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Monición de entrada
(A)
Amigos: la Comunidad de Jesús celebra, hoy, la fiesta de SANTIAGO apóstol. Es el primer apóstol que entregó su vida por el Evangelio. El camino de Santiago no fue un camino turístico, sino de peregrinación, de mirar hacia dentro, para asumir las exigencias del evangelio hasta la muerte; esto es, de querer compartir el mismo cáliz que bebió su Maestro y Señor, Jesús.
Hoy, esta fiesta puede ser para nosotros, una invitación a la oración y meditación. Santiago ha sido y es un lugar para renovar nuestra fe y nuestro compromiso, y, a la vez, es compartir una misma vida y estar permanentemente en actitud de servicio.
Que esta celebración nos ayude a descubrir que lo importante en nuestra vida es SERVIR… al estilo de Jesús.
(B)
Hoy celebramos la Fiesta del Apóstol Santiago. Los apóstoles son nuestros Padres en la fe. Ellos vivieron una experiencia única: convivieron con Jesús y son testigos de su Resurrección. Este Testimonio nos lo han transmitido a nosotros y es el fundamento de nuestra Fe Cristiana. Los Apóstoles son la Tradición viva del Mensaje de Jesús. Hoy el mundo cambia rápidamente, abandona viejas fronteras y costumbres y busca nuevos horizontes cada día. Pero la tradición Apostólica es algo que arranca desde la raíz, desde Jesús, rompe la tierra y se convierte en un árbol con vida y en continuo desarrollo. Los apóstoles nos transmiten ese ejemplo vivo que es Jesús, porque fueron testigos excepcionales de su vida y de su amor.
(C)
Hermanos: celebramos hoy la fiesta del Apóstol Santiago. Él formó parte del grupo de discípulos más cercanos de Jesús. Escuchó su palabra, le acompañó por los caminos de Palestina, vivió la angustia de su muerte, experimentó la profunda alegría de su resurrección. Y, como los demás apóstoles, dedicó luego toda su existencia a ser testigo de Jesús, hasta morir ejecutado por voluntad del rey Herodes.
Pedimos perdón
La Misión de los apóstoles no la hemos entendido bien y no hemos seguido su ejemplo. Por eso vamos a pedir perdón a Dios
* Muchas veces hemos olvidado que los apóstoles nos han transmitido el ejemplo de vida y el Mensaje de Jesús. Por eso: Señor, ten piedad.
* Muchas veces nos quedamos con nuestras costumbres religiosas, despreciando los valores y la rica experiencia que nos han dejado los apóstoles. Por eso : Cristo, ten piedad.
* A veces llamamos Tradición a las costumbres que hemos establecido nosotros, queremos mantenerlas a toda costa y nos dividimos y nos peleamos. Por eso : Señor, ten piedad.
(B)
Por temperamento, Santiago era más bien impetuoso. Otro defecto que señala el Evangelio es el de la ambición, el deseo de ocupar los primeros puestos. ¿Qué actitudes antievangélicas debemos corregir nosotros para ir adquiriendo una mentalidad y un estilo como el de Jesús? ¿Somos violentos, ambiciosos o interesados? Este proceso de maduración es la mejor “peregrinación” y “camino” que podemos emprender bajo la guía de Santiago. Como él tuvo que dejar atrás las miras de prestigio y de poder, para pasar a una actitud de servicio y testimonio, también nosotros reconocemos nuestros fallos al comienzo de esta celebración.
- Tú, que fortaleces a la Iglesia con el testimonio de los apóstoles. Señor, ten piedad.
Oración
Señor, nosotros no hemos visto a Jesús con nuestros ojos, ni nuestras manos tocaron su Cuerpo. Sin embargo intentamos seguir su Mensaje, el ejemplo de su vida, entregada a los demás. Ayúdanos, para aceptar el Testimonio de los Apóstoles que vivieron con Jesús, y compartieron penas y alegrías junto a Él. Siguiendo el ejemplo de Santiago llegaremos a Ti y a ser tus amigos. Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Escuchamos la Palabra
Monición a la primera lectura
La lectura narra el testimonio que daban los apóstoles y el martirio de Santiago. Dar testimonio de Cristo tiene sus riesgos y obliga a beber del cáliz. Quien bebe del cáliz del Señor, pierde su vida, pero, al mismo tiempo, la alcanza en plenitud.
