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El mejor de los 'productos'... ¡Se buscan buenos vendedores!
«Tenéis el mejor de los productos, el que más necesita la gente y nuestro mundo..., pero no sabéis venderlo, lo ofrecéis mal». Son palabras de un hombre de hoy a un sacerdote.
Ya Jesús insinuó algo de esto al decir: «Los hijos de las tinieblas son más sagaces que los hijos de la luz».
Y, sin embargo, el 'producto' es importante, fundamental. Alguien ha dicho: «El siglo XXI será religioso o no será». Parece que hoy más que nunca la persona humana está necesitada y deseosa de Dios. Y nosotros en nuestra educación, en nuestra evangelización, con el Evangelio de Jesús y el Jesús del Evangelio, podemos ofrecerles lo que buscan. «Nos has hecho, Señor, para Ti...».
Al llamarnos a la vida cristiana o a la vida religiosa, el Señor nos ha enviado a ofrecer su Buena Noticia a todos.
Hemos recibido el encargo de comunicarla, de venderla, de colocarla en el corazón de cada persona. Y todos deseamos ser unos buenos vendedores, ¿Qué hacen los vendedores? ¿Cómo logran colocar su producto, interesar al cliente, descubrir sus necesidades? ¿Cómo puede uno ser un buen vendedor? El presente tema ofrece unas orientaciones para evaluar y mejorar nuestra acción pastoral. Están inspiradas, que no calcadas, en el marketing comercial. Espero que nadie se escandalice por ello. La sabiduría popular nos enseña que un buen consejo hay que aceptarlo, aunque venga del diablo. ¿Cómo lo hemos preparado? A través de un buen amigo conocimos el "argumentario” que una empresa en punta emplea para mejorar la calidad de sus vendedores. Sus principios los hemos resumido en un decálogo. Nos entrevistamos con la experta en ventas de dicha empresa para contrastar con ella todos los puntos. Con esos diez principios de venta os sugerimos una revisión de nuestro quehacer pastoral… Allá van.
1. CREER EN LO QUE SE VENDE
Se educa desde lo que se es, no desde lo que se dice. "Venid y veréis...,». Se nota enseguida, nos lo dicen los de fuera, cuando las cosas las hacemos por vocación, por convicción, por experiencia. "Sé de quién me he fiado», decía san Pablo, apóstol enamorado del 'producto' que ofrecía. La fe cristiana era para él una vida. Podía hablar de Cristo desde la experiencia de vivir en Él, por Él y para Él. Podía ofrecer su propio testimonio. Y por eso contagió a tantos su fe en Jesucristo, a pesar de las dificultades ambientales y de las resistencias de muchos. Se trata de creer en Dios, de poner la confianza en Él. Creer firmemente en lo que se vende. Condición básica. Y más para nosotros que vendemos no un 'producto', sino unas ideas... Nosotros ofrecemos un camino que conduce a una Persona. Ofrecemos al mismo Dios amor, y el amor de Dios manifestado en Cristo Jesús. Ofrecemos un camino que lleva al hombre a ser persona entera. Ofrecemos una educación, una forma de ser, unos valores... Se trata de interiorizar todo esto, de hacerlo carne de la propia carne.
- El 'producto' (Dios y sus cosas) ¿me es profundamente conocido y espontáneamente familiar? - ¿Ofertamos y vendemos aquello que creemos, vivimos y experimentamos? - Las personas ¿notan que anunciamos lo que vivimos, o tienen la sensación de escuchar a simples funcionarios o charlatanes de Dios?
