Monición de  Entrada

          

Celebramos la solemnidad de san Pedro y san Pablo. Estos dos apóstoles, a quienes la liturgia llama «príncipes de los apóstoles», a pesar de sus diferencias personales y culturales, por el misterioso designio de la Providencia divina, fueron asociados en una única misión apostólica. Y la Iglesia los une en una única memoria.

La solemnidad es muy antigua, fue incluida en el Santoral romano mucho antes que la de Navidad. En el siglo IV era costumbre, en dicha fecha, celebrar en Roma tres santas misas: una en la basílica de San Pedro en el Vaticano; otra, en la de San Pablo «extra muros»; y la tercera en las catacumbas de San Sebastián, donde, en la época de las invasiones, según la tradición, habrían sido escondidos durante un tiempo los cuerpos de los dos apóstoles.

San Pedro, pescador de Betsaida, fue elegido por Cristo como piedra fundamental de la Iglesia. San Pablo, cegado en el camino de Damasco, de perseguidor de los cristianos se convirtió en apóstol de los gentiles. Ambos concluyeron su existencia con el martirio en la ciudad de Roma. Por medio de ellos, el Señor «entregó a la Iglesia las primicias de su obra de salvación».

Vamos a alabarles con nuestros cantos y plegarias y a dejarnos interpelar por su testimonio cristiano.

Recibimos a los sacerdotes, cantando:

 

Saludo del Sacerdote

Que la alegría, el amor y la paz que tienen los santos junto a Dios, esté con todos vosotros...

 

Pedimos perdón

 

En silencio, pongámonos en presencia de Dios para celebrar la Eucaristía.

 

Tú, que eres la fuerza de los mártires. SEÑOR, TEN PIEDAD...

Tú, que haces de tus fieles la luz del mundo y la sal de la tierra. CRISTO, TEN PIEDAD...

Tú, que resucitado de entre los muertos eres vida para todos los que te siguen. SEÑOR, TEN PIEDAD...

 

(B)

 

En un momento de silencio, nos ponemos en la presencia de Dios y pedimos, arrepentidos, perdón.

 

- Tú, Señor, que por medio de los apóstoles nos has hecho llegar tu Buena Noticia. Señor, ten piedad. 

- Tú, Señor, que eres el camino que nos conduce al Padre. Cristo, ten piedad.

- Tú, Señor, que eres nuestra resurrección y nuestra vida. Señor, ten piedad.

 

 Oración

 

Tú nos concedes, Señor,

celebrar con alegría la fiesta de San Pedro y de San Pablo,

que derramaron su sangre por mantener el tesoro de la fe.

Que su triunfo sobre la muerte

nos llene de alegría,

fortalezca nuestra fe

y nos proteja con su intercesión.

Por JNS...

 

 

Escuchamos la Palabra

 

Monición a las lecturas.

 

La primera lectura nos habla del apóstol Pedro. Desde muy pronto, aquel primer grupo de cristianos fue perseguido. La historia que vamos a escuchar nos quiere mostrar que, a pesar de la persecución, Dios salva a los que creen en él.

La segunda lectura nos habla del apóstol Pablo. Es como su testamento. El apóstol mira hacia atrás y recuerda sus trabajos, sus ilusiones, la fuerza que le ha dado el Señor.

 

Monición al Evangelio

 

Como Pedro, también nosotros personas normales, llenos de fallos, con defectos y pocas ganas, somos los que constituimos la Iglesia. Todo el que cree en Jesús es parte de la Iglesia. Lo que se dice de nosotros es que dejamos mucho que desear. No pretendemos ser mejores que los demás. Somos creyentes. Hacemos presente a Dios en la vida y, de ese modo, mantenemos la esperanza y animamos a ser más humanos

 

Las lecturas de la fiesta…

 

 

Homilías

(A)

 

¿Me amas? Es la pregunta clave que nos hará el Señor. “Al atardecer de la vida me examinarán en el amor”, decía San Juan de la Cruz... Y éste fue el examen que hizo Jesús a Pedro, y sacó buena nota. Expresó su amor, más con lágrimas que con palabras... Ahora sí que podía asegurar que estaba dispuesto a dar la vida por él... La primacía de Pedro fue, sobre todo,  un asunto de fe y de amor: “Tú eres el Mesías”.... “Tú sabes que te quiero”...

En otras cosas, desde luego, Pedro no era el primero...

Todos los cristianos tendríamos que aprobar con buena nota el examen del amor. Cada uno podremos tener después nuestra especialización  profesional, teológica, pastoral, catequética, social...pero todos tendríamos que ser especialistas en el amor...

