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MIRAR
La primera palabra
La primera palabra que pronunciamos las personas no es palabra verbal. Es una palabra no verbal. La primera palabra que pronunciamos es percibida por el otro con la vista, con la mirada. Los ojos preceden a la boca. Es más rápida la mirada que la palabra. Con una mirada "decimos" o "escuchamos" palabras muy hondas.
Con grupos de catequistas me gusta comenzar mirando en silencio. Me tomo el tiempo de "pasear la mirada" por cada uno de los miembros del grupo. No es un ejercicio fácil. Me exige dominio personal. Instintivamente me sale comenzar la reunión lanzando palabras. Pero sé muy bien que hay una primera palabra anterior a la palabra. Ésta no es la que ellos pronuncian ni la que yo pronuncio. La mirada del otro y la mirada al otro ya es diálogo, inicio de sensaciones y percepciones, inicio de una comunicación subterránea que vale más que las palabras y que me predispone positiva o negativamente para acoger al otro y su palabra.
Caer en la cuenta
Suelo preguntar: ¿ Cuál es la primera palabra que he pronunciado en el grupo? Difícilmente las respuestas apuntan a la mirada. Lo ordinario es que suenen frases como éstas: "El saludo", "la pregunta que acabas de hacer"...
Entonces explico: Os habréis dado cuenta de que estaba en la sala esperándoos. Me coloqué aquí, justo en frente de la puerta para ver cómo ibais entrando. Os he mirado 'descaradamente' y he buscado los ojos de cada uno de vosotros. Quería entablar diálogo mirándoos. La primera palabra es la mirada.
Las miradas
Por la calle, en el autobús, en la cola de mercado... nos miramos. Hay miradas que buscamos y hay miradas que no soportamos; nos escondemos para no encontrar la mirada de algunas personas y nos exponemos para ser encontrados por miradas que nos interesan. Mirándonos nos comunicamos a veces hasta con cierta complicidad. Nos arreglamos y nos maquillamos para ser mirados... Al "arreglarnos" (cuidar nuestra imagen) ya estamos pensando en una palabra que queremos pronunciar y que queremos que los otros "lean" con la mirada.. La mirada descubre la palabra que el otro pronuncia y la que yo pronuncio en silencio. La mirada "lee" palabras del otro.
Te puedes detener a analizar las miradas en la vida ordinaria: La madre que mira a su hijo pequeño y el hijo pequeño que mira a su madre; las miradas de los esposos, las miradas de los adolescentes; las miradas de los curiosos...
Recopila frases que hagan alusión a la mirada: "es que no me canso de mirar", "¿por qué me miras tanto?:', etc. ¿Qué expresa cada frase?
Saber mirar
Nos centramos en el grupo de catequesis. Es un grupo en el que pasan las mismas cosas que en otros grupos. No somos diferentes cuando nos reunimos para reflexionar sobre el mensaje de Jesús.
El evangelio nos relata muchas miradas de Jesús: Zaqueo. Samaritana, joven rico, Pedro, muchedumbre, el hombre que vendió todo para comprar el campo donde había un tesoro, el óbolo de la viuda...
Como catequistas, aprendemos a mirar de las miradas de Jesús: un mirar que es comprender a la persona en su situación concreta, en este instante concreto. Comprender no es usar sólo la cabeza; para mirar bien hay que utilizar el corazón, es decir: "Te acepto tal como eres y tal como estás aquí".
Mirar a los miembros del grupo
Tenemos que partir de un principio: hay de todo en el grupo. Hay personas que son miradas y queridas por sus padres y amigos. Hay personas que tienen poca experiencia de "ser mirados", otros "tienen hambre de mirada cariñosa". 'Muchos padres y madres "no tienen tiempo para mirar a sus hijos". Algunos hogares no son lugares donde se mira con ternura. La sociedad nos lanza a mirar escaparates..., a mirar exteriores..., a mirar rápidamente porque enseguida viene otra imagen. La pantalla del televisor (nuevo sagrario del hogar), usada abusivamente, nos roba tiempo para mirarnos a los ojos.
Hay niños que tiene sed de ser mirados. Hay indisciplinas que tenemos que "aguantar" que proceden de una ausencia de mirada cariñosa. , Hay niños que presentan comportamiento indisciplinados para "que los miremos", para que "nos fijemos en ellos".
Confronta tu propia experiencia con lo que aquí se dice.
Palabras de la mirada
Con la mirada "leemos" la palabra que el rostro del otro está pronunciando (preocupación, cansancio, alegría, ¡mírame!, ¡no me mires!, olvídate de mí, estoy aquí, a ver si no se ¡da cuenta de …!).
Con la mirada "leemos" palabras del otro que no suenan en voz alta (nervios, preocupación, cansancio, ansiedad, seguridad, inseguridad...).
Con la mirada "mandamos" mensajes a los miembros del grupo (para que uno se esté quieto y calle, para animar a alguien a intervenir, para aprobar algo que dice, para extrañarnos de algo, para tranquilizar al grupo...). La mirada es más que simple mirada. La mirada es palabra.