2. CONOCER Y VALORAR PROFUNDAMENTE EL 'PRODUCTO'
Si cuesta imaginar a un vendedor que no conoce bien lo que vende, que no valora ni ama aquello que ofrece, que no cree que el suyo sea un buen producto en el mercado... (Aunque el dinero hace milagros), ¿os imagináis a un sacerdote que hable de Dios, de Cristo y de su Evangelio, y no crea en Él? ¿Os imagináis a una religiosa o cura que hable a los jóvenes de alegría, fiesta y felicidad, y ella o él esté hundida o hundido en la tristeza? ¿Os imagináis a un salesiano o un escolapio que quiera llenar a los chicos de una paz profunda, si él vive en una profunda intranquilidad? ¿Os imagináis a un educador o educadora que quiera sembrar sentido de vida, esperanza en el joven, y que en su corazón de formador crezcan el desencanto y el sinsentido de vida? En la Biblia el verbo conocer implica: saber-saborear, amar, experimentar, vivir. San Pablo que ha conocido, que ha hecho experiencia de Cristo, sabemos cómo habla de Él. « ¡Ay de mí, si no evangelizo!». Enamorarnos del Evangelio de Jesús y del Jesús del Evangelio nos será imprescindible para darlo a conocer. Las personas reciben cantidad de ofertas: ideologías, filosofías, modas, novedades, reclamos orientales, movimientos de todo tipo... Debemos saber de ellas. En más de un caso son competencia, van totalmente en contra de lo que nosotros ofertamos. En otras ofertas deberemos discernir qué hay de Evangelio en ellas para valorarlo y apoyarlo. ¿Qué hay de Dios en los signos de los tiempos? Entre los hombres y mujeres de hoy se da mucho un cristianismo vergonzante. Les da vergüenza decir que creen, que rezan, que son cristianos. Hay que -en el mejor sentido de la palabra- poner de moda el seguimiento de Jesús. Esto sólo puede hacerse desde una valoración y un interés del vendedor por el producto pastoral. El vendedor debe mostrar con hechos, palabras y vida, que la fe y el Evangelio que oferta son humanizadores y dinamizadores de toda persona y de toda la persona. El Evangelio debe ser presentado como Buena Noticia; no puede venderse envuelto en miedos, en amenazas. Más allá de lo amargo de la cáscara, de la Cruz, debemos hacer gustar al hombre o mujer la alegría y la felicidad profundas que lleva el mensaje de Jesús. Nos escucharán si nuestras palabras las encarnamos en nuestra vida, si nuestra palabra es útil a su existencia, si nuestra palabra ayuda a vivir con calidad, si nuestra palabra toca a lo profundo de su existencia, si nuestra palabra sale del corazón y llega a su corazón.
. El 'producto' (Dios y sus cosas) ¿nos es vitalmente conocido y familiar? ¿Somos conscientes de la carga transformadora que el Evangelio implica de cara a nuestra misma persona y a nuestras estructuras? . ¿Sabemos quiénes -desde la competencia- están influyendo en el pensar, valorar, sentir, hacer, vivir de nuestros jóvenes? ¿Preparamos a los jóvenes para ir contracorriente, para hacer una lectura cristiana de su realidad, para vivir en un mundo tan plural? ¿Qué clase de jóvenes van saliendo de nuestra labor educativa?
3. GANAR, CONSERVAR Y TRATAR BIEN A LOS CLIENTES
Estamos para servir. ¡Cuántos jóvenes buenos, válidos, interesados por nuestras cosas acaban cada año en nuestras obras! ¡Cuánta clientela joven perdemos cada año! ¡Cuánto darían otros vendedores por haberla tenido y cómo se espabilarían y qué harían para conservarla! Esto supone procesos que se inician y se acompañan; requiere compartir vida e historia con nuestros jóvenes. Estamos demasiado acostumbrados a tener con ellos sólo intervenciones esporádicas. Solemos abandonar al joven -sobre todo en, estructuras colegiales- cuando llega y entra en la edad decisiva, en el- momento de las grandes opciones.
Dice el MANUAL DE VENTAS consultado para hacer estas reflexiones: «Escucha al cliente; acepta sus puntos de vista, te gusten o no. No te pedimos que estés de acuerdo con ellos; sólo que los aceptes». Esto, para ser un buen vendedor de las cosas de este mundo. ¡Cuántas personas en el Evangelio se sintieron acogidas, escuchadas, aceptadas, queridas... por Cristo; y no eran precisamente santos de altar! Conservar a los que tenemos. Ya es algo. Pastoral de sacristía lo llama alguno. Atender a los que ya vienen. Que sigan viniendo a gusto, que se encuentren bien, que quieran volver cuando suenen las campanas. ¡Ya es mucho, pero no es todo! ¡Hay que ir más lejos!. Ir hacia el otro, a su lugar, saliendo fuera de lo nuestro... Hay que sentirse misionero para ganar nueva clientela, que habrá que saber conservar y acompañar hasta que sepan volar.
