Cuadro de texto: Enseñar a rezar a los niños

 

Existen tantas formas de rezar como momentos hay en la vida.

Si en ocasiones buscamos un sitio tranquilo y deseamos estar solos,

en otras nos acercamos a un amigo y ansiamos disfrutar de su compañía.

A veces nos apetece leer un libro y otros días preferimos gozar de la música.

En determinados momentos deseamos cantar junto a cientos de personas, pero

en otros simplemente susurramos en compañía de unos pocos.

A veces queremos expresarnos con palabras, y en otros casos,

simplemente, con un profundo silencio.

Henri Nouwen, "Con las manos abiertas"

 

 

 

 

Hace mucho tiempo, el modo normal y formal en que un niño comenzaba

y finalizaba su día era rezando, tanto al levantarse por la mañana

como todas las noches antes de dormir. Los niños "buenos" y "educados" se arrodillaban,

y a continuación recitaban una serie de frases tradicionales que solían comenzar o finalizar pidiendo a Dios que bendijese a sus familias, amigos y vecinos, y a través de las cuales deseaban el bien a todos ellos. De esta forma los pequeños aprendían a amar al prójimo (o al menos lo intentaban), y a no odiarle ni causarle daño.

En la actualidad, sin embargo, esta costumbre se ha perdido en gran medida. Algunos padres aún la fomentan cuando sus hijos son muy pequeños, pero tanto los críos como los mismos adultos comienzan a perder interés bastante pronto, y en algunos casos llegan a eliminar este hábito por completo. El agobiante ritmo de la vida familiar actual, no exento de estrés, parece incompatible con el acto de rezar, y nuestra sociedad secularizada no fomenta casi en absoluto la práctica de esta actividad.

Pero rezar con nuestros hijos puede tener un gran valor psicológico y espiritual. Tanto la psicología como la religión se ocupan del alma, las emociones y del modo en que todos ellos afectan al comportamiento. La principal diferencia entre ambas disciplinas es el vocabulario: lo que los psicólogos podrían denominar "pensamiento negativo" o "pensamiento positivo", en religión se conoce como "pecados" o "virtudes".

Si a los niños se les expone a pensamientos y actitudes "buenos" (es decir, sanos), es posible que sean capaces de evitar aquellas experiencias que producen exactamente lo contrario. El hecho de acentuar cualidades como la confianza, el optimismo y la generosidad (es decir, la fe, la esperanza y el amor) a través de las plegarias, permitirá que los niños superen el egocentrismo y se abran a una fuente de energía auténticamente fiable.

Rezar por la mañana y por la noche, antes de dormir, es un hábito tan sano como el de lavarse los dientes, bañarse o tomar vitaminas a diario, y tiene la misma finalidad: nos ayuda a estar limpios y a deshacernos de aquello que podría dañarnos, y, por si fuera poco, nos fortalece.

Las oraciones de la noche son particularmente beneficiosas para los niños porque pueden actuar como un sólido puente entre la actividad y el reposo, la excitación y la calma, y dado que les permite tranquilizarse antes de quedar dormidos, estimulan la aparición de sueños agradables, además de contribuir a crear una cálida armonía entre padres e hijos. Como si esto fuera poco, también pueden convertirse en un modo sano, feliz y provechoso de abrir y expandir el corazón, la mente y el horizonte espiritual del niño. El hecho de tomarse unos pocos minutos diarios para pensar y rezar por el bien de otras personas hace que el niño adopte el hábito de ser generoso y afectuoso.

 

Cuentos para orar con los niños

 

La oración no es método ni técnica; es un estilo de vida. Es mucho más que hacer peticiones a un protector omnipotente; es hablar con nuestro Padre contándole nuestras ideas y sentimientos, aprehensiones y dudas, problemas y protestas. Incluye la confesión del propio pecado y el compromiso de obedecer a Dios; incluye también adoración, alabanza y acción de gracias por sus dones.

Orar es realmente vivir “con” Dios. Es una relación profunda entre personas. Por la oración conocemos mejor a Dios y tiene lugar un intercambio de valores. Mes tras mes, año tras año, Dios va transformando nuestro modo de pensar, nuestras actitudes, nuestra conducta.

