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Monición…
Queremos estar una hora con Jesús. No tengamos prisas. Junto a Jesús el tiempo tiene sabor de eternidad. Son muchas las cosas que tenemos que repasar, recordar y agradecer. Son, sobre todo, muchas las cosas que tenemos que escuchar. Necesitamos tiempo aunque sólo sea para “estar” en silencio, pero sintiendo su presencia. Aunque es de noche, esta hora puede ser una hora de luz. Que Jesús nos ilumine, porque él es nuestro sol; y su palabra es nuestra luz. Esta tarde hemos escuchado palabras divinas. Vamos a guardarlas en el corazón. Aunque haga frío, esta es una hora cálida de amor, prolongación del amor inmenso que hemos celebrado esta tarde. Ábrete a ese fuego misterioso, que no se apaga, sino que crece y nunca muere. Escuchemos y miremos. Miremos a Jesús con el corazón hasta comulgar con él.
Canto: Quédate, Señor, que se hace tarde...
Introducción al salmo
Comenzamos esta oración proclamando la realidad más profunda del ser humano: “la necesidad de Dios”. Hemos sido creados para necesitar a Dios. Por eso, todo nuestro ser es un grito permanente, clamoroso, por él. Somos como esas tierras arcillosas resecas, que se agrietan, como bocas que piden agua para calmar su sed. Podemos afirmar que este salmo es nuestro salmo. El salmo de los que sienten, viven y manifiestan públicamente, la sed insaciable que tienen de Dios: “tú eres mi Dios… estoy sediento de ti… tengo ansia de ti…como tierra reseca…sin agua…” Éste es nuestro único modo de vivir como cristianos. “Ya en el lecho me acuerdo de ti y velando medito en ti…” es toda nuestra vida la que clama insistentemente por Dios. Que la oración de esta noche, sea eso: un clamor, un grito… por este Dios que necesitamos.
Salmo: Mi alma está sedienta de Ti...
Oración
Señor Jesús, aquí estamos, esta noche, ante ti, porque queremos seguir tu camino. Tu vida entera ha sido una obra de amor constante; tú has hecho crecer a tu alrededor todas las semillas de la fe y de la esperanza; tú nos has mostrado la única manera de vivir verdaderamente humana; tú nos has enseñado la confianza más plena en Dios, el Padre.
Monición a las lecturas
Unos textos del Evangelio nos van a servir de guía en este rato de oración, que ellos también iluminen nuestra vida y las oscuridades que nos impiden seguir a Jesús de forma más comprometida…
+ Lectura del Santo Evangelio según San Mateo
Palabra del Señor.
1.- El único fracaso es no intentarlo
Si tuviese que poner un título a este pasaje del Evangelio: “Un desconocido que te invita a arriesgarte” o “Unos pobres hombres tienen el coraje de intentarlo todo”.
Ni Simón ni Andrés, ni Santiago ni Juan, tenían idea de quién fuese aquel desconocido que pasaba por las orillas del Lago. Ellos estaban a lo suyo. Y un desconocido les invita a dejarlo todo y a seguirle. Así de simple. ¿No sería una trampa? ¿No sería un engaño o una simple tomadura de pelo? No es que tuviesen mucho que dejar, pero tenían para vivir. Una barca y unas redes. Suficiente para poder comer. ¿A caso estarían ya hartos de hacer siempre lo mismo y ahora tenían una oportunidad de cambiar? Pero ¿no era eso un riesgo? El único fracaso de triunfar en la vida suele ser de ordinario el no decidirse, el no intentarlo. Y ellos lo intentaron. Se lanzaron al vacío de algo que no conocían.
A un amigo mío le gustaba mucho ver las cosas al revés. Pues decía que, vistas al derecho, las cosas carecían de luminosidad. Así, por ejemplo decía: No existe la oscuridad. Sencillamente falta la luz. No existe la tristeza. Es que sencillamente no tenemos alegría.
Es que en la vida, todo es cuestión de perspectiva. Para el borracho, cuando la botella está por la mitad, ya se siente preocupado, “porque ya queda poco”. En cambio, otros dicen, “tranquilo, viejo, que aún queda media botella, todavía hay para rato”.