Con la mirada percibimos cosas que quizás no podemos decir en público, pero que podemos "hablar" personalmente fuera del grupo...
ES CLAVE
Mirar y ser mirado es una necesidad y una forma de dialogar entre personas que precede siempre a la palabra verbal. Con la mirada decimos cosas que no decimos con la boca, al menos al inicio.
FLASH
Mirar bien y "escuchar" las palabras que el otro pronuncia con su cuerpo, con su rostro es un ejercicio de profundidad, de acogida, de cercanía, de diálogo sin palabras...
Utiliza la mirada en tu grupo. Muchas de las personas (de todas las edades) que llegan a la catequesis tienen necesidad de ser miradas.
Recuerda la última reunión y las miradas de cada uno de los componentes del grupo. Lee ahora, despacio, la palabra que decían con su rostro, con su cuerpo, con sus ojos...
Tú mismo, catequista, a lo mejor te "apoyas" en determinada personas a las que miras más porque te siguen, te sacan de apuros... A lo mejor tienes en el grupo "antagonistas" que te miran y con la mirada te desafían y "echan un pulso"... Es interesante que seas consciente de las palabras que pronuncias y te pronuncian los miembros del grupo con la mirada.
SUGERENCIAS
Acoge a todos con la mirada: el saludo, las palabras que les dices.
Mira a todos antes de comenzar a hablar.
Mira e intenta descubrir la palabra que la mirada del otro te pronuncia. En algunos casos, al acabar el grupo, sin que nadie se entere, puedes acercarte a ésta o a la otra persona para decirle: "No sé, hoy tu mirada parece que me decía que estabas contento, preocupado...".
Haz un ejercicio de imaginación después de la reunión de grupo e intenta, al acostarte, visualizar las miradas de cada persona de tu grupo.
Al final de la creación, Dios miró todo lo que existía y era bueno (Gen 1,31). Mira a los de tu grupo y reza: "Sé que N. es bueno. Lo que veo en él (o en ella) que me produce alegría, interrogante o dolor a él también le produce alegría, dolor y no le deja madura!:.. Dios, mira con tu mirada a N. Haz que pueda ser lo que tú quieres que sea".
Reza antes de ir al grupo, con el deseo de Bartimeo: "Señor, que vea" (Mc 10,46-52).
Descubre cómo Dios te ha ayudado a ver ya sea en la meditación de la Palabra o a través de personas que te enseñaron a mirar en profundidad.
Responde a esta pregunta: ¿Cómo tu acción de catequista ayuda a los de tu grupo a ver el Reino de Dios escondido?
CON EMPATÍA
¿Cómo acercarnos a la vida del otro? Con empatía. Esta palabra empatía la tomamos de la psicología y tiene un contenido preciso que describimos como "conectar con todo lo que el otro vive y con el modo de vivir las cosas que el otro tiene". A las personas no sólo nos pasan cosas en la vida (una enfermedad, un examen, un problema familiar...) sino que las cosas que nos pasan las vivimos con unos sentimientos concretos de amor, odio, pena, tristeza, alegría, satisfacción, insatisfacción, envidia... La empatía es una manera de tratar a la persona que pone mucha fuerza en captar la forma de vivir lo que le pasa al otro.
¡Qué bien se está contigo!
Delante de algunas personas estamos y nos sentimos bien. En lo más íntimo de nosotros decimos: "Con esta persona se puede estar, me comprende, me entiende no sólo lo que digo, sino lo que siento". De otras personas decimos: "Esta persona no me entiende; no es eso lo que yo quiero decir, ni lo que yo necesito. Esta persona me está interpretando". Hay personas que nos repelen porque invaden nuestro territorio sagrado íntimo. Nos interpretan, juzgan y comparan. No conectan con nuestros sentimientos. Se quedan en las anécdotas. No les interesa la forma que la persona tiene de vivir los acontecimientos de su historia. Siempre se quedan "fuera" de lo esencial de nuestra vida porque no captan nuestros sentimientos. Más aún, en ocasiones hay personas que intentan ocupar y suplantar nuestro mundo interior. Es una manera de hacerse dueñas de lo nuestro y de esclavizarnos.
Trae a tu memoria personas que te han hecho exclamar: "Da gusto estar a tu lado", "Esta persona me inspira confianza", "Me siento comprendido por ti".
Trae a tu memoria personas que no tú dices que no te entienden... Analiza lo que sientes y los comportamientos que te provocan estas personas.
Tener tacto
La expresión "tener tacto" alude al sentido del tacto y a una manera de "tocar" que no causa daño físico; tocar se convierte en acariciar. Tocar a alguien es un arte. El tacto puede provocar dolor y daño físico o puede producir alivio, caricia, placer. Existen profesionales del tacto que saben si al tocar van a producir dolor, y avisan para que el otro reaccione. "Si te hago daño, me avisas", "si duele, me haces una señal". O te previenen: "Te va a doler un poco, pero es necesario, es normal ", como hacen muchas veces los dentistas y los médicos...
