Cuadro de texto: Misa funeral por un padre o una madre
Cuadro de texto: Monición de entrada:

Al recibiros hoy en la Iglesia, queridos familiares de N., querríamos poner a vuestro lado todo el consuelo que necesitáis. Pero sabemos que nadie ni nada, es capaz de llenar el vacío que dejan un padre o una madre... Al menos contad con todo el afecto de que somos capaces. Y contad, sobre todo, con el consuelo de Dios, que aprecia como nadie la valía incalculable de alguien tan insustituible en una familia como un padre o una madre.
En esta Eucaristía Él, que es Padre y nos ama con ternura viene a reconfortarnos con su Palabra y con su Pan de Vida.

Rito de la Luz

En señal de nuestra esperanza en Jesús Resucitado y en nuestra resurrección, encendemos esta llama. Que el resplandor de esta luz ilumine nuestras tinieblas y alumbre nuestro camino de esperanza hasta el encuentro definitivo en el Reino de la Luz y de la Paz

(Mientras se enciende el Cirio, se canta...)

Que la Luz del Resucitado brille con gran resplandor,
que ella ilumine tus pasos hasta el encuentro con Dios.


Oremos

Oh Dios, que nos has mandado honrar padre y madre,
ten misericordia de N.,
la esposa y madre (padre) cuya muerte lloramos
unidos al dolor de su familia;
y haz que un día nos reunamos con ella (él)
en la claridad de tu gloria.
Por NSJ...

Introducción a las lecturas

De nuestros padres aprendimos a llamar a Dios como nos dice san Pablo en su lectura: “Abbá” (Padre). “Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles”, nos recuerda el salmo de respuesta. Y el evangelio, nos garantiza que quien entrega su vida como el grano de trigo en el surco, da mucho fruto y alcanza la vida eterna.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos

Hermanos:
Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios.
Habéis recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: “¡Abbá! (Padre)”.
Ese Espíritu y nuestro espíritu dan testimonio, dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios; y, si somos hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, ya que sufrimos con él para ser también con él glorificados.
Sostengo, además, que los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá.
Porque la creación, expectante, está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios; ella fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por uno que la sometió; pero fue con la esperanza de que la creación misma se vería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios.
Porque sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto.
Y no sólo eso; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo.

						Palabra de Dios

Salmo: 
Gustad y ved qué bueno es el Señor... 

+ Lectura del santo evangelio según san Juan

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
“Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre”
Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará.

							Palabra del Señor


Homilía

Querida familia (esposo, hijos, hermanos...) de N., familiares y amigos todos. ¡Qué doloroso resulta hablar a una familia que llora la muerte de su madre (padre)!. No encontramos palabras. Por eso, permitidme que recoja el gesto silencioso de todos los aquí reunidos que, sencillamente con nuestra presencia, queremos expresaros que estamos con vosotros, compartiendo vuestra pena y acompañándoos en vuestro dolor.
Pero, por otra parte, ¡qué consolador resulta acompañar en el adiós, a una madre (padre) que ha hecho de su vida una siembra de sacrificio, de trabajo y de cariño derramado con ternura en bien de su familia y en bien de otras muchas personas a quienes ha tratado como a su propia familia!
Un padre o una madre de bien, cumplen paso a paso en su vida, el evangelio que hemos proclamado. Grano de trigo rompiéndose, día a día, en el surco del trabajo y de las labores, del esfuerzo y de la preocupación, de ganar el pan y de guisar en la cocina, del correr con el hijo enfermo y del esperar en insomnio la vuelta tardía de quienes aún no han llegado a casa.
Una siembra sin medida y sin par, la de muchos padres. Un esconderse y desaparecer, para crezcan los demás. Un ir dando la vida. Es la fecundidad del amor generoso. Porque, si alguien sabe de amor, es un padre y una madre buenos. Del amor auténtico que se trasluce en las palabras de Jesús: “El que se ama a sí mismo se pierde, pero el que se entrega y se da, ese se guarda para la vida eterna”.
El amor de los padres es el más parecido al de Dios, porque es un amor limpio y tierno.
¿Cuántos detalles de ternura recordamos de nuestro padres?, y porque, al estilo de Dios, también ellos “conocen nuestra masa”, saben nuestras debilidades, pero confían en nuestras posibilidades. Siempre animando, siempre esperando, siempre asomados a la ventana, como en la parábola del evangelio ansiando la vuelta de quien está lejos. A veces les reprochamos que no ven las faltas de sus hijos. Pero no se trata de eso; es que conocen nuestras deficiencias  y, desde ahí, nos comprenden, nos excusan y confían en nosotros.
Sí, el amor de los padres es el que más se parece al amor de Dios.
Hermanos, tanto derroche de amor no va a quedar hoy enterrado en el sepulcro. Dios va a cumplir su palabra y N., va a fructificar en vida eterna.
Demos gracias a Dios por todo el bien que, a través de N., ha hecho en los demás y, especialmente, en vosotros, sus familiares más cercanos.
Y, sobre todo, demos gracias a Dios porque, en Jesús, su Hijo, ha hecho brillar la esperanza de nuestra resurrección, dándonos la certeza de que la última palabra no va a tenerla la muerte y la separación de nuestros seres queridos, sino la vida y el encuentro gozoso de los que se aman.



