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Monición introductoria en la Iglesia
¡No es la misa vespertina de todos los sábados!. Es la Vigilia Pascual: Vigilia de oración, de espera, de cumplimiento de promesas. Vigilia madre de todas las vigilias. ¡Qué pena que la noche de las noches tenga tan poca fuerza en nuestros pueblos! Se pelea la gente por ponerse la ceniza y la mayoría dejan pasar la gran Vigilia. Es el fruto de una manera de hacer catequesis... O quizá, es mejor tener un Dios muerto que un Dios vivo. Así le recordamos como ausente, y nos ahorramos el vivirle como presente. Como las mujeres que van de madrugada al sepulcro, el pueblo creyente se reúne en oración para escuchar las lecturas de la historia de la salvación que apuntan a este momento cumbre de la acción de Dios. Todo comienza de nuevo. Es la hora de la Nueva Creación. Es la hora del Hombre nuevo nacido por el agua y por el Espíritu. Lo nuevo de la Vigilia no es la Eucaristía (¡dos días sin ella lleva la Iglesia!), lo nuevo es lo que precede a la Eucaristía: el rito del fuego y el pregón pascual; las lecturas que condensan la acción de Dios a lo largo de toda la historia de salvación con la proclamación del himno pascual: el aleluya; el rito del agua bautismal que tiene sentido después de la proclamación del relato de la resurrección. Pero lo nuevo no debe dejar en segundo plano a lo que es lo importante: la Eucaristía memorial de la muerte y resurrección del Señor. Cuando todo comenzaba, cuando rompía el alba, cuando quedaba atrás el sabbat, cuando Dios juzgó oportuno, se cumplieron las Escrituras: Dios comenzó la nueva vida en la Vida nueva del Resucitado de entre los muertos. De madrugada, con el misterio del alba comenzando, las mujeres (sin nombre al principio del relato) van al sepulcro. No encuentran nada. No encuentran lo que esperaban... ¡Continua pedagogía de Dios! Nosotros buscando lo que nos imaginamos. Dios sorprendiéndonos con lo que ni nos podíamos imaginar... Nosotros con nuestros esquemas. Dios con los suyos, desbaratando todo lo nuestro, llevándonos siempre más allá. ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No busques a Dios como te lo imaginas. No lo encontrarás. No busques a Dios donde lo dejaste. No lo encontrarás. No busques a Dios cuando tú quieres. No lo encontrarás. Es inútil madrugar para buscarle. Dios madruga más que tú. Es él quien te sorprenderá: cuando menos lo esperes donde menos te lo pensabas, y del modo que no te imaginas.
Salimos todos a la calle para iniciar la primera parte de esta Vigilia: La Liturgia del Fuego y la Luz.
1.- Rito de la Luz
Monición:
En tiempos de Jesús, los judíos celebraban la Fiesta de su liberación bajo la débil luz de una promesa que habría de cumplirse en el futuro. Los cristianos celebramos nuestra propia liberación bajo la Luz potente de una realidad. JESUS HA RESUCITADO. Por eso Pascua significa: paso del pesimismo a la esperanza, del pecado a la amistad con Dios, de la muerte a la Vida, de las tinieblas a la luz
Saludo del sacerdote:
El fuego nos alumbra en la noche y nos da calor; ilumina nuestros rostros y podemos reconocernos. Este fuego material es signo de Él , es señal de que Jesús está entre nosotros, nos ilumina y da el calor de la amistad y de la nueva fraternidad. Que al llevar nuestra luz vibremos con alegría y celebremos el gozo salvador de Jesús
Oración:
Oh Dios, que por medio de tu Hijo has dado a tus hijos la Luz Verdadera. Santifica este fuego y enciende en nosotros el deseo de ser luz del mundo y la esperanza para todos los demás, para podernos encontrar contigo. Te lo pedimos por JNS.