Lectura de los Hechos de los Apóstoles.
En aquellos días, los Apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor con mucho valor y hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo. Los trajeron y los condujeron a presencia del Consejo y el sumo sacerdote los interrogó: - ¿No os habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ése? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre. Pedro y los Apóstoles replicaron: - Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. «El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús a quien vosotros matasteis colgándolo de un madero». «La diestra de Dios lo exaltó haciéndolo jefe y salvador, para otorgar a Israel la conversión con el perdón de los pecados». Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen. Ellos al oír esto se consumían de rabia y trataban de matarlos y el rey Herodes hizo decapitar a Santiago, hermano de Juan. Palabra de Dios
Monición a la segunda lectura
Pablo contrasta la grandeza del ministerio apostólico y la realidad de la debilidad y fragilidad humana. La paradoja consiste en que en la debilidad se manifiesta la fuerza de Dios. Las limitaciones, con la gracia de Dios, engendran vida.
Lectura de la Carta de San Pablo a los Corintios
Hermanos: Este tesoro lo llevamos en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros. Nos aprietan por todos lados, pero no nos aplastan; estamos apurados, pero no desesperados; acosados, pero no abandonados; nos derriban, pero no nos rematan; en toda ocasión y por todas partes llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. Mientras vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte, por causa de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. Así, la muerte está actuando en nosotros, y la vida en vosotros. Teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: «Creí, por eso hablé», sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús, también con Jesús nos resucitará y nos hará estar con vosotros. Todo es para vuestro bien. Cuantos más reciban la gracia, mayor será el agradecimiento, para gloria de Dios.
Palabra de Dios
Monición al Evangelio
La lectura de hoy tiene tres partes bien definidas: la petición de un puesto de honor, la reacción de los demás discípulos y una breve enseñanza de Jesús. Lo que cuenta es el servicio humilde. He ahí la gran lección a aprender.
+ Lectura del Santo Evangelio según San Mateo.
En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: - ¿Qué deseas? Ella contestó: - Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda. Pero Jesús replicó: - No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber? Contestaron: - Lo somos. Él les dijo: - Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre. Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo: - Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan, sino para dar su vida en rescate por muchos.
Palabra del Señor.
Homilías
(A)
Cuando nos acercamos a los apóstoles después de la Pascua, después de Pentecostés, quedamos asombrados del cambio que ha producido Jesús en ellos con su Palabra y con la fuerza del Espíritu. Aquellos que antes se peleaban por ser servidos, por tener la mayor parcela de poder posible, ahora se pelean por servir. Aquellos que se peleaban por ser los primeros, rivalizan ahora por ser los últimos, los servidores de los demás... Ese cambio de actitud es el que se percibe en el apóstol Santiago al leer las lecturas de hoy...
Un miembro de un grupo de lectura creyente de nuestra Diócesis, me decía hace unos días: “Yo, cuando era soltero y con dinero, era un señorito caprichoso que siempre me ponía en el centro y ponía a todos a mis servicio: a mis padres, a mis hermanas y, en lo que podía a mis compañeros... Todos tenían que tenerme a punto la ropa, la comida, el calzado... Pretendía que todo el mundo girara en torno a mí, con lo que naturalmente hacía sufrir, y a veces sufría yo, porque “mis servidores” se resistían a mis caprichos. Un día me animé a leer un libro pequeño que tenía en casa, y al que nunca había hecho caso “Los evangelios”, me llamaron la atención algunos pasajes que leí al azar, entre ellos, el que hemos escuchado hoy. Poco a poco me empezó a interesar la persona de Jesús. Me incorporé aun grupo cristiano, me invitaron a una convivencia... Y así se fue completando mi cambio. Después al disolverse el grupo me incorporé a un grupo de lectura creyente... Ahora lo que procuro es ponerme al servicio de los demás, estar pendiente de ellos, de mi mujer, de mis familiares, de mis compañeros, de los vecinos... procuro serles útil y hacerles felices. Y, con esto, yo mismo soy más feliz y me encuentro más centrado en la vida. He aquí una revolución similar a la verificada por el Espíritu de Jesús en sus apóstoles... Evidentemente, estamos ante un pasaje muy actual. Hoy, como en tiempos de Jesús, hay un modo mundano de entender la vida como éxito, como triunfo social, como escalada de puestos... ¡Cuánto importa la relevancia social, la fama, subir el escalafón, los títulos...! En el fondo lo que se busca es estar por “encima de los demás”, “ ser “señores de los demás”, como si de ello dependiera la verdadera grandeza de una persona.