¿No creemos en un Dios amor? ¿No hemos recibido como única ley el mandamiento del amor? Todos los hombres estamos marcados por esta Ley, pero los cristianos debemos ser especialistas. Cristiano es aquel que brilla por el amor....

Los santos, y hoy recordamos a San Pedro y San Pablo, son la perla de la Iglesia. Ellos son los que nos permiten presentarnos ante el mundo sin demasiada vergüenza. Porque la verdad es que quien juzgue a la Iglesia por el rostro que ofrecemos la mayoría de los cristianos, tiene motivos para pensar que no somos gran cosa.

Por fortuna, en medio de ese batallón de “mediocres” florecen, con bastante abundancia los santos que son, ellos sí, el rostro más hermoso de la Iglesia, la honra de nuestra fe. Y es que le nivel de la Iglesia no se mide por el saber de los teólogos, ni por los planes pastorales que se elaboren, ni por la influencia que tengan sus Obispos, y menos por el peso que esa Iglesia pueda tener en la vida política o económica. Una comunidad es grande y auténtica cuando en ella florecen los santos o dicho de otra manera una comunidad es grande cuando en ella florece el amor... Distintivo del cristiano, del verdadero seguidor de Jesús...

Y el camino necesario para que tantas personas que se han alejado de nuestras parroquias y de nuestras celebraciones, vuelvan..., es nuestro testimonio personal: “Que nuestras vidas griten evangelio”....

“Alumbre vuestra luz a los hombres; que vean vuestras buenas obras y den gloria a Dios”.... Nuestras buenas obras... Es lo que hará pensar a los que viven alejados de la fe; lo demás, los salmos, las misas, los rosarios, novenas, inciensos y las procesiones..., los rezos y los cantos, sin los gestos de amor, son pura hipocresía en los que nadie cree...

El lenguaje de la caridad es el lenguaje que entiende todo el mundo... Presentarnos ante los hombres, por una parte con el rosario en la mano o misas, devociones o devocionismos... y por otra, ser en el pueblo causa de chismes, de enemistades, de egoísmos, de intolerancias... es el escándalo más estruendoso y causa de que muchos se alejen de Dios y de la Parroquia...

Decía Ghandi, “cuando leo el Evangelio, me entran ganas de ser cristiano, pero cuando veo como vivís los cristianos se me quitan las ganas...” Desgraciadamente, una cosa es la caridad cristiana y otra muy distinta la caridad de los cristianos...

Se ha dicho y con razón que “la presencia de buena samaritana de la Madre Teresa de Calcuta, ha acercado a más personas a Jesús que la labor evangelizadora de miles de misioneros”...

Los cristianos tenemos que ser los promotores de la civilización del amor...

Cuando a la gente se le habla hoy de que hay que “amarse los unos a los otros”, son muchos los que se preguntan: ¿Y amar qué es? Y pensamos siempre en gestos heroicos. Y la verdad es que la mayor parte de las veces el amor lo expresamos en los pequeños detalles de cada día...

Por eso a mí me preocupa cuando una mujer dice que su marido “no tiene ya ningún detalle con ella”. Eso es signo de que ese matrimonio o esa familia está siendo invadida por el aburrimiento y la costumbre, que son la carcoma del amor...

Recuerdo siempre una hermosa anécdota de San Camilo de Lelis, de entre las muchas cosas formidables que se cuentan de él. La naturaleza había dado a Camilo un cuerpo de gigante. Y ocurrió que caminando un día con un joven novicio, mientras el sol picaba ferozmente desde le cielo, Camilo puso en marcha su fantasía –porque hace falta fantasía hasta para hacer caridad- y dijo a su compañero: “Hermano, soy muy alto. Camina detrás de mí. Así te haré sombra y te librarás del sol”. Y así siguieron caminando, ajustando Camilo sus andares a la esfera del sol para que los rayos no atacaran a su compañero. Y así Camilo descubrió que amar es dar, dar aunque sea un cosa tan poco importante como la propia sombra.

La gente –tan acostumbrados estamos al consumo y a este mundo en el que las cosas se miden por lo que cuestan-, que creemos que lo que hay que dar a los demás es siempre dinero o algo contable. Y decimos: ¿Qué tengo yo? ¿Cómo puedo ayudar a los demás?   Y luego resulta que la gente necesita mucho más amor que ayudas materiales, que una sonrisa o un poco de sombra valen más que un cheque del banco.

Las Hermanitas de los pobres tienen un lema precioso: “Flores, antes que pan”. Y es que saben que los ancianos a los que atienden necesitan más cariño que comida, más respeto y dignidad que ayudas materiales.

Y tanta gente que podríamos dar compañía, sombra, amistad, nos pasamos la vida preguntándonos: Y yo qué puedo dar?