Oración de los fieles

Suplicamos a Dios y le presentamos nuestras peticiones, muy especialmente el dolor de esta familia. Oremos diciendo: PADRE, ESCÚCHANOS.

Por la Iglesia, para que proclame al mundo que Dios es Padre, y que todos los hombres somos hermanos. OREMOS...
(Madre) Por nuestra hermana N., para que el Señor acoja todos los trabajos y sacrificios, que como esposa y madre realizó. OREMOS...
((Madre) Para que nuestra hermana, que en su vida se preocupó por los suyos, ruegue sin cesar por ellos ahora en la presencia de Dios. OREMOS...
(Padre) Por nuestro hermano N., para que el Señor premie sus trabajos y desvelos para sacar adelante su hogar y la educación de sus hijos. OREMOS...
(Padre) Para que el Padre de los cielos, siga velando y ayudando a quienes nuestro hermano ha tenido que dejar huérfanos en la tierra. OREMOS...
Para que María, la Madre del Señor, interceda por todos los hogares cristianos y ruegue por nosotros a su Hijo. OREMOS...
Por todos nosotros, para que sepamos aportar nuestro grano de arena en aliviar los sufrimientos de los demás. OREMOS...

Padre, mira con bondad a tus hijos que lloran apenados. Haz que del llanto y el dolor pasemos a la luz y la paz de tu presencia. Por JNS...

Oración sobre las ofrendas

Acoge, Señor nuestros miedos,
y transfórmalos en confianza;
recibe, Señor, nuestros sufrimientos,
y transfórmalos en oración profunda;
recoge nuestras lágrimas y llantos,
y transfórmalos en plegaria confiada;
ten en cuenta nuestra soledad,
y transfórmala en esperanza,
acepta esta muerte, 
y transfórmala en vida y resurrección para siempre.
Por JNS...

Plegaria Eucarística...

Padrenuestro

Estamos aquí, delante de Dios, y vamos a intentar dialogar con Él como un hijo habla con sus padres. Vamos a pedirle todo lo que necesitamos. Pero no sólo para nosotros, sino para todos nuestros hermanos: que a nadie le falta el pan de cada día y una mano amiga para vencer las dificultades de la vida....

Invitación a la Paz:

Que vuestras lágrimas, querida familia, se enjuguen un poco con la paz que os deseamos y, sobre todo, con la paz del Señor. Como hijos de Dios, nos damos fraternalmente la paz...