Frente a esta grandeza engañosa, Jesús propone la verdadera grandeza, el único título que nos engrandece: el título de servidor. Y lo propone no sólo con palabras sino, sobre todo, con hechos, con actitudes vitales... ¡Nunca valoraremos suficientemente el gesto del lavatorio de los pies! Él mismo dice de sí mismo: “No he venido a ser servido, sino a servir”. Jesús se pone a los pies de los demás para servir... Y nos hace una revelación grandiosa: servir al hombre es servir a Dios. Éste es el culto que agrada a Dios... Un culto que no se da en la Iglesia, sino en la vida. Así dirá en el juicio final: “A mí me lo hicisteis”... Servidor de los hermanos, éste es el único título que reconoce el Señor... Todos conocemos personas admirables que parece que se olvidan de sí mismas y que no piensan más que en los demás, siempre dispuestas a tender una mano; personas que no buscan lucir, sino servir. ¿No es cierto que esas personas respiran paz, alegría, felicidad? La madre Teresa confesaba: “Soy la mujer más feliz de la tierra sirviendo a mis hermanos los miserables. Sólo me duele su dolor”. En todos los que convierten su vida en un servicio continuo a los demás se cumplen aquellas palabras de Tagore: Dormí y soñé que la vida era alegría. Me desperté y me di cuenta de que la vida era servicio. Me puse a servir y descubrí que el servicio es alegría. ¿Qué cambios me está pidiendo el Señor, en esta fiesta del Apóstol Santiago, con el mensaje que hoy me ha dirigido?
(B)
En una obra del escritor brasileño Pedro Bloch, hay un diálogo con un niño, que la primera vez que lo leí me dejo conmovido. “¿Rezas a Dios?- Pregunta Bloch. Sí, cada noche- contesta el pequeño. ¿Y qué le pides? Nada. Le pregunto si puedo ayudarle en algo.”
Y ahora soy yo el que me pregunto ¿qué sentiría Dios al oír a este chiquillo que no va donde Él, como hacen la mayoría de las personas mayores, pidiéndole dinero, salud, amor o abrumándole de quejas, de protestas por lo mal que marcha el mundo?... Sin embargo, este chiquillo lo único que hace es simplemente ofrecerse a echarle una mano, si es que la necesita para algo. A lo mejor alguien piensa que esto es una herejía. Porque ¿qué va a necesitar Dios, que es Omnipotente? Y en todo caso ¿qué va a poder darle un niño? Y, sin embargo ¡qué profunda es la intuición de este chaval! Porque lo mejor de Dios no es que sea Omnipotente, sino que no lo sea demasiado y que haya querido “necesitar” de los hombres. Dios es lo suficientemente listo para saber mejor que nadie que la Omnipotencia se admira, se respeta y crea asombro y sumisión. Pero que sólo la debilidad, la proximidad crea amor. Por eso, ya desde el día de la Creación. Él, que nada necesita de nadie, quiso contar con la colaboración del hombre para casi todo. Y empezó por dejar en nuestras manos el completar la obra de la Creación. Por eso, es tan desconcertante ver que la mayoría de los humanos, en vez de felicitarse por la suerte de poder colaborar en la obra de Dios, se pasen la vida mirando al cielo para pedirle que venga a resolver personalmente lo que es tarea nuestra. Yo entiendo, claro, la oración de súplica: el hombre es tan menesteroso, que es muy comprensible que se vuelva a Dios tendiéndole la mano como un mendigo. Pero me parece a mí que, si la mayoría de las veces que los creyentes rezan lo hicieran no para pedirle cosas para ellos, sino para echarle una mano a Dios en el arreglo de los problemas de este mundo, tendríamos ya una tierra mucho más habitable. Con la Iglesia ocurre tres cuartos de lo mismo. No hay cristiano que no se queje de las cosas que hace o