Monición
En estos días de noviembre, mucha gente visita los cementerios, lleva flores a las tumbas, recuerda a sus muertos con cariño y, si es creyente, reza por ellos. Tenemos conciencia de que nuestros familiares difuntos han ocupado un lugar importante en nuestra vida y muchas de las cosas que usamos aún están cargadas de su recuerdo y su presencia. Es que está todavía muy vivo el recuerdo y el cariño. Muchas cosas nos siguen vinculando a nuestros familiares difuntos. Para nosotros no están muertos del todo. Pero, además, los cristianos sabemos por la fe que nuestros muertos viven en el Dios de la vida. Y por eso hacemos oración por ellos. En las tumbas de los cementerios quedan lo que siempre hemos llamado los “restos mortales”. Tendríamos que recordarle a mucha gente con poca fe que nuestros muertos no están en los cementerios, sino que aquí están sólo sus restos mortales, seguramente restos cargados de significado para nosotros, pero sólo restos. Además, por la fe estamos convencidos de que la muerte no es algo definitivo ni para siempre. No es dejar de existir para caer en la nada. La muerte es el paso a una nueva forma de vivir con el Señor. Sabemos que nuestros muertos están en las manos de Dios. Ése es su sitio y su premio, su fiesta y su descanso. Esto nos proporciona una gran confianza y mitiga en los creyentes la amargura de la separación que produce la muerte.
Canto:
Hemos querido recordar a nuestros familiares y amigos cuyos restos reposan en la paz de este Cementerio. Queremos que nuestro amor y cariño sigan junto a ellos. Juntos hemos vivido y juntos seguiremos, unidos en el amor. Encomendamos a nuestros hermanos al Señor, para que los resucite en el último día y los admita en la Paz de su Reino.
Oremos
Señor, Tú das la vida y quieres la vida de todos. Tú recibes al que se presenta a Ti, sencillo y arrepentido. Mira hoy nuestro dolor y pena, al recordar a tantos seres queridos que nos han dejado para ir a tu morada Santa, y escucha nuestra oración por tus hijos. Dales la Paz y la Felicidad en tu Reino, recíbeles junto a todos tus amigos. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Escuchamos la Palabra
Muchas veces, en las misas de difuntos hemos leído estas palabras de Jesús: “No os inquietéis. Confiad en Dios y confiad también en mí. En la casa de mi Padre hay lugar para todos; de no ser así, ya os lo habría dicho; ahora voy a prepararos ese lugar. Una vez que me haya ido y os haya preparado el lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros”. Venía a decirnos: no me voy a separar de vosotros para siempre. Viviremos juntos. En la casa de mi Padre hay sitio para todos.
Oración de los fieles
Unámonos en la oración. Oremos por los difuntos, por nosotros mismos y por toda la humanidad.
Decimos: Escúchanos, Padre.
Por los hombres y mujeres del mundo entero. Que en el corazón de todos crezcan sentimientos de generosidad, de justicia y de amor. OREMOS... Por los cristianos. Que con nuestro modo de vivir seamos para todos estímulo de fe y de esperanza. OREMOS... Por nuestros familiares y amigos difuntos. Que Dios les llene de su amor, y a nosotros nos dé el consuelo y la paz. OREMOS... Por los que han muerto en nuestra Parroquia durante este último año. Que participen por siempre de la vida de Jesucristo. OREMOS... Por todos los difuntos, conocidos y desconocidos. Que, libres de toda culpa, vivan para siempre la alegría que Dios tiene preparada para todos sus hijos. OREMOS... Y finalmente, por todos nosotros, los que nos hemos reunido hoy en esta Eucaristía. Que crezcamos en la fidelidad al Evangelio de Jesús y podemos un día compartir su resurrección. OREMOS...
Míranos, Padre y escucha nuestra oración, tú que eres la fuente de toda bondad y de todo amor. Te lo pedimos por JNS...
Padre nuestro
Encomendar a los difuntos es ponerlos en las manos de Dios. Las mejores manos. Las manos del Padre. De él sólo cabe esperar amor infinito y entrañable, y vida plena y eterna. Eso es lo que pedimos con la plegaria de Jesús: Padre nuestro...
Oración final
Padre: hoy venimos a Ti con una pena, con un dolor de ausencia. En esta familia nos falta alguien que Tú bien sabes. El tiempo no ha acabado de curar esta herida, ni podrá nunca llenar el hueco que se hizo en esta casa. Nos faltan nuestros seres queridos. Sólo Tú los querías, más aún que nosotros. Y aún así, Tú sabes por qué misteriosas razones consentiste que se nos fueran como un pedazo del alma. Bendito seas, Señor, Hágase tu voluntad, por difícil, y oscura que sea. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Te pedimos que los hayas recibido ya en las anchuras y en la felicidad de tu casa. Prémiales bien todo lo que trabajaron y se desvivieron por nosotros. Lo mucho que nos quisieron... Recíbeles también en esa casa tuya, donde todos caben, a nuestros parientes, los que llevan nuestros apellidos, a nuestros amigos y a todos tus hijos. Dales la paz y el descanso que no acaba. Danos a nosotros la paz que nace de la fe y la esperanza. Y danos tu mano para no perdernos en el camino que lleva hacia un nuevo encuentro contigo y con todos los que han muerto. Amén.
Bendición
Hermanos: Que el recuerdo y la oración por nuestros difuntos nos lleven a vivir en cercanía de cariño y amistad con quienes están a nuestro lado. Para ello que la Bendición de Dios todopoderoso... |