Comunión:

El pan de la Eucaristía es el fruto del grano de trigo, Cristo, roto en el surco de la cruz y florecido en resurrección. Dichosos los que comen de este pan que es siembra de vida eterna. Dichosos los llamados a la mesa del Señor

Agradecimiento de la familia:

A todos cuantos nos venís acompañando en estos momentos difíciles, os damos las gracias. Nos ayuda mucho el comprobar la estima que sentís por N. (nuestro padre, nuestra madre), para quien muchos de vosotros erais como de la familia. Y nos va ayudar también la esperanza vivida en esta celebración tan sentida y tan participada. Que sigamos unidos.

Despedida

Los seres humanos nos juntamos para compartir las alegrías y las penas que la vida nos presenta.
Quienes, además, nos sentimos iluminados por la fe en Jesús, vivimos la solidaridad como una fuerza de fraternidad.
Hemos estado junto a la familia de N., con el compromiso de seguir cerca los unos de los otros, con nuestra promesa de ayudarnos mutuamente.
Jesús resucitado está misericordiosamente presente en medio de nosotros y nos alienta en este camino de fraternidad.
Nuestro canto de esperanza es la última oración de hoy de la Comunidad Cristiana a favor de nuestro hermano/a difunto.

Canto:

(Mientras se canta se asperja el cadáver...)

Oración en silencio: Ahora, hacemos un silencio para que cada uno de nosotros hagamos nuestra oración personal de despedida a N.,

Oración presidencial

Señor, Jesucristo, Hijo de Dios,
que quisiste tener una madre (padre) en la tierra,
mira con ojos de compasión a N.,
a quien has llamado del seno de su familia.
Bendice el amor que tuvo siempre a los suyos en la tierra
y haz que, desde el cielo, pueda seguir ayudándoles.
Toma bajo tu protección misericordiosa
a quienes él (ella)  ha tenido que abandonar ahora.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Concédele, Señor, el descanso eterno...
Su alma y las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz. Amén.


Por el padre difunto

Queremos traer a nuestra oración
el recuerdo de nuestro padre difunto.
Él era un hombre de fe.
Le vimos tomar parte
en nuestra sencilla oración.
De pequeños, él nos llevaba con nuestra madre a la Iglesia.
En realidad, no nos daba muchos consejos.
Pero iba siempre más lejos con las obras que con las palabras...
Dale, Señor, la vida feliz en la que siempre creyó...
Págale todo lo que él trabajó por nosotros.
Prémiale, Señor, el ejemplo de su trabajo y honradez.
No te acuerdes, Señor, de sus pecados,
de los defectos que pudo tener,
Tú, que eres un Padre tan bueno.
Dale, Señor, el descanso sin fin.
Que viva para siempre feliz en tu casa.
Danos la gracia de continuar en esta familia su obra,
de cultivar sus mejores virtudes,
de imitar sus mejores ejemplos...
Viva nuestro padre, Señor,
en la Fiesta Eterna de tu Reino con todos los santos.
Que nos encontremos un día contigo y con él en el cielo.
Amén.

Por nuestra madre difunta

Rezamos, Señor, por nuestra madre.
La recordamos con paz y con amor ante Ti,
seguros de que ella vive,
como estamos seguros de que vives Tú
y de que tu amor dura para siempre.
La recordamos cuando estaba con nosotros...
A veces, nos parece sentir el calor de su presencia
como cuando vivía aquí.
Dale, Señor, tu paz.
Tenla muy cerca de Ti.
Que sea feliz y ruegue ante Ti por nosotros.
Ayúdanos a vivir lo que ella nos enseñó.
A rezarte como ella rezaba,
a quererte como ella te quería.
Y si por debilidad en algo te faltó,
perdónala, Tú que sabes lo que es ser Padre y Madre
y conoces como nadie el amor y el perdón.
Perdónale sus faltas por lo mucho que nos quiso a todos.
Gracias, Señor, por esta oración que nos llena de paz
en el recuerdo de nuestra madre.
Amén.