deja de hacer la Iglesia, entendiendo por “Iglesia”, el Papa, los obispos y los curas. “Si ellos venderían las riquezas del Vaticano, se solucionaba la crisis….” “Si los Obispos fuesen más asequibles…” “Si los curas predicasen mejor…” tendríamos una Iglesia fascinante… Pero, ¿cuántos se vuelven a la Iglesia para echarle una mano? En la Antología del disparate, hay un chaval que dice que “la fe es lo que nos da Dios para que podamos entender a los curas”… Pero, bromas aparte, la fe es lo que nos da Dios para que luchemos por ella. Hoy, celebramos la fiesta de un hombre que vivió en sí mismo este proceso de transformación del que estoy hablando. Comenzó pretendiendo los primeros puestos, pedía un lugar privilegiado en el Reino… Comenzaba, como muchos de nosotros, pidiendo y pidiendo… Pero terminó dando… Dando hasta su vida por difundir la fe en Jesús. Después de recorrer miles de kilómetros anunciando y pregonando el evangelio (puesto que la tradición dice que llegó hasta España), terminó ofreciendo su propia vida, y fue el primero de los apóstoles que selló su vida con su propia sangre. La solución a muchas de las dificultades o problemas que tenemos planteados no es llorar o volvernos a Dios mendigándole que venga a arreglarnos el reloj, porque no nos funciona o se nos ha parado. Lo mejor será, como hacía el niño de Bloch, echarle una mano a Dios. Es esto lo que hizo Santiago, a quien hoy recordamos. Que su recuerdo nos ayude a sentirnos responsables de seguir transmitiendo a todos el mensaje de Jesús.
(C)
. (Los contrastes de las lecturas de hoy) He aquí dos reflexiones sobre esta fiesta de Santiago: Primera. En los evangelios hallamos a menudo situaciones muy contrastadas. Que a simple vista parecen casi contradictorias. En las lecturas de hoy nos encontramos con lo siguiente: los apóstoles poseen un gran tesoro, pero lo llevan en vasijas de barro. Es decir: el Evangelio que Jesús trajo al mundo, el anuncio de que Dios es el Padre que nos ama a todos y como consecuencia todos somos hermanos, los apóstoles han de seguir proclamándolo y después de ellos, los obispos sus sucesores junto con todos los que compartimos el ministerio y la ilusión por el Reino. Pero lo llevamos en vasijas frágiles que se rompen con facilidad. El evangelio de hoy nos ofrece un ejemplo: los dos apóstoles, Santiago y Juan, acompañados de su madre, provocan malestar entre los Doce al querer reservarse los primeros lugares en el Reino de Dios. Tienen una gran misión, pero siguen sujetos a la debilidad humana. Y a pesar de todo, Jesús confía en ellos. Nos es provechosa esta lección del -evangelio de hoy. También en nuestros días sigue anunciándose el Evangelio, el gran tesoro para todos, pero lo llevamos en vasijas frágiles, quebradizas. No debemos desanimarnos al comprobar que en la Iglesia no todo va bien. Dios se ha fiado de nosotros y nos ha confiado una gran responsabilidad. Sobre todo a los que dedicamos nuestra vida entera al anuncio del Evangelio. Grandeza de la misión y pobreza de los medios humanos. Basta con leer la historia de la Iglesia para comprobar cómo las palabras de san Pablo se repiten a lo largo de los años. Pienso que ante las cosas que no nos gustan de nuestra Iglesia de hoy, debemos trabajar y luchar desde dentro y animarnos a beber el cáliz de Jesús, como hizo Santiago. Y he aquí otra prueba de la fuerza frágil del Evangelio: el discípulo que quería estar encumbrado, que buscaba asegurarse un lugar privilegiado (como veíamos en el evangelio) será el primero en entregar su vida por el maestro (tal como leíamos en la primera lectura).