Amar no consiste en gestos heroicos, sino en cosas muy sencillas: una sonrisa acogedora, un escuchar sin prisas, un ayudar a levantar el ánimo decaído, un gesto de solidaridad, una visita, un signo de apoyo y de amistad...

“Al atardecer de la vida me examinarán del amor”...

A la tarde. Será nuestro examen final. No nos preguntarán sobre nuestras oraciones y celebraciones, por los sacrificios y mortificaciones, por los dogmas y catecismos, sino por la misericordia que hemos vivido y practicado. Con la misteriosa revelación de que todo lo que hemos hecho al pequeño y al pobre se lo hemos hecho al mismo Dios.

A la tarde. No hace falta esperar al final de la vida. Cada tarde, al final de cada día. Tú mismo tendrás que preguntarte, no si has tenido éxito, sino si has amado, si has hecho las cosas con amor. Lo que sea, el trabajo familiar o profesional, el trabajo obligado o el voluntario, el trabajo con la mente o con las manos, el trabajo de acción o de oración... Lo que importa es si lo has hecho con amor...

No lo olvidemos en esta fiesta en la que recordamos a San Pedro y San Pablo... Hemos de aprender a dar, a regalar lo que está vivo en nosotros y puede hacer bien a los demás: nuestra alegría, nuestra comprensión, aliento, esperanza, acogida y cercanía...

En el fondo de la vida hay una gran fuerza que bendice, acoge y recompensa todo gesto de amor por pequeño que nos pueda parecer. Esa gran fuerza se llama DIOS, NUESTRO PADRE.

 

(B)

 

“Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia..."

Y sobre ella a lo largo de los siglos se ha asentado la fe de los cristianos de todos los tiempos. Pero la piedra de la que Cristo habla no es Pedro, de lo contrario pronto hubiera fracasado el invento.

Aquel valiente e intrépido discípulo del señor: "Aunque todos te abandonen, yo no te dejaré jamás..." sucumbe ante el acoso de una mujer: “No conozco a ese hombre...". La piedra de la presunción de Pedro, de su seguridad, de su orgullo se hacen añicos con sus negaciones...

Ahora Pedro y nosotros con él, está en disposición de entender que la piedra de la que habla Jesús, es únicamente él. Solamente él ofrece todas las garantías.

La iglesia se funda en la misericordia de Dios, no en la fuerza de los hombres. La iglesia es la comunidad de los pecadores perdonados, no la comunidad de los perfectos.

Quisiera aprovechar esta fiesta para reflexionar sobre una realidad que no está muy de moda, ni siquiera entre los que nos decimos pertenecer a ella, quisiera meditar en este día con todos vosotros sobre la IGLESIA.

Hoy vivimos en unos tiempos, donde la consigna parece ser:

"Cristo sí, Iglesia no”. A mí esto me parece inverosimil, sería como decir: "Quiero al alma de mi madre, pero no quiero a mi madre".

Y quisiera exponeros varias razones por las que creo que los cristianos tendríamos que amar a la Iglesia. Quizá de entrada me podáis decir ¿Cómo amar a alguien que ha traicionado tantas veces el evangelio? ¿A alguien que tiene tan poco que ver con lo que Cristo soñó que fuera?..

A veces se oye en algunos púlpitos y en algunos artículos periodísticos que la Iglesia es una esposa prostituída. Y haciendo referencia a ésto, podríamos citar el texto que Saint- Cyran escribía a S. Vicente de Paúl, que es un monumento al orgullo: "Sí, dice él, yo reconozco: Dios me ha dado grandes luces. El me ha hecho comprender que ya no hay Iglesia. Antes de esto, la Iglesia era un gran río que llevaba sus aguas trasparentes, pero en el presente lo que nos parece ser la Iglesia, ya no es mas que cieno...La Iglesia era antes su esposa, pero actualmente es una adúltera y una prostituta"...

Me quedo con S. Vicente que en lugar de soñar con pasadas utopías, se dedicó a construir su santidad y con ella, la de la Iglesia. Un río de cieno hay que purificarlo, no limitarse a condenarlo.

Una razón por la que os invitaría a amar a la Iglesia es porque ella nos ha dado a Cristo y cuanto sabemos de él. A través de esa larga cadena de creyentes mediocres me ha llegado el recuerdo de Jesús y su Evangelio. Sí, claro, a veces lo ha ensuciado al trasmitirlo, pero todo lo que de él sabemos nos llegó a través de ella.

Ella no es Cristo, ya lo sé. Él es el fin; ella, sólo el medio. Incluso es cierto que cuando decimos "creemos en la Iglesia", lo que queremos decir es que creemos en Cristo, que sigue estando en ella. Lo mismo que cuando afirmo que bebo un vaso de vino, lo que realmente bebo es el vino, no el vaso. . Pero ¿cómo podría beber el vino si no hubiera vaso?..El canal no es el agua que transporta, pero !qué importante es el canal que me la trae!...

