que en un principio SOLO se bautizaba a los adultos. El día NORMAL del bautizo era SOLO la Vigilia Pascual. La preparación al bautismo duraba, de ordinario, tres años. Salir de las costumbres que tenemos, salir del pecado, salir de los hábitos paganos arraigados
en la misma piel, cuesta y exige tiempo. Imagínate lo que cuesta dejar de fumar, o dejar esas “costumbres” que cada uno nos hacemos... La conversión no es cosa de una charlita... ¡¡La de reuniones que hemos tenido, y seguimos siendo lo mismo y los mismos!! Convertirse, ser de otra manera es peliagudo... Por eso hay que darse tiempo. El final de traca de la preparación al Bautismo era una preparación más intensa: cuarenta días, la actual cuaresma. Los que se iban a bautizar (=los catecúmenos, los que habían hecho el tiempo de preparación o catecumenado) durante los cuarenta días previos a la Vigilia Pascual tenían “sesión de entrenamiento doble o concentración especial” (en términos deportivos que diríamos hoy) que se basaba en estas cosas:
. Encuentro con los textos principales de la Biblia que preparan al bautismo (pasajes de la tentaciones –el primer domingo-, pasaje de la transfiguración de Jesús –segundo domingo-, pasaje de la samaritana –tercer domingo-, pasaje del ciego –cuarto domingo-, pasaje de la vida dada a Lázaro –quinto domingo-). Estos pasajes son como el resumen de lo que es la fe, creer, aceptar a Dios. Estos textos eran leídos, explicados, meditados, rezados...