. (La Iglesia no tiene que ser un lugar de poder) Segunda reflexión en la fiesta de hoy. La Iglesia no tiene que ser un lugar de poder. Los dos apóstoles querían asegurarse una situación de privilegio en el Reino de Cristo, que ellos imaginaban muy parecido a los reinos temporales. En estos, el poder es la herramienta que se busca por encima de todo, y que se hace necesaria -por otra parte- para hacer adelantar a la sociedad. En tiempos de Jesús el poder temporal se concretaba en el despotismo de los emperadores romanos que dominaban el mundo entonces conocido. De forma parecida al entramado más o menos visible que hoy controla la humanidad entera. Y afirma Jesús: "No será así entre vosotros". Si observamos con ojos contemplativos la historia de la Iglesia nos admiramos de que durante tantos siglos haya sido un estado con poder temporal. Que haya sobrevivido al poder temporal casi puede considerarse un verdadero milagro. ¡Son tan claras las palabras de Jesús: "No será así entre vosotros"! Hoy son numerosos los cristianos que en nuestras parroquias participan en la actividad de la Iglesia. Hay consejos pastorales, de economía, equipos de liturgia... A veces se plantea la cuestión del mando. No. No se trata de repartirnos el pastel del pequeño poder que pueda haber, sino de ver, por ejemplo, cómo podemos entre todos alcanzar el corazón de los jóvenes. Descubrir si hay en la parroquia gente que lo pasa mal para echarles una mano. Contactar con comunidades pobres del Tercer Mundo, etc. Los sacerdotes hemos de evitar siempre ser autoritarios, imponer las cosas sin consultarlas previamente, ir a nuestro aire... E imitar a Jesús quien "no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida". Buena lección para todos en la fiesta de Santiago.
(D)
. UN PATRONO QUE NOS ENSEÑA A SER APOSTÓLICOS Hace un mes, en la fiesta de san Pedro y san Pablo, se nos invitaba a reavivar el carácter «apostólico» de nuestra Iglesia. Hoy celebramos la fiesta de otro apóstol, Santiago, patrono de «los pueblos de España» (prefacio). Es una buena ocasión para que nos concienciemos más en que nuestra comunidad eclesial es apostólica, cimentada en la fe de los apóstoles. No somos los únicos, ni los primeros: somos herederos de dos mil años de fe cristiana, vivida en una comunidad cristiana que se remonta a los apóstoles elegidos por Cristo. También es la ocasión para reflexionar sobre lo que significa tener un santo patrono y en las lecciones que en concreto Santiago da a nuestra vivencia personal y comunitaria de la fe cristiana. No será superfluo recordar que la figura de Santiago -y su proyección a nuestra fe- no la tendríamos que basar sobre todo en los datos de la tradición, aunque sea secular, ni en la imaginería heredada, sino fundamentalmente en los textos de esta celebración, de las lecturas y de las oraciones.
. QUIEN ES SANTIAGO, SEGÚN EL EVANGELIO Un patrono es un santo que consideramos cercano por algún motivo, que tomamos como ejemplo viviente de vida evangélica por sus características especiales, y que sentimos que intercede por nosotros. El nuestro es un apóstol, y además, uno de los tres «íntimos» que acompañaban a Jesús. La imagen de Santiago no aparece en el evangelio sin defectos. Como su hermano Juan, es ambicioso y busca grandeza y poder: la petición la pone Mateo en labios de su madre, pero no andarían lejos ellos (es explicable el enfado de los otros apóstoles, porque seguramente también pensaban ellos pedir lo mismo). Son también un poco violentos y demasiado enérgicos (les llamaban «los hijos del trueno»). La lección que les da Jesús es merecida y, por lo que sabemos, eficaz. Un poco presuntuosamente, dicen que están dispuestos a seguir a Jesús hasta la muerte «sí somos capaces». Pues tuvieron ocasión de mostrar que habían llegado a esa madurez: predicaron incansablemente la buena noticia de Jesús, a pesar de las detenciones y la persecución (como dice Pablo en la segunda lectura, la vida de un apóstol es como llevar un tesoro en vasijas de barro: «nos están entregando a la muerte a causa de Jesús». Pero es tan grande la convicción interior y su entrega a Cristo, que nada ni nadie les puede hacer callar: «creí y por eso hablé» Santiago fue precisamente el primero que llevó este testimonio hasta la muerte: «bebió el cáliz del Señor» (prefacio), Podemos estar orgullosos de él y, a la vez, aprender su lección de fidelidad a Cristo. . TESTIGOS DE CRISTO EN EL MUNDO DE HOY