Quizá me diréis algunos... Pero la historia de la Iglesia es triste, esta llena de sangres derramadas, de intolerancias, legalismos, maridajes con los poderes de este mundo, jerarcas mediocres y vendidos...Sí, sí..., todo eso es cierto... Pero también esta llena de santos. Y esta sería otra razón para que la amaramos un poco más.

Siempre que yo me monto en un tren, sé que la historia del ferrocarril esta llena de accidentes. Pero no por eso dejo de usarlo para desplazarme. La iglesia -decía Bernanos- es como una compañía de transportes que, desde hace dos mil años, traslada a los hombres desde la tierra al cielo.

En dos mil años ha tenido que contar con muchos descarrilamientos, con infinidad de horas de retraso...Pero hay que decir, que gracias a sus santos la compañía no ha quebrado...

Y me atrevería a deciros que tendríamos que amar a la Iglesia con mayor intensidad, precisamente porque es imperfecta. No es que me gusten sus imperfecciones, es que pienso que sin ellas hace tiempo que habrían tenido que expulsarme a mí de ella. A fin de cuentas, la Iglesia es mediocre porque está formada por gente como nosotros, como tú y como yo. Y esto es, lo que, en definitiva nos permite seguir dentro de ella.

Tendremos que luchar por mejorarla. Pero sabiendo bien que siempre ha sido mediocre y que siempre será mediocre...Como en las casas siempre hay polvo por muy cuidadosa que sea la dueña. No se sabe por dónde, pero el polvo entra siempre. Y uno limpia el polvo en lugar de pasarse la vida enfadándose con el polvo...

Hoy en esta fiesta patronal de S. Pedro y S. Pablo, mi primera invitación sería que aceptáramos a la Iglesia con el peso de miserias y pecados que lleva encima.

Mi invitación sería que la amáramos en su debilidad.

Hubo un tiempo en que a mí me resultaba difícil aceptar los defectos de la Iglesia. Cada desgarrón, cada arruga, cada debilidad...provocaban en el pequeño juez que había dentro de mí, condenas inapelables...

Hoy me he curado de esas pretensiones idealistas. Y he entendido que aquella era la Iglesia de mis sueños, no la iglesia fundada por Cristo y sobre Cristo. He caído en la cuenta, sin hacer de ello un drama, que la Iglesia revela a Dios, pero a veces también le esconde...

Y he aprendido a amar y aceptar con alegría a la Iglesia, tal como es. Porque yo también soy Iglesia. Y también yo tengo necesidad de ser aceptado con mi peso de miserias y mis sombras...

Y mi segunda invitación es que a ejemplo de S. Pedro y S. Pablo, pusiéramos nuestra debilidad a disposición de Cristo... “para que se manifieste en nuestra debilidad la fuerza del Señor..”, como sucedió con estos apóstoles cuya fiesta hoy recordamos. Es decir, que cambiemos de mentalidad en nuestra pertenencia a la Iglesia; que pasemos de una postura de inhibición o incluso de crítica; a una postura de colaboración y de participación.

Como decía Saint-Cyran, nuestra Iglesia también hoy tiene mucho cieno y mucho polvo...pero no nos pasemos la vida criticándola y condenándola por ello, adoptemos la postura de los apóstoles: cojamos la bayeta (que es nuestra vida) y ayudemos a limpiarla y purificarla...

 

(C)

 

Pedro y Pablo son las columnas de la Iglesia de Jesús...

La presencia de Pedro en los evangelios es continua. Podemos decir que es el segundo protagonista de los cuatro relatos de la vida de Jesús...

Cabe citar: El momento en el que Jesús se le quedó mirando y le llamó

a ser su discípulo... Fue testigo de la Transfiguración, de la resurrección de la hija de Jairo y de la agonía de Getsemaní. Un momento importante de su vida es cuando responde a la pregunta de Jesús: -¿Y vosotros quién decís que soy yo?..  “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios ..”

Otro momento importante es cuando después de haber alardeado de no negar al maestro... tiene que escuchar el canto del gallo por haberle negado tres veces... Vuelve a ocupar un puesto importante en las apariciones del Resucitado... Y finalmente en el relato de hoy, Pedro está nuevamente en el centro...