¿Existe realmente el fracaso? Sí. El fracaso sólo existe para aquellos que, por miedo a fracasar, “nunca lo intentan”. Esos nunca fracasan. Ellos mismos son un fracaso. ¿Existe la derrota? Sí. La derrota existe para aquellos que nunca se deciden a pelear o luchar. Pero quien pelea, quien lucha, no es un derrotado. Es un luchador en la vida. Y lo que realmente vale en la vida, no son precisamente el triunfar siempre, sino el luchar siempre. ¿Hay algo insuperable para ti? Sí. Tú mismo que nunca te decides a enfrentarte con tu verdad, con tu realidad. El primer obstáculo con el que nos encontramos en la vida, no son las cosas, ni las dificultades, sino nosotros mismos. Cuando logramos vencer nuestras indecisiones dentro de nosotros mismos, el resto ya es camino fácil.
En un programa televisivo ofrecían una experiencia de formación de líderes de lo más curioso. Como decía el comentarista, no eran fakires, eran gente normal como nosotros, la mayoría eran empresarios jóvenes. Como empresarios se les quería formar en una mentalidad de riesgo. Hacerles sentir que valía la pena arriesgarse en los negocios, en la innovación de sus empresas. ¿Cómo lo hacían? Presentaron diversas técnicas de motivación. Pero la que más me llamó la atención, fue sin duda, el tener que atravesar un brasero encendido, descalzos. Encendieron unas brasas que, sólo verlas, ya uno se sentía cohibido. Luego las esparcieron por el suelo. Había que atravesar por encima de ellas descalzos. Cada uno tenía que poner al menos unas tres o cuatro veces los pies sobre ellas. A mí se me estaba poniendo la carne de gallina. Cuando de repente, a un grito unánime, todos iban desfilando sobre aquellas brasas y terminaban todos tan felices, riéndose de ellos mismos, con la satisfacción de: “lo he hecho”, “he sido capaz”.
Necesitamos ser positivos. Necesitamos mentalizarnos. Necesitamos arriesgarnos. Necesitamos demostrarnos que sí es posible. Necesitamos convencernos de que sí podemos. La esperanza es creer en mí. La esperanza es creer a las invitaciones de Dios en nuestras vidas. Cuando Dios nos llama no podemos pasarnos la vida razonando los pro y los contra. Puede que al principio no entendamos nada. Puede que al principio nos parezca todo un absurdo. Y hasta es posible que si consultamos a los demás, nos pidan prudencia. Que no hagamos locuras. Y menos fiarnos de alguien desconocido para nosotros. Y sin nada fijo por delante. Todo es cuestión de creer en nosotros mismos y creer en la llamada en Él. Creer no es cambiar nuestras ideas, sino arriesgar nuestras vidas fiándonos de una palabra.
Oración
Señor: Muchas veces has pasado a orillas del lago de mi vida. Otras tantas me has llamado. A veces he querido decirte que sí, pero luego he sentido miedo. Otras veces he preferido seguir metido entre las redes que me tienen atrapado. Y no pocas veces, he preferido escuchar el rumor de las aguas del Lago a tu voz. Hoy te pido, Señor, oídos para escucharte. Un corazón generoso y desprendido que se decida a seguirte. No sé adónde quieres llevarme, pero no importa. Prefiero fiarme de ti a seguir atrapado en mis miedos.
2.- No basta sentir compasión
+ Lectura del santo evangelio según san Mateo
Algunos pasamos por la vida y no vemos nada. Y no vemos nada porque nuestro corazón no ve nada. De Jesús nos dice el Evangelio que “al ver a las gentes, se compadeció de ellas, porque estaban extenuadas, como ovejas que no tienen pastor”. Es que Jesús caminaba por la vida con los ojos siempre abiertos y el corazón siempre atento a lo que sucedía a su alrededor. Es que a Jesús los hombres le duelen.
Le duelen los que tienen el estómago vacío. Pero sobre todo, le duelen los hombres que aún no conocen la luz del Evangelio.