a) Los que invocamos a Santiago como patrono y protector, debemos aprender a ser valientes testigos de Cristo en medio del mundo, aún en medio de circunstancias adversas. Con capacidad de soportar incluso la persecución por su fe, A él no le querían dejar hablar de Jesús, pero «obedeció antes a Dios que a los hombres» y siguió dando testimonio de él. Hasta la muerte. Tampoco a nosotros nos resulta muy favorable el ambiente para vivir en cristiano y para dar testimonio de la ética del evangelio o de los valores en que creemos, Más o menos solapadamente, se ignora, se critica o hasta se persigue la religión. ¿Cómo reaccionamos ante esta pérdida de valores cristianos? ¿se nos puede tachar de tímidos, perezosos, acomplejados? ¿Seguimos la moda, la dirección de las estadísticas, la ley de lo fácil, en vez de actuar como verdaderos seguidores de Cristo, siendo sal y luz y fermento en medio del mundo? Entonces valdría la pena que cambiáramos de santo patrono, Sea cual sea el ambiente en que nos movemos -el de la cultura, el del trabajo, el sociopolítico, el familiar- a los cristianos se nos pide que demos un ejemplo de entereza y convicción como la de los apóstoles y la de la primera comunidad de Jerusalén.
b) También deberíamos aprender de Santiago el estilo de humildad:-servicialidad al que, por temperamento, se ve que no era muy inclinado, pero que aprendió de Jesús. Los cristianos -la Iglesia y cada uno de nosotros- no deberíamos ser arrogantes, violentos o ávidos de poder y privilegios «el uno a la izquierda y el otro a la derecha». Valientes, sí, pero humildes. «El que quiera ser grande, que sea vuestro servidor», igual que Jesús, que «no ha venido para que le sirvan sino para servir y dar la vida por los demás». Al cabo de la semana tenemos mil ocasiones en que nos podemos comportar con esta sencillez y servicialidad para con los demás. Y será precisamente el mejor testimonio que daremos de nuestra fe en Cristo: un testimonio dado en un lenguaje que todos entienden.
Oración de los fieles
(A)
1.- Por la Iglesia, para que sea fiel testimonio de servicio a los hombres, y presente a todos el verdadero rostro de Dios. OREMOS AL SEÑOR
2.- Por cuantos seguimos a Jesús, para que en todo lo que hagamos sepamos reflejar su amor y su entrega. OREMOS AL SEÑOR
3.- Por todas las personas que te buscan, para que encuentren en nosotros acogida y les acompañemos en su búsqueda. OREMOS AL SEÑOR
4.- Por todos los peregrinos que este verano recorrerán el camino hacia Santiago, para que sean días de encuentro y de profundización en su fe. OREMOS AL SEÑOR.
(B)
Es el momento de pedir por todos. Unidos en una misma Fe y Esperanza pedimos a Dios
1.- Pedimos por la Iglesia y los Pastores que la dirigen, para que sea fiel a la Tradición de los Apóstoles : Roguemos al Señor.
2.- Pedimos por todos los que no ven con claridad el camino a seguir, para que la luz de la fe de Santiago los ilumine: Roguemos al Señor.
3.- Pedimos por todos los que , fieles a la Tradición verdadera, luchan para que sea una realidad en nuestras vidas el cambio y el progreso social : Roguemos al Señor.
4.- Pedimos por todos nosotros, para que nuestra fe, no sea sólo aceptar unas costumbres, sino, sobre todo, ser responsables en la vida: Roguemos al Señor.
Ti, Dios Padre, te pedimos que animes nuestra fe y que no tengamos miedo a los cambios ni a las costumbres nuevas. Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
(C)
Unidos en la fe y en la esperanza, oremos a Dios nuestro Padre, diciendo: Padre, escúchanos.
Oración de ofrendas
Te ofrecemos el pan y el vino. Junto a ellos, presentamos nuestras vidas: Vidas de cristianos, fieles a la Tradición de los Apóstoles; vidas de cristianos, que muchas veces dudamos en nuestra fe, y no sabemos por donde tirar en la vida, ni cómo seguir a Jesús; Pero en definitiva, vidas llenas de ilusión y de esperanza. Te lo ofrecemos todo por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Prefacio...