(Se enciende el Cirio, las velas de los asistentes y se comienza la procesión de entrada en el templo)
Pregón Pascual
Monición:
Después de haber encendido nuestra vela en el cirio pascual, símbolo de Cristo Resucitado y verdadera luz del mundo, escuchemos la gran noticia que la Iglesia proclama a todos los hombres: Ésta es la noche santa, la noche de gracia y de salvación, más luminosa que el día, en la que Cristo ha vencido las tinieblas del pecado y ha triunfado sobre la muerte. Oigámoslo con atención y fe…
2.- Liturgia de la Palabra
Monición a las lecturas Podeís apagar las velas y sentaros…
Comenzamos ahora la segunda parte de nuestra celebración: es la liturgia de la Palabra. Con nuestro silencio meditativo, con nuestros cantos y nuestras oraciones, vamos a abrirnos a esta Palabra que el Señor nos dirige.
Primera lectura:
Monición: Dios crea, muchas cosas. Crea cielos y tierra, mares y plantas, peces y aves. Pero cuando Dios se siente más a gusto es creando al hombre y a la mujer, haciéndolos a su imagen, comunicándoles su vida, lo que él es, y dándoles poder sobre toda la creación. Brevemente lo relata así el texto sagrado Lectura del Libro del Génesis…
Segunda lectura:
Monición: El pueblo de Israel es liberado por el poder de Dios que ha oído el dolor de sus hijos. La Pascua será cada año fiesta en honor de Yahvé. Para san Pablo este “paso” del mar Rojo es imagen del Bautismo, sacramento que hace de nosotros hijos libres de Dios. Lectura del libro del Éxodo…
Tercera Lectura
Monición: Si el pueblo reconoce su pobreza –su hambre y su sed- se convierte de sus torcidos caminos y busca de corazón al Señor sellará con él una alianza de amor eterno. Lectura del Profeta Isaías…
Canto del Gloria Nuestro canto se convierte en la mayor expresión de alabanza, gratitud y alegría. ¡Cristo ha resucitado! (Suenan las campanas...)
Oración Colecta: Oh Dios, que iluminas esta noche santa con la gloria de la resurrección del Señor, aviva en tu Iglesia el espíritu filial, para que, renovados en cuerpo y alma, nos entreguemos plenamente a tu servicio. Te lo pedimos...
Lecturas del Nuevo Testamento
Monición: Cristo muerto y resucitado ha destruido la muerte y ha hecho nacer la vida. Por la fe y el Bautismo somos liberados del pecado y de la muerte. El Apóstol nos urge a vivir como lo que somos. Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
Salmo: 117 Éste es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría nuestro gozo. Aleluya, aleluya.
Monición al Evangelio La promesa se ha cumplido. Dios ha sido fiel a su Palabra. Aquel a quien buscan las mujeres, a quien todos buscamos, no está aquí: HA RESUCITADO. La Vida ha triunfado sobre la muerte. Ha nacido la aurora de una nueva vida. Escuchemos con fe esta Buena Noticia.
Homilías
(A) ¡CRISTO HA RESUCITADO, ALELUYA! Lo acabamos de escuchar en el Evangelio. Es la mejor noticia que podíamos recibir los hombres y las mujeres de esta sociedad nuestra, tan desilusionada, enfrentada, violenta e injusta. Hermanos, Cristo ha Resucitado para nuestra salvación, ahora sabemos que Dios es incapaz de defraudar las esperanzas de quienes le invocan como Padre. Dios es Alguien con fuerza para vencer la muerte y resucitar todo lo que puede quedar muerto. Ahora sabemos que Dios es Alguien que no está conforme con este mundo injusto, en el que los hombres somos capaces de crucificar, incluso al mejor hombre que ha pisado nuestra tierra. Dios es Alguien, hermanos, empeñado en salvarnos por encima de todo, incluso, por encima de la muerte. Mirad, con Jesús Resucitado, ni el mal, ni la injusticia, ni la muerte tienen ya la última palabra. Con Jesús Resucitado, la vida no es un enigma sin meta ni salida. Porque, conocemos ya, de alguna manera, el final. No olvidemos: Hoy la fe nos dice que, a esta vida crucificada, vivida con el espíritu de Jesús, sólo le espera la resurrección. Por eso, nuestra perspectiva, nuestro horizonte es sugestivo, tiene futuro: Todos aquellos que luchemos por ser cada día más humanos, un día lo seremos. Todos aquellos que trabajemos por construir un mundo más habitable y justo, un día lo conoceremos. Todos los que, de alguna manera hayamos creído en Cristo y hayamos vivido con su espíritu, un día lo gozaremos, sabremos lo que es VIVIR, con mayúsculas. Escuchad bien lo que el mismo Jesús nos dice: "Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá. Y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees tú esto?" (Jn 11, 25). Esta es la pregunta que hoy nos hace el mismo Jesús. Ahí, precisamente en tu respuesta, te juegas el sentido de tu vida y la esperanza de tu muerte. ¿Nos lo pensamos en un momento de silencio?