Orar es sencillo, pero la madurez en la oración sólo se alcanza con el tiempo y la práctica. Hay pocos atajos; para crecer en la vida de oración, se requiere paciencia. “¡Señor, enséñanos a orar!”, pidieron los Apóstoles a Jesús.

Uno de nuestros deberes concretos es “enseñar a rezar” a los niños. Es el secreto más hermoso que les podemos mostrar. Las historias que siguen, intencionadamente breves, pueden introducir, en diversos momentos, conversaciones sencillas sobre la oración.

 

 

1.- DIOS ES PAPÁ

 

Introducción:

Para Jesús, Dios era un “padre bueno”. Él le llamaba como los niños pequeños llaman a sus padres en Israel: “Abba”, que se parece mucho a nuestro “papá”. Los niños de todo el mundo, cuando son pequeñitos, hablan casi la misma lengua. Unos empiezan a decir “abá...” y otros “pa...”

Jesús tuvo además otro sentimiento muy grande: que todos nosotros éramos hermanos suyos porque Dios, no sólo era “su” papá, sino el de todos. Por eso nos dijo que rezásemos así: “Padre nuestro”...

Y nos dijo muchas cosas para que supiésemos tratar a Dios. Por ejemplo (ver si se les ocurre a los niños algún ejemplo):

Dios nos cuida más que a las flores y los pájaros (Lc 12,22-31), Dios quiere que le pidamos con confianza (Lc 11,5-13), Dios es como el padre del hijo pródigo... (Lc 15,12 y ss), etc.

 

Cuento:

Jesús ha sido nuestro “maestro”, el que nos enseñó que Dios es un “Padre bueno”. Y nos lo sigue enseñando. Como en esta historia:

Hace muchos años hubo un terremoto en Armenia. Murieron muchas personas. Algo así como lo que ha pasado estos días en Colombia. Un papá, que estaba en casa en aquel momento, se acordó de que su hijo estaba en el cole y salió corriendo a buscarlo. Siempre le había dicho: “Pase lo que pase, tú nunca te preocupes: yo siempre estaré allí para ayudarte”.

Cuando llegó a la escuela, el edificio se había derrumbado. El padre se echó a llorar. Pero, sin desanimarse, empezó a recordar dónde solía estar la clase de su hijo. Fue hasta allí y empezó a escarbar y a escarbar... Otros papás fueron también. Pero estaban desesperados. “Déjalo -le decían- es demasiado tarde... Ya no podemos hacer nada por ellos”. Llegaron también los bomberos y le dijeron que se fuese, que había peligro de incendio y que ya se iban a ocupar ellos. El papá siempre les decía a todos: “¿Pero va usted a ayudarme o no?

Nadie quiso ayudarle. Todos lo daban todo por perdido. Pero el padre siguió arañando y escarbando, arañando y escarbando. Así estuvo ocho horas..., 12...,24...36... Y, cuando ya llevaba 38, agotado, al retirar un pedrusco, oyó la voz de su hijo y llamó con todas sus fuerzas: ¡¡Armando!!

- “¿Papá? ¡Soy yo! ¡Estamos aquí! Ya les dije yo a los otros chicos que no se preocuparan, que tú me salvarías y que, si tú me salvabas también les salvarías a ellos. Tú siempre decías que “pase lo que pase, estarías conmigo. ¡Y has venido!”.

- “¿Cómo estás?- preguntó el padre.

- “Aquí estamos catorce de los treinta y seis de la clase. Tenemos hambre y miedo, pero ahora ya estás aquí. Se formó una cámara de aire entre los cascotes y eso nos ha hecho vivir”.

- “¡Venga, hijo, vamos fuera, yo te ayudaré”- dijo el padre. Y el hijo le contestó:

- “No, papá. Que salgan primero los demás chicos. ¡Yo ya sé que tú me sacarás! ¡Pase lo que pase, sé que tú me sacarás!

 

De MarK V. Hansen, en “Sopa de pollo para el alma”

(Ediciones B, Biblioteca de bolsillo, Barcelona 1997)

 

Comentario:

¿Tiene algo que ver esta historia con el hecho de que Dios es nuestro Padre bueno?

¿Cómo debemos hablar con Dios cuando...

estamos tristes,

queremos celebrar algo,

hemos sacado buenas notas,

hemos ganado un partido,

nos han dejado los amigos,

hemos conseguido hacer algo solos?

