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La Virgen de mi pueblo (o el dios en quien yo creo)
La Virgen sí, Dios no
Llega la fiesta de la Virgen en mi pueblo y todos se convierten en fervorosos creyentes. Se emocionan al ver pasar a la Virgen, le dicen cosas preciosas, le ofrecen sacrificios y le cantan la salve con fuerza, con pasión. .. pero luego, durante el año, nadie diría que creen en algo, como no sea por la estampa que llevan en la cartera, la foto de la Virgen en el parabrisas del coche, o el cordón de la cofradía o el calendario en el salón. Es curiosa esta fe en una imagen. Los hay que adoran a un Cristo, otros a una Virgen, otros a un santo... y muchos a San Pancracio, que es un santo de colorines, que, con una moneda agujereada incrustada en su dedo y un poco de perejil fresco adornándole, dicen produce beneficios y prosperidad en el negocio, por eso preside la mayoría de las tiendas que visitamos. Los hay que "adoran", en esa virgen de su pueblo, a María, la madre de Jesús. Pero la mayoría de las personas que he conocido reducen su fe a esa experiencia religiosa puntual y nada tiene que ver con el resto de su vida. Dios es un ente extraño o alejado y Jesús, como estilo de vida, nada tiene que ver con la suya. Sólo su imagen les trae nostálgicos recuerdos de niñez, fiestas, familia y amigos.
Los santos en su sitio
He de reconocer que no soy yo muy santero. Ha habido en mi vida modelos importantes de santos: Camilo de Lelis, Agustín, Francisco de Asís, Teresa de Ávila, Francisco Javier, Madre Teresa, Juan XXIII… y alguno más, que me enseñaron cómo seguir a Jesús y me contagiaron su ilusión por vivir la vida junto a Él. Pero como me señalaban tan claro el camino hacia Dios, resulta que los he olvidado en el camino y mi oración es siempre un rato de charla con Dios Padre, o con Jesús que me anima a vivir a su manera, o con el Espíritu, al que le pido su fuerza y su impulso para salir airoso de las situaciones y no despistarme de Dios y de sus cosas.
Los otros santos
Me voy encontrando santos corrientes, gente de a pie, cuya manera de vivir me interpela y me anima a vivir amando. Personas de carne y hueso que tienen mis mismas dificultades cotidianas y que me enseñan a superar la enfermedad, a ser tolerante, a frenar críticas, a tener el corazón más abierto al mundo... Gente, por ejemplo, que me enseña a querer con sencillez a todo el mundo. Son los santos que me voy encontrando en el camino de la vida y que me sirven de señales de tráfico para llegar a Dios.
Tengo miedo
Me da a mí un poco de temor que minimicemos nuestra fe reduciéndola a una virgen, un santo, un cristo determinado, pues nos podemos perder lo esencial que es vivir en comunicación con Dios, sabiéndole nuestro Padre, caminando la vida al estilo de Jesús y fortalecidos por la celebración de nuestra fe en la Eucaristía y en los otros sacramentos que hacen que el Espíritu circule entre nosotros, nos dinamice y nos fortalezca esta historia de amor eterna que existe entre Dios y cada uno de nosotros. Las devociones nos pueden acercar a Dios, pero siempre que no suplanten a Dios.
Saber en quién creemos
A veces hacemos con Dios como aquella madre que quería tanto a su hijo que se lo comía a besos en la foto, pero que cuando venía a casa, no le hacía ni caso y solo protestaba porque tenía barro en los zapatos, o tenía las cosas desordenadas, o no le dejaba ver la tele tranquila... Tenemos que saber en quién creemos y a qué forma de vivir nos hemos apuntado, pues de lo contrario estaremos como tanta gente, adorando dioses de barro. Puede ser una virgencita en una hornacina; una pirámide, que trae suerte; una piedra de cuarzo, que emite energía positiva; un cinta en la mano, que según el color tiene unos poderes u otros. . .; o cualquiera de esos talismanes, brujerías y fanatismos, sucedáneos de Dios, que se nos ofrecen, y que nada tienen que ver con Dios Padre que nos ha soñado felices y plenos y que nos impulsa a vivir como hermanos, mientras nos envía su Espíritu para llenarnos de fuerza y transformar este mundo que está tan injustamente repartido y tan deshumanizado.
¿POR QUÉ ALGUIEN CREE SOLAMENTE EN UNA IMAGEN?
Porque es lo que aprendió desde niño y lo tiene grabado en la mente. Porque se le mezclan recuerdos y emociones y disfruta reviviéndolas. Porque el concepto de Dios va por un lado y el rito por otro. Porque no conoce a Jesús, como modelo de vida a seguir. Porque no ha sentido la fuerza del Espíritu Santo dinamizándole. Porque en su casa la oración se reducía a pedir a su "virgen o santo", Porque se lo han contado así y cree que va a conseguir algo. Porque hay un alejamiento de lo religioso y sólo quedan ritos. Porque le presentaron a un Dios culpabilizador y lo rechazó. Porque necesitamos pertenecer a un grupo y la patrona es algo que "nos da esa seguridad".
SER CREYENTE EN JESÚS ES:
Saberte hijo de Dios, Padre de todas las personas. Conocer y seguir a Jesús, como Dios hecho hombre. Intentar vivir el estilo de Jesús. Estar y celebrar la fe con otros creyentes. Pertenecer a la Iglesia, grupo de seguidores de Jesús. Dejar espacios para la oración y la reflexión personal. Transmitir la propia experiencia de Dios, como buena noticia. Saberse salvado y animado a salvar a otros. Estar convencido de que la muerte no es el final. Creer en el Espíritu Santo, como fuerza dinamizadora.
¿Qué razones darías al que adora a su Patrona pero no cree en Dios?
Que Dios eligió a María como madre de Jesús. Que a través de ella se hizo hombre y vivió normal. Que todas las imágenes de la Virgen son igual de importantes. Que muchas veces nuestra fe es más tradición que experiencia. Que creer en Dios te cambia la forma de vivir. Que una devoción no es una experiencia de fe ni de relación con Dios. Que Dios nos espera a todos siempre para relacionarnos como adultos. Que a veces una devoción nos distrae de lo esencial. Que la fe de niños se queda pequeña y tenemos que crecer en la fe. Que Dios tiene para cada uno un sueño de plenitud y con Él se vive mejor y siempre estamos a tiempo de conocerle más.
Todo ser humano es espiritual, tiene una parcela en su psicología que es la interioridad que le reclama silencio. Es la música de nuestro interior la que podemos oír cuando hacemos silencio. Todas las personas, creyentes o no, poseen ese espacio interior que hay que alimentar con los propios ideales, sueños o creencias. La comunicación con Dios nos hace disfrutar de esa parcela interior, pues es el espacio en el que Él nos susurra el gran sueño que tiene para cada uno de nosotros, donde nos habla al corazón, nos descansa, nos desasosiega y nos dinamiza al mismo tiempo. Esta experiencia religiosa nos aporta salud para la historia personal y nada tiene que ver con las manifestaciones externas folklóricas, sino que es una manera de estar en el mundo, sabiéndose hijo de Dios y seguidor de Jesús, ese gran hombre que nos dio pistas para vivir una vida que merezca la pena. |