El Señor esté con vosotros ... Levantemos el corazón ... Demos gracias al Señor, Nuestro Dios …
Te damos gracias, Señor, porque nos enviaste a tu Hijo Jesús, que se rodeó de un grupo de amigos, que fueron testigos de su Vida y de su Amor. Escogió a doce Apóstoles para seguir anunciando al mundo el Misterio Salvador de su Muerte y Resurrección. Impulsados por la fuerza del Espíritu, extendieron su Mensaje por todo el mundo, y entre todos los pueblos y naciones. Nosotros, ahora, agradecidos, nos unimos a los Apóstoles, a los Santos y a las personas de buen corazón para entonar un himno de alabanza diciendo :
Santo, Santo, Santo ...
Oración(A)
Santiago vino a contarnos quién eras, vino tu apóstol Santiago, uno de los tuyos, sencillo, como todos, a demostrar que Tú eres nuestro tesoro y nosotros, somos como vasijas de barro.
La tradición dice que vino a nosotros, pero en este momento de la historia, son pocos los que te siguen, Señor, porque han descubierto otros dioses.
Queremos que te alaben todos los pueblos y te disfrute cada persona, pero son demasiados los que viven sin ti, y otros tienen una religión rutinaria y vacía.
Impulsa nuestra fe, Santiago apóstol, conviértenos a Dios a tanta gente que anda dispersa o renegada y no le satisface el Dios que le contamos.
Señor, envía tu Espíritu sobre nuestro país y nuestra gente, que nadie viva sin ti, sin comunidad, sal al encuentro de tus hijos, Señor.
(B)
Te damos gracias, Padre, y te bendecimos porque en la persona de tu Hijo Jesús, llamaste a Santiago, para ser apóstol, y lo enviaste a recorrer el mundo para que hiciera entre nosotros, discípulos de Jesús.
Tú lo elegiste, Padre, porque lo amabas. Tú nos lo enviaste, Señor, porque nos amas. Te pedimos, Padre, que nos des a conocer, el gran honor de la Misión a la que nos llamas, el puesto privilegiado de ser testigos de tu Amor.
Ayúdanos, Padre, a permanecer firmes en la fe, gozosos y alegres en la esperanza, generosos y solidarios en la caridad.
Concédenos, marchar gozosos por el buen camino: el camino del seguimiento a Santiago, el camino de la fidelidad al Evangelio, el camino del servicio a los hermanos, el camino del compromiso con los pobres, el camino que conduce a Ti, nuestro Padre.
Monición de despedida
Señor, tú que nos has invitado al banquete de tu Palabra y a la Mesa de comunión, protege a todos los pueblos para que vivamos en la paz que Tú has venido a traernos; que en nuestra vida hagamos un espacio para la oración y el encuentro con los hermanos, que nos ayude a vivir cada día nuestro compromiso al estilo de tu Hijo. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor.
Reflexión
"No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor"
Hay días especiales, significativos en la vida de cada persona. También en la Comunidad cristiana hay motivos que expresan una singularidad. Éste es el día de hoy. Es la fiesta de SANTIAGO. Fue uno de los íntimos de Jesús.
Jesús cuidó con mimo de su GRUPO: quiso formar con ellos una comunidad, que asumiera el PROYECTO DEL REINO. Esto es: pretendió que aquellos hombres tuvieran los mismos ideales que Él, que se enamoraran de aquella propuesta definitiva que Él mismo les ofrece de parte de Dios. En su debilidad, les ofrece el regalo y la fuerza de su Espíritu.
SANTIAGO fue el primero al que le tocará sellar, hasta con su sangre, ese seguimiento de Jesús, fue un testigo fiel hasta el final. Luego vendrían el resto del grupo; a lo largo de la historia, serán muchos los que sigan el mismo camino de Jesús, hasta la ENTREGA TOTAL.
Hoy, pues, es un día bonito para preguntarnos por la profundidad y radicalidad de nuestra fe y de nuestro seguimiento de Jesús. Una vez más es una INVITACIÓN, de esas invitaciones que "provocan" y que merecen la pena. ¿No nos vamos a animar?
¡DICHOSOS quienes acogen SU LLAMADA! |