 

Oración:

Te damos gracias, Padre, porque todo el que te ama pertenece a tu familia. Tú eres nuestro Padre, nosotros somos tus hijos. Gracias, Padre, por tu familia en el mundo entero. Gracias por nuestros hermanos y hermanas de toda la tierra.

Padre de todas las familias, haz a nuestra familia parecida a la familia en la que Jesús creció y a nuestra casa como su casa, donde cuidemos unos de otros y sepamos compartir nuestras cosas, para que todos tengan lo necesario.

Bendice, Padre, a mis padres y a todos los que me quieren, y guárdame a mí. Hazme cariñoso con ellos, educado y obediente, y que sepa ayudar y ser amable.

 

2.- Jesús me quiere a mí

 

Introducción

Cuando en vacaciones, vamos a ciudades que no conocemos, o cuando en el cole estudiamos la geografía del mundo, nos enseñan o estudiamos los monumentos, los palacios, las catedrales, los grandes jardines o paseos... Y siempre nos dicen que eso se hizo en tiempos del rey tal o cual, o cuando mandaba no sé quien en el Ayuntamiento, o...

Vamos a poner ejemplos de nuestra ciudad...

Pero ¡no me digáis que ese señor o esa señora se pusieron un mono de trabajo y empezaron a tallar la piedra, a hacer el cemento, a pavimentar la calle...! ¿Quien lo hizo todo eso, en realidad? ¿Cómo se llamaban?

Para que los “grandes hombres y mujeres” hicieran las cosas hubo miles de personas desconocidas que, con su trabajo, hicieron realidad los sueños de esos “grandes señores”...

¿Quién os parece que ha hecho “la iglesia”? No hablamos de la iglesia en la que estamos, ni en la del pueblo, sino de la “Iglesia universal”... ¿El Papa, el obispo...?

 

Evangelio: Mt 4,12-14-16-18-22

Después de estar con Juan, Jesús no se fue solo. La verdad es que debía de ser muy simpático, porque en seguida hizo amigos...

 

Comentario:

¿Quiénes fueron los primeros amigos de Jesús?

¿De qué les encargó?

Eran personas importantes?

¿Le gustan a Jesús las personas importantes? Recordad la historia de la “oveja perdida”.

 

Cuento:

Hay una historia que nos puede ayudar a pensar quiénes fueron y quiénes son realmente importantes para Jesús:

“En una puesta de sol, un amigo nuestro iba caminando por una desierta playa mexicana. Mientras andaba empezó a ver que, en la distancia, otro hombre se acercaba. A medida que avanzaba, advirtió que era un nativo y que iba inclinándose para recoger algo que luego arrojaba al agua. Una y otra vez arrojaba con fuerzas esas cosas al océano.

Al aproximarse más, nuestro amigo observó que el hombre estaba recogiendo estrellas de mar que la marea había dejado en la playa y que, una por una, volvía a arrojar al agua.

Intrigado, el paseante se aproximó al hombre para saludarlo:

- Buenas tardes, amigo. Venía preguntándome qué es lo que hace.

- Estoy devolviendo estrellas de mar al océano. Ahora la marea está baja y ha dejado  sobre la playa todas estas estrellas de mar. Si yo no las devuelvo al mar, se morirán por falta de oxígeno.

- Ya entiendo- replicó mi amigo-, pero sobre esta playa debe de haber miles de estrellas de mar. Son demasiadas, simplemente. Y lo más probable es que esto esté sucediendo en centenares de playas a lo largo de esta costa. ¿No se da cuenta de que es imposible que lo que usted puede hacer sea de verdad importante?

El nativo sonrío, se inclinó a recoger otra estrella de mar y, mientras volvía a arrojarla al mar, contestó:

- ¡Para ésta sí que es importante!.

 

Comentario:

¿Se parece Jesús a este hombre que recogía estrellas de mar? ¿En qué?

Según eso, ¿cómo se comporta Jesús con nosotros? ¿Quiénes son importantes para Él?

¿Le mereces tú la pena?

 

Oración:

¡Qué alegría, Jesús, saber que me quieres,

que me has deseado y que cuidas de mí!

¡Yo, para ti, soy único!

Para ti soy como la estrella

más bonita del firmamento.