«Tratar a los otros como ellos quieren ser tratados»: metiéndose en su mentalidad, con paciencia, dedicando tiempo, haciéndose violencia, dejando nuestro «status» de Príncipes para que el zorro (por El pequeño príncipe) se pueda acercar a nosotros un poco más cada día, hablando un mismo lenguaje, conociendo su nombre, dando y aceptando confianza, valorando al otro, tratándole como hermano. En cristiano se trata de encarnarse, como Cristo, en el mundo del otro. Si el cliente acaba contento, no harto, repite.
- ¿Cómo trato -tratamos- a la clientela, a los jóvenes, adultos, niños? - ¿Nos gusta estar con ellos? Y a ellos ¿les gusta estar con nosotros? ¿Los escuchamos? ¿Qué servicios e iniciativas tenemos para conservarlos , es decir, para seguir acompañándoles en su camino cuando dejan nuestras estructuras?
4. SABER VENDER BIEN, SIN CAER EN LA RUTINA
«Los hijos de las tinieblas son más sagaces que los hijos de la luz»…
Habría que darse una vuelta por el Rastro de Madrid, por los, por cualquier mercado de pueblo y ver la energía, la fuerza, el lenguaje cargado de imágenes, la carga expresiva y afectiva que algunos vendedores ponen para ofrecer las cosas más sencillas de este mundo: una manta, un pelador de patatas, unos bañadores... El lenguaje de Cristo puede ser, en este sentido, modélico, acertado, periodístico, provocativo, creativo, sencillo, lleno de comparaciones e imágenes, interpelador. Sabía que le iba a costar formar escuela, por eso exclamó: « ¡Los hijos de las tinieblas son más sagaces que los hijos de la luz!». Cristo vivía lo que "vendía". Ponía calor y convicción en sus palabras. «¿No nos ardía el corazón al escucharle?», dicen los de Emaús). Huía de la rutina porque Él sabía descubrir novedad en todo y en todos en Nicodemo y en la pecadora; en Pedro y en la Samaritana; en el campo de trigo y en las aves del cielo; en el desierto y junto al pozo... Buen ejemplo para actualizar y cuidar nuestro lenguaje; para usar las nuevas técnicas que nos brindan los medios de comunicación social. Por otra parte, la vida de un ser humano, sobre todo si es joven, es lo más contrario a la rutina. Es vitalidad, juego, cambio. Es ganas de vivir, de comerse el mundo, de cambiarlo todo. El joven es alguien que se va abriendo a la vida, que mira todo con grandes ojos de admiración, que le falta tiempo para hacer nuevas experiencias, para disfrutar de todo, vivirlo todo. El joven huye de la rutina y busca la novedad: cambiando de ropa, comprando el último disco, llevando la última moda... ¿Habrá que ayudarle a descubrir otra novedad y la novedad de otra manera? El que está en contacto con gente joven y quiere ser educador, catequista, tiene que amar a esta juventud tal cual es. Ese dinamismo y vitalidad juvenil es otro de los motivos que nos lleva a educadores-pastores del mundo joven a no caer en la rutina, a renovarnos, a cambiar, a ser creativos.
. ¿Nos ha podido ya la rutina? ¿En qué? ¿Por qué? . ¿Cómo recobrar nuevas ilusiones? . ¿Qué podemos aprender de ese extraordinario comunicador que fue Cristo Jesús?