Pedro es una figura atractiva dentro del grupo de aquellos, en su mayoría pescadores, que dejaron un día las redes y siguieron al maestro. Era un hombre cordial, emotivo, apasionado, fiel discípulo de aquel Señor que le había mirado un día a los ojos y le había llamado. Es el hombre espontáneo, que manifiesta sus sentimientos con fuerza en el lavatorio de los pies: ¿Lavarme tú los pies? Jamás. Pero si ello significa que no va a tener nada que ver con Jesús, dirá: "No sólo los pies, también las manos y la cabeza". Y, como suele suceder en los hombres de fuertes sentimientos, se derrumba cuando le preguntan si es discípulo de Jesús. Y el valiente se vuelve cobarde, el presuntuoso tartamudea ante una simple criada.

Cada uno de nosotros tiene mucho de Pedro. Incluso podía decirse que nuestro talante español, tan dado a grandes entusiasmos y solemnes propósitos, se siente especialmente cercano a Pedro. Los evangelios subrayan dos miradas de Jesús a Pedro: después de la primera, Pedro, dejó todo y siguió a Jesús; después de la segunda, Pedro "salió afuera y lloró amargamente".

 

Ahí, sin duda, comenzó el cambio del corazón de Pedro. No lo dice el evangelio, pero es claro que siguió confiando en el perdón del maestro.

Es lo que no hizo Judas, que no fue capaz de creer que Jesús le seguía

llamando amigo y le seguía queriendo …

Y la nueva actitud de Pedro, menos presuntuosa (después de las negaciones) termina en el pasaje de hoy, Jesús le tiende una trampa cariñosa: "¿Me amas más que estos?.. Y Pedro ya no se compara con nadie; su respuesta es ahora sencilla, brotando de lo mejor de su corazón: "Tú sabes que te amo... Tú sabes que te quiero". Y finalmente entristecido ante la tercera pregunta: "Señor, tú sabes todo. Tú sabes que te quiero". Tú conoces mi negación, mi cobardía, mis sentimientos... Tú sabes que, desde la verdad de mi ser, a pesar de todo, te quiero.

La historia de Pedro es nuestra propia historia. Tantos compromisos, tantos propósitos de vivir de acuerdo con nuestra fe, incluso estableciendo a veces comparaciones con otros... Y tantas veces también, nuestras negaciones, nuestras huidas, nuestros fracasos... Ojalá sintamos siempre que, a pesar de todo, el Señor nos sigue mirando con cariño; ojalá lloremos amargamente y, sobre todo, ojalá podamos seguir diciendo, porque nos sentimos como mecidos por la mirada de amor y de comprensión de Jesús: "Señor, tú sabes todo. Tú sabes que yo te quiero"

En lo hondo de nuestra vida necesitamos esa confianza básica de sentirnos acogidos, desde nuestra realidad, desde nuestra debilidad, desde nuestra vida hecha de luces y sombras, por alguien que nos quiere, que nos comprende y que sigue creyendo en nosotros y nos anima a seguir adelante.

 

(D)

 

ESTA ES NUESTRA IGLESIA

Son, Pedro y Pablo fundamento de nuestra Iglesia. Son, los dos, hombres con un pasado no precisamente brillante.

PEDRO/TRAIDOR: Pedro es un predilecto de Jesús, desde el primero momento. Vive con el Señor los acontecimientos más importantes de su vida, todos aquellos que estaban reservados para unos pocos. Fogoso y temperamental no tiene inconveniente en asegurar a Jesús que es capaz de morir con El y que le seguirá fielmente hacia ese camino de dolor y renuncia que el Señor estaba pintando y que Pedro, en un primer momento, rechazó con toda la energía de su temperamento. Pero todos sabemos que Pedro falló en toda la línea. Bastó la insinuación de una mujer, en los momentos de peligro, para que negase rotundamente conocer al Maestro. No es para escandalizarse. Todos nosotros tenemos más que motivos suficientes para comprenderlo y disculparlo. Lo comprendió y lo disculpó el Señor. Siguió encontrándose con él después de su resurrección, concediéndole, como siempre, un "trato de favor" y, tal como hoy leemos en el evangelio, quiso dejarle el cuidado de los suyos, sin recordarle nunca su estrepitoso fallo. No hubo para Pedro, por parte de Jesús, reprensión sino perdón. No le echó en cara Jesús a Pedro su pasado sino que le echó en cara su futuro, un futuro en el que Pedro, efectivamente, será capaz de seguir, paso a paso, las huellas de su Maestro. Y quedó claro que lo único que Jesús exigió a Pedro para que fuera su fiel imagen en la tierra, era que le amase. Si hay algo claro por parte de Cristo es el deseo de fundamentar a los cristianos en el amor, en el amor a su Persona y, como consecuencia lógica, en el amor a todos los hombres.

