1.- HABLAR DE DIOS ¿cómo?

 

Cuando yo era pequeño había siempre un día de otoño en que las noches

empezaban a ser más que frescas; al acostarme notaba con sorpresa

y satisfacción que mi madre había puesto una manta en la cama y

¡qué bien se estaba! No había hecho falta decirle que teníamos frío.

No habíamos pasado ninguna noche con frío. La manta llegaba

puntual a su cita...".

Muchos años después, cuando he sido yo el que he realizado esa tarea

con mis hijos, me he dado cuenta de la atención, el trabajo y el cariño que

hay tras ese gesto tan sencillo, pero a la vez tan oportuno. 

. ¿Qué tiene que ver esto con Dios? Pues mucho... Quizá la palabra

Providencia le dice bien poco a un niño y, sin embargo, la Providencia de

Dios, ese cuidado amoroso, que decía el catecismo, es lo de la manta que

llega a tiempo, o las botas de agua que también nos tenía preparadas

cuando empezaba el curso por si llovía...

De Dios se puede hablar de muchas maneras, con y sin palabras. Aunque

nuestros hijos sean pequeños, siempre hay maneras de decirles cómo es Dios:

un Padrenuestro al oído cogiendo sus manitas entre las nuestras, o mezclando

las palabras con caricias... Quizá no entiendan las palabras, no importa, más tarde

llegará el momento de entender. Ahora es el momento de "dejarse mojar", de oír Padre y saber que Padre es ternura, entrega, presencia...

Llegar a lo explícito, a una fe confesada requiere experiencia de Dios y se hace experiencia desde el principio, desde lo que somos capaces de captar por todos los sentidos, desde lo que podemos saber de Dios por sus huellas en la vida diaria.

Para el que sabe ver -y se puede aprender a mirar- todo habla de Dios.

Sabremos que Dios es amor cuando hayamos experimentado el amor, cuando nos hayamos sentido amados gratuitamente. Podremos confiar en Dios si sabemos lo que es la acogida incondicional...

Tenemos que llenar de contenido las hermosas palabras. Dar vida a las palabras para que cuando las oigan nuestros hijos tengan imágenes a donde agarrarse. Hay una palabra que me gusta especialmente, es la palabra misericordia. Tampoco sabría muy bien definirla, pero me parece que es como cuando mi hijo está columpiándose en una silla, atrás, adelante... ¡Qué te vas a caer! Se lo repites: ¡te vas a hacer daño!

De repente, la caída, el llanto... y, entre besos, ponemos hielo en el chichón y le hacemos caricias, a veces menos de las que nos pide el cuerpo por aquello de no perder la autoridad... Luego, por la noche, ya en la cama, comprobamos que el chichón ha bajado. Volvemos a besarle. ¡Que se entere que le queremos entre sueños!

Digo yo que la misericordia de Dios debe ser algo así. De Dios decimos que tiene entrañas de misericordia. Yo creo que hace con nosotros como nosotros con nuestros hijos, también nos besa entre sueños... aún cuando nos equivocamos

 

Para la Reflexión:

- Evoca algún gesto concreto en el que tus padres han sido para ti "carne de Dios",

- Piensa en algún gesto concreto en el que tú has "hablado" de misericordia, de perdón, de providencia con tu decir y/o con tu hacer.

 

 

2.- Lo que “dices” me importa

 

 

"Hace unos días mi hijo mayor (13 años) tuvo una jornada "especialmente alborotada".

Cuando llegó al colegio, después del fin de semana, se enteró de que uno de sus amigos había sufrido un accidente con la bici y estaba ingresado en el hospital, bastante maltrecho... ".

 

Aquel día todo fue hablar de Gerardo, de cómo se iban a organizar para visitarlo, para que no estuviese sólo. Había recogido dinero entre los compañeros de clase para comprarle bombones...

. Era el dolor en forma de accidente. La fragilidad vista en un igual. Era, en definitiva, un acontecimiento vivido por primera vez, y un corazón de trece años es una caja de resonancia.

. Por la noche, en la mesa, rezamos. Hice yo la oración. Di gracias porque el accidente había sido "menos grave" y pedí por la pronta recuperación del compañero. Mi hijo me miró con una sonrisa satisfecha en la que me decía: ¡Qué bien. Te has enterado de lo que me pasa!