5. AJUSTAR EL PRODUCTO AL COMPRADOR Y A SUS NECESIDADES
Ajustarse a las necesidades del cliente no es rebajar el producto, ni falsearlo. Es presentarlo destacando aquellas ventajas a las cuales es sensible ahora el comprador. Tal vez más tarde valore otros aspectos. Celebración, oración, eucaristía, compromiso, grupo, amistad, evangelio, amor, servicio, etc... son dimensiones del ser cristiano. Las personas no son igualmente sensibles a todas estas facetas. Debemos adaptarnos, seguir un proceso gradual, aceptar grados de pertenencia imperfecta a la comunidad cristiana. Hay quienes no aceptan todo el paquete que les vendemos (tampoco es que lo rechacen de plano), pero de momento nos compran una parte. ¡De mal comerciante sería no vender esa parte! Tal vez sea el primer paso para comprarlo todo. A veces queremos vender de golpe más cosas de las que la gente puede comprar; productos que por ahora no valoran ni les interesan. (Ya no hablo de imponérselos; esto nunca lo hará un buen vendedor). Es como regalar pañuelos a quien no tiene narices. Uno tiene la impresión de que en ocasiones damos respuestas a preguntas que ni se hacen ni nos hacen. Y es posible que dejemos de responder otras cuestiones que ellos no expresan explícitamente, pero nos las están gritando implícitamente. Con la mejor buena voluntad, es posible que unas veces les hartemos y que otras les dejemos con hambre. Ninguno de los dos extremos son de un buen vendedor. Se trata de servir a la persona concreta y real que tenemos delante (no al que nosotros creemos y nos imaginamos tener). Esto supone acercarse a él (encarnación) para escuchar y conocer cuáles son los interrogantes y necesidades profundas de esa persona, que tiene edad, está en una situación, ha hecho un camino, se ha propuesto unas metas, ha vivido unas experiencias positivas o negativas, etc... Supone por parte del buen vendedor una fina sensibilidad para ir más allá de los gestos y palabras y adivinar lo que con ellos nos quiere decir. Por ejemplo: ¿qué nos están diciendo, pidiendo implícitamente, los jóvenes, tras la risa fácil, la música a tope, la crítica desmesurada, el vestido provocativo, etc...? Nuestro mensaje debe iluminar problemas y situaciones reales, vitales. Para poco sirve el pan si no hay hambre, el agua si no hay sed, las respuestas si no hay preguntas, la lección si no hay discípulos, el mensaje si no hay receptor... Se trata, sin traumatizar, de suscitar interrogantes, despertar inquietudes, abrir perspectivas, pinchar los globos de las falsas seguridades, despertar los deseos profundos y tal vez dormidos, concienciar sobre falsos dioses, señalar las cadenas invisibles que esclavizan, ofertar camino y compañía hacia una nueva libertad... Cada cliente, cada persona es como es. Sin cambiar el 'producto', sí que podemos presentar aquellos beneficios, ventajas, aspectos a los cuales la persona es más sensible. Ajustar el producto al comprador. No vender el 40 si el comprador calza el 35.
Sólo el contacto con ellos, la escucha más allá de las apariencias nos harán captar cuáles son sus auténticas necesidades. Esto requiere tiempo; y tiempo dedicado a cada una de las personas. San Pablo, antes de hablar en el Areópago, ha visto bien Atenas. Conoce y valora el interés de los atenienses por lo religioso... Intentará desde ahí, ir más allá planteándoles nuevas preguntas e inquietudes, haciéndoles desear la novedad de Vida eterna que significa Jesucristo. Pablo, en este caso y al primer intento, no vendió el producto. El relato evangélico de Jesús y la Samaritana puede ser otro ejemplo precioso de venta bien hecha, de proceso educativo, catequético...
. ¿Cómo son realmente nuestros niños, jóvenes o adultos? . ¿Les llegamos al corazón con nuestras ofertas? . ¿Respondemos a las necesidades tan distintas, como se mueven en nuestros ambientes? . ¿A cuántos hartamos? ¿Hay personas a las que dejamos con hambre?
6. SABER ARGUMENTAR, DAR RAZONES...
Debemos estar siempre dispuestos, como dice otro gran vendedor apóstol, Pedro, a dar razón de nuestra esperanza. Hoy la juventud es tremendamente sensible a la imposición. "Si quieres imponer un producto, pierdes el tiempo y pierdes un cliente», me dijo la experta en ventas de la empresa consultada. No podemos imponer, obligar... Es más eficaz, a la larga: invitar, proponer, ofrecer, hacer ver los valores que lleva nuestro producto, razonar con la persona el porqué y el para qué de las "cosas" (fe, misa, vocación, etc...). No intentar vencer, sino convencer. Invitar siempre, nunca obligar. Entre los muchos libros de Martín Descalzo hay cuatro (que recomendamos) cuyos títulos empiezan por estas palabras: "Razones para...»Para la alegría, la esperanza, el amor, la vida. Saber dar razones. Uno de los muchos méritos de este gran creyente es llevar sus razones de cristiano al corazón de la vida de toda persona. Fe y vida, vida y fe, van maravillosamente unidas; no son dos mundos distintos. La fe es, esa levadura que fermenta la masa, ese pincel que pone color a los tonos grises de la vida. ¡Qué difícil es que una persona no nos escuche por unos momentos cuando le decimos una palabra sincera que tiene algo que ver con el corazón de su vida! Pero para que Cristo y su mensaje, que nosotros ofrecemos, diga algo a la vida de las personas, antes ha tenido que tocar e influenciar nuestras mismas vidas. Nuestra vida.