(B) ¿Dónde encontrar a Dios?
Dios es original y desconcertante. Su lógica en nada coincide con nuestra lógica . De Melo cuenta una historieta en la que pone de manifiesto estas curiosidades de Dios.
Siempre es más fácil buscar lejos. ¿Será por eso que las grandes noticias también vienen siempre de lejos? Es que las de cerca pareciera que no tienen interés. Y por eso conocemos mejor a los de fuera que a los de dentro. Sabemos mucho de los que están lejos y sabemos muy poco de los que tenemos en casa. A parte de la falta de confianza y seguridad en sí mismo, ponía de manifiesto la mentalidad de los que le escuchábamos. No creemos a los nuestros. No creemos a los que tenemos cerca. Mejor escuchamos a los de lejos a quienes no conocemos. Como a nosotros...
(C)
“Noche, noche del Señor...”
Si asistís alguna vez al rezo de completas, en algún monasterio del Cister, por la noche podréis oír cantar a los monjes un himno: “Noche, noche del Señor; es la hora del amor. En la noche ven Señor, ven Señor con tu favor”. Y el solista añade: “La noche, Señor, no interrumpe tu historia con los hombres”. La liturgia de esta Vigilia ha aludido una y otra vez a la noche. El Pregón Pascual tiene como hilo conductor la expresión “ésta es la noche... santa, dichosa, noche de gracia...” El primer gesto creador de Dios fue cuando creó la luz en la noche... En la noche estrellada fue cuando Abrahán recibió la promesa de ser padre de un pueblo; fue en otra noche cuando los israelitas fueron liberados... Y, saltando los siglos, fue en una noche “noche de Dios, noche de paz”, cuando María tuvo en sus manos a la Palabra de Dios hecha carne entre los hombres. Pero, sobre todo, “ésta es la noche”: ésta es la noche en la que no hubo testigos, pero en la que se une el cielo con la tierra, lo humano y lo divino. Esta es la noche en la que surge una fe que ha cambiado el mundo, porque si Cristo no hubiese resucitado, nuestra fe sería vana. Nadie fue testigo. Será pocas horas después cuando las buenas mujeres no encuentran en el sepulcro el cuerpo de Jesús al que querían embalsamar con sus aromas... Pero poco a poco el Señor Resucitado comienza a manifestarse a María Magdalena, a Pedro, a los desanimados discípulos de Emaús, a Tomás el incrédulo... Y, poco a poco, nace la comunidad de los que pronto se llamarán “cristianos”. Y no se limitan a predicar la validez del mensaje de Jesús a pesar del fracaso de la cruz; su mensaje central es que “DIOS LO HA RESUCITADO”. Lo que da validez a la vida, al mensaje, a la muerte de Jesús es su Resurrección. Y hoy también, nos reunimos muchos creyentes repartidos por todo el mundo “en esta noche”. Nos reunimos aquellos a los que Jesús llamaba dichosos “porque creen sin haber visto”. Nos reunimos porque seguimos creyendo que, aunque nadie fuese testigo del hecho de la Resurrección, Dios ha resucitado a Jesús. Creemos en el anuncio: “No está aquí. Ha resucitado. ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?”. Nos reunimos porque todos hemos tenido esa experiencia personal de que Él sigue vivo, porque le han visto nuestros ojos iluminados del corazón, porque nuestra fe personal o comunitaria puede también afirmar: “era verdad. El Señor ha resucitado”. Ojalá resuene en nuestro oídos y en nuestro corazón lo que significa ese alegre Pregón Pascual, que una y otra proclama “ésta es la noche”. Ojalá resuenen en los oídos de los jóvenes, y en ese niño y joven que hay dentro de todo adulto, el alegre mensaje de que nuestros gozos, nuestras ilusiones, nuestra vitalidad son anuncio de un gozo pleno que nos espera a todos resucitados junto al Señor Resucitado. Ojalá resuenen en los oídos y en el corazón del enfermo, y en ese enfermo que todos llevamos dentro, una voz que ilumine y dé sentido al sufrimiento. Ojalá resuenen en los oídos y en corazón de vosotros, padres y madres de familia, una voz que os diga que merecen la pena los esfuerzos y los sacrificios por vuestros hijos aunque os puedan parecer baldíos y estériles. Ojalá resuenen en los oídos y en el corazón del que se siente próximo a la muerte o en los que han perdido un ser querido, esa voz que le diga que porque Cristo, ha resucitado, también a todos nos espera una resurrección y que nuestra vida no termina, sino que se transforma... Jesús no ha venido a suprimir el dolor, ni a darle una explicación. Ha venido a compartirlo, a llenarlo de su presencia y a dar un último sentido a nuestros gozos y tristezas con la luz de su Resurrección. Porque desde aquella noche silenciosa y sin testigos, la carne humana está sembrada de una vida que no se acaba... Esto es lo que celebramos en “esta noche”. Tiene razón el himno cuando dice: “la noche, Señor, no interrumpe tu historia con los hombres”. Porque el destino de Cristo es nuestro destino: “en la vida y en la muerte somos del Señor”, la vida, la muerte y la resurrección de Jesús son la luz que iluminan mi vivir y mi morir.