En medio del cielo azul oscuro

o en un rinconcito,

hay miles de estrellas de brillos diferentes,

todas parecen distintas

cuando las observamos.

En la gran familia de tus amigos

somos muchos pero cada uno es

como una estrella única en su especia,

¡la más hermosa!

Cada persona, para ti Jesús,

es lo más importante

y tiene un gran valor a tu mirada.

Nunca nos dices: “Eres igual que los demás”

No. Tú, por el contrario, nos dices:

“Tú eres tú... y nadie más, y te quiero”.

Yo también quiero decirte, Jesús,

que te quiero porque eres mi Maestro

y significas para mí mucho más

que el mejor regalo que pudieran hacerme.

Tú eres mi alegría.

 

 

3.- Jesús me quiere así

 

Introducción

Es verdad que Jesús nos quiere a cada uno tal como somos. Pero... también es verdad que siempre ha soñado que fuésemos “los mejores en nuestra especie”. Sólo que cada uno de nosotros es una “especie” diferente. Por ejemplo: no se trata de que saques las mejores notas de la clase sino las mejores notas que tú puedes sacar. Lo que no le gusta a Jesús es que seamos unos remolones y no lleguemos a ser todo lo que podríamos... ¡y ese es su sueño!.

 

“Un día le preguntaron a un hombre que tenía fama de sabio: “Tú tienes muchos hijos. ¿Cuál de ellos es tu preferido?

Y el hombre contestó:

- “El hijo al que prefiero es

             el más pequeño, hasta que crezca,

             el que está más lejos, hasta que vuelva,

             el que está enfermo, hasta que se cure,

             el que está preso, hasta que salga de la cárcel,

             el que sufre, hasta que esté alegre...”

 

Preguntamos: ¿por qué pensaba así este sabio, por qué decía eso...?

Hay dos razones que podemos tener a mano:

1ª, porque este padre sueña lo mejor para cada uno de sus hijos;

2ª, porque se fija más en el que más necesita...

 

 

Cuento:

Una mujer viuda tenía dos hijas, una hermosa y trabajadora, la otra fea y perezosa. A la que más atendía era a éste segunda, que era su auténtica hija. En cambio a la primera, que era su hijastra, le mandaba hacer todas las tareas de la casa. Ésta, cada día, tenía que tejer y tejer, y lo hacía junto a un pozo. Tanto, tanto, que hasta los dedos le sangraban. Un día, cuando lavaba la rueca que se había manchado de sangre, se le cayó al agua. La madrastra, furiosa, la obligó  a ir a buscarla, y la muchacha no tuvo más remedio que saltar al pozo...

Al caer, se desmayó y comenzó a soñar. Estaba en medio de un prado lleno de sol y de flores. Y se puso a caminar. Pasó cerca de una panadería y oyó que los panes le pedían que los sacase del horno, porque ya estaban a punto. Así lo hizo la muchacha, y siguió su camino. Al poco rato oyó a las manzanas que, ya maduras, le pedían que sacudiese el manzano. La muchacha lo sacudió y puso las manzanas en un montoncito.

Llegó luego a una casita, en la que vivía una vieja, con los dientes largos y fea. la chica se asustó y quiso escapar, pero la vieja, que se llamaba Camila, la tranquilizó y le pidió que le ayudase a ordenar la casa, hacer las camas y sacudir los colchones. La muchacha aceptó y cumplió fielmente todas esas tareas.

Camila era muy amable y la alimentaba bien. Pero la chica empezó a añorar su casa y, al final, le pidió marcharse aunque reconocía que Camila le había tratado mejor que su madrastra. La vieja Camila no tuvo inconveniente y la acompañó hasta la entrada de su casa. Y, cuando ya iba a entrar, empezó a caer sobre ella una lluvia de oro: era el premio de la vieja Camila que, además le devolvió la rueca.

Cubierta de oro, la chica entró en la casa, y el gallo se puso a cantar: “¡La niña de oro ha vuelto a casa!. Y fue muy bien recibida.

Cuando la madrastra escuchó toda esta historia, quiso que a su hija le ocurriera lo mismo, así que la mandó ir al pozo con otra rueca. La muchacha perezosa se pinchó un dedo, tiró la rueca al pozo y saltó dentro. Llegó al mismo prado y se fue directamente a casa de la vieja Camila sin escuchar las súplicas de los panecillos ni de las manzanas porque no quería mancharse ni que le cayera una manzana en la cabeza.