Nuestra persona, nuestra coherencia... será la mejor razón. "Para que viendo vuestras buenas obras, glorifiquen al Padre». ¡Que nuestras obras transparenten nuestro creer y nuestro ser! Las razones intelectuales pueden rebatirse con razones en contra; no así los sentimientos y experiencias profundas. La vida no se discute, se acepta o no se acepta. Con gestos y palabras fue diciendo Jesús las cosas... Razones y experiencias, experiencias y razones, deberán estar siempre ajustadas a la edad, mentalidad, preparación... de la persona. La revisión de las experiencias (con lo que han tenido de positivo y de negativo) irá dando nuevas razones a la persona para hacer nuevas experiencias y para actuar de forma renovada y nueva. . ¿Motivamos, razonamos al chico, al joven (el estudio, la misa,..) u optamos por el camino más rápido: les obligamos a hacer las cosas? . ¿Les damos razones verdaderas y actualizadas, o más bien pseudo motivaciones?
7. VALORAR EL PRESTIGIO DE LA EMPRESA
En este caso la empresa -la Iglesia- suele ser una piedra de escándalo para la tierna fe de nuestros jóvenes. Pero conviene hacerles críticos con su crítica. No podemos ocultar las limitaciones presentes y pasadas de la Iglesia; pero tampoco podemos ignorar sus aportaciones. Debemos conocer la historia de la Iglesia en sus oscuros y también en sus claros. Debemos estar al día de la movida eclesial, de esa Iglesia viva en África, en Latinoamérica, en misiones, en barrios marginados, en comunidades que hacen labores calladas y sin salir en los periódicos, en... Ayudar al joven a ser crítico, pero también con su crítica. No pueden contentarse con la información desinformada y tendenciosa de ciertos medios de comunicación social. No pueden con un tópico, con una frase, decir toda la riqueza de veinte siglos de historia. ¡A cuántas organizaciones políticas y sociales les gustaría tener esa historia! La mejor manera de superar esos tópicos, y más en ciertas edades juveniles, es la experiencia: el presentarles, el darles a conocer, el acercarse, el comprometerles en acciones eclesiales (Campañas, Cottolengo, Voluntariado...), el meterles dentro del rollo de ciertas experiencias de Iglesia apropiadas a su edad (vida comunitaria, voluntariado misionero, vida monástica, Taizé...). En términos empresariales (que son los que -como parábola- estamos empleando en este artículo) la historia de la Iglesia es un 'activo' que hay que saber mostrar a la hora de presentar nuestro 'producto'. De hecho, todos los que trabajamos con jóvenes o con niños somos conscientes de la sensibilidad juvenil por todo lo que es historia, narración, hecho concreto, testimonio vivo y directo. Y en la historia de la Iglesia pasada y presente hay mucho de eso. De la crítica al conocimiento exacto; del conocimiento a la valoración; de la valoración al aprecio... y al amor a la Iglesia, Madre santa y pecadora, con cualidades y defectos como todas las madres. Hasta llegar a formar en los jóvenes un sentido eclesial de pertenencia, de hablar de la Iglesia desde dentro, de comprometerse por hacer, ser y sentirse comunidad de Jesucristo. Como vendedores sabemos que el trabajo que realizamos lo hacemos: enviados por la Iglesia, porque somos Iglesia, desde la Iglesia y para construir Iglesia. «No hay mata sin patata». Y aquí la patata es la comunidad. El joven debe saber de dónde viene y a dónde vamos con él. La que le engendra en la fe es la comunidad. La Iglesia va a ser su Madre de por vida. Ojalá que nuestras comunidades -signos de la Gran Iglesia- sean para las personas: creativas, estimulantes, lugares donde se vive lo que se anuncia; comunidades, ¿por qué no?, capaces de asumir las contradicciones, no de ignorarlas. Que nuestra Iglesia trabaje por ser «la Iglesia que Cristo soñó». . ¿Cómo educamos el sentido eclesial en nuestros jóvenes y niños para que ellos hagan y se sientan parte de la Iglesia? . ¿Qué experiencias eclesiales les brindamos?
8. ESTAR AL DIA, MEJORANDO CONSTANTEMENTE LA PROFESIONALIDAD
Bastantes generaciones de educadores, de mediana edad para arriba, no hemos sido formados para el cambio. A pesar de ello debemos prepararnos para una sociedad siempre cambiante. Esto requiere de nosotros el estar en una continua actitud de aprendizaje, en continua formación permanente, en continua renovación. ¿Será ésta una nueva forma de conversión? Convertirse a una nueva teología, a un nuevo lenguaje, a una nueva forma de hacer, de estar, de ser.... Dos extremos en lo de la puesta al día profesional. Hay educadores que se anclaron en el pasado, seguros de sí mismos, y que nadie les hable de cambiar. También pueden verse educadores que nunca están suficientemente preparados para empezar a actuar y que no se pierden un cursillo o una charla de puesta al día, o ya van por la cuarta licenciatura académica... Dos extremos. Una manera sencilla de mejorar la profesionalidad: hacer de la vida de cada día un instrumento de formación. La ascesis de una buena preparación de las pequeñas acciones educativo-pastorales de cada día puede sernos muy útil. Preparar bien: la clase, la celebración comunitaria, la homilía, los buenos días, el grupo de catequesis, etc... Esta será una manera de no desgastarse, de no quemarse, de estar al día. La conversión evangélica creo que también pasa por estas cosas, aunque va más lejos. No sólo nos pide cambio y mejora en la profesionalidad, sino también una profunda conversión del ser, del vivir. ¿Cuántas cosas podemos todos convertir y mejorar en nuestra vida personal, comunitaria, laboral, apostólica; en nuestra vida de fe, de oración, de consagración, de misión? La conversión supone un reconocimiento humilde de pequeños o grandes fallos; un aceptar que, por más maestro que uno sea, hay cosas en las que es necesario ser discípulo del único Maestro. Esto requiere un querer jugar limpio con uno mismo, con los demás y con Dios. Esforzarse como si todo dependiese de nosotros y confiar como si todo dependiese de Dios. Cuando uno ha puesto de su parte y ha hecho todo lo posible, el resto –que no es poco- hay que ponerlo en manos de Dios. Con esta constante -la constante de Dios- no pueden contar otros vendedores, nosotros sí.
¿En qué me siento al día, preparado? ¿Qué podemos y debemos mejorar? Personal y comunitariamente ¿qué programa tenemos de formación permanente?
9. NO ENGAÑAR NUNCA
«No engañar nunca al cliente», me dice, también, la experta en ventas y no sólo eso. Me añade con rapidez y contundencia: «¡Jamás, jamás!»; como queriendo dar importancia a este principio, el principio de la verdad. Me llama la atención, pues uno cree que en este mundo de las ventas de lo que se trata es de vender lo más posible, con verdad o con... Pero ella insiste: «No engañar nunca al cliente. ¡Jamás, jamás!». Buen principio para nuestro quehacer pastoral. Decir la verdad. Ir dando cucharadas de verdad en la medida que pueden ser asimiladas. Saber decir la verdad con las palabras justas -que no falten a la caridad-, en el momento oportuno. No basta decir palabras verdaderas. Hay que ser verdadero. Un buen mercado de verdad debe ser uno mismo. Ser sincero conmigo mismo. Empezar por venderme, decirme la verdad a mí mismo. Comprar la verdad sobre mi persona a aquellos que pueden proporcionármela. Es una buena escuela de aprendizaje para ser sincero con los demás y para Dios. Lo que importa en nuestro mercado de la pastoral, y de forma especial en la pastoral juvenil, no son tanto las ventas, el 'producto' que vendemos, la cantidad... sino el bien del comprador, el bien auténtico de la persona, del joven. Nos importa más el joven que la idea que queremos comunicarle. ¡Se usa tanto el engaño! ¡Es moneda de cambio normal! ¡Es más eficaz e inmediato! ¿Quién no engaña hoy? Saber vender engañando, parece hasta de más inteligentes... Hay muchas formas de engañar, de no ir con la verdad por delante. Engañamos cuando: - prometemos cosas que sabemos no vamos a poder dar... - ocultamos las espinas del camino, la cruz de la vida y presentamos sólo las rosas, la cara... - hablamos del pan y paraíso y no mencionamos el trabajo... - decimos y hacemos aquello que no sentimos ni somos... - no queremos ver nuestros defectos y equivocaciones, y el equivocado y defectuoso es siempre el otro... - no hemos preparado bien las cosas y los que lo pagan son los jóvenes o los niños... - presentamos la meta, pero no hablamos ni indicamos el Camino... - damos menos calidad de la que podíamos dar, por vagancia, comodidad... - por cobardía, por miedo, no ofrecemos aquello específico nuestro que bastantes personas están esperando de nosotros... - presentamos una moral apoyada en el miedo, lo negativo, las represiones, las prohibiciones... cuando el Evangelio no es así... - disimulamos nuestra vida, personal o comunitaria, con sus cualidades y defectos, ante las personas... - ponemos la confianza más en nosotros mismos que en Dios... - nos predicamos más a nosotros mismos que a Jesucristo... - educamos para el inmediatismo y no para el paso a paso.... - no decimos la verdad para hacernos los progres, para ganarnos la simpatía del otro... - queremos hacer demasiado fácil, asequible y evidente la fe, con una apología barata... - la misa y la oración la convertimos en una mera dinámica grupal o en una cosa rutinaria y aburrida... "Yo soy la verdad», dijo Jesús. Que sea Él nuestro modelo en nuestro decir y obrar, en nuestro ser y hacer pastoral.
- ¿Qué mentiras e incoherencias descubro en mi ser y en, mi obrar? - ¿Cuáles en nuestra comunidad religiosa y en la comunidad? - ¿Trabajamos para eliminarlas? ¿Cómo?
10. CAPTAR LA ATENCIÓN DEL CLIENTE, NO ABURRIRLE
Pedagogía activa, pedagogía de la experiencia, pedagogía en la que la persona se sienta y sea protagonista. El cliente no debe ser un mero receptor del 'producto'. Debe intervenir, sugerir, crear... El educador (vendedor) debe estimular, suscitar, hacer emerger las preguntas, las inquietudes y las mismas respuestas que la persona lleva dentro. Hay lenguajes más discursivos, indirectos, cerebrales, lógicos... que estimulan menos. Suelen preferir los lenguajes globales, más vitales. Los lenguajes que afectan más a sus necesidades e intereses, que implican más a toda su persona: su cabeza, su corazón, sus manos... Lenguajes más audiovisuales, más testimoniales, más de contacto directo con la realidad, más simbólicos. En más de un supermercado, la promoción de los nuevos productos se hace por vía experiencial. El cliente toma, si quiere, el producto. Es una muestra gratuita. Y usted, cliente y señor, puede probarlo. Ya no es un conocimiento teórico del mismo. Es un conocimiento (pienso en el valor de esta palabra en la Biblia) directo, experiencial. Por cierto, la muestra está muy bien presentada. Servida con amabilidad y un saludo por una bella señorita (!), que disimula, con la mejor de las sonrisas, el cansancio del día y que hasta parece que esté convencida del valor de lo que vende. «Los hijos de las tinieblas...». En lo nuestro no se requiere pose americana. Pero sí cercanía, amabilidad, paz exterior reflejo de la paz interior, cordialidad (cor = corazón: poner el corazón), paciencia, positividad, alegría, sencillez, transparencia... Esa primera imagen, esa buena cara serena, gozosa, alegre, será ya la mitad de la venta. Entre los consejos que un grupo de chicos daba a un nuevo sacerdote estaba éste: «Que se te vea alegre». Escuchar, escuchar, escuchar... mucho más de lo que se habla. (¡Y cuánto hablamos! ¡¡Cuánto más deberíamos escuchar!!). Será una manera de valorar al otro, de darle importancia, de hacerle participar, de que se sienta actor y protagonista, de que sepamos cuáles son sus necesidades reales. Como el mercado juvenil es muy cambiante, debemos mantenernos siempre en actitud de escucha "de pregunta, de discípulo que quiere aprender cosas nuevas, de encuesta y formación permanente...
- ¿Con qué pedagogía educamos: grupal, participativa, experiencial...? - ¿Qué lenguajes o cauces de comunicación empleamos más? - ¿Sabemos llegar a la vida y al corazón de las personas?
Monseñor Ricard-María Carles, arzobispo emérito de Barcelona, dirigiéndose a un grupo de sacerdotes y laicos, decía: «Tenemos la mejor Buena Noticia que comunicar, pero los obispos y sacerdotes (podríamos añadir nosotros: los religiosos o catequistas) somos los peores quiosqueros». ¿Podría, tal vez, decir lo mismo de mi persona y de mi comunidad? Este artículo habrá logrado su objetivo si nos ha ayudado a revisar nuestra acción pastoral.
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