(D)
Para hacer algo que hacemos con frecuencia nosotros en los primeros días que siguen a la muerte de un ser querido, salieron madrugadoras las mujeres que habían estado en el Calvario. Querían, sin duda, ver de nuevo el cuerpo, estar allí en silencio y dejar con sus aromas el testimonio de su amor al desaparecido. Pero, una vez más, en torno a Jesús aparece la sorpresa, lo insólito, lo extraordinario. Allí no estaba el cuerpo, sino unos hombres resplandecientes que les dijeron algo que resuena hoy, veinte siglos más tarde: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? Aquellos hombres resplandecientes y el Evangelista que los inmortaliza quieren que los cristianos comprendamos de verdad que nuestro Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, que nuestro Dios no es el Dios de la oscuridad, del silencio, de la destrucción... aquellos hombres quieren que no busquemos a Dios en nada de lo que significa muerte, es decir, no podremos encontrar nunca a Dios en la violencia, en la soberbia, en la envidia, en la indiferencia hacia el otro, en el deseo desmesurado de poder, en la avaricia, en el desprecio al débil, al pobre o al ignorante. Ahí no podremos encontrar a nuestro Dios porque todas esas realidades, tan abundantes entre nosotros, engendran muerte, silencio, soledad y dolor. Habrá que buscar a nuestro Dios, al Dios de Jesús, en otros lugares o mejor, en otras actitudes. Habrá que buscarlo allí donde el hombre sea capaz, con su conducta, de engendrar vida. Habrá que buscarlo en la mano que se tiende al anciano, en el amor que se derrocha junto al amigo que ha caído en desgracia, en la fidelidad a quien se ha elegido cuando, por alguna circunstancia, hayan desaparecido de esa persona aquellas cualidades que nos enamoraban. Habrá que buscarlo en los hombres y mujeres capaces de dar hasta aquello que es más querido por todos: la propia vida. A nuestro Dios hay que buscarlo en la generosidad, en la entrega, en la alegría, en la sencillez, en el deseo de paz... porque cuando se dan estas realidades se está engendrando vida. Y nuestro Dios, lo dice claramente el Evangelio, es un Dios de vivos. En esta noche especialmente espléndida, en la que la liturgia nos pone frente a la realidad de Cristo resucitado, auténtico broche de oro de la vida terrena de Jesús, en esta noche en la que el fuego nuevo y la luz recién estrenada son un canto a la vida, deberíamos pensar seriamente cuál es nuestra colaboración diaria en la tarea de repartir vida a nuestro alrededor para que quienes se acerquen a nosotros puedan encontrar al Resucitado, para que los que nos conozcan y nos traten y estén a nuestro lado comprendan que el Dios en el que creemos y con el que nos hemos comprometido es un Dios que reparte claridad y calidez, frente a tanto nubarrón y a tanto hielo como suelen enturbiar demasiadas veces las relaciones humanas.
3.- Liturgia Bautismal
(Mientras se canta un canto, se prepara el agua...)
Monición: A lo largo de estos años hemos visto cómo, sin agua, la naturaleza y las personas agonizamos. Sin agua se mueren los campos. Sin agua no hay posibilidad de limpieza, higiene y vida.
Bendición del agua:
Invoquemos, queridos hermanos a Dios Todopoderoso, y pidámosle que con su poder santifique esta agua, para que los que con ella renazcan por el Bautismo, sean incorporados a la Comunidad de creyentes.
Oración:
Oh Dios, que realizas obras admirables con tu poder invisible, y de diversos modos te has servido de tu criatura el agua para significar la gracia del Bautismo. Mira ahora a tu Iglesia en oración y abre para ella la Fuente del Bautismo. Que esta agua reciba, por el Espíritu Santo, la gracia de tu Hijo Unigénito, para que el hombre, creado a tu imagen , y limpio por el Bautismo, muera al hombre viejo y renazca a la Vida Nueva. Te pedimos, Señor, que el poder del Espíritu Santo, descienda, por tu Hijo sobre el agua de esta fuente, para que los sepultados con Cristo en su Muerte, por el Bautismo, resuciten con Él a la Vida. Por JNS.
(Verter el agua del cántaro sobre la pila, en silencio)
El anuncio gozoso de la resurrección de Jesús que acabamos de vivir, y que nos hace estar sonrientes y alegres, nos lleva a pensar en el día en que por el Bautismo iniciamos nuestra personal resurrección y empezamos a formar parte de los seguidores de Jesús, de la Iglesia. Sin embargo no todo está hecho. El Bautismo fue un comienzo. Su continuidad es cuestión de vida o muerte. Por eso renovamos en esta noche públicamente nuestra más firme decisión de vivir con intensidad y sin cobardías el seguimiento de Jesús.
Profesión de fe:
Nuestra vida cristiana está llena de altibajos, ¿a que sí?; cuajada de momentos buenos y otros no tan buenos. Damos a veces la impresión que nos faltan las fuerzas, o incluso metas e ilusiones para seguir adelante. En esta noche de luz y alegría, de resurrección y fiesta, queremos renovar nuestra fe en Jesús y también la confianza en los hermanos de nuestra comunidad con los que juntos hacemos la vida. A la llamada de Dios respondemos con firmeza y convencimiento:
¿Renunciáis a la obsesión por tener y al afán de poder, que agosta y deja sin vida nuestra disponibilidad y buenas intenciones? ¿Renunciáis al pesimismo, al mal humor y al desánimo que arrebatan las ganas de trabajar y luchar por la justicia y por el bienestar de todos? ¿Renunciáis a colaborar con cualquier tipo de injusticia, por ventajosa que os resulte, que oprime a las personas y destruye la convivencia entre hermanos? ¿Prometéis tratar con cariño y delicadeza a todas las personas que día a día conviven con vosotros, no excluyéndolas por su forma de ser, y siendo tolerantes con sus defectos? ¿Prometéis vivir al estilo de Jesús, dejándoos seducir por su forma de amar y de servir, sin miedos ni cobardías? ¿Prometéis que toda la alegría que estáis viviendo esta noche aquí no va a quedar encerrada en estos muros sino que la vais a llevar a vuestras casas y a vuestros vecinos?
Que Dios nuestro Padre que nos ha dado una vida nueva por el agua y el Espíritu, nos confirme en la fe, y realice en nosotros la obra emprendida por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
(El sacerdote rocía con el agua bendecida a la Asamblea)
Oración de los fieles
Puesto que creemos en el Señor resucitado y estamos animados por una gran esperanza le invocamos:
Tú cambiaste nuestro luto en gozo; fortalece la fe de tu pueblo en estos días de Pascua. ROGUEMOS AL SEÑOR... Tú nos abriste las puertas de la vida; lleva a cabo las promesas del reino para todos los hombres. ROGUEMOS AL SEÑOR... Tú amor es más fuerte que la muerte; mantén el ánimo de los que cada día afrontan humillaciones en su vida. ROGUEMOS AL SEÑOR... Tú que lo has renovado todo; haz que la naturaleza sea respetada y sirva para disfrute de todos . ROGUEMOS AL SEÑOR... Tú que nos conduces a todos a las fuentes de la vida; haz que surja entre nosotros los aquí reunidos, deseos de comunión fraterna y compromiso de servicio a los hermanos.
Señor Jesús, concede a este mundo nuestro el pasar de la muerte a la vida, del sufrimiento al gozo. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
4.- Liturgia Eucarística
Monición:
Vamos a poner ahora la mesa para este banquete eucarístico. Extendamos el mantel y pongamos el pan para todos: nadie está excluido de esta comida de hermanos. Que no falten ni el vino de la vida ni las flores de la alegría. Tampoco falte el cirio donde reconozcamos a Jesús luz del mundo presente entre nosotros. Y finalmente compartamos, a modo de señal y como anticipo, nuestros bienes con aquellos que tienen sus mesas vacías de pan y de cariño.
Plegaria Eucarística
Es realmente justo y necesario, darte gracias, Padre Nuestro. Y de una manera especial en esta noche, en la que ha resucitado tu Hijo. Ésta es la noche de gracia en que se une lo humano y lo divino. Ésta es la noche en que transformas nuestro miedo en valentía, noche en la que despiertas en nosotros deseos de liberación y alegría, al reconocer que Jesús venció a la muerte. En esta noche en la que palpamos muy cerca la presencia del Resucitado queremos elevar nuestras voces y unirlas a los coros de tus ángeles y santos para proclamar tu alabanza diciendo:
Santo, Santo, Santo
Nos damos la paz
Estamos viviendo tiempos duros, de guerras evidentes por todos conocidas, y otras que la prensa y la televisión no airean porque no interesan, de corrupciones y de desencantos profundos. Lo nuestro, Señor, no es el odio y la guerra. Lo nuestro es contagiar vida y esperanza, llenarlo todo de ilusión y de optimismo. Queremos dar la mano al que siembra y felicitar al que recoge. Queremos estar cerca del que cree en un mundo nuevo y del que se esfuerza por construir la paz.
Que la paz del Señor resucitado esté con todos vosotros. Nos damos, como hermanos la paz…
Comunión:
Jesús Resucitado quiere estar cerca de nosotros. El Jueves Santo se quedó con nosotros como pan y vino y quiere seguir alimentándonos. Por eso nos invita hoy al Banquete, a la Fiesta de su Resurrección. Dichosos los invitados a la Mesa del Señor...
Oración final
Queremos vivir contando siempre con tu presencia… Terminaron contigo, pero tú te quedaste entre nosotros. Tu presencia nos invade, tu fuerza nos envuelve, tu ejemplo nos entusiasma y tu luz nos ilumina.
Queremos madrugar cada día para encontrarte, para no despistarnos y vivir sin ti. Ellas, las más tempranas, descubrieron tu presencia entre nosotros. Otros nos adormilamos y comenzamos el día sin contar contigo, sin darnos cuenta de que caminas la vida a nuestro lado.
Queremos madrugar para salir al encuentro del hermano, para que las prisas no nos hagan correr indiferentes, sin importarnos su vida, sin compartir las dificultades cotidianas, sin comunicarnos desde el hondón, haciéndonos buenos amigos y compañeros del camino de la vida.
Queremos madrugar para disfrutar, para vivir resucitados, fortalecidos por tu impulso, comprometidos en tu tarea. Tu impulso, Señor, viene para despertar en nuestro interior la luz y el deseo de liberar y alegrar a los hermanos.
Queremos madrugar porque, a pesar de las noches oscuras, Tú nos invitas a seguir tu proyecto, a la entrega total, Tú nos sacas de nuestras miserias y nos haces misericordia, Tú conviertes nuestra pobreza en riqueza. Tú que vives y reinas…
Bendición final:
La luz está con nosotros, nosotros somos portadores de una luz que luce en medio de las tinieblas. En la vida que vivimos todos los días no estamos entregados a las tinieblas, caminamos con la luz de Jesús Resucitado....
Que nos bendiga Dios todopoderoso en esta noche solemne de Pascua, y que su misericordia nos guarde de todo pecado. Amén. Y el que nos ha redimido por la resurrección de Jesucristo, nos enriquezca con el premio de la vida eterna. Amén. Y a todos nosotros, que, al terminar los días de la pasión del Señor, celebramos con gozo la fiesta de Pascua, nos conceda también alegrarnos con el gozo de la Pascua eterna. Amén.
Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre. Amén. |