Cuando aplicamos la expresión "tener tacto" a las relaciones humanas queremos decir que una persona está delante de otra con una actitud de atención total para percibir en las palabras, en los comportamientos y gestos corporales las alegrías y las heridas que la otra persona lleva dentro y la trata de modo que no se produzca una experiencia negativa.
Aprender a tratar
En la vida casi todo se aprende. Se aprende a hablar y se aprende a tratar a la gente. El trato con las personas nos proporciona elementos importantes y esenciales de cómo hay que tratar: qué es lo que cierra a las personas, qué es lo que las abre y las llena de vida, qué es lo que hace sonreír y lo que hace llorar... La vida se convierte en escuela y maestra de trato. El trato nos enseña a tratar al otro.
Las ciencias humanas aportan elementos: nos dicen que es importante atender a las expresiones verbales (y corporales) que reflejan el estado de ánimo de la persona que nos habla. Siempre es más importante atender a cómo una persona vive lo que le pasa que lo que le está pasando.
Además hay ejercicios y datos que nos vienen de la reflexión personal: ¿Qué es lo que a mí me gusta escuchar? ¿Qué es lo que a mí me abre a los demás? ¿Qué personas me dan confianza? ¿Cómo se comportan y me tratan? ¿Qué trato del otro es el que a mí me vitaliza?
La empatía es un ejercicio que no se reduce sólo a técnica, sino que exige que la persona toque sus propios sentimientos para poder escuchar y conectar con los sentimientos de la otra persona.
La mochila
Como los deportistas que salen a la montaña o hacen camping, cada persona lleva su propia mochila llena de vida. En esa mochila va el trato de los padres y los acontecimientos de los primeros años de vida, las experiencias positivas y negativas acumuladas a lo largo del tiempo, los miedos y los deseos, las conquistas y los fracasos, el concepto de sí mismo que ha elaborado (auto-estima o des-estima), la tarea de educación y construcción personal realizada a lo largo del tiempo.
Todos llevamos nuestra propia mochila, no sólo el otro. También yo. Y en esa mochila va lo que más nos influye a la hora de estar delante de alguien: nuestros miedos, nuestra historia personal, nuestras expectativas, lo que nos da consistencia y profundidad o raíces, la arena que deja a la intemperie el edificio de nuestra casa...
Saber cuál es nuestra mochila nos ayudará mucho para tratar mejor a las personas, para crear situaciones de acogida positiva.
ES CLAVE
Educar en la fe comienza sencillamente por ser educados: por ser conscientes de los influjos que hemos recibido y nos han hecho crecer (o no crecer) y procurar realizar intervenciones que hagan crecer al otro.
FLASH
Hay personas (catequistas) que "espantan" a otras personas (a los catecúmenos). Su vida y manera de hacer lleva a que el otro se interrogue y se diga, casi inconscientemente: ¿Pero el Evangelio que esta persona anuncia puede ser 'algo bueno' cuando ella es tan poco educada, madura, respetuosa, feliz...?
El 'continente' (la persona) ya es un escaparate importante del 'contenido' (mensaje del Evangelio). Puede pasar que en algunos casos haya personas que rechacen el Evangelio porque la persona que se lo presenta no es digna de crédito ni de aceptación...
¿Cómo pedir que el Evangelio cambie las vidas de los demás y llame a conversión si estas realidades no se ven reflejadas en los catequistas?
Jesús de Nazaret "calaba" hasta la entraña de la vida misma del otro. Zaqueo, la samaritana, la mujer con flujos de sangre... son algunos ejemplos bien patentes.
SUGERENCIAS
Da importancia a la escucha, a la empatía.
No vale escuchar; el otro tiene que percibir que es escuchado, que sus palabras y sentimientos son acogidos y captados por el catequista.
No utilices frases descalificadoras, o que humillan al otro. No es lo mismo decir: "No me entiendes nada", que decir "Quizá no logro expresar lo que quiero decir"...
Existe verdaderamente lo que se pronuncia, lo que suena. Ahí es donde tenemos que apoyarnos y no tanto en lo que intuimos, pensamos, sospechamos, interpretamos, sabemos de ante mano... Cuando hablamos con otro lo más importante es lo que dice.
Si sólo escuchas en el otro lo anecdótico y no eres capaz de conectar con el modo de vivir los hechos de vida dejas en el olvido el elemento vital más importante. Quizás el otro sienta que le entiendes, pero no se sentirá comprendido totalmente.
Una de las cosas que más bloquea, cierra y molesta a las personas es sentirse juzgadas por alguien a quien no han elegido como juez de sus vidas.
"Las verdades duelen" es una frase popular. Que el daño venga del juicio que el otro realiza sobre sí mismo, no de sentirse juzgado por otro.
Para ser anunciadores creíbles tenemos que ser personas creíbles. Echamos culpas a "los otros" que tendríamos que pensarlas un poco y quizá nos las echaríamos a nosotros mismos"...
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