. Se preparaban con el ayuno. Ayunaban no para fastidiarse. No tiene sentido fastidiarse en cristiano. Si nos privamos de algo (y eso nos trae algún fastidio como consecuencia) es para acercarnos a lo esencial, es decir, a qué significa decir que creo en Jesús, qué significa que he dicho sí a Dios, qué significan mis compromisos bautismales. A veces, como pasa con los matrimonios, la persona elegida queda un poco en segundo plano, se intima poco con ella, se charla poco o de cosas superficiales con ella... Hoy, de la misma manera que los catecúmenos tenían un tiempo especial
para prepararse al bautismo, los ya bautizados hacemos lo mismo para “reavivar y refrescar” nuestro bautismo. Es alarmante, por ejemplo, la incultura religiosa que tenemos, el desconocimiento de la Biblia, de las cosas sencillas, de los sacramentos, de las nociones de la fe. No podemos vivir sólo de ser profesionales excelentes, ni de leer novelas ni de navegar por el ordenador... Tenemos que sacar tiempo para rejuvenecer nuestra fe, tenemos que ayunar de algo a lo que dedicamos tiempo para dedicar tiempo a lo de ser creyentes, o como dice el evangelio del domingo: “No nos podemos alimentar sólo de pan”, tenemos que alimentarnos de “las cosas de la fe”, conocer mejor nuestra fe que hoy por hoy no entra en las preocupaciones de un montón de gente... que se llama cristiana...
. El descubrirnos pecadores, despreocupados de las cosas de Dios nos lleva a exigirnos algo más de tiempo de oración, de “cambios de dirección”, de prohibirnos cosas como tú se las prohíbes a tus hijos para que aprueben la evaluación. “Prohibirnos cosas” no es para fastidiarnos, sino porque hemos descubierto que hay “algo mejor” que lo tenemos olvidado y hay que recuperarlo. Y nos sentimos un poco
“culpables” de vivir al margen de lo esencial... Por eso nos “imponemos” determinados gestos, o prohibiciones: que si no comer tal cosa que me gusta. Y cuando siento ganas de tomar la cervecita que me encanta me digo: “No la tomo y el no tomarla me sirve para recordar que tengo que “gustar” las cosas de Dios, que las tengo un poco olvidadas”. “No, no la tomo, porque tengo olvidados a los más necesitados y esto me ayuda a acordarme de ellos y a darles esto de lo que me privo”. El ayuno y la abstinencia (no comer, no comer determinados alimentos) tiene un sentido pedagógico y penitencial: acordarme de lo esencial, corregir los olvidos pasados y ponerme en camino con más coherencia... Hay unos ayunos y abstinencias tradicionales (la carne), pero quizás no son los que más me ayudan... y entonces yo, que sé cuál es el sentido de las cosas, me impongo otros. No desprecio como niñería el no comer carne, no. Pero me digo: “Para mí es más significativo no fumar, no tomar cerveza, no tomar el aperitivo los domingos, no tomar alimentos de primera y me conformo con los de tercera clase, con los yogures que cuestan 0’40 y no con los de 1’85”. Y esto lo hago porque a veces vivo a lo mío, sin pensar en Dios ni en los demás. Y doy a los pobres lo que ahorro.
. La oración es importante en Cuaresma. Claro, lo es siempre, pero en este tiempo le dedicamos más tiempo. Siempre es importante charlar con los hijos, con la esposa/o. Pero cuando vemos que la cosa no va bien, insistimos, aumentamos la dosis de entrega y de dedicación. En Cuaresma los cristianos acentuamos “el trato con Dios” porque estamos convencidos de que
Dios “tiene algo que decirnos para que crezcamos” y eso exige tiempo, como exige tiempo estar con el hijo para que te diga lo que quiera, no lo que tú le preguntas... Y lo mismo con la esposa/o. Hay cosas que solo se dicen si delante hay mucho tiempo. Hay cosas que nunca las decimos porque nos las pregunten, sino “por que salen en la conversación”, “porque esperan su momento”.
La Cuaresma es netamente un tiempo de “ejercicios” para revitalizar nuestro bautismo y ponerlo al día; una especie de ITV porque “el coche” de tantos kilómetros recorridos se desgasta
y necesita “atenciones especiales” y “reparación a su medida”.
Me sorprendió que varios decíais que esto “nunca” lo habíais oído, que eso de la Cuaresma así entendida era nuevo... Bueno, pues alguna vez llega. Ha sido este año. Apunta. Y si puedes, comienza por hacer algo: te acuerdas que hablamos de dar “ornamento cuaresmal” al hogar (con la Biblia, una vela, el rezo juntos un día a la semana del Padre nuestro, o con la lectura de un trocito de la Biblia...), o dar sentido al ayuno y a la abstinencia, o ir a la Vigilia a algún sitio
“majo” donde la “disfrutes”, y no la “soportes”, o aquello de las 12 y 5 (cinco minutos cada día de silencio, de oración), o la lectura de un libro o asistir a cosas que se programan en tu parroquia.
. Es importante descubrir que en nuestra vida humana y cristiana nos encontramos con barreras que nos separan de los hermanos y de Dios. A veces creemos que vamos a saltar la barrera a base de “esfuerzos humanos”. Y no. Hay cosas, como el amor a los enemigos que manda Jesús, que es imposible por las fuerzas naturales. Para amar a los enemigos
hace falta ser muy divinos... Es cosa de Dios. Y se lo tenemos que pedir insistentemente hasta que en nosotros se rompa el hielo y en el fondo del corazón aparezca el cariño y desde el cariño iremos dando pasos pequeños. El primer paso es “ser normales, educados”. De ahí en adelante, ya es cosa que necesitamos que Dios nos trabaje el corazón. Con lo humano llegamos como mucho a la educación con los enemigos, o con los que no nos caen bien. Con el amor de Dios llegamos a amar y a perdonar como Jesús hizo en la cruz. Esa es la diferencia.
. Hay veces que parece que damos pasos, pero en realidad no los damos, sino que desde fuera se nos imponen cosas o se nos obliga a dar pasos. Y sabemos que cuando nos obligan, al final, en vez de avanzar, retrocedemos todavía más, agradamos la muralla. Los pasos verdaderos tienen que salir de un corazón convertido, de un corazón que se sepa muy amado de Dios. Sólo sentirnos amados nos lleva a amar a los enemigos. Sólo sabernos pecadores y amados y perdonados por Dios nos da fuerza para hacer lo mismo. Hay cosas
que sin Dios es imposible hacerlas, aunque nos las programemos. Un día nos resultarán, pero al segundo, nada. Sin Dios no podemos nada...
. Las madres tenéis poderes grandes en casa. Os podíais atrever a hacer algo: adornar el hogar con una bonita vela, el evangelio... y hacer oración, que os vean y les decís desde el corazón qué intentáis hacer y por qué.
. Privarnos de bombones, de carne... es fácil... Pero privarnos del pitillo, del chismorreo, del ordenador, de alimentos de primera, de... (pon lo que quieras) eso es otro rollo...
No hagáis las cosas para que
os vean, pero si os ven los hijos, decidle por qué lo hacéis... Creo que en este rollo os van razones para que deis razón de lo que hacéis.
Vale. Amigas, hay que seguir creciendo... No vale estancarse... ¿No sientes que dentro la voz callada de Dios te sugiere algo bueno? ¿Por qué no escuchas?
Un beso

 

 

Carta Cuaresmal

 

Queridos amigos:

En medio de este tiempo de cuaresma, que es un tiempo especial para el que quiera, nos reunimos y reflexionamos.

. La libertad de los hijos de Dios: Nada de lo verdaderamente humano y cristiano puede ser a la fuerza. Lo impuesto siempre es postizo. El cristianismo, el mensaje de Jesús, parte de la libertad; es respuesta a una invitación, no es una imposición. Jesús se presenta ante cada hombre y mujer diciéndole: «Si quieres». La respuesta a Jesús es válida desde la libertad, desde aceptar una invitación. La respuesta a Jesús (y al Dios de Jesús) se parece mucho a nuestro funcionamiento humano de relación y de amor. No se nos puede imponer el hombre o la mujer a quien amamos. Elegimos amar a uno o a una. Sólo porque elegimos amar, podemos ser creativos en el amor y responsables en nuestro modo de amar. Elegir es tarea empeñativa. Tiene sus riesgos. Nos jugamos la vida en el amor. Y nos la jugamos mucho más que en la elección de trabajo...

. Libertad en la educación de los hijos: «Me volví ateo por falta de libertad", escuchamos. Y fue el origen de una larga reflexión sobre la educación religiosa de los hijos y la libertad. No es fácil, nada fácil, conjugar estos dos polos. Podemos darnos indicaciones, pero no normas totalmente fijas y válidas para todos, precisamente por el mismo tema, la libertad. Tú y yo sabemos muy bien que «con unas personas nos sentimos más libres que con otras». ¿Por qué? Por la relación, por el cariño, por la amistad... La libertad va unida a otros elementos. Cosas que una relación fuerte de cariño permite, no las permite ni son concebibles donde no hay cariño. Sí que parece normal que la presencia del adulto es más importante y fuerte cuanto menos capacidad de libertad tiene el niño o la niña. También parecía claro que en la educación hay que combinar los gestos y las palabras. No basta hacer gestos, hay que decir palabras. No basta decir palabras, hay que hacer gestos. Así por ejemplo: Id a misa, pero yo no voy, hay palabra sin gesto. Voy a misa, y ellos (los niños) no van, hay gesto sin palabra. La buena educación intenta juntar ambos elementos. Es posible que pueda haber gestos y un tiempo de silencio hasta que aparezca el momento oportuno de pronunciar palabras... Todo esto es el arte de educar que tiene en cuenta al otro, su manera de ser, su momento concreto. Tú sabes que hay veces que dices: «Mira, ahora déjame en paz, no quiero que me digas nada". Pero eso dura un tiempo, hasta que te serenas; después, ¡vaya si te gusta que te digan, que se aclaren las cosas, que la palabra pueda llevarte a dar un beso o un abrazo a tu hijo, a tu esposo, a tu esposa, o a decir: «Vale, ya pasó y no pasa nada". Lo que no se habla, lo que no se aclara, lo que dejamos sin razones queda siempre en el corazón haciendo «daño", o «puede hacer daño".

. Romper la religión ritual (sólo hacer cosas, pero sin corazón). Nos metimos en este tema. Yo soy consciente de que estoy impresionado por la fuerza de la palabra de Dios en las lecturas de la misa de la primera semana de Cuaresma. Tanto el profeta Isaías como Jesús arremeten contra una manera de creer en Dios que es superficial, es decir, que se contenta con hacer cosas para Dios, pero que no toca ni cambia el corazón. Es puro ritualismo, es puro hacer, casi un comercio con Dios. «Hago esto" para ponerme a bien contigo, Dios; o para que me «concedas algo,,; o para que veas que «soy buena persona". Yo creo que lo que más cambia el corazón es reconocerse querido, dejarse querer y responder queriendo. Tenemos que entender todo lo de Dios como una relación con alguien que es Persona. Y lo fundamental y fundante de las personas es el amor. Nada más.

. El alimento de las personas. El alimento de las personas es mucho más que lentejas. Podemos tener mucho, si no tenemos palabras de cariño, ¿de qué nos sirven las lentejas? No comento más esto. Sé que sabes mucho del tema. Basta que te mires por dentro...

. Ayuno y abstinencia. Son dos palabras propias de este tiempo cuaresmal. Van muy unidas al punto anterior. Tanto el ayuno como la abstinencia podríamos traducirlos por «autocontrol, renuncia a tantas cosas superfluas a que nos invita la sociedad de consumo en la que vivimos. Saber decir "no" a los valores secundarios para que nuestro ánimo esté más despierto y dispuesto a acoger los principales", No ayunamos ni nos abstenemos de algo para «fastidiarnos». En el cristianismo el concepto de «masoquismo» no tiene sentido. Es posible que una mala información o formación religiosa deficiente hayan llevado a algunos a ver en la abstinencia y en el ayuno un cierto masoquismo. El único sentido de estos dos conceptos es estar más despiertos a las cosas del Espíritu, a la voz de Dios y a los hermanos.

. Muy unido a abstinencia y a ayuno va la limosna, pues no nos privamos de cosas para tener de otra manera, sino para acercarnos más a Dios y a los otros, para dar, para desprendernos de algo. La, raíz de la limosna vendría de descubrir la riqueza que es Dios. Las personas, cuando descubrimos la riqueza de una persona para nosotros y la elegimos como «la persona de mi vida», decimos: «Ya tengo bastante contigo, no necesito otra persona». Cuando des- cubrimos, refiriéndonos a Dios, que podemos decir: Ya tengo bastante contigo, entonces sentimos la necesidad de desprendernos y enriquecer a los demás con lo nuestro, porque nos basta Dios.

La tradición cristiana, y anteriormente judía, concretizó la abstinencia en no comer determinadas cosas (carne) en determinados días (Viernes de Cuaresma, Miércoles de Ceniza y Viernes Santo). El ayuno, la Iglesia lo ha reducido hoya dos días nada más (Miércoles de Ceniza y Viernes Santo). El ayuno va acompañado por la abstinencia. Consiste el ayuno en comer menos (hasta sentir hambre). Se materializó en una comida al día y una colación por la mañana y otra por la tarde. Hubo un tiempo que hasta se hablaba de gramos que se podían tomar en cada comida. Tanto el ayuno como la abstinencia son una medida sabia y pedagógica de la Iglesia. Hace falta que sea bien explicado su sentido a los fieles. Muchos episcopados adaptan a la situación de sus cristianos la manera de abstenerse y ayunar. ¿Qué sentido tiene abstenerse de comer en lugar donde se esté pasando hambre? Pero a lo mejor sí que son posibles otras formas de abstenerse y de ayunar que no se centren en la comida. Lo importan- te, pues, es que cada uno descubra en libertad y en responsabilidad qué es para él abstinencia y ayuno. A lo mejor un ayuno importante podría ser para quien dedica poco tiempo a los hijos y mucho al trabajo o al deporte, ayunar de eso y descubrir la necesidad de ser mejor padre o madre y dar mucho más tiempo a los hijos, o tomarse tiempo para pensar en sí mismo y formarse, o ir menos al bar-restaurante, o comprar menos «complementos», o hacer un poco de silencio en familia...

. No ha pasado de moda ni pasará de moda jamás la abstinencia y el ayuno. Todo depende de que sepamos buscar su sentido. Jesús de Nazaret y los profetas, antes de tomar decisiones importantes, hicieron ayuno y se retira- ron al silencio y a la oración para mantener abierto su espíritu de manera más plena a la decisión que iban a tomar. Y esta tradición no se ha terminado. Hoy muchos cristianos siguen haciendo el mismo ejercicio ante determinadas situaciones en las que se juegan ser de una manera o de otra.

Educar a los hijos en la abstinencia de muchas chucherías que no son necesarias... también es tarea de los padres. No vale decir: No vas a comer esto o no te voy a comprar esto... A lo mejor hay otras maneras: aprovechando imágenes de la televisión de niños y de personas con hambre y frío. Hacer el ejercicio no sólo de ver, sino de meterse en el pellejo del otro, en su situación... Quizá ese solo ejercicio nos quita las ganas de chucherías...

 

Cuatro ideas para vivir la Cuaresma “como Dios manda”

 

. Una definición

Cuaresma es el tiempo que los cristianos nos damos para «refrescar» nuestra fe.

. Unos medios

La tradición cristiana viene de lejos y ha puesto en práctica, desde muy antiguo, unos instrumentos que han resultado eficaces. Te los enumero para recordar cosas y para que, si quieres, elijas.

a) La instrucción religiosa. No se ama lo que no se conoce. Y no abundamos en razones de la fe que profesamos. Muchos vivimos con «cuatro malas ideas», con «cuatro tradiciones» con poca consistencia... Por decirlo en una palabra, «somos malos profesionales» de la fe, necesitamos reciclaje. En esta línea, las comunidades cristianas proponían «charlas cuaresmales, ejercicios espirituales, convivencias...». Tú puedes hacer esto o puedes ir a una librería y comprar un libro y leerlo.

b) La lectura de la Biblia. La Biblia es la fuente de alimentación de todo creyente. Ella es la Palabra de Dios. Nos narra lo que Dios ha hecho por nosotros. Si quieres, puedes leer la Biblia de «pe a pa». Pero no es lo que te recomiendo. Creo que lo mejor es tener un libro de las lecturas de la misa de cada día y leerlas; si puedes leerlas y añadir la lectura de un comentario, mejor.

c) La oración. No sólo recitar fórmulas de oraciones, sino hacer oración: dejar que el corazón escuche a Dios y hable a Dios. Para esto se necesita darse un poco de tiempo y hacer silencio. Al menos, da importancia a unos 3 o 5 minutos de silencio al día, a la hora que mejor te vaya. Los momentos privilegiados en la tradición cristiana son la mañana y el atardecer.

d) El ayuno y la abstinencia. Han quedado como algo «típico" de la Cuaresma. A veces sin mucho sentido. Hoy es más fácil hacer ayuno para adelgazar o para no perder la figura que por sentido religioso. El ayuno (no comer) o la abstinencia (privarse de algo) no tienen sentido dietético. El ayuno y la abstinencia desde el punto de vista cristiano son para «recordarnos que no vivimos sólo de pan y de cosas, sino de Palabra de Dios". El servicio y el amor nos imponen privaciones. Darnos a los demás, «enrollarnos" en algo para los demás «nos priva", nos hace «ayunar" de tiempo nuestro, de cosas nuestras, de caprichos...

e) La limosna. Es consecuencia del ayuno y la abstinencia. No nos privamos de algo para tener más, sino para estar más disponibles para los demás, para poder dar más a los otros... Cuando de verdad descubrimos las necesidades de los otros, somos capaces de ser más solidarios y de vivir con menos historias y cosas. Nos metemos en círculos de amigos que nos imponen un ritmo de vida y de gas- tos... Otros viven con menos y, viviendo nosotros con menos, otros podrían vivir mejor. Eso sí, tienes derecho a controlar y buscar entidades de confianza que hagan llegar a su destino lo que tú das.

f) Una meta

La meta de la Cuaresma es ser más nosotros mismos, ser más lo que podemos ser, ser más como Jesús nos quiere, ser más como el Evangelio nos pide. Con palabras técnicas: el final de la Cuaresma es «renacer", ser de otra manera, «dar un paso" hacia más plenitud. Esto se llama «Pascua" y los que dan el paso y renacen a una vida nueva, a una manera de ser y comportarse más nueva son personas «pascuales". No tiene sentido fastidiarnos por fastidiarnos. Lo que hacemos lo hacemos para descubrir que hay una manera de ser felices que consiste en ser mejores personas y mejores creyentes. Y esto es hacer Cuaresma y cambiar un poco... Así, el día de Pascua, podremos decir, «hemos dado un paso", estamos más cerca de Jesús caminando según Él nos enseñó.

 

 

Cuadro de texto: ¿Qué es la Cuaresma?