 

PABLO/CV: Pablo también es un hombre con tristes antecedentes. forofo de la Ley, dogmático, duro e intransigente, se caracterizó por la persecución a los primeros cristianos creyendo a pies juntillas que así hacía un buen servicio a Dios, naturalmente a "su" Dios. Hizo falta que cegaran sus ojos, que tan claramente veían, para que una luz nueva se hiciese en su interior y rompiera completamente con aquel estilo que tan contrario era con el del Señor al que, a partir de entonces, iba a servir con una dedicación exclusiva y excluyente. También para Pablo será el amor de Cristo el que cimentará su vida ya para siempre orientada hacia una sola meta.

Estas son las "piedras" fundamentales de nuestra Iglesia. Unas piedras que tienen sus grietas y sus resquebrajaduras, porque la única Piedra fundamental, aquella que desecharon los constructores, es Cristo y sólo en El no hay fisura, ni tacha ni grieta. En todos los demás, estén más o menos arriba o abajo, sean más o menos importantes o corrientes, es posible la grieta, como fue posible en Pedro, que vivió tan cerca de Cristo y en Pablo que era un estupendo cumplidor de la Ley, un religioso de cuerpo entero. Es ésta una realidad confortante y que además ha tenido en la Iglesia una demostración constante a través de los siglos.

Es cierto que la Iglesia es santa, pero no lo es menos que no lo somos todos los que somos Iglesia, y digo todos, cualquiera que sea el sitio que en ella ocupemos. Negarlo sería una tontería, reconocerlo es un acto de sinceridad y de valentía que a nadie tiene que escandalizar. Es cierto que la iglesia da a conocer a Dios al mundo, pero también lo es que, a veces, lo da a conocer oscureciendo su rostro; es cierto que la Iglesia nos acerca a Dios y también lo es que, a veces, nos lo aleja. Sólo Cristo no tiene arrruga ni mácula, sólo El presenta el verdadero y auténtico rostro de Dios sin deficiencia alguna. Todos los demás lo enseñamos quizá con nuestra mejor voluntad pero con nuestra carga de pequeñeces y debilidades.

Hoy es día de pedir sinceramente por la Iglesia, de sentirnos identificados con ella, de agradecerle tanto como nos ha dado y de desear sinceramente que vaya limando constantemente las aristas que puede tener y que evitan a los hombres el encuentro con Dios en ella. Es día de examinarnos, como componentes de esa Iglesia y de ver si el fundamento de nuestra pertenencia a ella, es por encima de todo, el que Cristo exigió a Pedro: el amor a El. Sólo si podemos contestar, aunque sea desde nuestra pequeñez, con la misma sinceridad con que lo hizo Pedro que, ciertamente, amamos a Cristo podremos ser piedras útiles en ese edificio de la Iglesia que, a pesar de nosotros mismos, no se derrumbará nunca y que es absolutamente necesaria para el mundo si de verdad cumple con la misión que tiene encomendada: llevar a los hombres hacia el Reino, haciendo que ese Reino sea una realidad ya, aquí y ahora. Hoy es día de penetrar en el conocimiento de la Iglesia, de aceptarla tal como es con toda su grandeza y sus posibles zonas de sombra que hacen resplandecer todavía más la luz de Cristo que es quien, en definitiva, la sostiene por encima de cualquier terremoto.

Pedro y Pablo son dos cristianos en los que debemos mirarnos con frecuencia. Ambos tuvieron sus fracasos personales y ambos siguieron tan fielmente a Cristo que lo hicieron visible en el mundo acercando a El a todos aquellos que se les aproximaban. Esto es lo que cuenta y lo que les hace grandes a los ojos de Dios y también, desde luego a los de los hombres y, por supuesto, a los que de todos los que, como ellos, pretendemos seguir siendo Iglesia, esa Iglesia que ellos construyeron con su propia sangre.

 

Oración de los fieles

 

Nos ponemos, ahora, en postura de oración y pedimos con fe la ayuda de Dios y el apoyo de San Pedro.

 

- Pedimos por la Iglesia Universal, para que el Señor la mantenga en la confesión de una misma fe; por el Papa y nuestro Obispo, para que sirvan con fidelidad al Pueblo de Dios. Roguemos al Señor...

- Pedimos por nuestra Comunidad Parroquial de ______, para que siguiendo el ejemplo de San Pedro y de San Pablo, nos mantengamos firmes en la fe y fuertes ante las dificultades. Roguemos al Señor...

- Pedimos, también, que se curen los enfermos, que tengan alimentos los que pasan hambre, y por las familias con problemas de todo tipo, para que nosotros sepamos ayudarles. Roguemos al Señor...

- Pedimos la intercesión de San Pedro y San Pablo, para que los difuntos que durante su vida oraron ante sus imágenes, sean admitidos en la asamblea de los santos y vivan siempre junto a Dios. Roguemos al Señor...

 

Escucha, Señor, la oración de tu pueblo, en la fiesta de San Pedro y San Pablo, nuestro patrono, concédenos por su intercesión lo que te pedimos con fe. Por JNS...

 

(B)

 

Aunque sea tiempo de vacaciones, las necesidades y los problemas del mundo no se toman un descanso, por eso te las presentamos, Señor.

Para que los creyentes que somos tu comunidad, tu Iglesia, seamos comunicadores de tu presencia entre los hombres. Roguemos al Señor.

Para que no perdamos de vista nunca que nuestra referencia no son los aplausos de los poderosos, ricos y sabios sino las voces de los necesitados. Roguemos al Señor.

Para que sepamos decir en palabras claras la importancia que tiene la fe, la esperanza y el amor para vivir. Roguemos al Señor.

Para que seamos sensibles y sepamos compartir cualidades, medios y alegrías con quienes nos necesitan. Roguemos al Señor.

Para que tengamos siempre en el centro del altar y de la vida a Dios que se hace pan y a quienes buscan el pan del hambre y del sentido de la vida. Roguemos al Señor.

 

Escucha, Dios bueno, estas peticiones que hacemos con el corazón, quieren reflejar nuestro mundo con sus líos y búsquedas. Ayúdanos porque lo necesitamos y porque te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor.

 

Presentación de ofrendas

 

(A)

Pedro contesta a Jesús por tres veces en los evangelios y ésa es nuestra ofrenda y compromiso hoy en su fiesta.

 

1.- A la desbandada que se produce ante las exigencias del seguimiento a Jesús. El pregunta a sus discípulos:

¿también vosotros queréis marcharos? …

Y, Pedro le contesta: ¿A quién vamos a ir?

"Señor, tú tienes palabras de Vida Eterna"...

 

(Se presenta el cartel y la Biblia...)

 

Queremos igual que Pedro,

dejarnos iluminar por tu Palabra.

Esa Palabra que da luz a nuestra vida,

llenándola de sentido y de alegría...

 

 

2.- Revelando su identidad a sus íntimos, Jesús les pregunta: ¿Quién dice la gente que soy yo? ...

Unos que Juan Bautista,

otros que Elías o uno de los profetas.

Y vosotros ¿quién decís que soy yo?

y Pedro en nombre de todos le dice:

"Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios"

 

(Se presente el cartel y el Cristo...)

 

Confesamos, como el Apóstol

que tú Señor eres el Mesías el Hijo de Dios"...

y que desde la Cruz nos has dado

la clave en la que tenemos que vivir tus discípulos...

 

3.- Tras las tres negaciones, Jesús quiere seguir mostrando su confianza a Pedro, y por ello por tres veces le pregunta:

¿Simón, me quieres?

Y Pedro le responde:

"Señor, tú sabes que te amo"

 

(Se presenta el cartel y el ramo de flores...)

 

El amor, es una realidad que hay que vivirla y demostrarla

en los pequeños detalles de cada día.

Estas flores que ponemos en el altar

son el compromiso de toda la comunidad

de vivir llenando de amor, de cariño y de ternura

nuestras relaciones y la vida de cada día.

 

 

(B)

 

1.- Presentación de un ramo de flores (Puede hacer la ofrenda cualquier miembro de la comunidad)

Señor, yo te ofrezco este bello ramo de flores, que quiere simbolizar nuestra fe, la mía y la de toda la Parroquia de______. Tú nos llamas, y cada uno de nosotros, hemos de aceptar tu palabra, obedecerla y hacerla vida en nuestras vidas. Que, como Pedro, seamos capaces de confesarte como el Hijo de Dios, el Señor de nuestras personas, el eje en torno al cual gira nuestra vida. Que esa fe, Señor, sea tan olorosa como estas flores que hoy te ofrecemos, capaz de comunicar esperanza a los hombres.

 

2.- Un recipiente lleno de sal (Alguien metido en algún grupo de la Parroquia)

Señor, yo te traigo en nombre de todos, este recipiente lleno de sal, como símbolo de nuestra presencia evangelizadora y transformadora del mundo. Igual que Pablo evangelizó a todos los pueblos, nosotros queremos ser presencia misionera en este mundo, a pesar de las muchas dificultades con las que nos encontramos. Danos, sin embargo, tu gracia, porque sin ella nuestra sal se vuelve insípida.

 

3.- Presentación de un bastón (Alguno de los sacerdotes...)

Señor, yo te traigo este bastón, que es símbolo de autoridad, pero también del apoyo que necesita quien la ejerce. Realmente, este bastón eres Tú mismo. En él me he de apoyarme y de él recibo la gracia para ejercer mi servicio como sacerdote: animando a mis hermanos en la fe y presidiendo las celebraciones en tu nombre. No me dejes caer en la tentación del autoritarismo, dame entrañas paternales para que muestre a mis hermanos tu ternura y tu misericordia.

 

4.- El pan y el vino

Que con la fuerza de estos alimentos, caminemos por las sendas de la unidad y del amor. Que del mismo modo que los granos de trigo y las uvas estaban dispersos por el campo y ahora forman este pan y este vino, por la acción de tu espíritu, formemos una comunidad que viva unida y sea testimonio de tu amor.

 

Oración sobre las ofrendas

 

Recibe, Señor,

las ofrendas de tu pueblo

en honor de tus santos y nuestros patronos San Pedro y San Pablo.

Concédenos por sus méritos,

la gracia de permanecer

firmes en la confesión de tu nombre,

y fuertes ante las adversidades.

Por JNS...

 

Prefacio…

 

Te damos gracias por las personas que en la Iglesia

son un signo de tu presencia,

hacen tus veces

manteniendo la memoria de tu palabra,

la pureza de tu mensaje y de tu espíritu.

Entre ellos están los que presiden tu Iglesia

y particularmente el Papa.

La fiesta de hoy nos hace recordar

al primer eslabón de la cadena, al apóstol Pedro.

En él venció la fe sobre la debilidad,

la confianza sobre la flaqueza.

Tuvo caídas e infidelidades,

vaciló y se apartó del camino recto.

Pero supo arrepentirse y aceptar la corrección fraterna.

Así venció en él la gracia sobre el pecado,

la verdad sobre la ambigüedad, el valor sobre la cobardía.

A pesar de todo tipo de dificultades,

supo abrir tu Iglesia a judíos y paganos,

dándole la marca de la universalidad.

Su poder fue también como el de Cristo;

no el de la fuerza y el dominio,

sino el de la debilidad y el amor.

Pobre como los pobres, no tenía otra cosa que darles

sino la salvación que viene del Espíritu.

Por todos esos gestos y estos signos

del primero de tus apóstoles

te elevamos gozosos el himno de tu gloria

unidos a los ángeles y a los santos

y decimos llenos de alegría:

 

Santo, Santo, Santo...

 

 

Pedimos del pan

 

Jesús, en esta oración, nos enseñó a rezar, diciendo: “Padre nuestro”, y a pedir el “pan nuestro”. Sólo el día que lleguemos a comprender que Dios es Padre de todos, seremos capaces de compartir nuestras cosas con los demás. Ese día habrá pan para todos los hombres y mujeres; y paz para todos los pueblos de la tierra.

Por eso, unidos, decimos: Padre nuestro...

 

Nos damos la paz

 

Que el saludo de paz que ahora nos damos, llegue a todos los rincones y a todos los corazones...

 

Compartimos el pan

 

Jesús es un pan distinto al de todos los días. Él ha prometido que quien coma de su Pan, vivirá para siempre.

Dichosos los invitados...

 

Oración

 

(A)

 

Somos tus hijos, tu gente, tu pueblo

 

No somos de Pedro, ni de Pablo, ni de Juan,

no somos de esta parroquia ni de la otra,

todos somos tus seguidores, tu gente, tus hijos.

 

Nosotros hacemos hincapié en las diferencias,

resaltamos lo que nos divide y nos separa.

 

Tú pones todo el interés en que nos conozcamos

y nos queramos, en que nos tratemos como hermanos.

 

Tú único deseo es que nos acerquemos y nos descubramos,

que celebremos nuestras coincidencias

que festejemos la vida juntos,

sabiéndonos acompañados por ti.

 

Cuando al final de la vida lleguemos a tus brazos,

nos sentarás a la mesa con todos los seres humanos,

de distinto color y tendencia, de buen y mal hacer,

todos unidos estaremos gozando de tu amor de Padre.

Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén

 

(B)

 

Bendito seas, Dios Padre nuestro, Dios de los apóstoles, por habernos llamado a la fe dentro de tu pueblo la Iglesia, que has cimentado sobre Cristo y sobre la palabra y el testimonio de los apóstoles, a quienes él eligió como sucesores suyos.

Te alabamos hoy con estos testigos cualificados del evangelio y columnas de la Iglesia, que fueron los apóstoles Pedro y Pablo. Concédenos, Señor, responder a tu elección de amor para colmar las esperanzas depositadas en esta hora del mundo, para mostrar tu rostro auténtico a nuestras hermanos los hombres, para irradiar la luz del evangelio de Cristo en torno nuestro, para presentar ante el mundo el rostro joven de tu Iglesia. Amén.

 

Bendición

 

Nos despedimos con la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo…

 

Cuadro de texto: Fiesta de San Pedro 
y San Pablo