Y, como la otra muchacha, también ella se ofreció a ayudar a la vieja Camila. El primer día trabajó con todo entusiasmo. Pero desde el tercero ya no quiso hacer nada más. La vieja Camila terminó cansándose de ella y la despidió. Al llegar a la entrada, la muchacha esperaba que le cayera una lluvia de oro, pero lo que le cayó fue un montón de palomina...

Al verla llegar llena de porquería, el gallo se puso a cantar: ¡La niña más sucia ha vuelto a casa! Y toda aquella palomina se le pegó de tal manera que ya nunca pudo quitársela de encima”.

 

Comentario:

¿Cómo actúan las dos hermanastras? ¿Hacen lo mismo?

¿Por qué obran así cada una de ellas?

¿Qué consecuencias les trae ese modo de obrar?

¿Cuál de las dos le gustaría más a Jesús?

 

Oración:

Para acogerte, para preparar nuestra tierra, para crecer en ti, Padre nuestro, ¡no hay que hacer nada extraordinario!

Basta con tener un corazón limpio y sin engaños, basta con tener una mirada amable y sin malicia, basta con poner en los labios la sonrisa y el gozo, basta con abrir las manos para dar y compartir, basta con escuchar y ser fiel a tu Palabra, basta con amar, sin regatear el cariño.

¡Basta con oír tu llamada y cambiar de vida, Padre!

Puedes venir, Padre; la tierra y sus habitantes, gracias a ti, cambian los colores de la vida.

 

4.- Yo quiero al mundo

 

Introducción:

 

¿Qué haríamos si, de repente...

se nos va la luz...

estamos de campamento y se echa encima una tormenta...

un niño se cae en el patio y se rompe un brazo...

a mamá se le ha olvidado comprar el pan...

 

Cuento:

Pues algo así ocurrió en un país en el que el rey se volvió loco..

 

“Un día, cuando yo era mayor, llegaron, las tropas al pueblo, con el capitán a la cabeza. Bajó del caballo y pegó un cartel en la puerta de la Iglesia. Volvió a montar, nos miró a todos muy lentamente y se alejó como había llegado, con toda la tropa.

El cartel estaba firmado por el rey y nos mandaba dejar de hacer las cosas como las habíamos hecho hasta ahora. Y se llevó al cura y al posadero. Además nos decía que hiciéramos lo que quisiéramos con los impuestos y la construcción de carreteras, que el capitán ya no se ocuparía de nada de eso.

No entendíamos nada. Fuimos a ver al cura, pero se había vuelto loco y, lo mismo  que el posadero, se fue sin decirnos nada. ¿Por qué nos había dejado solos el rey?

Nos miramos todo en silencio. Antonio, el más rico e inteligente, dijo: “El rey se ha vuelto loco”. Durante muchos meses vivimos como huérfanos, como apestados, tristes y sin fuerzas para nada. Hasta que un día de invierno. Antonio nos reunió a todos y nos dijo que no podíamos seguir así, que la posada no podía seguir abandonada y que fuésemos a buscar vino y llenar los toneles para demostrar que éramos personas.

A mediodía estábamos todos allí, preparando de nuevo la posada y encendiendo una gran fogata en la chimenea. Teníamos pan y queso y comimos y bebimos. Los niños se pusieron a jugar y las mujeres a charlar. Se nos iba pasando la tristeza y empezamos todos a reír y cantar.

Pero, ¿por qué nos había dejado solos el rey?

Al anochecer, más tranquilos, nos reunimos para hablar. Lucía pidió silencio tomó la palabra. Nos dijo que éramos unos cobardes y que las cosas no podían seguir así. Para empezar, las mujeres exigían un lavadero. Antonio dijo que no fuesen demasiado exigentes pero que era verdad, que era necesario un lavadero. En seguida se organizó el trabajo. También se necesitaba arreglar los caminos.

Pero, ¿por qué nos había dejado solos el rey?

Al acabar, José, el tonto, quiso hablar. Todos nos echamos a reír, pero Antonio se enfadó y dijo que José tenía tanto derecho a hablar como los demás. Era la primera vez que nos tomábamos en serio a José y, muy suavemente, dijo que él quería hacer un jardín delante de cada casa.