 

. Para enterarse de lo que pasa hay que aprender a escuchar lo que se dice, y hasta aquello que nunca se verbaliza. Los mayores tenemos la tentación de minimizar los acontecimientos de la vida de los más pequeños, y sin embargo es su vida, es lo que les afecta.

. Descubrir que vibran, que se emocionan, que se entusiasman, que lo pasan mal, que se alegran... es verificar que a nuestros hijos les funciona el corazón. Podemos escuchar su latido.

. Educar no es meter ideas, doctrina, normas en la cabeza; educar es ayudar a sacar lo mejor que hay en el fondo de cada uno. Es enseñar a vivir sin coraza, a andar por la vida sin impermeable para que se dejen mojar, afectar...

 

. Por eso me alegré el otro día de que a mi hijo y a sus compañeros, desde sus trece años, les diese un vuelco el corazón y movilizasen sus energías para hacer al amigo más llevadero aquel accidente.

. No digamos nunca: "¡Qué tontería!", o "¡No ha sido para tanto!". Escuchar todo: los "pequeños atentados a la justicia" (¡qué sensibles son a ellos!), la tristeza tras la riña con un amigo... Luego, hacer una lectura tranquila de lo sucedido. Nuestros hijos no son tan distintos de como éramos nosotros a su edad.

Aunque la vida haya cambiado mucho, en el fondo los corazones de todos se parecen. A veces nos quejamos de que no hablan, de que no cuentan. Es verdad sobre todo si se sienten interrogados, pero son seres "pensantes y sintientes", la mayoría de las veces sienten mucho más de lo que aciertan a expresar con palabras. Hay que dar tiempo y acogida sincera:

"Lo que dices me importa porque tú eres importante". El mejor diálogo se abre desde la escucha. Primero escuchar, luego decir una palabra.

 

Reflexión:

¿Sabes leer en lo que se dice lo que el otro vive?

¿Qué "ruidos" te impiden escuchar a los hijos, a tu marido, a los seres más cercanos?

 

 

 

3.- Espejos para mirarnos

 

 

"No creo que se pueda dejar a los hijos una herencia más valiosa que el recuerdo de una infancia vivida desde la confianza. Una infancia feliz. Si llegan días, que muy a pesar nuestro llegarán, en que arrecie la duda, la desilusión... tendrán dónde agarrarse: el testimonio silencioso y el recuerdo de que es posible el amor, la esperanza, la alegría... para poder creer contra toda certeza, para esperar aunque sea cuesta arriba…”

 

EN ESTO DE EDUCAR a los hijos a fin de cuentas no se pretende otra cosa que sacar de ellos su mejor "yo". Ayudarles a crecer, a ser capaces de afrontar nuevas realidades, a veces realidades difíciles.

. Sólo desde la experiencia de la posibilidad se pueden afrontar las nuevas dificultades.

. Si en la familia se vive con talante evangélico, y a pesar de las limitaciones que todos tenemos, intentamos que sea verdad la entrega, la disponibilidad, el servicio al otro. Si se aprende lo que es la gratuidad, la tolerancia, el respeto..., todas estas realidades que a veces suenan a utopía, pero que hay que empeñarse en hacerlas realidad en lo cotidiano, la familia se convierte en el lugar "de lo posible".

. Así, aunque nuestros hijos oigan, y tengan la tentación de creer eso de que "todo el mundo va a lo suyo", o "nadie da nada por nada", y cosas por el estilo, se lo pensarán dos veces antes de asentir, porque desde lo que han vivido como posible podrán apostar por un futuro en donde pueda seguir siéndolo.

. Todos estamos cansados de palabras, ellos y nosotros. Es el modo de ser, de vivir, lo que interpela. Son los maestros-testigos los que merecen nuestra confianza, los que dejan huellas en las que podemos poner nuestros pies, los que en definitiva enseñan a caminar...

. Cuando un hijo ve que su padre es capaz de renunciar con alegría a descansar un poco más la mañana del sábado por acompañarle a un partido, o dedica parte de su tiempo libre a prestar un servicio a los demás de forma gratuita. Cuando ve a otros chicos y chicas que son capaces de dedicar parte de sus vacaciones como monitores en un campamento. Cuando la entrega de otros les ayuda a crecer, a que lo pasen bien y sean felices, y ellos también lo son, la generosidad no será una palabra sino un rostro... La gratuidad es siempre un interrogante, y en una educación en clave de evangelio, los interrogantes conducen a Aquel que está tras un estilo de vida así.

. Para crecer necesitamos espejos en los que mirarnos. Para ayudar a otros a crecer nuestra vida tiene que ser testimonio de lo que decimos creer.

Ser testigos y aprender juntos a reconocer el testimonio de otros.

 

Reflexión:

¿Qué deseamos los padres, en general, "dejar en herencia" a los hijos: cosas, valores…?

Entre lo que los padres deseamos dejar a los hijos, ¿en qué lugar queda la fe?

 

 

4.- ¿Y si apagamos la Tele?

 

 

A los chavales de ahora les cuesta imaginar la vida sin TV, una casa en la que ella no "presida" el salón familiar, una infancia en la que no haya existido..."

 

¡Papá cuéntanos lo que hacíais cuando no había TV!

. Es como la "prehistoria". Hoy les resulta difícil no oír su runrun, aunque ni la miren. A veces entran por la puerta y lo primero que hacen es dar al botón..., luego se van a otro lugar.

. ¿Y si hacemos la prueba de apagarla de vez en cuando? La verdad es que los chicos lo ponen difícil.

- ¡Mamá, pero si son dibujos!

- Pero es que hay "dibujos" desde las ocho de la mañana...

- ¡Mamá, pero si es fútbol!

- Pero es que hay fútbol todos los días... y a todas horas.

 

. No se trata aquí de hacer una crítica a la programación. Aún ante los programas más inocentes, tenemos que hacer el esfuerzo de apagarla para recuperar espacios y tiempos para escucharnos, para mirarnos. ¡Cuántas cosas se descubren mirándonos a la cara! Espacios para conversar, para leer, para pasear, para... (aquí entrarían todos los "para" que la creatividad de cada cual sea capaz de poner).

. Sin embargo, con nuestros hijos la tarea es de envergadura. Estamos ante un competidor poderoso, un competidor que les da todo hecho, que no exige ningún esfuerzo y al que se "abandonan" fácilmente...; los discursos no valen. Hay que ofrecer alternativas mejores y más ricas para su tiempo libre: favorecer el juego, si son pequeños. Un rato en el patio del colegio a la salida con los compañeros. un ambiente en casa que propicie que puedan venir amigos a jugar o ir ellos a otras casas. Las excursiones, sobre todo si van chicos de su edad. La piscina, en el verano, cuando dan las vacaciones y tienen "la tentación" de pasar la mañana "tirados" delante de la TV... Los juegos de mesa, el paseo (no es cosa que a los chicos de hoy les guste mucho, pero se puede incentivar con algo, a veces un simple helado). Ir a algún museo, si les gusta. Potenciar sus aficiones: dibujar, modelar con arcilla o plastilina (aunque ensucien la casa), leer... También a disfrutar con la lectura se aprende. Es verdad que no todos son igual de aficionados, pero el testimonio de los padres sobre todo para los pequeños es importante, no se les puede recomendar que lean si nunca nos han visto con un libro entre las manos...

. No se trata de ir contra nada, pero sí de ir a favor de aquello que nos hace "crecer", ser más personas, aprender a disfrutar de formas diversas. Ir a favor de todo lo que signifique apertura, relación y... reflexión.

. ¡Ah, Y cuando veamos la TV, procurar verla juntos, así se puede comentar y elegir aquello que pueda verse!

 

Reflexión

Desde tu realidad, enumera cinco actividades que puedan hacer “la competencia" a la TV de cara a los niños y a ti mismo.

Poneos de acuerdo en la familia sobre 3 o 4 programas que parecen interesantes para ver. Apagad la tele el resto del tiempo.

 

 

5.- Ecologismo para andar por casa

 

Un día cualquiera de agosto. Hemos subido a la sierra. Para Juan Luis era la primera vez. Estaba amaneciendo y hubo foto a la puerta de casa. Todo llamaba su atención: los hitos que señalaban el camino, los manantiales, lo pequeñitas que se veían las casas que dejábamos atrás. ¡Como hemos disfrutado! 

 

EL AMOR, EL RESPETO A LA NATURALEZA es algo profundamente creyente. La naturaleza leída con ojos de fe nos lleva directamente al Creador y, desde la contemplación admirada, a la alabanza. . Nuestros hijos están tomando conciencia de que "la casa común" merece respeto, merece cuidado.

. Acoger la tierra en que vivimos como don compartido y como tarea de cara a los que vengan después, es algo profundamente cristiano.

. Hoy, con la mayor naturalidad, nuestros hijos nos hablan del problema de la desertización. Conocen las especies en peligro de extinción, y no es extraño que lleguen del colegio diciendo que han visto un vídeo sobre las ballenas y el peligro de que la caza incontrolada acabe con ellas, o de cómo la especulación está arrasando la Amazonía.

. Todo esto es positivo, ayuda a crear sensibilidad,

a sentirse responsables del encargo recibido del Creador: Cuidad la tierra.

. También en casa podemos y debemos decir una palabra sobre estos temas. Es más, yo diría que hay un ecologismo "de andar por casa". Es el ecologismo que podemos practicar el día que salimos de excursión; contemplando, descubriendo el espectáculo de una puesta de sol, o el árbol que dejó hueco un rayo y que se resiste a morir, el árbol al que la primavera le ha puesto hojas tiernas...

. Podemos practicar ecologismo cuando somos capaces de sorprendernos y hacer que se sorprendan nuestros hijos por la maravilla del ritmo de las estaciones. Ese día que salimos de casa y huele a verano, a geranios en maceta, o revolotean enloquecidos los gorriones. Admiramos de cómo la nieve, todavía, llega fiel a su cita con el invierno...  Aprender juntos a respetar la naturaleza desde gestos concretos y posibles: Cerrar el grifo del agua, cuando no se necesita, además de ecológico es un gesto solidario; es tener en cuenta a tantos miles de personas que no pueden disfrutar este bien, que es escaso y de todos. Hacernos cuidadosos con el papel que usemos, llevar el usado a reciclar.

. Enseñar a nuestros hijos a que no creen tantos residuos, a que consuman menos botes de refrescos, a no gastar tanta energía. ¡Se puede ir andando a tantos sitios!

. En fin, es hacerles caer en la cuenta, con nuestro decir y nuestro hacer, de que "nuestra gota" es necesaria en el mar de todos; que lo que está a nuestro alcance, aunque sea poco, es importante porque es posible. Es hacerles, desde el respeto a la naturaleza, capaces de contemplar, de compartir, de amar.

 

Reflexión:

- Elaborad una lista de cinco cosas que son posibles de hacer en casa y que beneficien la Naturaleza ¡Y hacedlas!

- Aprovechad una salida al campo, al parque, para hacer una oración de alabanza desde lo que contempléis.

 

 

6.- Los padres los primeros educadores en la fe

 

Cuando tuve a mi hijo recién nacido entre mis brazos, lo primero que se me ocurrió fue hacerle una pequeña señal de la cruz en la frente. Luego, años después, le pregunté a mi marido qué es lo que había hecho él; había hecho exactamente lo mismo...

 

 

EXPRESAR LOS SENTIMIENTOS con palabras cuesta. Las palabras no hacen muchas veces justicia a los sentimientos, se quedan muy cortas, o por lo menos las mías...

. Cuando uno tiene en los brazos a su hijo, esa vida "pequeñita", pero con infinitas posibilidades, ese "proyecto" acariciado, querido desde el momento que sabes de su existencia, quisieras compartir con él lo mejor que tienes, darle aquello que más quieres, que más valoras, lo que es más importante para ti. Todo eso quería yo expresar con esa cruz sobre la frente...

. Cuando los padres hemos puesto en el centro de nuestra vida a Jesús; cuando a pesar de nuestras incoherencias y tropiezos intentamos seguirle, convencidos de que Él es la razón de nuestra felicidad, deseamos, sobre todo, compartir con nuestros hijos este camino.

. La fe no es un traje para los domingos. La fe es algo totalizador, globalizante. Se vive desde la fe y se enseña a vivir desde la fe. Aquel primer día quise hacer partícipe a mi hijo de un regalo que yo también había recibido desde que nací. Primero mis padres, luego el colegio, la comunidad cristiana, tantas personas que he ido encontrando en mi vida. Algunas especialmente significativas, otras menos, pero un gesto aquí, una palabra allí, todo nos va configurando, nos va haciendo... ¡Y hay que empezar pronto, desde el principio! Para eso tenemos que creer, con toda el alma, que todo lo pequeño, lo que está a nuestro alcance, es importante; todo puede resultar significativo... ¿Qué no daríamos por un hijo? ¿Qué no haríamos por los que queremos?

. A veces vivimos de fantasía, imaginamos "acciones heroicas", "situaciones extremas". Gracias a Dios casi nunca llegan. Es verdad que queda mucho más literario eso de dar la vida así de un golpe, pero en la mayoría de los casos a lo que estamos llamados es a "gastarla" en la dulce monotonía de la vida diaria, a compartirla.

. Estamos llamados a una tarea de siembra desde el principio, a dejar caer el agua fina del testimonio y la palabra. La siembra requiere sobre todo presencia y paciencia...

 

. La fe exige una respuesta personal, pero nadie da una respuesta desde el vacío, poner los cimientos es cosa nuestra. Nuestra porque Dios lo ha querido y está bien así, podría haberse reservado Él sólo la tarea, pero no es su estilo. Nuestro Dios, "nadapoderoso", necesita de hombres y mujeres, de padres y madres para pasar el testigo. Necesita nuestra palabra y nuestra vida para que hablemos de Él. Necesita de la ternura y la presencia de los padres para que entendamos cómo Dios nos quiere y nos acompaña...  Necesita que hablemos de Él a nuestros hijos y que hablemos de ellos con Él y que junto con ellos le hablemos a Él...

 

 

Reflexión:

- ¿Crees que los padres creyentes somos conscientes de nuestra tarea de pasar "el testigo", o delegamos demasiado: catequesis, colegio?

- ¿Qué acciones concretas ayudarían a los padres a descubrir la importancia de su tarea? Pistas para "leer', desde la fe, lo que tal vez hacen.

 

 

7.- La alegría de lo necesario

 

“Mamá a Javi su padre le ha comprado unas deportivas de “marca” que le han costado 150 Euros…”

 

ESTE COMENTARIO no suena extraño ni lejano a los que tenemos hijos. El tono con que te lo dicen puede variar; desde la admiración, lo más frecuente, al ¡que barbaridad…!, esto casi nunca, Lo suelen decir con los ojos como platos, una pizca de envidia y entre líneas se puede leer una petición, cuando no una exigencia.."

. Y es que resulta difícil resistirse a tanta oferta de cosas que aparecen como atractivos, que "todos las tienen", que "otros padres las compran".  Luego en la puerta del colegio o en cualquier reunión de padres, son ellos los que se lamentan. Ninguno está de acuerdo con el consumo desenfrenado, todos creen que es una tontería lo de las marcas, pero al fin, con un "total, ¿qué más da?", (frase que debería ser desterrada en cualquier circunstancia y de todos los idiomas), o un "¿qué podemos hacer?", se sucumbe. Se compran deportivas caras,

videoconsolas última generación, y todo aquello que, según dicen los chicos, tiene todo el mundo...

No, no se trata de ir a contracorriente por capricho, porque sí. Se trata de dar una respuesta coherente, también con el uso del dinero, desde lo que decimos creer, (y hoy los cristianos nos jugamos mucho en esto del dinero, del tener, del almacenar cosas y del afán desenfrenado de consumir).

. En la familia, lugar de lo concreto, tenemos que aprender juntos a vivir con la alegría de lo necesario, a experimentar juntos el gozo de compartir.

. Abrir bien los ojos, o mejor, aprender a mirar para ver a todo ese mundo que no tiene deportivas de 150 Euros, porque sencillamente van descalzos y ni siquiera lo del deporte entra en sus planes.

. Es difícil negarse a satisfacer todos los caprichos de nuestros hijos, sobre todo si podemos. "Queremos lo mejor para ellos", "que sean felices"... Es verdad. Nuestra tarea es enseñarles a serlo. Se aprende todo, y a ser feliz también. En ello nuestro testimonio es importante: que nos vean y nos sientan felices pero con la felicidad del que sabe disfrutar de «lo más caro», de aquello que no puede comprarse con dinero: un beso al acostarse, el olor a tierra mojada, un rato de conversación, un paseo, una puesta de sol, la visita de unos amigos que nos quieren y se dejan querer por nosotros; que nos vean y nos sientan felices cuando, dentro de nuestras posibilidades, contribuimos a hacer más llevadera la situación de paro a una familia. O sencillamente destinamos a zapatos para los que no tienen, lo que podríamos haber gastado en algo que en el fondo no era tan necesario...

. En la familia, desde la realidad de lo cotidiano estamos llamados a vivir las grandes palabras: justicia, solidaridad... Estamos llamados a hacer crecer el Reino.

. ¡Si nos lo creyésemos... haríamos milagros! ¿Por qué no recordamos aquel milagro que empezó cuando un muchachito se decidió a poner en la mesa de todos cinco panes y dos peces...? 

 

Reflexión:

- Tus hijos, tu grupo, tú mismo, recordad cinco cosas compradas en el último mes "que en el fondo no eran tan necesarias".

- En tu familia, en tu grupo, ¿podríais hacer "algún milagro"?

 

 

8.- Celebrar en cristiano todo

 

CUANDO LO QUE TENÍA que ser motivo de alegría, de disfrutar, se convierte en: jaleo, gasto, "complicación", "cumplimiento"... Cuando lo que tenía que ser fuente de gozo se vuelve amargura, algo falla en nuestras celebraciones. ¡Y cómo amarga la alegría que no llega a serlo!... Sin embargo, ¡tenemos que celebrar, hay que aprender a celebrar!

. Hemos hecho un mundo complicado. A veces creemos que celebrar es sinónimo de hacer cosas "fuera de tono", que celebrar es sinónimo de consumir con desenfreno o de hacer lo que nos impone "el que dirán".

. Celebrar es, ante todo, compartir. Compartir un día especial, algo que pasa en nuestra vida... Por eso tendremos que empezar por reunirnos con aquellos que puedan, o por lo menos, estén dispuestos a compartir aquello que celebramos.

. Hacer algo especial en un día distinto puede ser: poner en la mesa una mantelería más bonita, o sacar esa vajilla que nos regalaron cuando nos casamos y que no sale a la mesa todos los días, poner unas flores o unas velas... Hacer algo especial es hacer una oración que recoja el sentido de la fiesta al bendecir la mesa; es tener una felicitación o un recuerdo, si es un aniversario.

. Celebrar es "saber", también con el corazón, el verdadero motivo de nuestra alegría. En Pascua celebramos que Dios se entregó por nosotros y el Padre aceptó la entrega resucitándolo de la muerte.

. “Recuerdo que mi padre murió un 8 de enero.

Aquella Navidad estuvo marcada por la enfermedad y la inminencia de la muerte, sin embargo, una noche de aquellas, alguien a quien yo quiero mucho dijo durante la cena: "A pesar de todo estamos contentos porque celebramos que es Navidad...".

En aquel momento sentí que era verdad, que también desde el dolor se puede celebrar.

 

. Podemos celebrar todo. Si felicitamos a nuestros hijos en su cumpleaños, ¿por qué no felicitar a nuestros hijos y felicitarnos en el aniversario del bautismo, de la primera comunión, de la confirmación, del matrimonio? Ver las fotos, recordar, hacerles partícipes de lo que sentimos aquel día...

. Celebrar los días especiales: ese primer día de curso que es como un folio en blanco lleno de posibilidades o ese día de fin de curso en el que se recoge nuestro trabajo, nuestro esfuerzo y también lo que pudo "haber sido y no fue". 

 

Reflexión:

- Llegan las vacaciones: ¿por qué no haces "un programa de vacaciones" en el que te sientas feliz y libre de agobios? Busca la sencillez.

- ¿Qué costumbres existen en tu familia, en tu entorno de celebración de los acontecimientos de la vida? ¿En qué consiste la celebración? ¿Se trata realmente de una celebración "cristiana"?

- Celebrar hasta ese día en que recordamos a alguien que nos dejó,...

Porque en cristiano se recuerda en la alegría y se reza y se celebra desde la esperanza..

 

Cuadro de texto: Educar en cristiano