Oración Señor: Tu mies es esa pequeña charca que está cerca de nuestra casa. y mujeres del mundo. Y danos esa conciencia de que todos somos unos enviados por ti. Amén
“Recoged las sobras” + Lectura del santo evangelio según san Mateo
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer. Jesús les replicó:
“Recoged las sobras”. Es que lo que a uno le sobra, a otro le falta. Lo que para uno puede ser ya innecesario para otros es algo esencial. Muchos vivirían dignamente como personas con lo que les sobra a muchos otros. En tu corazón abunda y sobra mucho amor. No lo desperdicies dándolo solo a tus amigos, a los que tienes cerca o a los que te caen bien. Hay tanta gente hoy necesitada de un poco de cariño, de un poco de amor. Gente que se muere de hambre de pan, pero también de hambre de un poco de amor y de cariño. Comparte el amor que sobra en tu corazón que es mucho. ¡Que, por favor, no se pierda nada del amor que es capaz de dar tu corazón! En tu corazón abunda la bondad. No la des solo a quienes ya tienen suficiente. No sé si has logrado reconocer toda la bondad que llevas dentro. ¡Como siempre nos han enseñado a ver todo lo que llevamos de malo, ya nos hemos olvidado de reconocer toda la bondad que brota de nuestro corazón! Porque hay muchos que están necesitados: de una palabra de cariño, En tu corazón abunda y sobra el tiempo. ¿Sabes cuánto tiempo tienes de sobra? Examina bien cómo administras tu tiempo y verás que tienes tiempo de sobra. ¿Y por qué no dedicar un poco de ese tu tiempo a quienes viven solos, sin tener con quien hablar, sin que nadie los visite. Que cada día se están muriendo en su soledad, en la soledad de su corazón. En tu corazón abunda la generosidad. Es posible que haya mucho de egoísmo dentro de ti. Todos llevamos demasiado. Pero aún así, ¿te das cuenta de cuánta generosidad hay dentro de tu corazón? No la repartas sólo con los que ya tienen demasiado. ¡Hay tantos necesitados de eso que a ti te está sobrando! En tu corazón abunda la alegría. Claro que también tú llevas dentro muchas tristezas, muchas amarguras. Pero, ¿no me digas que dentro de tu corazón no hay alegría suficiente para ti, para los tuyos, para tus amistades? Y aún después de hacer felices a tantos, todavía queda mucha alegría de sobra en ti. ¿No podías compartir un poco de lo que a ti te sobra con tanta gente que vive triste, angustiada, desolada, desconsolada? Nadie te pide que tú vivas triste por regalar tu alegría a los demás. Sólo se te pide compartas la alegría que llevas de sobra en tu corazón. En tu corazón hay mucha esperanza, aunque muchas veces también tú sientas que se te nubla el horizonte. Pero aún así, en tu corazón hay esperanza para ti y para los demás. ¿No podías compartir esa “cesta de esperanza” que sobra en tu corazón, con quienes viven desesperanzados, viven sin futuro, viven sin horizonte alguno en su vida? En tu corazón te sobra paciencia. Ya sé que muchas veces también tú te cansas. Sin embargo, si te fijas bien, tienes paciencia para ti y para los demás. Si te miras por dentro, te darás cuenta de cuántas cosas sobran en tu vida, que no sabes qué hacer con ellas. Cosas que tú mismo ya no consumes e incluso hasta te pueden estorbar y no sabes qué hacer con ellas. No te fijes tanto en tu chequera, ni en los armarios que ya están llenos, ni siquiera en la nevera donde hay muchas cosas que se están echando a perder. Preferible que mires a tu corazón. Porque es ahí donde más abundancia hay en tu vida.
Oración
Señor: Siempre creemos tener menos de lo que tenemos, que no utilizamos. por no regalarla. la necesidad de compartir.
Mirar “para otro lado”. + Lectura del santo Evangelio según San Lucas
En aquel tiempo se presentó un letrado y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna? Él le dijo: ¿Qué está escrito en la Ley?, ¿qué lees en ella? El letrado contestó. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo. Él le dijo: Bien dicho. Haz esto y tendrás vida. Pero el letrado, queriendo aparecer como justo, preguntó a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? Jesús dijo: Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino, y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él y, al verlo le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente sacó dos denarios, y, dándoselos al posadero, le dijo: Cuida de él y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta. ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos? El letrado contestó: El que practicó la misericordia con él. Díjole Jesús: Anda, y haz tú lo mismo.
Palabra del Señor
Hay cosas que uno creía olvidadas y que de cuando en vez vuelven a la memoria. Por ejemplo, recuerdo que, cuando era niño, era bastante frecuente escuchar que a los niños se les decía: “no mires, mira al otro lado”. Esto, cuando no se quería que el niño viese algo inconveniente.
Cuando vemos que los hijos nos quieren hablar de algo, nosotros miramos para otro lado. Cuando la esposa quiere compartir algún problema, nosotros miramos para otro lado. Cuando alguien nos quiere pedir algún servicio, nosotros miramos para otro lado. Cuando vemos a ese anciano que necesita que alguien le ayude a pasar la calle, nosotros miramos para otro lado. Cuando hay que dar cara por la verdad, nosotros miramos para otro lado. Cuando hay que defender la justicia, nosotros miramos para otro lado. Cuando es preciso defender al ausente porque están rajando de él, nosotros miramos para otro lado. Cuando los hijos comienzan a salirse del camino, nosotros miramos para otro lado. Cuando la familia se está destruyendo, nosotros miramos para otro lado. Cuando la sociedad se está hundiendo en la cultura de la vulgaridad, nosotros miramos para otro lado. Incluso cuando Dios comienza a hablarnos al corazón, nosotros preferimos mirar para otro lado.
Porque eso de “mirar para otro lado” es una manera muy diplomática de no comprometerse con nada. Quedar bien porque nosotros no hemos visto nada. Y tener suficientes razones para que nadie nos fastidie. Lo que todavía no me explico es cómo todos seguimos teniendo una cara que mira de frente y no para un lado. Todavía no me explico cómo tenemos dos ojos que miran de frente y no para un lado. Como tampoco logro explicarme cómo es que caminamos de frente y no como los borrachos para un lado.
Mirar la realidad “mirando para otro lado”, puede ser algo muy sencillo para desentendernos de las cosas. Pero que así no se soluciona nada, también es cierto. Además, ¿no sería mucho más noble mirar las cosas de frente, como son, aunque luego nos desentendiésemos de ellas?
El sacerdote y el levita de la parábola no sólo “miraron al otro lado”, estos fueron más listos. Dieron un rodeo, así ni necesitaban correrse el peligro de quedar bizcos. Quien mira “al otro lado” siempre le queda la curiosidad. Pero cuando te das un rodeo no te enteras de nada. Claro que quien “da un rodeo” es porque algo ya vio. Pero ni siquiera sintieron la curiosidad de ¿qué había pasado?
Tú te imaginas a Jesús “mirando al otro lado” o “dando un rodeo”: Cuando se le cruza un ciego en su camino. Cuando se encuentra con un leproso que le grita desde la acera. Cuando le ponen por delante a un paralítico. Cuando pasa delante de Mateo sentado a la mesa de los impuestos.
¡Claro que miró al otro lado! Miró al lado donde estaban los hombres. Miró al lado donde estaba el enfermo. Miró al lado donde estaba el publicano.
Lo más fácil sería seguir adelante, “mirando al otro lado”: No perdiendo el tiempo con los demás. No distrayéndose de sus preocupaciones.
Pero, para Jesús, el hombre que tiene en su camino: Es más importante que el tiempo que se cree perder con él. Cuando se trata del hombre Dios tiene todo el tiempo. Porque el hombre es más importante que todas las prisas de llegar. Es más importante que sus propias preocupaciones
Oración Señor: todos tenemos demasiadas prisas cuando se trata de atender a los demás. pero atendías a la gente con calma. que todas nuestras prisas.
Plegaria
En el día del amor fraterno nos abrimos a las necesidades de todos los hombres, pidiendo que la felicidad de Dios llegue a todos los rincones de la tierra. Invocamos al Espíritu para que descienda sobre nosotros y nos transforme en instrumentos de su amor: Todos: Que tu luz, Señor, ilumine mi vida…
1.- Dichosas las personas comprensivas, que nunca nos juzgan y nos aceptan tal como somos: porque nos enseñan la manera más verdadera de amar y nos hacen sentirnos queridos por Dios. Oremos... 2.- Dichosas las personas generosas; las que creen que lo que tienen no es para retenerlo sino para compartirlo con los que no lo tienen; porque nos enseñan la gran lección de que es más dichoso dar que recibir y compartir que retener. Oremos... 3.- Dichosas las personas con esperanza, que tienen una visión más certera de las cosas de la vida y de la muerte que las personas amargadas; porque animan nuestras horas y dan a nuestra vida una dimensión más profunda y a nuestra muerte su mayor verdad. Oremos... 4.- Dichosas las personas solidarias: las que tienen la lucidez de descubrir quién se encuentra sólo y se acerca siempre; porque están dando la limosna más necesaria y más confortadora que podemos dar a los necesitados. Oremos... 5.- Dichosas las personas humildes, capaces de vivir en la verdad, y que jamás utilizan a los demás para medrar o parecer importantes; porque nos enseñan con sus vidas los caminos más verdaderos de la paz. Oremos... 6.- Dichosas las personas pacientes: que saben que el amor, muchas veces, pasa por el sufrimiento; que nos enseñan a dar sentido al sufrimiento, a mirar a los que más sufren y a relativizar nuestros propios sufrimientos, a intentar eliminar los sufrimientos y a no protestar o lamentarnos estérilmente. Oremos... 7.- Dichosas las personas que viven como Jesús vivió: amando a todos y anunciando únicamente el mensaje de salvación; porque nos hacen asequible vivir el cristianismo en su compañía y nos enseñan a vivir en el agradecimiento de quien se sabe salvado y tiene alguien por quien vivir. Oremos...
Señor, te damos gracias cada día por tu vida, por tu mensaje, por tu evangelio y por las personas que, al vivir conforme a tus bienaventuranzas, nos ayudan a comprenderlas. Ayúdanos a que en nuestro entorno: familia, parroquia y pueblo, empecemos a vivir como tú soñaste que deberíamos vivir. Por JNS. Oración final
Lávanos hoy a nosotros también, Jesús
Porque no sabemos recibir favores con sencillez, porque nos gusta más dar, para quedar por encima, porque no nos damos cuenta hasta dónde tenemos que servir, para que se nos grabe en el corazón tu forma de amar, lávanos hoy a nosotros los pies, Señor.
Para que sepamos sentir la caricia, para que aprendamos a tocar, cuidar y mimar, para que tengamos tu sensibilidad y exquisitez de corazón, para que nos inunde la misericordia, lávanos hoy a nosotros los pies, Señor.
Para que no seamos cristianos sólo de ideas, para que el amor sea nuestra forma concreta de vivir, para que sintamos tu calidez profunda, para que dejándonos hacer, nos llenemos de ti, lávanos hoy a nosotros los pies, Señor.
Para que se nos purifique el cuerpo entero, para agradecer a nuestros pies que nos traen y llevan, para reconocer que sostienen el peso de todo nuestro cuerpo, para dignificarlos con tu toque amoroso, lávanos hoy los pies a nosotros, Señor.
Para que salgamos al mundo a mirar con ternura, para que sepamos dignificar cada cuerpo cercano, para reconocer que todos son personas habitadas por Ti, para sentir que aceptas, amas y eliges, lo más cansado y dolorido, lávanos hoy a nosotros los pies, Señor.
Porque mis pies me acercan a los otros, porque sigo tus huellas y no quiero olvidar tus pisadas, para seguir tu camino que me lleva al amor, para danzar con todos el baile de la vida, lávame hoy también mis pies, Señor.
Canto: Como el Padre me amó…
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