Ya amanecía cuando nos echamos a dormir. Desde entonces todo y nada había cambiado...Las dificultades eran las mismas, los mismos trabajos..., pero nosotros no éramos los mismos. Hoy hay un precioso camino que atraviesa el pueblo, y un lavadero, y un jardín en cada casa...

Un día volvió el rey. Al principio quedamos decepcionados: venía él solo, sin corte, sin armadura, montado en una burra. Se paseó por todo el pueblo sonriendo, sin decir nada, y se volvió a marchar después de coger una flor que le ofreció José.

Fue entonces, cuando desapareció a lo lejos por el camino nuevo, cuando comprendimos por qué el rey nos había dejado solos...

 

Comentario:

Las primeras reacciones cuando se vieron solos...

Cuándo y cómo se produjo el cambio

José el tonto del pueblo...

Cómo cambiaron las cosas...

¿Por qué se fue el rey y por qué se volvió a marchar...?

¿Necesitaban al rey o no...?

 

Evangelio

Cuando Jesús comenzó a predicar el Evangelio por los pueblos, se parecía un poco a ese “rey loco” del cuento. Decía:

Mt 5,13-16

 

Oración:

Gracias, Padre, por lo contentos que nos sentimos cuando hemos hecho una buena tarea, incluso cuando es algo que hay que hacer una y mil veces, como lo hizo Jesús en el taller de carpintero. Gracias por la felicidad que nos ha dado el hacer cosas juntos y compartir cada cosa con los demás. Gracias, Padre por nuestros amigos.

Ayúdanos a disfrutar de las tareas que hoy vamos a hacer para echar una mano: en casa cuando recojamos los juguetes o sequemos los platos; en el colegio al retirar los libros y limpiar nuestra clase. Que lo hagamos todo con alegría y bien, porque te queremos.

 

5.- Porque todo es amor

 

Introducción:

Hay muchas cosas que nos cuestan, pero que, sin embargo, las hacemos a gusto. Por ejemplo...

entrenar

madrugar para ir de excursión

no gastar para poder ahorrar

esperar a un amigo cuando llega tarde...

 

¿Por qué lo hacemos, a pesar de que nos cuesta...?

 

Cuento:

Claro que, si no lo hacemos, nos puede pasar como al señor de esta historia:

“Había una casa que tenía las paredes muy gordas y fuertes y que estaba en lo alto de una colina. Era una casa muy bonita, aunque estaba aislada y no tenía luz eléctrica.

Pero un día, el viejo que vivía en ella vio que se acercaba una camioneta cargada de materiales.

- “Vamos a tirar una línea eléctrica por el llano. Va a pasar muy cerca de su casa. ¿Se la enchufamos?

- ¡Claro que sí! ¡Será formidable! ¡Por fin podré tener luz por la noche, y corriente para la sierra, y ver la televisión todo el día...!

- Pero tiene unas paredes muy gordas. Habrá que hacer un agujero para pasar la línea.

-¡Ah, eso sí que no! ¡Menudo ruido! ¡Y menudo polvo! No, no.

Ni hablar. En mi casa no pueden entrar ustedes, ni pueden tocar las paredes.

Y aquel viejo tozudo, por no dejar abrir un agujero en el caparazón de sus viejas costumbres, en el caparazón de lo de siempre, no tuvo luz en su casa. Había elegido vivir en la oscuridad. Y así siguió viviendo siempre, en completa oscuridad”.

 

Comentario:

¿Haríais vosotros lo mismo que ese viejo? ¿Por qué?

¿Cuál puede ser la lección que nos enseña esta historia?

 

Oración:

 

¡Espérame, Padre Dios, me cambio en un instante! Mis ojos los vestiré de bondad para mirar a todos con amistad. Mis manos las vestiré de paz para dar el perdón generosamente. Mis labios los vestiré de sonrisa para ofrecer alegría a lo largo de la jornada. Mi cuerpo y mi corazón los vestiré de oración para volverme hacia ti. ¡Ya está! ¡Estoy preparado! ¡Soy yo! ¿Me reconoces? ¡Me he puesto mi mejor vestido!

 

 

 

Cuadro de texto: